Por Pedro Ortiz y José Soto Villegas
Los individuos y los pueblos no viven en el vacío. Las casas que fabrican, las actividades comerciales y las gestiones políticas que los distinguen, y aun las herramientas y armas que utilizan revelan el ambiente físico en el cual viven. El clima y el terreno determinan las labores agrícolas, la forma de vestir y el tipo de vivienda. La flora y la fauna afectan los hábitos alimentarios. El comercio y el desarrollo industrial están íntimamente relacionados con la materia prima disponible y el acceso a los mercados de una región. Las industrias marítimas se relacionan con la disponibilidad de puertos y el acceso al mar. Incluso la ubicación de las ciudades no es accidental; por lo general están ubicadas en lugares estratégicos para el comercio y el transporte. La topografía de la región afecta sustancialmente las fronteras y la administración de las ciudades. Es por todo eso que nos detenemos aquí a estudiar el mundo que está detrás de los relatos bíblicos. El conocimiento de ese mundo nos ayudará en la recta comprensión e interpretación del texto bíblico.
La geografía física del mundo de la Biblia
Ante todo debemos darnos cuenta de que el mundo de la Biblia no es solo el territorio conocido como “Tierra Santa”, es decir, Palestina. Si bien es cierto Palestina que es de suma importancia en la historia bíblica, el contexto geográfico que la rodea no lo es menos. Por lo tanto, antes de considerar la geografía de Palestina, daremos un breve vistazo a su contexto geográfico.
Babilonia: En un principio, el territorio de Babilonia se extendía desde el Golfo Pérsico hasta la latitud 34o norte y se encontraba rodeada por los ríos Tigris y Éufrates. Limitaba al norte con Asiria y Mesopotamia, y al sur con el Golfo Pérsico. Al este, separada por una cadena montañosa, estaba Elam, y al oeste, el desierto Arábigo.
Pero las conquistas babilónicas extendieron su territorio, tomando Nínive y toda Asiria, Armenia, Palestina, Siria y Egipto.
Su privilegiada situación geográfica entre los dos ríos, Éufrates y Tigris, le dio mucha prosperidad, pues su territorio era irrigado por numerosos canales que hacían de la tierra un lugar fértil, que alimentaba a una gran población.
Asiria: Asiria fue en un principio una provincia de Babilonia. El tiempo de su independización es desconocido, pero sabemos que ocurrió en algún momento de la vida del rey babilónico Hammurabi (1728 1686 a.C.). Su primer capital fue Asur, la que fue sustituida por Nínive posteriormente.
Asiria se encontraba en el llano de Mesopotamia. Su límite norte eran los lagos Van y Urmia; al este tenía a Media y al oeste el río Éufrates; en el sur su límite era Babilonia. Su territorio medía unos 450 kms. de norte a sur y unos 257 kms. de este a oeste.
Era un territorio altamente fértil y poblado. Sus habitantes fueron prósperos y civilizados.
Siria: Geográficamente hablando, Siria es toda la región comprendida entre el continente asiático y el continente africano, entre la costa del Mediterráneo y el río Éufrates. Pero políticamente la región se ha dividido en Siria, al norte, y Palestina, al sur.
Toda la región de Siria está conformada por la costa oriental del Mediterráneo y el territorio que va desde el monte Tauro hasta cerca del Mar Rojo, que a su vez consta de dos cadenas montañosas y un extenso valle entre ambas. Las montañas son el límite con el desierto.
Desierto de Sinaí: Está formado por todo el territorio entre Egipto y Edom. Tiene forma de triángulo, con el Mar Rojo al oeste y el Golfo de Aqaba al este. Su área total consta de unos 51.800 kms5. Dos terceras partes de su territorio carecen totalmente de agua y su suelo es duro. Hay una franja de unos 32 kms. de terreno arenoso situado entre el Mar Rojo y los lagos Amargos (al este) y varias lomas de piedra caliza (al oeste). También encontramos la Cordillera de Granito que es la parte más regada del desierto, y por eso constituyó la mejor región de paso entre Egipto y Edom. Luego está el valle de Arabá, entre el Mar Muerto y el Golfo de Akaba (16 kms. de ancho por 193 de largo), rodeado de montañas y con numerosos manantiales.
Egipto: Egipto se encuentra al noreste de África. Su territorio se extendía desde la costa del Mar Mediterráneo (norte) hasta la primera catarata del río Nilo (sur). Al este sus límites son Arabia y el Mar Rojo, y al oeste está el gran desierto. La población de Egipto se situó siempre alrededor del río Nilo. La fertilidad del territorio se debe al Nilo y a su inundación anual, la cual provoca las lluvias que caen en el territorio donde nace el río. En Egipto nunca llueve, pero el río riega toda la región manteniéndola fértil, pues la inundación deja depósitos de agua cada año.
