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Búsqueda de frases


¿Cómo llevar a cabo una búsqueda de frases múltiples?

Cuando usted busca frases múltiples, tiene que usar el operador PH() o PHRASE() para cada frase, y una expresión booleana entre las frases. Por ejemplo: ph(por la sangre) or ph(limpios por) Asegúrese de que ha seleccionado Concordancia como Tipo de Búsqueda en el cuadro de diálogo Buscar: NO DEBE SELECCIONAR FRASE (aunque le parezca extraño)

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Biblia de estudio esquematizada Reina-Valera 1960


La Biblia de estudio esquematizada Reina-Valera 1960 incluye por primera vez bosquejos del contenido de cada libro o grupo de libros y un bosquejo al comienzo de cada perícopa o unidad temática, resaltando los aspectos clave del relato bíblico.

Entre otras muchas ayudas para facilitar la preparación de sermones y estudios bíblicos, la nueva Biblia cuenta con más de 14.000 notas aclaratorias a pie de página, así como tablas temáticas e introducciones a cada libro y a grupos de libros con un resumen de sus tópicos principales.

Esta primera Biblia de estudio con bosquejos por perícopas ofrece además referencias cruzadas en muchas de sus notas, las cuales remiten al lector a otra nota o a pasajes bíblicos que abordan un tema semejante. Casi la totalidad de las notas son explicativas, es decir, aclaran palabras o ideas, pero las hay también de tipo textuales, que se refieren a problemas con ciertas palabras o grupos de palabras, y notas que presentan otras alternativas de traducción aceptadas entre los biblistas.

La Biblia de estudio esquematizada Reina-Valera 1960 incluye una concordancia de 94 páginas, un diccionario y otros textos auxiliares que facilitan la comprensión y permiten una mayor profundización en el contenido del mensaje bíblico.

El volumen también contiene mapas de la geografía y los lugares bíblicos más sobresalientes, cuadros temáticos que reúnen información acerca de un tópico específico y tablas cronológicas que ubican dentro de la historia universal los principales acontecimientos narrados en la Biblia.

Características y beneficios
• Contiene el texto completo de la versión Reina-Valera 1960, que conserva la belleza y elegancia del estilo de la traducción original, y es el texto bíblico preferido por la iglesia evangélica de habla castellana en todo el mundo.
• Al principio de cada libro hay una Introducción, que trata acerca de la naturaleza del libro, da un resumen de su contenido, dice cuál es su mensaje y, según el caso, dice cuándo, dónde, por quién y para quién fue escrito.
• En cada introducción hay un bosquejo del contenido del libro, que da un panorama general de las secciones clave en que se divide dicho libro.
• Esta Biblia de estudio incluye más de 14.000 notas que facilitan la comprensión del texto y permiten mayor profundización en el contenido del mensaje bíblico. Estas notas que aparecen agrupadas al pie de página son de varios tipos:
Casi en su totalidad las notas son explicativas, es decir, aclaran palabras e ideas.
Textuales, que se refieren a problemas con ciertas palabras o grupos de palabras que se usan en los textos hebreo o griego.
Traducción alternativa, que presenta otra alternativa de traducción aceptada entre los biblistas.
Muchas notas presentan referencias cruzadas, las cuales indican al lector pasajes bíblicos que abordan un tema semejante.
Muchas veces, una nota remite al lector a otra nota, a fin de ofrecer mayor información acerca del asunto en cuestión.
• Esta Biblia trae, al final, una Concordancia de 94 páginas, con innumerables palabras y con los pasajes en que éstas aparecen.
• Los mapas retratan la geografía bíblica y el lugar de los acontecimientos bíblicos más sobresalientes. Están colocados cerca de los pasajes bíblicos a los que hacen referencia para que el lector tenga una idea más clara de los sitios donde ocurrieron los sucesos bíblicos.
• Los cuadros temáticos reúnen información acerca de un tópico específico. Estos cuadros también aparecen cerca de pasajes bíblicos relevantes al tema.
• Las tablas cronológicas ofrecen al lector un panorama de los principales acontecimientos narrados en la Biblia, ubicados dentro de la historia universal.
• Además, contiene otras ayudas que facilitan la comprensión del lector:
• Tipografía clara y moderna que facilita la lectura.
• Dos marcadores de tela.
• Disponible en tapa dura en colores. Luego se ofrecerá en diferentes encuadernaciones.
• Su tamaño manejable permite llevarla a todas partes.

CÓMO USAR LA «BIBLIA DE ESTUDIO ESQUEMATIZADA REINA-VALERA 1960»
1. En primer lugar, el lector debe familiarizarse con las ayudas que esta Biblia ofrece. Leer con atención la Introducción al Antiguo Testamento y la Introducción al Nuevo Testamento. Después, ir al final de la Biblia y conocer los diversos recursos disponibles.
2. Antes de estudiar determinado pasaje, leer la introducción al libro en que aparece dicho pasaje y el bosquejo incluido al comienzo.
3. Leer con atención el pasaje que pretende estudiar y, luego, buscar aclaración en las notas al pie de página. No dejar de consultar las referencias bíblicas para obtener una mejor explicación del pasaje y comparar los textos.
4. Antes de comenzar a estudiar un pasaje, orar y meditar, y pedir que la luz divina lo ilumine en ese estudio.
5. Tratar de llegar a sus propias conclusiones. El lector descubrirá la riqueza de cada texto, y a él le corresponde aplicar las enseñanzas bíblicas a su propia vida y a la vida de su iglesia y comunidad.

Ideal para…
• Pastores y líderes
• Jóvenes y adultos
• Maestros de escuelas bíblicas
• Maestros y estudiantes de colegios, seminarios y universidades
• Seminaristas
• Misioneros
• Evangelizadores
• Traductores de la Biblia
• Teólogos
• Público en general

Sugerencias de uso
• Escuelas dominicales
• Escuelas sabáticas
• Seminarios y universidades
• Colegios cristianos
• Bibliotecas de colegios, seminarios, institutos y universidades cristianas
• Grupos de estudio
• El hogar

Especificaciones
• Versión: Reina-Valera 1960
• Tamaño: Serie 60 (13.5 cm x 21 cm)
• Interior: Blanco y negro
• Papel: Biblia 28 gramos – blanco
• Cantidad de páginas: 2.016
• Letra: 11 puntos
• Encuadernaciones: Tapa dura en colores
• Dos marcadores de tela
•Ayudas: 14.000 notas de estudio / 2.200 notas de secciones / introducciones / concordancia / referencias / mapas en blanco y negro / cuadros temáticos / tablas cronológicas

ISBN 978-1-933218-79-3
RVR063EEc Tapa dura / colores

Vea ejemplos de páginas de la Biblia de estudio esquematizada Reina-Valera 1960:

Ilustracion.pdf

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Dios habla hoy – Edición de estudio, con deuterocanónicos en orden alejandrino


Edición económica. Con nueva concordancia.

Una Biblia de la traducción Dios habla hoy, de estudio, con los libros deuterocanónicos en orden alejandrino y una nueva concordancia. Contiene introducciones a cada libro, notas, referencias, tablas, índice temático, glosario, mapas y ayudas de interés general para el pueblo católico.

