¿Qué sucede cuando usted predica el evangelio a los pecadores perdidos? ¿Sigue «funcionando» la predicación como siempre? Es decir, ¿el Evangelio sigue impactando vidas como lo hizo en los tiempos de Jesús y los Apóstoles?
A veces parece que el mundo romano de los tiempos bíblicos donde Jesús y Pablo vivieron hace más de 20 siglos, ha quedado tan atrás que se ha tornado irrelevante. Podemos también pensar que nuestros pecados hoy y el poder del mundo son más fuertes.
Toda vez que tengamos estos pensamientos, especialmente cuando vemos personas que no quieren alejarse de su vida pecaminosa y buscar la libertad que Cristo ofrece, deberíamos detenernos y mirar a nuestra historia reciente.
La historia moderna testifica qué pasará con aquellos que escuchan la predicación de la Biblia. Para ilustrar esto vayamos 70 años en el pasado para aprender de una legenda contemporánea: C.T Studd.
Siendo, quizás el más famoso de los voluntarios estudiantiles, C.T. Studd fue un excelente atleta universitario, hijo de un acaudalado inglés y con un claro amor por los perdidos. Carlos Studd es un claro ejemplo de la buena disposición que los voluntarios estudiantiles tenían de sacrificar riqueza y prestigio, y de afrontar la tarea del evangelismo mundial con valor y consagración intensos.
Convertido al evangelio en las campañas de D.L. Moody, después de servir 15 años en China y 6 años en India, y contando ya con 50 años de edad, invirtió los últimos 21 años de su vida en el corazón de África, en oscuras junglas, viviendo entre fieros caníbales y pigmeos cazadores de cabezas. Studd formaba parte de un grupo denominado «Los siete de Cambridge», en clara alusión a la Universidad a la que pertenecían y de quienes un reportero de la época escribió: «Nunca antes en la historia de las misiones ha salido un grupo tan singular a trabajar en el campo misionero extranjero.»
En las junglas más profundas, encontramos a Studd, una vez un atleta consumado, consumido por la mala comida y las enfermedades típicas de la selva africana. Pero en julio de 1931, lo vemos rodeado por miles de relucientes cuerpos negros que vestían sólo hojas de plátano. Los pigmeos del corazón de las junglas de África han llegado para escuchar a su amado «Bwana» por una última vez. Él les habla sólo después de dos horas de cantar canciones que él mismo les había enseñado. «¡Herido por mí, herido por mí, mis pecados ya se han ido y ahora puedo cantar, todo porque Jesús fue herido por mí!»
Sentados, bien adelante, había 5.000 ex cazadores de cabezas.
Si bien sus cuerpos había sido la habitación de lo oscuro, tontos amigos del averno, hoy era templos del Dios vivo.
Una vez desnudos y amantes de la más profunda depravación, ahora no solo estaban revestidos de Cristo sino que también vestían sencillas ropas hechas de hojas de plátano.
Aunque habían sido el producto de generaciones de asesinos y años de oscuridad y salvajismo, ahora estaba sentados ante aquel que los había guiado a la fe y con inmensas sonrisas, de una blanco reluciente, en sus amables rostros.
Aunque una vez habían sido rudos salvajes y siempre tenían un arma en sus manos, hoy ya no tenían más armas que el amor y la compasión para con sus anteriores enemigos. Con las caras hacia el cielo, aquellos ex enemigos, sentados hombro con hombro, cantando juntos a aquel que había dado su vida por todos ellos.
Aquella congregación de santos fueron convertidos y transformados por el Señor, a través de la simple y apasionada predicación de la verdad de la Palabra de Dios.
¿Cómo se logró eso? Por la obediencia de un hombre que decidió hacer caso de lo que Jesús había dicho: «Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio», que es tan poderoso hoy como lo fue a lo largo de la historia.
Por eso, si las dudas sobre el poder inherente del evangelio aparecen furtivamente en nuestras mentes, solo tenemos que recordar todas las veces que, desde hace 20 siglos hasta esta parte, el mensaje de la Palabra de Dios cumplió su cometido.
«No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree. Porque en el evangelio se revela la justicia de Dios, que de principio a fin es por medio de la fe, tal como está escrito: “El justo por la fe vivirá”» Romanos 1.16-17
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