Asia Menor: En la época del Nuevo Testamento, Asia Menor estaba dividida en varias provincias romanas y estados clientes: Asia, Bitinia y Ponto, Galacia, Cilicia y Capadocia (Mapa 3). Dentro de su geografía se incluyen también varias islas cercanas: Chipre, Patmos, Rodas, Samotracia, Cos, Asón, Mitilene, Quio, Cnido. En toda la región de Asia Menor ubicamos ciudades que de una u otra forma jugaron un papel importante en la historia del Nuevo Testamento, como Tarso, Derbe, Listra, Iconio, Antioquía de Pisidia, Perge, Atalia, Hierápolis, Laodicea, Colosas, Filadelfia, Sardis, Esmirna, Tiatira, Éfeso, Pérgamo y Tróade.
Palestina: Pasemos ahora a considerar el territorio donde se desarrolla la mayor parte de la historia bíblica.
Nombre: El nombre Palestina está relacionado con la palabra “filisteos” cuyo país se llamó Palesto (800 a.C.) y Palóshet (Ex 15.14; Is 14.29,31).
Sin embargo, este no es el nombre utilizado en la Biblia. Surgió más bien del lenguaje administrativo del Imperio Romano cuando la provincia de Judea comenzó a llamarse “Siria Palestina” o “Palestina”. En el Antiguo Testamento se le llama de diferentes maneras:
“La tierra que yo, el Señor, juré dar a los antepasados de ustedes”
“Tierra prometida”
“Tierra de Canaán”
“Tierra de Israel” (el término más utilizado)
“Tierra de los hebreos”
“Tierra santa”
“Siria Palestina”
“Canaán” (Gn 12.5; Ex 15.15) es el término que se usó cuando ese territorio era solo una esperanza o una promesa. Luego que los israelitas ocuparon la tierra, el término dejó de usarse. El nombre “Canaán” probablemente significa “rojo púrpura”, en alusión a un tipo de tinte que se elaboraba en la región.
Límites: los límites de Palestina, de norte a sur, son conocidos en la Biblia así: “Desde Dan hasta Beerseba” (Jue 20.1), y en algunos textos es algo más amplia: “Desde el río de Egipto hasta el río grande, el Éufrates” (Gn 15.18; estos son conocidos como los límites ideales). Mide, más o menos, entre 320 y 380 kms, desde Dan, al norte, hasta el límite sur en la península de Sinaí. La frontera norte se extendía desde Tiro, en la costa del Mar Mediterráneo, hasta Damasco. La frontera sur va desde el río de Egipto hasta la parte sur del Mar Muerto.
De oeste a este, los límites van desde la costa mediterránea hasta la depresión del Jordán. La longitud varía de 50 kms. por el norte y unos 80 kms. por la zona sur del Mar Muerto. Como la meseta montañosa al este del Jordán (unos 30 kms.) por Transjordania no debiera considerarse territorio israelita, toda la extensión sería de unos 23.000 kms5. (un poco mayor que Bélgica y mucho menor que Suiza; Costa Rica mide aproximadamente 50.000 kms5).
Palestina está claramente dividida en cuatro franjas casi paralelas que corren de norte a sur. Desde el este hacia el oeste esas franjas son:
“Montañas de Transjordania”: Esta cordillera, situada al este de Palestina, forma una sección alta de terreno que se divide en subregiones por los ríos Yarmuk, Jaboc, Arnón y Zereb. La región, de acuerdo con los relatos bíblicos (Jos 18.7 10), perteneció por algún tiempo a Rubén, Gad y Manasés, durante el período de los jueces. El control israelita de esta región fue esporádico.
Los cuatro ríos que se encuentran en sus suelos señalaron, durante diversos períodos, las fronteras orientales de los pueblos vecinos de Israel. Desde el sur, el primer pueblo es Edom, que ocupaba 170 kms. de territorio entre el golfo de Akaba y el río Zereb. Los edomitas fueron sometidos por David (2 S 8.13 14) y, posteriormente, durante el reinado de Salomón, los israelitas explotaron sus minas de cobre y de hierro. Al norte se encuentran los pueblos de Moab y Amón, cuyos dominios se extendían 130 kms. entre el Zereb y el Jaboc. Entre estos pueblos no existía una frontera natural definida. Y finalmente, más al norte, entre el Jaboc y el Yarmuk, a unos 55 kms. de distancia, se encuentra la región de Galaad: rica en bosques, ganadería y agricultura; famosa también por sus perfumes y sus hierbas medicinales (Jer 8.22; 46.11).
“Depresión del Jordán”: Es la parte geográfica más distintiva de Palestina. La depresión llega hasta 400 mts. bajo el nivel del mar, y se extiende desde el norte, en Siria y el Líbano, y continúa al sur del Mar Muerto, por el desierto de Arabá, por la costa este de África.