Especificaciones:
• Versión: Dios habla hoy – Edición de estudio, con deuterocanónicos en orden alejandrino.
• Cantidad de páginas: 1,792 incluyendo la concordancia.
• Concordancia: 344 páginas.
• Tamaño: Serie 60 (13,5 cm x 21 cm).
• Papel: 28 gr – color crema.
• Encuadernación: Tapa dura y tapa rústica, en colores.
• Interior: Blanco y negro.
• Impresión: Brasil.

Ideal para:
- Adultos y jóvenes católicos.
- Seminaristas católicos.
- Maestros de seminarios.
- Sacerdotes y líderes católicos.
- Colegios católicos.

ISBN 978-1-59877-025-4 DHH060DKEECe tapa rústica / colores
ISBN 978-1-59877-026-1 DHH063DKEECe tapa dura / colores

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Lingüística y traducción


Se trata de una tarea muy difícil, y el traductor de la Biblia necesita toda la ayuda que se le pueda dar. Idealmente, debe conocer bien las lenguas bíblicas. También debe poseer un dominio excepcional de la lengua receptora y tiene que manejar muy bien una lengua internacional que le dé fácil acceso a comentarios, concordancias, diccionarios bíblicos y demás libros de consulta.

El quehacer del traductor de la Biblia a cada paso lo pone en1 contacto con lenguas particulares y con el lenguaje en general. Tiene que ser capaz de captar los matices más sutiles del texto-fuente y de verterlos fiel y eficazmente al idioma receptor, en el cual probablemente se expresen de manera muy distinta. Debe ser sensible a los diversos estilos lingüísticos que caracterizan a los diferentes géneros que se encuentran en el texto bíblico, tales como la narrativa, la poesía, las parábolas, las profecías y los sermones. Debe comprender y manejar una multiplicidad de figuras tales como la metáfora, el símil, la metonimia y el sinécdoque. Cuando se topa en la lengua-fuente con estructuras que no se usan en la lengua receptora, debe saber por medio de qué estructuras se logra en ésta los mismos efectos.

Por ejemplo, en la Biblia abundan las preguntas retóricas, aquellas preguntas que no constituyen auténticas peticiones de información, sino que son una forma indirecta de hacer afirmaciones. «¿Acaso yo nací ayer?» es una forma indirecta de decir: «No nací ayer», que a su vez es una forma figurada de decir: «No soy ignorante». Pero el recurso de las preguntas retóricas, ¿se usa en la lengua receptora? Y si no se usan, ¿cuál es la mejor forma de traducirlas? Y si existen, ¿requieren una respuesta explícita? En muchas lenguas la pregunta basta por sí sola, pero en otras hay que contestarla: «¿Acaso yo nací ayer? ¡Claro que no!»

La Biblia está escrita en un lenguaje humano, y tiene, por consiguiente, todas las características comunes al lenguaje humano de todas partes. El texto bíblico contiene numerosas ambigüedades, frases oscuras, construcciones complicadas, oraciones incompletas, variación estilística, peculiaridades dialectales y anacoloutha. En vista de lo anterior, es evidente que le conviene al traductor de la Biblia aprender todo lo que pueda sobre el lenguaje, su estructura, la forma en que funciona, el modo en que la gente lo emplea, y las maneras en que lenguas no emparentadas pueden y no pueden diferir unas de otras. Quizá la mejor forma de aprender sobre el lenguaje humano sea estudiar lingüística, disciplina que puede definirse a grosso modo como el estudio científico del lenguaje humano. En lo que sigue, vamos a echar un vistazo a algunas de las maneras en que la lingüística puede contribuir a la traducción de la Biblia y al estudio de la Biblia en general.

Primero examinaremos algunas de las dificultades particulares que plantean las traducciones para públicos especiales, y luego veremos la contribución que pueden hacer algunas de las diferentes especializaciones dentro de la lingüística.

Traducciones para públicos especiales
Supóngase que a un equipo de traductores se le encarga traducir una Biblia para nuevos lectores o para niños. Tales lectores requieren de una traducción hecha en un lenguaje sencillo. Este es precisamente el tipo de traducción que se necesita la mayoría de las veces en que la lengua receptora es una lengua indígena cuyos hablantes no tengan la costumbre de leer muy a menudo. Pero ¿qué significa «lenguaje sencillo»?

Vocabulario. Alguno dirá que emplear un lenguaje sencillo significa usar «palabras fáciles». Y se podría preguntar: ¿Cuáles son las palabras fáciles? Quizá alguno piense que las palabras sencillas son las más cortas, pero en realidad no es así. Es probable que más personas sepan el significado de «revolucionario» que el de «peal». No es necesariamente muy fácil definir lo que se quiere decir con «palabras fáciles», pero sin duda hay alguna relación entre «fácil» y «común». Es decir, generalmente las palabras más fáciles serán las que se usan más y son, por tanto, más conocidas. Por ejemplo, en lugar de usar la palabra «apóstol», tal vez sea más conveniente decir «los amigos más cercanos a Jesús». «Discípulos» podría sustituirse por «seguidores de Jesús».

Estructuras. Para escribir en lenguaje sencillo, no basta con emplear palabras comunes y corrientes. De alguna manera habrá que modificar también la estructura. Pero ¿cómo? Una cosa que se puede hacer es procurar usar oraciones relativamente cortas. Los niños y nuevos lectores tienden a leer muy despacio, de modo que cuando se ven obligados a leer oraciones muy largas, a menudo pierden el hilo y tienen que empezar de nuevo.

También se deben evitar las oraciones que tengan más de un nivel de subordinación porque con cada subordinación que se añada se complica más el proceso de interpretar la oración. Al mismo tiempo se debe emplear un mínimo de frases parentéticas, las cuales interrumpen el flujo natural de la oración. Veamos un ejemplo concreto tomado de Romanos 2.3:
«¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?» (RVR).

El verbo «pensar» está separado de su complemento: «que tú escaparás del juicio de Dios», por un apóstrofe y dos cláusulas, lo cual dificulta considerablemente su lectura. Este versículo se puede desenredar bastante si se cambia el orden de algunas cosas, se eliminan algunos paréntesis, etcétera. Veamos otra traducción posible:
«Y tú que juzgas a otros por hacer lo mismo que tú, ¿crees que escaparás del juicio de Dios?»
Estructuralmente, la oración todavía no es muy sencilla; tiene más de un nivel de subordinación, y el sujeto tú está muy lejos de su verbo: «creer». Sin embargo, el orden de los diferentes elementos es mucho más natural y por eso el versículo resulta fácil de leer.
En algunas lenguas existe la tendencia a expresar los acontecimientos mediante sustantivos en vez de verbos. A este fenómeno se le ha llamado nominalización. Esta práctica tiene varias consecuencias. A veces ahorra espacio. Con los sustantivos generalmente se pueden omitir los sujetos y complementos. Pero también se omiten el tiempo, el aspecto, el número y la persona, información que nos da el verbo por medio de sus desinencias. Y el lector está obligado a inferir toda esa información porque ha quedado implícita. Pero cuanto más información tenga que inferir el lector, tanto mayor será el esfuerzo que deba hacer para entender lo que está leyendo. Y al nuevo lector, sea niño o adulto, hay que reducirle el esfuerzo, no aumentárselo.
Veamos un caso concreto. Marcos 1.4 se ha convertido en una especie de ejemplo clásico de nominalización. A continuación aparece el texto de la Reina-Valera, el cual reproduce bastante literalmente el texto griego:
«Y apareció Juan bautizando en el desierto y predicando el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados».
Este pasaje se considera como ejemplo clásico porque en un solo versículo se encuentran cuatro casos de nominalización. Los cuatro sustantivos que representan acontecimientos son: bautismo, arrepentimiento, perdón y pecado. No se le dice al lector quién debe bautizar a quién, ni quién se arrepiente, ni quién va a perdonar a quién, ni quién pecó. Por supuesto que mucha de esa información, si no toda, se puede inferir. Pero eso implica que el lector tiene que interpretar el versículo, y recuérdese que se pretende reducir lo más posible la necesidad de inferir el sentido de un texto cuando se trata de nuevos lectores.
La comunicación es una empresa altamente inferencial. Sería poco natural, por tanto, tratar de eliminar la inferencia del proceso. Sin embargo, si se puede lograr que el nuevo lector tenga que depender menos de ella, se le facilitará notablemente la lectura. Compárese la siguiente traducción de Marcos 1.4 con la de la Reina-Valera en cuanto a claridad y facilidad de lectura:
«Y apareció Juan bautizando en el desierto y predicando que la gente debía arrepentirse de sus pecados y ser bautizados para que Dios pudiera perdonarlos».
En esta versión queda claro quiénes debían arrepentirse, quiénes habían pecado, quiénes debían ser bautizados y quién los va a perdonar. Al lector no se le pide suplir tanta información, sino que el texto mismo se la da, y eso implica que tendrá que invertir menos esfuerzo para captar el significado del pasaje.