El río Jordán, que divide la región en Cisjordania y Transjordania, recibe sus aguas de las faldas del Monte Hermón y de la región de Dan, y desemboca finalmente en el Mar Muerto. A través de su trayectoria, se producen tres lagos: el antiguo lago Huleh o “aguas de Merom” (Jos 11.5,7) -drenado por Israel en el 1967-; el de Galilea -también conocido como Tiberias o Genesaret, a 260 kms. bajo el nivel del mar-, y el Mar Muerto -a 390 kms. bajo el nivel del mar-. El lago de Galilea se consideraba como el centro de la provincia de Galilea. En su lado occidental son frecuentes los remolinos, pero su agua es dulce y abundante en peces. El Mar Muerto es salobre y rico en aguas sulfurosas y quizá contenga en sus profundidades fuentes calientes, su amargor y concentración de substancias es notable debido a la constante evaporación.
El río Jordán fluye a través de una franja geológica excepcional. Partiendo de Turquía, el valle que enmarca el río continúa a través de Siria, Líbano, Palestina y el mar Rojo; finalmente resurge en el continente africano. Es la falla geológica más profunda y larga de la tierra: su extensión es de 6.500 kms. Las aguas del Jordán viajan en rápido y lodoso zigzag. Debido a su profundidad no se puede utilizar con facilidad para el riego, pero son sus afluentes los que favorecen el riego, la humedad y las cosechas de la zona.
“Montañas de Palestina” o “Cisjordania”: Esta franja geográfica ha sido testigo de gran parte de la historia bíblica. Incluye una serie de montañas, colinas y valles entre el Jordán y el Mediterráneo. Por esta cordillera se riega la región. A un lado de sus pendientes, las aguas llegan a la llanura de la costa del Mediterráneo; y al otro, al valle del Jordán. Esta sección central de Palestina se ha dividido en tres secciones: Galilea, al norte; al centro Samaria; y Judá, al sur. Entre Galilea y Samaria se interponen las llanuras de Esdraelón y Jezreel.
La región de Galilea se divide en dos secciones de importancia. La alta Galilea, que mantiene una altitud media 600 mts., cuenta con la cima más alta de la región: el monte Yermac o Merom con una altura de unos 1.208 mts. La parte baja, cuyos montes no superan los 600 mts., cuenta con el Tabor, con una altura de 588 mts.
Sobre las famosas “Alturas de Golán” se levanta el monte Hermón, con sus nieves perpetuas. La cadena de montañas que incluye el Monte Carmelo, escenario de la gran lucha de Elías con los profetas de Baal (1 R 18.1 40), se extiende a lo largo se 24 kms., y alcanza una altura de 546 mts.
Luego de la llanura de Jezreel, se encuentran las montañas de Samaria, con sus montes Ebal y Gerizim, cuyas cimas llegan a los 940 y 881 mts. respectivamente. Hacia Jerusalén, en Baal Jasor, al norte de Betel, la altura alcanza los 1.016 mts.; y el monte de los Olivos se alza a 818 mts. Por último, los montes de Judá se extienden, por una región de 70 kms. de largo por 20 de ancho, desde Jerusalén hasta Beerseba.
Las ciudades y poblados más importantes de Palestina se encontraban en esta región de la cordillera central. De norte a sur se pueden identificar, entre otras, las siguientes: en la región de Galilea, a Nazaret y Cafarnaúm; cerca del monte Carmelo se identifica a Meguido; Jezreel está emplazada en las faldas de los montes Gelboé (2 R 9-10); en la región de Samaria se encuentran Siquem, Tirsa y Samaria; hacia el sur, se distinguen Silo, Betel, Mizpa, Rama, Geba, Gabaón, Gibea y Jerusalén; y, finalmente, hacia el sur de la Santa Ciudad, Belén, Hebrón y Beerseba.
Nazaret es una aldea meridional de las sierras de Baja Galilea, sobre la llanura de Esdraelón. En ella tuvo su viña Nabot; y su tierra fue testigo de las derrotas de Saúl. En ella estuvo la casa de Eliseo, se dieron los sacrificios del profeta Elías y creció Jesús como “el hijo del carpintero”.
“Llanura costera del Mediterráneo”: Esta se encuentra al oeste de Palestina. De norte a sur, la llanura se presenta casi de forma rectilínea desde el golfo de Alejandreta -en la sección noreste de la cuenca-, hasta Gaza y Rafia, cuando gira hacia el oeste. Cruza las costas de Siria, Líbano -antigua Fenicia- y Palestina.
Por la costa, los límites naturales de Palestina lo señalan la desembocadura del río Leontes, en el norte, y del río de Egipto al sur: 340 kms. de costa. Sus playas no incluyen ningún puerto natural de importancia; por esa razón los habitantes de esa sección de Palestina no desarrollaron vías marítimas de importancia, cosa que sí hicieron los fenicios, sus vecinos del norte. Durante la monarquía del Antiguo Testamento el puerto principal estaba en Jafa (2 Cr 2.15; Jon 1.3).
El monte Carmelo divide la región en dos secciones: el tramo norte es estrecho; el sur se ensancha y presenta tres llanuras: la de Dor, la de Sarón y la de Filistea. En esta última llanura se encuentran las cinco ciudades filisteas: Ecrón, Azoto, Ascalón, Gat y Gaza.
Entre las montañas de Judá y la costa del Mediterráneo la Biblia identifica una región con el nombre de “Sefela” -término hebreo para “tierras bajas”-. Es una zona intermedia entre la llanura y la montaña que incluye ciudades de importancia como Gezer, Bet semes, Azeca, Maresá y Laqis. Su fertilidad (1 R 10.27; 2 Cr 1.15; 9.27) es proverbial, y su posición estratégica le dio celebridad.
Es aquí donde se desarrolló la historia bíblica casi en su totalidad. Un escenario muy pequeño; de Jerusalén a Samaria solo hay 55 kms. de distancia.
A pesar de sus limitaciones físicas, Palestina es una región de importancia múltiple. Desde comienzos de la historia ha jugado un papel protagónico en la vida política, comercial y cultural de la región. Tiene una superficie configurada por mares, ríos, montañas y valles. En sus terrenos se encuentran la tierra de Jericó -la ciudad más baja de toda la tierra-, que es quizás el asentamiento urbano más antiguo de la humanidad; y el Mar Muerto, que es el punto más profundo del globo terráqueo.
En esa región tan pequeña, cada ciudad, cada monte y cada río tiene una potencialidad arqueológica de importancia. Y la evaluación e interpretación de los descubrimientos arqueológicos en Palestina han contribuido sustancialmente a una mejor comprensión de las culturas que vivieron en esos territorios.”
La ubicación geográfica de Palestina pone de manifiesto su importancia geopolítica. La región donde se llevaron a cabo muchos de los grandes acontecimientos descritos en la Biblia está situada en el punto de confluencia entre Eurasia y África, entre Oriente y Occidente, entre los valles del Nilo y el Río Éufrates.
Clima: El clima de Palestina está determinado por la posición geográfica, la configuración de la región y la proximidad al desierto. Aunque posee variedad en el clima, por lo general se reconocen en la región dos estaciones fundamentales: el invierno, con su temporada de lluvias; y el verano, que es un período de gran sequía. Las llamadas “lluvias tempranas” llegan en el otoño, y con ellas comienza el calendario agrícola. El período de mayor lluvias en Palestina se manifiesta desde diciembre hasta marzo; y las llamadas “lluvias tardías”, tan importantes para la cosecha, se producen en abril y mayo (Jer 3.3; Am 4.7).
Palestina está enclavada entre el mar y el desierto, y las lluvias se producen en el mar, desde el oeste de la región. La precipitación pluvial decrece de oeste a este, aunque ese efecto es aminorado por la altura de las montañas. La lluvia se precipita mayormente al oeste de la cordillera de Cisjordania y de Transjordania (Mapa 6). La precipitación pluvial anual en la costa y en Jerusalén es de 24 26 pulgadas; en Meguido, 16, y al sur de Hebrón, 12.
La temperatura en la costa durante los veranos es por lo general caliente, aunque en las montañas es más placentera. En la cordillera, como en Jerusalén, a veces cae nieve.
Durante el verano es común ver incendios forestales. En el desierto, arden los cardos y la hierba en varios kilómetros, lo que hace que muchos animales salgan de sus madrigueras.
Del oeste soplan durante el año vientos que con la ayuda del mar cumplen dos funciones importantes en la vida de Palestina. En el invierno, esos vientos húmedos provenientes del mar hacen contacto con las montañas frías y dejan caer su humedad causando la lluvias invernales. En el verano, esos vientos vienen del noroeste y por eso son más secos. Al entrar en contacto con el calor del verano no se producen lluvias, pero sí una brisa fresca que reduce el calor del día.
Al este del Jordán y al sur del Neguev está el desierto, donde es mínima la precipitación pluvial. En esa región los cambios bruscos de temperatura producen vientos cálidos y secos que pueden tener efectos devastadores para la agricultura palestina. De particular importancia son los vientos “sirocos” que se producen temprano en el otoño y al finalizar la primavera. Los profetas de Israel identificaron esos vientos con la ira de Dios (Is 27.8; Ez 17.10; Os 13.15).
El clima de Palestina hace de la región uno de los lugares más saludables del mundo. La temperatura promedio anual varía entre los 17o y 22oC. Los días más calientes no pasan de los 33oC, y el frío durante el invierno rara vez baja al punto de congelación. En febrero la temperatura promedio es de 8oC, sube a lo largo de marzo y abril de los 13oC a 16oC. Para mayo y junio la temperatura sube de 18oC a 25oC; en julio y agosto se mantiene cerca de los 27oC; en septiembre y octubre baja de 27oC a 22oC. Después de las lluvias en noviembre la temperatura baja a cerca de los 17oC y en diciembre llega a bajar hasta cerca de los 11oC. Luego, en enero, debido a la nieve, los vientos fríos y el poco sol, la temperatura llega a bajar hasta los 8oC.