Hay otras muchas formas en que podemos hacer el lenguaje más sencillo para los nuevos lectores. La sustitución de figuras literarias de difícil interpretación, el hacer explícita la relación entre oraciones contiguas, la eliminación de ciertos tipos de relación muy complejos, la inclusión explícita de material que se halla solo en forma implícita en el texto-fuente, etcétera.

El hacer bien este tipo de ajustes al texto implica un conocimiento de por lo menos ciertas facetas de la lingüística. De hecho ha sido por medio de estudios lingüísticos que se ha llegado a comprender en qué consiste la sencillez y la complejidad en el lenguaje. La contribución de esta disciplina a la traducción de la Biblia es indisputable.

La fonología
La lingüística es una ciencia polifacética, quizá porque es polifacético también su objeto de estudio. Se compone de varios niveles de estructura. Por ejemplo, hay un sistema de «sonidos» que se combinan unos con otros —de acuerdo con un conjunto de reglas muy específicas— para formar trozos más grandes de lenguaje que podrían llamarse (simplificando bastante) «palabras». El estudio de los sistemas de sonidos (o sonidos sistemáticos) se denomina «fonología».

La fonología no es la especialidad más útil en la traducción de la Biblia. Sin embargo, en algunas ocasiones hay que dotar de ortografía a una lengua antes de poder iniciar la traducción. Un dominio de la fonología general y de la fonología específica de la lengua en cuestión es indispensable para la creación de una ortografía que sea eficiente y fácil de aprender.

La fonología entra en juego también cuando se hace necesario adaptar a la lengua receptora nombres propios de la lengua-fuente. Puede ser que en la lengua-receptora haya reglas muy estrictas en cuanto a la acentuación de las palabras, los grupos consonánticos que pueden (o no) aparecer al principio o al final de un vocablo, la influencia que ejercen unos sobre otros los sonidos contiguos. A la hora de adaptar los nombres propios, conviene hacerlo de acuerdo con las reglas fonológicas de la lengua receptora para facilitar su pronunciación.

La semántica léxica
La semántica podría definirse en términos generales como el estudio del significado lingüístico. Algunos semantistas analizan el significado de las proposiciones (esto es, afirmaciones). La semántica léxica se limita al estudio del significado de las palabras aisladas, es decir, sin ningún contexto.

Rasgos semánticos. Probablemente la mayoría de las personas no se han percatado de que el significado de una palabra consiste en realidad en un conjunto de rasgos semánticos. Para ilustrar con un ejemplo sencillo:

DIAGRAMA
+humano

-femenino + femenino
+adulto hombre mujer
-adulto niña niña

Se están manejando tres rasgos semánticos, cada uno de los cuales tiene un valor positivo y otro negativo. Este cuadro permite ver que el significado de la palabra «hombre» consta de tres rasgos: +humano, -femenino, +adulto. Si se compara «hombre» con «mujer», se verá que se distinguen por un solo rasgo: +/-femenino. Si se compara «hombre» con «niña», sin embargo, se notará que hay una diferencia de dos rasgos: +/-femenino y +/-adulto. No todos los objetos presentan un cuadro tan simétrico, y de hecho no siempre es tan fácil identificar tres o cuatro rasgos tan claros. Sin embargo, el concepto de rasgos semánticos se ha podido aprovechar para estudiar la sinonimia y la antonimia, y se ha utilizado también en la comparación de piezas léxicas de lenguas diferentes.

La polisemia. Una de las lecciones que se han aprendido de la semántica léxica es que la inmensa mayoría de las palabras tienen varios sentidos o acepciones. Esta multiplicidad de significados se denomina polisemia. El sentido que una palabra tenga en un momento dado se deriva del entorno en que se encuentre. Muchas palabras tienen un significado elemental o primario y otros secundarios. Piénsese por un momento en el verbo «correr». Sin duda, el primer sentido que se nos viene a la mente es el de desplazarse rápidamente de un lugar a otro con pasos largos que son saltos, pues se levanta un pie antes de haber apoyado el otro. Pero tiene también numerosos sentidos secundarios como se puede ver a continuación:

a. Recorrer: Juan ha corrido medio mundo.
b. Transcurrir: El tiempo corre.
c. Propagarse: Hace correr rumores, corre la voz, etcétera.
d. Ser admitida como válida una cosa.
e. Ser devengada una retribución: No le empieza a correr el sueldo hasta el 15 del mes.
f. Cambiar una cosa de sitio: Corrió los botones un centímetro a la derecha.
g. Lidiar toros: ayer corrimos dos toros.
h. Experimentar: correr peligro, aventuras.
i. Hacer de corredor en operaciones comerciales.

Lo anterior tiene importantes implicaciones para la traducción, porque aunque una palabra de la lengua-fuente tenga el mismo significado primario que una palabra correspondiente de la lengua receptora, casi nunca comparten los significados secundarios. Es obvio, entonces, que sería un error colosal traducir una palabra dada de la lengua-fuente siempre por una misma palabra de la lengua receptora porque cuando la palabra de la lengua-fuente está empleada en uno de sus sentidos secundarios no coincidirá semánticamente con la palabra de la lengua receptora. Sin embargo, aunque hemos dicho que es obvio el error, es precisamente el que se ha cometido repetidamente en muchas traducciones tradicionales de la Biblia.

El significado primario de la palabra griega sarx es literalmente «carne». No obstante, en el griego del primer siglo, tenía otros sentidos secundarios que no coinciden para nada con los sentidos secundarios de la palabra española «carne».

Entre otros podrían citarse:
a. carne (literal, de un cuerpo) (Lc 24.39)
b. pobres cuerpos (2 Co 7.5)
c. hombres de mi propia raza       (Ro 11.14)
d. todo el mundo (Hch 2.17)
e. naturaleza baja (Ro 8.3)
f. hombres débiles (2 Co 10.3)
g. normas humanas        (1 Co 1.26)

Los traductores de importantes versiones tales como la Reina-Valera, en español, y la King James, en inglés, adoptaron la política de traducir sarx por «carne» («flesh», en inglés) en todos los contexto sin importar el sentido que tuviera en cada uno. Como consecuencia, muchas generaciones de cristianos hemos tenido que «adivinar» el significado de «carne» en el lenguaje de la Biblia o esperar que algún pastor nos lo explique.

Gracias en gran medida al estudio sistemático de la semántica, sería difícil que se volviera a caer en la misma trampa hoy día. Si se buscan estos mismos pasajes en la Versión Dios Habla Hoy (DHH), se verá que se ha hecho un esfuerzo por traducir sarx de la manera más clara posible en castellano.

La sociolingüística
La sociolingüística es el estudio del lenguaje dentro de un contexto social. Al sociolingüista le interesa investigar cómo la gente emplea su lengua cotidianamente para comunicarse con sus congéneres. Uno de los enfoques más comunes es el de la variación. Cualquier sociedad compleja se caracteriza por la variedad: hay niños, jóvenes, adultos y ancianos; hombres y mujeres; grupos dominantes y otros dominados; gente erudita y gente ignorante. Pero en realidad esta es una descripción simplista en la mayoría de los casos, porque no existen únicamente los polos. Por lo general, la gente se acomoda en algún punto de una multitud de continuums de edad, estatus social, etcétera.

Los sociolectos. La sociolingüística ha demostrado muy a las claras que la tremenda variedad social que se encuentra en cualquier sociedad de cierto tamaño se refleja con sorprendente precisión en la lengua. Cada grupo social tiene su propia forma de hablar y se distinguen unas de otras por medio de diferencias fonéticas, léxicas, gramaticales, etcétera. Esto significa que todo hablante se expresa como miembro de un género, de una generación, de una clase social, y de un determinado grupo étnico. Es decir, su forma de hablar viene a ser una especie de carnet de identidad, y apenas oímos hablar a un desconocido, lo catalogamos como miembro de un grupo u otro. Estos diferentes modos de hablar se denominan dialectos sociales o sociolectos.

Registros. En el párrafo anterior se vio que cada grupo social que de verdad funcione como tal tiene su propio sociolecto. Esto es, la diversidad lingüística refleja la diversidad social. Pero no toda la variación lingüística distingue un grupo social de otro. Hay variedad también en el lenguaje de cada individuo. Todos tenemos distintas maneras de hablar según las circunstancias en las que estemos, y a esos diferentes estilos se les llama registros.
Pero ¿cuáles son las circunstancias que determinan el estilo? Algunos sociolingüistas han sugerido las siguientes: el medio, el tema, el propósito del hablante, y la relación personal que haya entre los interlocutores.

Con el término medio se ha querido aludir a las diferencias que hay entre el lenguaje oral y escrito. Aunque no hay un consenso en cuanto a cuáles sean esas diferencias, no cabe duda que el lenguaje escrito es más coherente y menos redundante por la sencilla razón de que el que escribe dispone de tiempo para planificar lo que va a decir y de la oportunidad de corregirlo si no le agrada cómo ha quedado. Por otro lado, el lenguaje escrito tiene menos acceso que el oral a elementos suprasegmentales como la entonación, y tiene que valerse de recursos gramaticales para lograr los mismos efectos.

Algunos investigadores sostienen que el lenguaje escrito es sintácticamente más complejo. Pero antes de hacer aseveraciones como esta última, es recomendable tener presente que tanto el lenguaje escrito como el oral poseen numerosos estilos. No hay por qué suponer que todo lo que se escribe ha de ser sintácticamente complejo.

El tema de la conversación también influye en el estilo que se adopte. Cuando se está tratando algún tema académico, se tiende a utilizar un estilo o registro más formal. Por lo general se considera inapropiado emplear un estilo coloquial para disertar sobre la filosofía hegeliana, como lo sería también adoptar un estilo altisonante para conversar con un amigo sobre la pesca.
El propósito de la comunicación afecta muy notoriamente el estilo. Si el hablante se propone convencer, persuadir, instruir, amenazar, impresionar y entusiasmar al oyente, hará los ajustes estilísticos necesarios para lograr su propósito. Sería absurdo emplear un estilo amenazante para instruir.

Pero ¿qué tiene todo esto que ver con la traducción? La respuesta definitiva es: Mucho. Cada vez que una persona se comunica con otra verbalmente —sea por escrito u oralmente— tiene que utilizar algún estilo. Eso significa que el texto-fuente está escrito en un estilo particular, y ese estilo identifica al autor y revela mucho del contexto del escrito. Muchos textos contienen una gran variedad de estilos, y éstos constituyen parte integrante de aquéllos. El traductor no puede prescindir del estilo del texto original y traducir en el que le guste más. Debe tener la capacidad de discernir los estilos del autor y de reproducirlos de la manera más apropiada posible en la lengua receptora.

La Biblia es un libro enormemente polifacético. Su texto lo redactó una multitud de hombres diferentes que hablaban lenguas distintas y vivieron en épocas separadas a veces por milenios. Contiene una gran variedad de géneros: historia, poesía, oráculos, profecía y otros; cada unos de los cuales tiene su propio estilo. Marcos tiene un estilo muy diferente del de Mateo, y el estilo del apóstol Pablo difiere notoriamente del de cualquiera de los evangelios, en parte porque era quien era y en parte porque escribía epístolas y no evangelios. Si el traductor deja de estar atento a esas diferencias y traduce todo en un mismo estilo, las consecuencias pueden ser nefastas.

Deixis social o relaciones interpersonales. También influye en la selección del registro la relación personal que exista entre los interlocutores. Todas las lenguas tienen alguna manera de indicar la naturaleza de esta relación. ¿Se conocen? ¿Son amigos? ¿Pertenecen a una misma clase social? Uno de los dos ¿es mayor, más poderoso o más rico que el otro? No utilizamos el mismo lenguaje para dirigirnos a un niño de seis años de edad que a un famoso especialista a quien nos acaban de presentar. Ni acostumbramos saludar a un desconocido como saludamos a un amigo de la infancia. Incluso a menudo se indica el tipo de relación que hay entre los interlocutores y las personas acerca de las que están hablando.

Diferentes lenguas expresan tales relaciones de manera diferente y con diversos grados de complejidad. Algunas lenguas las expresan gramaticalmente por medio de pronombres especiales o desinencias verbales. Así lo hace, por ejemplo, el español. Otras lenguas codifican de otra manera esta información. Uno de los recursos que utiliza el inglés es el uso —o no— de títulos, y diferentes tipos de saludo. Hay lenguas en el sureste de Asia en las que un elevado porcentaje de su léxico se ajusta al nivel social de la persona con quien se esté hablando. Hay lenguas que expresan muchos niveles sociales diferentes y las hay que distinguen solo dos.
En español, quienes se sienten cercanos o solidarios normalmente se tratan de «tú», mientras que dos personas que no se conocen o por alguna razón no se sienten solidarias se tratarán de «usted». Hay formas verbales que corresponden a estos pronombres («tú cantas/usted canta»).
Estos mismos pronombres y desinencias verbales se utilizan para indicar que una relación se basa en el poder relativo de las personas. Si uno de dos interlocutores es mayor, ocupa un puesto social más relevante, o es más poderoso, generalmente tratará al otro de «tú», en tanto que el otro lo tratará de «usted». Por supuesto que no es tan sencillo. Otros muchos factores inciden en la selección de un pronombre u otro, incluidas la personalidad y crianza de los dos interlocutores. Aquí no podemos sino describir a grandes rasgos la situación.