Esa variación de temperatura a lo largo del año ha hecho de los habitantes de Palestina personas sumamente adaptables y resistentes. Su contextura corporal es lo bastante elástica para resistir los cambios.
Flora y Fauna: La flora de Palestina puede brevemente listarse bajo tres grandes divisiones. Cereales: Trigo, cebada y mijo (millo). Frutas: Olivo, uva, manzana, almendro, granado, higos, mora, nuez, plátano y naranja. Árboles: Pinos, cedros, terebinto, roble, tamarisco, sicómoro, eucalipto y palmeras.
Algo similar se puede hacer con la fauna. Animales no domesticados: Leones, hienas, chacales, gacelas, jabalíes, lobos, zorros, osos, ciervos, corzos, escorpiones, langostas. Aves: cigüeñas, gavilanes, halcones, águilas, cuervos, perdices, palomas y tórtolas. Peces: se han contado hasta hoy 30 especies diferentes. Animales domésticos: ganado vacuno, bueyes, caballos, asnos, cerdos, ovejas, cabras, camellos.
Geografía humana y económica
Desde la antigüedad hasta ahora el país se ha ido empobreciendo por culpa del hombre.
En épocas antiguas las zonas montañosas de ambos lados del Jordán fueron bosques que debido a la deforestación ya no existen. Esto provocó la erosión de sus suelos.
De hecho el país nunca fue rico. La economía del país es esencialmente pastoril y agrícola.
La estepa y la montaña no le permitieron producir tanto para una población grande.
Población: En la primera parte del siglo 8 a.C. (época de prosperidad económica) había menos de 800.000 habitantes. La población del Reino del norte era menos de 300.000 habitantes y Judá era tres veces menor.
Agregando la población de Amón, Moab y Edom nunca llegaron a más de un millón de habitantes.
Las ciudades del Antiguo Testamento eran muy pequeñas y poco pobladas. Las ciudades importantes eran de unas cuantas hectáreas y algunos millares de habitantes. Otras poblaciones (en este caso se les consideraría aldeas por sus características) medían menos de una hectárea y contaban con menos de mil habitantes.
Jerusalén, en Judá, y Samaria, en Israel, eran ciudades de gran extensión, pero no contaban con más de 30.000 habitantes.
Las ciudades se construían cerca de una fuente o sobre una capa de agua subterránea.
En cuanto a Palestina, las regiones más pobladas eran: el borde de la llanura de Esdraelón, la baja Galilea, la vertiente oeste de la montaña de Judea y Sefela.
Tipos de oficio en la población: La mayoría de los habitantes eran campesinos dedicados a la agricultura, sobre todo en la parte norte del país. Los cultivos de esta región eran trigo, cebada, olivo, uva, higuera.
Los habitantes de la parte sur eran pastores, dedicados a la cría de ovejas y cabras y poco ganado mayor.
Las irregularidades físicas de la región (clima relieve) producen en parte falta de unidad en la población. El terreno es muy quebrado (tiene elevaciones desde el nivel del mar hasta 1.000 mts. en una distancia de 25 kms. Esto se da constantemente a lo largo del territorio), por lo que las ciudades y pueblos forjaran estilos de vida e intereses distintos.
Vías de comunicación: Por su ubicación entre las grandes civilizaciones que se desarrollaron entre los ríos Tigris Éufrates y el Nilo, y por estar enclavada al sur de los reinos del Asia Menor, Palestina desempeñó un papel preponderante en la historia del Próximo Oriente Antiguo. En las caravanas de comerciantes y en los carros de guerra se transmitían valores culturales y comerciales que influyeron de forma destacada en la región. Esos intercambios culturales, comerciales y bélicos pusieron en contacto a los pueblos palestinos con sus vecinos del Próximo Oriente Antiguo.
Las relaciones entre los pueblos se llevaban a efecto a través de una serie de caminos de los cuales se mencionan algunos en la Biblia. Desde al cuarto milenio a.C. fue importante la influencia de la cultura mesopotámica en Egipto. La ruta comercial entre estas culturas se conoce como “el camino de la tierra de los filisteos” (Ex 13.17); los egipcios lo llamaban “el camino de Horus”. Comenzaba en Zilu, Egipto, y seguía cerca de la costa, a través del desierto, para llegar a Rafía, Gaza, Ascalón, Asdod y Jope; hacia el norte cruzaba el Carmelo, por Meguido, y llegaba a la llanura de Esdraelón; proseguía al norte, hacia Damasco, por el sur del antiguo lago Huleh o al sur del Mar de Galilea.