En ninguna traducción española de la Biblia este hecho importante de la lengua se había tomado en cuenta. Apegándose a la estructura de las lenguas bíblicas, los traductores habían empleado «tú» exclusivamente, cualquiera que fuera la relación entre dos interlocutores. Por supuesto que el uso exclusivo de «tú» da la impresión —absolutamente errónea— de que todas las personas que se dirigen la palabra en la Biblia eran amigos solidarios e iguales en la escala social.

Así que, sociolingüísticamente hablando, el español de la Biblia no era verdaderamente español. Pero la sociolingüística nos ha hecho más conscientes de la variación en el uso social del lenguaje, y su influencia comienza a hacerse sentir en la traducción de la Biblia. Veamos algunos ejemplos tomados de la Reina-Valera.

«Pon ahora tu mano debajo de mi muslo, y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito; sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac». (Gn 24.2b-4.)

En este texto, Abraham está hablando con su criado. Nos parece bastante natural que un hombre rico y viejo trate de «tú» a su criado. Pero ¿qué sucede cuando el criado le responde a Abraham?
«Y el criado le respondió: Quizá la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra. ¿Volveré, pues, tu hijo a la tierra de donde saliste?» (Gn 24.¬5.)

Esta vez está hablando el criado, y aunque se dirige a su amo, igual le habla de «tú», cosa que ya no nos parece tan natural. Sin embargo, como se dijo anteriormente, en toda la Biblia Reina-Valera solo se usa el «tú» en singular y el «vosotros» en plural, cualquiera que sea la naturaleza de la relación.
Sin embargo, los traductores de la DHH estaban mucho más conscientes de la realidad sociolingüística de la lengua (quizá porque entre los miembros del equipo de traductores se encontraban varios lingüistas), y el resultado fue la primera Biblia en español en que se emplea tanto «tú» como «usted» con el fin de diferenciar relaciones solidarias y no solidarias.

Esto le da a la traducción un sabor muchísimo más natural. En la DHH, el criado responde de «usted», reflejando de manera natural en español la relación que había entre el amo Abraham y su criado.
«Pero si la mujer no quiere venir conmigo, ¿qué hago? ¿Debo entonces llevar a su hijo a la tierra de donde usted salió?» (Gn 24.5.)

Este es un adelanto sumamente importante. Se había creado una especie de «español bíblico» del que quedaba eliminado un elemento esencial de la lengua, y es de esperar que otras versiones españolas de la Biblia sigan el ejemplo de la DHH.

El lenguaje inclusivo. Varios lingüistas, particularmente mujeres como Robin Lakoff, han señalado la propensión de muchos idiomas a «favorecer» a los hombres en perjuicio de las mujeres. Esto sucede en las lenguas europeas y sin duda en otras muchas. Esta actitud promasculina se evidencia también en nuestras traducciones tradicionales de la Biblia, lo cual refleja la actitud promasculina de las sociedades que las produjeron.

Como ejemplo de esta parcialidad masculina se podría citar la forma en que se han traducido dos palabras griegas: anthropos y aner. Ambas han solido traducirse por «hombre», pero en realidad la primera significa también «ser humano» (en contraposición a dioses y animales) y así debe traducirse cuando se emplea genéricamente. Veamos un ejemplo concreto:
«Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios». (Jn 10.33.)
En este versículo, anthropos obviamente tiene el sentido de «ser humano» aunque se ha traducido por «hombre». Podríamos contribuir a disminuir esta actitud promasculina tan prevalente en nuestras traducciones si pusiéramos: «tú, siendo solo un ser humano, te haces Dios». Como este ejemplo hay centenares más.
El poder cumulativo de este y otros muchos casos parecidos que se repiten ad infinitum, produce un texto con fuerte sabor masculino. En tales traducciones las mujeres se vuelven casi invisibles porque, salvo cuando se hace referencia específica a ellas, se pierden en la masculinidad preponderante del texto. Esto en modo alguno justifica los intentos recientes de producir una Biblia desprovista de géneros en la que ya ni Jesús figura como hombre, pero es importante corregir los casos genuinos de parcialidad masculina del traductor.

La sociolingüística nos ha hecho más conscientes de este problema y nos ha ayudado a encontrarle soluciones. Hoy día, muchas instituciones —incluidas las Sociedades Bíblicas Unidas— recomiendan el uso de lo que se ha denominado lenguaje inclusivo. Se trata de un lenguaje en el que se procura evitar a toda costa la masculinización del texto. Esto es particularmente importante en el caso de las traducciones de la Biblia, por cuanto sabemos que el amor de Dios cubre por igual a todos los seres humanos, y el mensaje de ese amor, comunicado por medio de su Palabra, es para cada uno de ellos (¡y de ellas!).

La sociología lingüística. Hay una disciplina que algunos consideran distinta de la sociolingüística y que han llamado sociología lingüística. La sociolingüística estudia la lengua misma como instrumento de interacción social. La sociología lingüística, en cambio, estudia problemas como el bilingüismo a nivel de pueblos, la diglosia, etcétera. Aunque parezca improbable, la sociología lingüística también tiene que ver con la traducción de la Biblia, si bien su relación es más indirecta.

Las Sociedades Bíblicas Unidas, antes de tomar la decisión de traducir la Biblia a una nueva lengua, tienen que comprobar que se trata de un proyecto viable. Primero hay que establecer la necesidad de la traducción. ¿Qué tan numerosa es la población? ¿Qué porcentaje de ella son creyentes? ¿Existen en la comunidad iglesias establecidas que utilicen la lengua en sus cultos? ¿La presente generación de niños está aprendiendo la lengua? ¿Los niños reciben su instrucción por medio de la lengua? ¿Qué porcentaje de los creyentes sabe leer?

Todos estos factores influyen en la decisión de traducir o no la Biblia a una lengua dada, de modo que lo primero que hay que hacer en muchos casos es un estudio sociológico-lingüístico.

Si no hay en la comunidad personas bilingües a quienes se pueda capacitar como traductores, ¿quién hará la traducción? Y si no hay una vigorosa iglesia establecida en la comunidad ni existen creyentes, ¿quiénes la leerán si se hace? Por otra parte, si hay una iglesia y miles de creyentes, pero muy pocos saben leer, quizá haya que pensar en realizar otro tipo de traducción menos tradicional, por ejemplo, en casetes. Si el estudio sociológico-lingüístico revela que la mayoría de los adultos son bilingües y los niños ya no tienen como lengua materna el idioma de la comunidad, podemos presumir que esa lengua irremediablemente se extinguirá cuando desaparezca la presente generación de adultos.

En tales casos es probable que los recursos de la Sociedades Bíblicas puedan invertirse mejor en otra comunidad en la que el futuro de la lengua y la cultura esté más consolidado y la necesidad de una traducción sea más apremiante.

El análisis del discurso
Los gramáticos tradicionales se han consagrado al estudio de la oración y sus componentes. En realidad, la oración siempre se ha considerado como la unidad fundamental de la comunicación, la unidad más grande en la que se puede hablar significativamente de estructura lingüística. Conceptos gramaticales tan fundamentales como sujeto, predicado, complemento directo y voz pasiva están arraigados en el concepto de oración, y no cabe la menor duda que los innumerables estudios sintácticos que se han realizado sobre diversos aspectos de la oración nos han enseñado muchísimo acerca del lenguaje humano.

Sin embargo, algunos lingüistas se han convencido de que hay trozos más grandes de lenguaje que también son lingüísticamente significativos. Esos trozos más grandes generalmente constituyen un discurso. Claro que los discursos no tienen que ser muy largos. Algunas veces hasta podría haber un discurso de una sola palabra, aunque en tales casos es dudable que el analista del discurso encuentre mucho que analizar. Pero lo característico es que sean más extensos y que constituyan una unidad completa de comunicación. Podríamos pensar por ejemplo en un cuento, en una parábola o incluso en una novela.
El analista del discurso también se interesa en la estructura de las oraciones, pero el interés que tiene es diferente del que tiene un lingüista tradicional. Este quiere saber mediante qué regla sintáctica se deriva una estructura dada, cuál es su forma subyacente, y cómo todo eso encaja en su teoría sintáctica general. El analista del discurso, en cambio, pretende averiguar cuál es la función de esa estructura dentro del discurso. Es decir, teniendo el hablante o escritor otras opciones, por qué eligió precisamente esa (Marchese, 1988).
Quizá sea útil comparar sus respectivos acercamientos con una estructura específica como la voz pasiva. La voz pasiva es una construcción sintáctica en la que el verbo se pone en su forma pasiva y el paciente de la acción sustituye al agente como sujeto de la oración:
a. Juan bautizó a Jesús. (activa: el agente es sujeto)
b. Jesús fue bautizado por Juan. (pasiva: el paciente es sujeto)
La oración «a» es un ejemplo de la voz activa y la «b», de la voz pasiva.
Al lingüista tradicional le interesa saber si las oraciones pasivas se derivan o no de oraciones activas. ¿Qué reglas sintácticas tienen que aplicarse? ¿Qué implicaciones tiene todo esto para la teoría que utiliza el lingüista como marco para sus investigaciones?
Asimismo, las oraciones pasivas le interesan al analista del discurso, pero su punto de vista es otro, como lo son también las preguntas que hace. Por ejemplo, pudiendo haber escogido la oración «a», ¿por qué optó el autor por la «b»? Semánticamente significan lo mismo. Pero hay una diferencia importante. En «a» se está hablando acerca de Juan (el agente de la acción), mientras que en «b» se está hablando de Jesús (el paciente de la acción). ¿El autor habrá querido desfocalizar el agente, convirtiendo el paciente en tema de la oración? Y de ser así, ¿por qué? ¿Habrá querido anunciar de esa manera un cambio de tema en el discurso?
Es obvio que el lingüista tradicional estudia los fenómenos sintácticos en forma abstracta y en oraciones desprovistas de contexto, mientras que el analista del discurso los estudia insertos en un contexto como parte de un verdadero acto de comunicación. Ambos enfoques pueden producir resultados sumamente interesantes, pero se comprenderá que el análisis del discurso es de mayor interés para el traductor, quien también trabaja con textos reales, no con oraciones aisladas, y necesita entender muy bien la estructura de trozos de lenguaje más grandes y las diversas funciones que en ellos cumplen las reglas sintácticas.
Concluimos, entonces, que para traducir bien no basta con reproducir en la lengua receptora las mismas ideas que se expresan en la lengua-fuente. Hay que reflejar también su estructura a nivel de discurso. Veamos un ejemplo concreto que se encuentra en Mateo 16.14-15. Jesús se encuentra conversando con sus discípulos:
¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Y ellos respondieron: «Algunos [dicen] que Juan el Bautista, pero otros [dicen] que Elías y otros Jeremías o uno de los profetas». Y [Jesús] les preguntó: «Y ustedes ¿quién dicen que soy?»
En este trozo sucede algo interesante. Jesús hace dos preguntas muy similares. Sin embargo, sus respectivas estructuras son ligeramente diferentes. Normalmente cuan¬¬do se hace una pregunta en español el sujeto se pospone al verbo: «¿Vino Juan?» «Sabes tú adónde fue?» «¿Qué piensa usted del asunto?» (En todos estos ejemplos el sujeto aparece subrayado.) Comparemos ahora las dos preguntas de Jesús:
a. ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?
Verbo – Sujeto
b. Y ustedes ¿quién dicen que soy?
Verbo – Sujeto
En la primera pregunta, el sujeto, «la gente», aparece justamente donde lo esperaríamos, esto es después del verbo «decir». En la segunda, sin embargo, el sujeto, «ustedes», no aparece después del verbo «decir», sino delante de él. En realidad, el sujeto no solo no aparece después del verbo, sino que ni siquiera se encuentra dentro de la pregunta. La regla que hace posible este cambio sintáctico se conoce con el nombre de Dislocación a la Izquierda. Al analista del discurso no le interesa mayor cosa saber mediante qué reglas sintácticas se generó la segunda pregunta, pero le interesa bastante saber por qué el sujeto se antepuso al verbo, extrayéndose incluso de la pregunta misma. No hallará la respuesta a su pregunta si la busca únicamente en esta oración, porque se encuentra más allá de ella y tiene que ver precisamente con la estructura del discurso.
Jesús y sus discípulos venían hablando de lo que decía la gente. «La gente» es el tema del discurso. ¿Qué dice la gente? Algunos dicen esto, otros dicen aquello. De pronto Jesús decide cambiar de tema. Ya no quiere seguir hablando de la gente en general. Quiere hablar de los discípulos. Pero un cambio de tema tiene que anunciarse de alguna manera. Y ¿cómo se anuncian los cambios de tema? Las lenguas poseen diferentes estrategias para ello, pero por lo general se hace mediante alguna alteración de la sintaxis que permita destacar el elemento que se va a convertir en el próximo tema del discurso. La Dislocación a la Izquierda extrae un elemento del lugar que le corresponde naturalmente en la oración, y lo coloca al principio para darle más realce.
Al analista del discurso le interesan también las diferentes formas en que se le provee a un texto de cohesión. Un texto no es simplemente una retahíla de oraciones inconexas que aparecen (o se emiten) unas tras otras, sino que cada una contiene elementos gramaticales y léxicos que la relacionan con las anteriores y a veces con las que siguen. La cohesión es sumamente compleja; Halliday y Hasan le dedicaron todo un libro. Aquí apenas podremos tocar la superficie.
En español, una de las formas en que se le da cohesión a un texto consiste en omitir el sujeto después de identificarlo la primera vez. En las oraciones posteriores, se expresa únicamente por medio de las desinencias verbales. También el uso de pronombres anafóricos referidos a algún participante mencionado anteriormente provee cohesión indicando que ese participante sigue vigente en el texto. Las frases adverbiales temporales señalan cuándo sucedió lo expresado en una oración con respecto a lo expresado en las precedentes. Las conjunciones causales como por eso, por tanto, por consiguiente indican que lo que expresa la oración a la que preceden es consecuencia de lo que se ha dicho anteriormente. Estas son solo algunas de las maneras en que se establece la cohesión de un texto.
A continuación aparece la primera parte de Lucas 2. Pero se le han suprimido muchos de los elementos (pronombres anafóricos, adverbios temporales, etcétera) que le dan cohesión al texto. El lector se dará cuenta de que lo que queda no es realmente un texto; es solo una serie de oraciones relacionadas temáticamente, pero con poca relación a nivel de gramática. Sin embargo, los elementos cohesivos están tan integrados en la gramática de una lengua que es casi imposible eliminarlos todos.
«El emperador Augusto ordenó que se hiciera un censo de todo el mundo. Un censo fue hecho siendo Cirenio gobernador de Siria. Todos tenían que ir a inscribirse en su propio pueblo. José salió del pueblo de Nazaret de la región de Galilea. José se fue a Belén, en Judea, donde había nacido el rey David. José era descendiente de David. José fue a Belén a inscribirse junto con María. María estaba comprometida para casarse con José. María se encontraba encinta. Llegó a María el tiempo de dar a luz. Nació en Belén el primer hijo de María. María envolvió a su primer hijo en pañales. María acostó a su primer hijo en el establo. No había alojamiento para José, María y el primer hijo de María.»