Otra ruta de importancia se conoce como “el camino de Shur” (Gn 16.7). Nace en el lago Timsah, en dirección de Cades bernea, desde donde prosigue hacia el norte, a través del Neguev, para llegar a Beerseba, Hebrón, Jerusalén y Siquem; también llega a la llanura de Esdraelón.
La tercera de las más importantes rutas comerciales que pasaban por Palestina es “el camino real” (Nm 20.17 21). Procedente de Egipto, cruzaba Ezión geber, al norte del golfo de Akaba, pasaba por Edom y Moab, para subir por Transjordania y llegar a Damasco.
La vida en Palestina
La vida de los hebreos giraba en torno al hogar (Dt 6.4 9). Ellos se organizaban en aldeas, pueblos y ciudades. En las zonas montañosas las casas se construían con roca caliza gris, dándoles forma cuadrada o cuadrangular. Pero en los valles, las casas eran de adobe cocido al sol. En los techos se almacenaban alimentos y sobre ellos se encontraba la azotea, considerada como el lugar más fresco y con mejor vista (Mt 10.27). Era el sitio adecuado para alojar a los visitantes (Hch 10.9). Los pobres vivían en casas de un solo aposento. En general, las casas eran acogedoras y frescas, aunque escaseaba el agua. Los pobres se sentaban y dormían en esteras y se alumbraban con lámparas de aceite (Lc 15.8). Los ricos dormían en camas, comían en mesas y contaban con servidumbre.
Por lo general, las mujeres esquilaban la lana de las ovejas del rebaño familiar (Pr 31.13). Se empleaba la lana en la confección de ropa. Los que contaban con plantas de lino se dedicaban a la fabricación de vestidos de ese material. El lino y la lana se usaban para hacer la ropa de los bebés, los cuales dormían en una cuna de madera que colgaba del techo de la casa. Antes de acostar al niño, la madre lo frotaba con sal en polvo y hojas de mirto.
La ropa dependía del clima y de la condición social. La gente se vestía con mantos largos y holgados. El hombre muy rico se vestía de lino y lana fina (Ez 34.3). Pero en general se usaba delantal, manto y una túnica blanca que en el caso de los hombres llegaba hasta la rodilla, y en el de las mujeres, hasta los tobillos. Los hombres usaban un paño blanco sobre la cabeza, atado con una cuerda de pelo de camello. A la cintura se ataban una especie de cartera, que venía unida al cinturón. Las mujeres vestían igual que los hombres, salvo por la presencia de un velo a color que se podía trenzar con el cabello. Sobre las vestiduras se solía echar una capa, que en las noches frías servía de frazada (2 Ti 4.13). Las ropas, por lo general, eran de dos piezas cocidas; sin embargo, como el caso de la túnica de Cristo, había ropas de una sola pieza y sin costuras, pero eso era un caso excepcional dentro de las costumbres judías (Jn 19.22 24).
La mayoría de los judíos andaban descalzos. Para caminatas muy largas se usaban sandalias que no eran más que un cuero atado al tobillo y cruzado en dos dedos (Is 5.27; Mc 6.9). Hombres y mujeres usaban aceites y perfumes. Algunas personas acostumbraban llevar perfume en pequeños frasquitos hechos de piedras preciosas, los cuales ataban al cuello (Mt 26.7; Mc 14.3).
La agricultura era la labor más importante. En el otoño se hacían las eras con el arado y se lanzaban las semillas. Con las lluvias de la primavera se daba la cosecha. La paja se separaba del grano usando bueyes que desgranaban lo cosechado, costumbre conocida en la Biblia como “trillar” (Dt 25.4; 2 S 17.19; 1 Co 9.10). En las tardes se aventaba el grano y volaba la paja, luego ésta era llevada al horno casero (Sal 1.4; Is 47.14; Jer 13.24). El grano se medía y empacaba o se almacenaba. Palestina era productora de uvas, higos, aceitunas, lentejas, frijoles, pepinos, ajos, cebollas, trigo y mostaza. El oficio de pescador no era muy gratificante: lo que se pescaba se vendía y si no se salaba. Los israelitas no desarrollaron mucho la pesca, excepto en ríos y lagos, principalmente en el lago de Galilea. Puede ser que los Zebedeos y Simón Pedro usaran el tercer método de pesca de los judíos: la red de arrastre, con flotadores y lastre y una serie de redes en dirección vertical que se estrechan hasta lograr la pesca (Jn 21.8; cf. Mt 4.8; Mc 1.16). Se acostumbraba comer los pescados ahumados y salados, junto con el pan (Jn 21.9). A veces se envolvía en una masa de trigo y se asaba. Era la comida favorita. La vida del pastor de ovejas era más sacrificada. Todas las noches debía contar las ovejas, incluso dormía en la puerta del corral, para cuidar el rebaño de las asechanzas nocturnas de chacales, leones, lobos y zorros (1 S 17.34 37). El pastor cuidaba a la vez sus ovejas y sus cabras. Ambas daban carne, leche y material para abrigos, aunque las ovejas eran más apreciadas.