Podríamos volver a convertir en texto las oraciones inconexas del ejemplo anterior de la siguiente manera. Las palabras y frases que aparecen en negrita son los elementos cohesivos que se eliminaron de la primera versión del texto.
«Por aquel tiempo, el emperador Augusto ordenó que se hiciera un censo de todo el mundo. Este primer censo fue hecho siendo Cirenio gobernador de Siria. Todos tenían que ir a inscribirse en su propio pueblo. Por eso, José salió del pueblo de Nazaret de la región de Galilea, y se fue a Belén, en Judea, donde había nacido el rey David, porque José era descendiente de David. Fue allá a inscribirse, junto con María, que estaba comprometida a casarse con él y se encontraba encinta. Y sucedió que mientras estaban en Belén, le llegó a María el tiempo de dar a luz. Y allí nació su primer hijo, y lo envolvió en pañales y lo acostó en el establo porque no había alojamiento para ellos en el mesón.»
La comparación de ambas versiones del pasaje le dará al lector una idea general de lo que es la cohesión. Sin embargo, debe quedar claro que no todos los elementos que le dan cohesión al pasaje aparecen escritos en negrita, sino únicamente los que se eliminaron del texto inicialmente. Hay otros muchos elementos cohesivos que había que dejar con el fin de que el pasaje se pudiera comprender y no violara muchas reglas gramaticales como por ejemplo de concordancia. La terminaciones de todos los verbos conjugados, la interacción de los diferentes tiempos y aspectos verbales, la repetición de los nombres propios José, David y María y de otros vocablos clave como inscribirse, así como el uso de términos pertenecientes a un mismo campo semántico (estar comprometida, casarse; estar encinta, dar a luz, nacer, primer hijo, envolver en pañales; establo, mesón, alojamiento) todos contribuyen a la cohesión del pasaje.
En las narraciones naturales, hay material que se coloca en primer plano y otro que se pone en segundo plano. El material que aparece en primer plano es el que el narrador considera como el más esencial. Viene siendo la columna vertebral de la narración, los acontecimientos principales. El material que se pone en el segundo plano generalmente nos describe el escenario de la acción, nos ubica en el tiempo y en el espacio.
Pero ¿cómo se indica lingüísticamente cuál material está en el primer plano y cuál está en el segundo? En realidad, diferentes idiomas utilizan estrategias distintas. En algunas lenguas, incluidas las derivadas del latín, suele hacerse por medio de la interacción de dos tipos de aspecto verbal: el perfectivo y el imperfectivo. El aspecto es la perspectiva especial desde la cual el hablante ve la acción expresada por el verbo, y en español él se indica por medio de las terminaciones verbales igual que el tiempo. El perfectivo se emplea cuando se quiere enfocar especialmente el inicio de un acontecimiento o bien el acontecimiento como un todo. El imperfectivo se usa cuando el hablante se quiere referir a un momento en que se encontraba el acontecimiento en el proceso de llevarse a cabo.
Volvamos a ver ahora el mismo pasaje de Lucas 2. Todos los verbos con aspecto perfectivo aparecen en letras negritas y los imperfectivos aparecen subrayadas. Nótese que los verbos perfectivos expresan acontecimientos esenciales a la acción de la narración, mientras que los verbos imperfectivos describen el contexto en que transcurren esos acontecimientos.
«Por aquel tiempo, el emperador Augusto ordenó que se hiciera un censo de todo el mundo. Este primer censo fue hecho siendo Cirenio gobernador de Siria. Todos tenían que ir a inscribirse en su propio pueblo. Por eso, José salió del pueblo de Nazaret de la región de Galilea, y se fue a Belén, en Judea, donde había nacido el rey David, porque José era descendiente de David. Fue allá a inscribirse, junto con María, que estaba comprometida a casarse con él y se encontraba encinta. Y sucedió que mientras estaban en Belén, le llegó a María el tiempo de dar a luz. Y allí nació su primer hijo, y lo envolvió en pañales y lo acostó en el establo porque no había alojamiento para ellos en el mesón.»
El traductor de la Biblia tiene que analizar bien cómo se coloca material narrativo en el primer y segundo planos en la lengua de la que está traduciendo. Luego, al abocarse a la traducción de un pasaje específico, tiene que identificar cuáles son los elementos del texto que se encuentran en el primer plano y cuáles están en el segundo. Finalmente, tiene que saber muy bien cómo se hace lo mismo en la lengua-receptora para no poner en el primer plano material que en la lengua-fuente estaba en el segundo.
Otro aspecto del análisis del discurso que le interesa al traductor es la estructura que tienen los episodios menores dentro de un discurso mayor. ¿Cómo se señala el principio de un episodio? ¿Hay alguna fórmula mediante la cual se indica que se ha llegado al final? ¿Cómo sabemos, por ejemplo, dónde comienza y dónde termina una parábola?
Es interesante notar cómo se inician los diversos episodios del ministerio de Jesús en los evangelios sinópticos. Con extraordinaria frecuencia, comienzan mencionando algún lugar adonde Jesús se dirigía o bien de donde salía. Esto se puede ver muy bien en el Evangelio según Marcos, pero lo mismo sucede en los otros evangelios sinópticos. Veamos algunos ejemplos concretos:
Marcos 6.53: Cruzaron el lago y llegaron a la tierra de Genesaret.
Marcos 7.24: De ahí se dirigió Jesús a la región de Tiro.
Marcos 7.31: Jesús volvió a salir de la región de Tiro.
Marcos 8.22: Después llegaron a Betsaida.
Marcos 8.27: Después de esto, Jesús y sus discípulos fueron a las aldeas de…
Marcos 9.2: Seis días después, Jesús se fue a un cerro alto…
Marcos 9.30: Cuando se fueron de allí, pasaron por Galilea.
Marcos 9.33: Llegaron a la ciudad de Capernaúm.
Esta característica del texto de Marcos contribuye a darle estructura y cohesión a la narración de la vida de Jesús. Claro que no es este el único recurso de que se vale Marcos para iniciar episodios de la vida de Jesús. A veces emplea frases adverbiales de tiempo como «Siete días después…» o «Un día…» o «Después de esto…». Lo importante es reconocer que tales frases no solo nos indican adónde iba Jesús o cuándo hizo tal o cual cosa, sino que están desempeñando también una importante función estructural dentro del discurso.
La traducción bíblica es tan interesante y, a la vez, tan difícil, en parte porque el texto de la Biblia contiene muchos géneros distintos. Hay poesía, narrativa, historia, profecía, explicación de procedimientos (cómo construir un arca), parábolas, sermones, proverbios. Muchos biblistas consideran el evangelio como un género aparte. Longacre (1976, citado por Marchese) ha identificado una serie de géneros característicos del discurso: el instructivo (explica cómo realizar cierta tarea), el exhortativo (se exhorta a alguien a realizar una cierta conducta), el expositivo (explica, como en un ensayo o tratado científico) y el narrativo (relata acontecimiento de un mundo real o imaginado).
El análisis del discurso nos ayuda a descubrir y entender la estructura de los diferentes géneros. ¿Cómo se distingue un género de otro? ¿Cómo difiere la estructura de un género dado en dos lenguas distintas? La poesía no es igual en todas las lenguas, como tampoco lo son los textos de tipo instructivo. Y como lo señala Marchese (1988) hay que ver, además, «si se debe o se puede traducir géneros del discurso bíblico por el mismo género en otras lenguas». La narrativa es, digamos así, el género más básico, y suele traducirse, por consiguiente, como narrativa. Pero cuando se trata de otros géneros, la forma de traducirlos no siempre es tan clara.
Por ejemplo, el cuento parece ser un género universal, y algunos comentaristas y folkloristas han señalado que los libros de Jonás y Ester tienen la estructura de un cuento. Pero ¿será aconsejable traducirlos como cuentos en otras lenguas? Por ejemplo, si se decidiera hacerlo en español podrían iniciarse con una frase que en español se emplea para indicar que lo que sigue es un cuento: «Érase una vez….». Y se podría terminar diciendo: «Colorín, colorado, este cuento se ha acabado». El problema que tiene esta solución es que en algunas culturas, entre ellas las de habla castellana, el cuento es una narración ficticia, por lo que adoptar esta estructura para Jonás y Ester presupondría que carecen de historicidad.

De igual manera, se ha señalado que la poesía no tiene una misma función en todas las lenguas. En la cultura hebrea los mensajes de Dios que los profetas comunicaban al pueblo de Israel se transmitían en poesía. Pero puede ser que en la lengua receptora la poesía no tenga esa función y que por ello parezca absurdo traducir tales pasaje como poesía. Algunas personas sostienen que en la actualidad el uso primordial que se hace de la poesía en la cultura norteamericana, por ejemplo, es humorístico.

Esto implica que el traductor debe estar muy consciente del uso que tenga un determinado género en la lengua-fuente y en la lengua receptora para poder tomar una decisión inteligente en cuanto a cómo verter un género en otra lengua.

Conclusión
El traductor de la Biblia necesita diferentes tipos de conocimiento para hacer bien su trabajo. Debe estar muy familiarizado con el texto bíblico. Idealmente debe poseer un dominio instrumental de las lenguas en que se escribió la Biblia. Es importante que sepa aprovechar bien los diferentes tipos de libros de consulta tales como concordancias, comentarios, diccionarios bíblicos y otros que versen sobre diferentes aspectos de la historia y cultura de aquella época.

En lo que precede se ha visto que también conviene que el traductor tenga amplios conocimientos de cómo funciona y de cómo se utiliza el lenguaje humano. En muchos casos se le pedirá al traductor producir una traducción en un lenguaje que sea accesible a personas inexpertas en la lectura.

Para ello, necesitará tener nociones de aquello en que consisten la complejidad y la sencillez en el lenguaje.

Aunque el traductor no traducirá una por una todas las palabras del texto-fuente, en alguna forma debe incluirse su significado. El traductor debe comprender cómo está organizado el léxico de las lenguas con las que tiene que trabajar. Debe estar muy consciente de que probablemente ninguna palabra de la lengua-fuente tenga la misma gama de significados que otra de la lengua receptora y que por consiguiente no debe tratar de traducir una palabra siempre de la misma manera, sino que debe determinar qué significa la palabra en el contexto específico en que se encuentre.

La variación es parte integrante de toda lengua, y muchos son los factores que influyen en esa variación. El traductor de la Biblia debe estar informado con respecto a la sociolingüística para cerciorarse de que el lenguaje que emplea en un contexto dado sea el adecuado para ese contexto. Debe ser sensible ante la variación significativa que hay en el texto que está traduciendo, y buscar la forma de reproducirla en la traducción. En casi todas las versiones españolas de la Biblia se ha empleado un lenguaje poco natural en cuanto se refiere a la expresión de las relaciones humanas por cuanto se usa siempre «tú» y nunca «usted», cualquiera que sea la relación entre dos personas.

La Biblia se compone de libros menores que son textos y que tienen una estructura interna a veces sumamente compleja. Los textos se caracterizan por poseer coherencia temática y cohesión estructural. ¿Cómo se distinguen estructuralmente los diversos géneros? ¿Cómo se coloca parte de una narrativa en el primer plano y parte en el segundo? ¿Cómo se relacionan unas cláusulas con otras? ¿Cómo se indican los lindes de diferentes episodios? Si no se toman muy en cuenta factores como estos, el texto deja de ser texto y se convierte en una larga serie de oraciones entre las que hay escasa relación.

El traductor debe tener muy presente numerosos aspectos del discurso, los cuales son como señales de tránsito que guían al lector por el camino que es el texto.

Para concluir, se debe mencionar cuando menos que los teóricos de la traducción le están dando cada vez mayor importancia a desarrollar principios de la comunicación transcultural. La disciplina conocida como pragmática nos ha hecho más conscientes de lo crucial que son el contexto y la inferencia en la interpretación de enunciados y las tremendas implicaciones que eso tiene para la traducción eficaz.

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Amigos por siempre – Biblia para niños


Versión RVR 1960

Por mucho tiempo los líderes de las iglesias cristianas quisieron que los niños pudieran leer en los cultos una Biblia clásica, pero con elementos que le fueran propios a sus edades. Hoy podemos anunciar con gran alegría que Sociedades Bíblicas Unidas pone a disposición de todas las iglesias y familias la Biblia Reina-Valera 1960 Amigos por siempre.

Con esta Biblia no sólo será posible que el niño siga la lectura en el culto general de su iglesia, sino que posibilitará que Jesús sea el “Amigo por siempre” de los niños, al convertirla en “su Biblia” para el período devocional, de lectura, en el culto de la iglesia y en todo momento.

La atractiva tapa y la gran cantidad de hermosas ilustraciones a todo color en las que se resaltan las verdades bíblicas ayudarán a los niños a fijar los valores cristianos que enseñan las Escrituras.

Características y beneficios
• Texto Reina-Valera 1960, versión preferida por el pueblo evangélico.
• Tapa dura, plastificada y a todo color, que identifican a la Biblia como la ideal para que Jesús sea el “Amigo por siempre” de los niño.
• Encuadernación resistente y cosida, que le permitirá tener una Biblia por mucho tiempo.
• Página especial para la dedicación, sumamente útil para el obsequio personal.
• Marcador de tela, para señalar un pasaje determinado.
• Tipografía de 5 puntos, adecuada para niños de 8 a 11 años.
• Formato de 10.5 cm x 15 cm, tamaño ideal para el uso del niño.
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• Concordancia de 122 páginas, para que el niño aprenda a buscar temas de la Biblia.
• Ayudas suplementarias como notas, tabla de pesos y medidas, glosario de nombres, conceptos y términos, 14 mapas en blanco y negro, sugerencias sobre cómo leer la Biblia, cómo encontrar ayuda en la Biblia con un detalle de pasajes bíblicos, qué dice la Biblia acerca del perdón de Dios, que le posibilitarán conocer las Escrituras de una manera práctica y lo guiarán en sus inicios de la vida cristiana.

ISBN: 1-931471-33-9
Número de páginas: 1728

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