Dentro de la sociedad judía ocuparon importancia los artesanos, pues de ellos procedían los arados, cribas, vasijas, pieles, sandalias y vestidos. Se reunían a vender en las plazas. Estas eran precisamente el lugar público de mayor concentración popular (2 Cr 32.6; Neh 8.1; Pr 1.20; Lc 14.21; Hch 17.17). Palestina contó con alfareros, curtidores y carpinteros. José y Jesús fueron carpinteros (Mt 13.55).
La vida matrimonial era un deber. Los matrimonios eran arreglados por los padres (Gn 24.1 67). Un intercambio de regalos era señal de compromiso. El día de la boda la novia esperaba que el novio fuera a visitarla. Los parientes contemplaban cómo la amada era conducida hacia el nuevo hogar. A veces las fiestas nupciales duraban más de una semana.
Se estimaba una calamidad si faltaban los hijos; la felicidad era proporcional al número de la descendencia. Se circuncidaba al varón a los ocho días de nacido y si era el primogénito los padres debían ofrecer el sacrificio correspondiente (Nm 3.13; Lc 23 24). El destete se daba a los tres años.
Las fiestas anuales eran clave para la vida religiosa del pueblo. En ellas se recordaba el favor de Dios hacia su pueblo elegido. La más importante era la de la Pascua, que celebraba la salida de Egipto (Ex 12.11; Mt 26.2). Otras fiestas son: las de las Semanas o de Pentecostés, al inicio de las cosechas (1 Co 16.8); la de los Tabernáculos durante la cosecha (Jn 7.2); la de la expiación o del Purim, que festeja la liberación de los judíos en tiempos de Ester (Est 9.1 32). Los fieles debían ir al templo tres veces al año. Salvo situaciones especiales, solo se asistía una vez. El sábado era día de reposo dedicado a honrar y agradecer a Dios su favor (Ex 20.8; 31.13). De esta manera, la vida israelita gravitaba alrededor de la presencia de Dios y de un especial reconocimiento a él. Serían estos elementos, en efecto, también retomados por la vida cristiana.
Teología y geografía
La Biblia es un texto de teología. Su mensaje pone de manifiesto la historia de la salvación. La Sagrada Escritura no es un manual de ciencias naturales, sino el recuento de la fe y las interpretaciones teológicas de los acontecimientos históricos significativos de un pueblo. Por esa razón, cuando los pasajes bíblicos aluden a la belleza, exuberancia y fertilidad de la tierra, destacan y ponen de manifiesto los valores teológicos.
Todos los detalles geográficos que hemos discutido nos ayudan entonces a comprender mejor la teología que hay detrás de cada mención a la geografía, flora o fauna de Palestina. Consideremos entonces algunos ejemplos.
La “llanura” y la “montaña”: La descripción geográfica que hicimos de Palestina en cuatro franjas que corren de norte a sur, se puede resumir en dos expresiones simples: “Palestina de la llanura” y “Palestina de la montaña”. Esta situación geográfica tiene gran importancia en la historia de Israel, pues por lógica, la montaña se prestó para las guerras de infantería y la llanura para la guerra de caballería y carros. Esto hacía de las montañas el lugar más seguro para vivir, pues las naciones vecinas preferían la guerra y el comercio a través de las llanuras de Palestina. En realidad, las montañas fueron el último territorio que perdieron los israelitas frente a las invasiones de los imperios vecinos. Israel era poderoso en la montaña, pero débil en la llanura. Esto generó la idea de que el Dios de Israel era un Dios de la montaña y no de la llanura. Por eso cuando el rey sirio Ben adad invade Israel, es derrotado en las montañas por Acab, rey israelita. La explicación que ante la derrota dieron los oficiales del rey Ben adad la encontramos en 1 Reyes 20.23: “Los dioses de los israelitas son dioses de las montañas; por eso nos han vencido. Pero si luchamos contra ellos en la llanura, con toda seguridad los venceremos”.
“¡Raza de víboras!”: Mencionamos antes que durante el verano era muy común el incendio forestal, lo cual se daba mucho en el desierto. Conforme avanzaba el fuego que consumía hierbas y arbustos, salían despavoridos de sus agujeros los escorpiones y las víboras. Juan el Bautista, acostumbrado al desierto, toma esa vívida imagen y la utiliza contra la gente que llegaba a escucharlo y a bautizarse: “¡Raza de víboras! ¿Quién les ha dicho a ustedes que van a librarse del terrible castigo que se acerca?” (Lc 3.7; VP). “Castigo” (VP) o “ira venidera” (RVR), es tomado de la imagen del fuego que avanza y es símbolo entonces de la ira de Dios. El ruido producido por los arbustos ardiendo y el humo advertían a los animales. El pecado de aquella gente que llegaba a oír a Juan martilleaba en sus conciencias advirtiéndoles del peligro. Así que, lejos de representar un insulto, la frase promulgada por Juan es solo una advertencia y una reflexión teológica.
Palestina: “Tierra prometida”: Por lo que se refiere al Antiguo Testamento, la tierra prometida es fundamental tanto para la historia del pueblo de Israel como para la teología bíblica. El sustantivo “tierra” (erets, en hebreo) se encuentra más de tres mil veces en el Antiguo Testamento, siendo superado únicamente por “Dios” e “hijo”, si se sigue la lectura del texto hebreo. La importancia de Palestina se destaca en el Antiguo Testamento con las palabras “propiedad”, “herencia”, “posesión”, y particularmente con los nombres “Jerusalén” y “Sión”.
El tema de la tierra prometida es prioritario en el Pentateuco; da cohesión y continuidad a los relatos patriarcales y mosaicos. La historia inicial del pueblo de Israel gira en torno a la tierra. La Biblia menciona la tierra, con predilección, en los relatos de la promesa a los antepasados de Israel; en la liberación de Egipto; en el peregrinaje por el desierto; y, finalmente, en la entrada y conquista de Canaán.
De acuerdo con la teología del libro del Éxodo, la promesa de la tierra es el resultado de la acción liberadora de Dios. En los relatos de los patriarcas, se relaciona con otras promesas: el nacimiento milagroso de un hijo (Gn 18.10), tener una descendencia numerosa (Gn 13.16), ser de bendición a todas las familias de la tierra (Gn 12.1 3), mantener una relación especial con sus descendientes (Gn 17.7) y disfrutar de la providencia divina (Gn 28.15). Se destacan, en ambas perspectivas, diferentes aspectos de la teología de la “Tierra Prometida”. Por un lado, se pone de relieve la relación estrecha de Dios con su pueblo; por el otro, se subraya la importancia de la liberación.
El libro del Deuteronomio presenta la “Tierra Prometida” de una forma ideal: “…buena tierra, …un país lleno de arroyos, fuentes y manantiales que brotan en vegas y montes; es una tierra donde hay trigo, cebada, viñedos, higueras, granados, olivos y miel. En ese país no tendrán ustedes que preocuparse por la falta de alimentos, ni por ninguna otra cosa; en sus piedras encontrarán hierro, y de sus montes sacarán cobre.” (Dt 8.7 9)
En los relatos de la conquista de Canaán o Jericó, se ve la tierra como un don de Dios. La narración de esos importantes acontecimientos de la historia bíblica comienza con la organización del pueblo y la gesta dirigida por Josué (cf. Jos 1-10), y continúa hasta las conquistas militares de David (2 S 5-10). Durante ese período, el pueblo contaminó la tierra con abominaciones y prácticas idolátricas: Israel no correspondió a la generosidad divina. Uno de los objetivos teológicos de la Historia deuteronomista -que incluye los libros de Josué hasta 2 Reyes- es responder al interrogante: ¿Por qué el pueblo ha sido derrotado y humillado, y ha sido obligado a abandonar la tierra que Dios le había prometido y otorgado a sus antepasados?
Los profetas de Israel también utilizaron de forma destacada el tema de la tierra. Los que profetizaron antes del exilio en Babilonia anunciaron el castigo al pueblo y amenazaron con el destierro (por ejemplo, Isaías y Jeremías). El pueblo de Israel no había vivido de acuerdo con las normas dadas por el Señor para vivir en paz en la tierra prometida. El resultado de esa apostasía y desobediencia fue el exilio. Los profetas exílicos hablaron del retorno a la tierra, y presentaron ese acontecimiento de restauración nacional como un nuevo éxodo, una nueva liberación (Is 51-52). Posteriormente, los profetas posexílicos y la literatura apocalíptica destacaron los valores universales de la tierra, hablaron de una “nueva Jerusalén” e incluyeron la idea de “los nuevos cielos y la nueva tierra” (Is 65.17; 66.22; Dn 9; Joel 3).
Bibliografía
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-El fascinante mundo de la Biblia. Estados Unidos de América: Editorial Mundo Hispano, 1979, 216 pp.
-Emma Williams Gill. Vida de hogar en la Biblia. Terrassa: CLIE, 1980, 197 pp.
-Ethel L. Smither. Vida cotidiana en la Palestina bíblica. Buenos Aires: La Aurora, 1969, 59 pp.
-G. Adam Smith. Clásicos de la ciencia bíblica. Tomo III Geografía histórica de la tierra santa. Valencia: EDICEP, 1985, 445 pp.
-J. I. Packer. La vida diaria de los tiempos bíblicos. Miami: Editorial Vida, 1985, 201 pp.
-Tidwell Pierson. Geografía bíblica. El Paso: Casa Bautista de Publicaciones, 1989, 144 pp.
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