Paul Dean
Todos nosotros queremos profundizar nuestra relación con Dios y a medida que buscamos eso, nos damos cuenta que no siempre logramos llegar tan lejos como quisiéramos. Parte del problema es que a menudo nos concentramos en lo que sentimos y dejamos que lo que sentimos nos confirme que nuestra relación con Dios está mejor. Otras cosas, como el pecado, evitan que nos acerquemos más a Dios. Veamos algunos consejos prácticos para profundizar nuestra relación con Dios.
1. Elija un tema importante de la Biblia y concéntrese en él por dos o tres semanas. La Biblia está llena de pasajes bíblicos que nos dicen que meditar en la Palabra de Dios nos acerca más y más a Dios. «Aquel que se deleita en la ley de Jehová y medita en ella de día y de noche será bendecido y prosperado» (Salmos 1.2); «Tenemos que meditar en todas las obras de Dios, sus preceptos y sus caminos» (Salmos 77.12; 119.15). La Palabra nos indica que «debemos pensar acerca de las cosas de Dios y se nos promete una gran sabiduría como resultado de ello» (Salmos 119.99)
Puede elegir un tema familiar como la salvación por gracia, la obra del Espíritu en la vida del creyente, o el significado de la armadura de Dios. También puede elegir temas sobre los cuales no está tan familiarizado y así aprenderlos mejor. Puede elegir, por ejemplo, meditar sobre la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento y el rol de los profetas en esa relación y cómo todos ellos apuntaban a Jesús con sus profecías.
Cuando medite, trate de asegurarse de que su pensamiento surja de la meditación de la Palabra y no tanto de su conocimiento previo. Tome el tiempo necesario para ver qué dice la Biblia de sí misma.
Utilice alguna herramienta bíblica. Como una concordancia, y busque otros pasajes de la Biblia que arrojen luz sobre el tema sobre el cual esté meditando. A medida que medite en los distintos pasajes bíblicos, su comprensión del tema crecerá y su relación con Dios se profundizará a medida que comprenda más cabalmente el amor y la gracia de Dios.
2. Permita que todas las implicaciones de aquello en lo que está meditando lleguen plenamente a su vida. Lo que Dios dice acerca de algo, siempre es de suma importancia; es un tema de vida o muerte. Puede haber algo que parezca menor e insignificante, pero no lo
es. Si Dios habló sobre algo en particular, lo hizo con un propósito.
A menudo, no tomamos a Dios suficientemente en serio. A veces tratamos de hacer que sus palabras se acomoden a nuestras actitudes y estilos de vida cuando en realidad necesitamos hacer lo opuesto; necesitamos cambiar nuestras actitudes y estilos de vida conforme a lo que Dios dice. Cuando Dios dice que no podemos servir a Dios y al dinero, por ejemplo, no es algo metafórico. Significa que si servimos al dinero, simplemente dejamos de servir a Dios (Mateo 6.24).
Cuando el peso de la Palabra de Dios se posa en usted, haga el cambio que la Palabra demande. El único gozo y la única paz que alguna persona puede experimentar están en glorificar a Dios; fuimos creados para ese fin. Nuestra meta es ser hechos a semejanza de Cristo. Cuando nuestras vidas no alcanzan la meta suprema nos perdemos la gran satisfacción que Dios tiene para nosotros en Cristo. Cuando la Palabra de Dios nos insta a vivir y pensar en forma diferente y lo hacemos, profundizaremos en nuestra relación con Dios gozosamente.
3. Tome lo que ha llegado a su vida a través de la meditación de la Palabra y predíquese a usted mismo sobre el tema. David describió su depresión de la siguiente manera: «Como el siervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios? Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?» (Salmos 42.1-3). ¿Sabe qué hizo después?¡Se predicó a sí mismo! «¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarte, Salvación mía y Dios mío.» (Salmos 42.5). Se preguntó a sí mismo por qué estaba tan deprimido y se dijo a sí mismo que confiara en Dios y ¡aun dio sus argumentos de porqué debía hacerlo! David no hubiera podido hacer eso si antes no hubiera meditado largamente sobre el hecho de que Dios nunca nos abandona, no se olvida de nosotros y que siempre vendrá a nuestra ayuda en tiempos de necesidad. «Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro» (Hebreos 4.16).
Tome lo que ha aprendido sobre Dios y recuérdeselo a usted mismo pues el diablo, el mundo y la carne son enemigos poderosos. Pero ahora usted tiene un arma espiritual con la que podrá repeler esos ataques (Efesios 6.10-18). Cuando usted resista al diablo, él huirá (Santiago 4.7).
Cuando la depresión o la tentación intenten apoderarse de nosotros, algunas veces no sabemos qué hacer. Pero cuando se predique la palaba de Dios a usted mismo y la obedezca su estatura espiritual crecerá al unísono.
4. Tome sus meditaciones y elévelas a Dios en oración espontánea. Acercarnos a Dios no se trata de una sensación ni es un proceso mecánico. No es una lista de cosas que debemos hacer. Se trata de que Dios haga su obra en nosotros y nos lleve más cerca de él, a través del Espíritu Santo comunicándose con nosotros a través de la Palabra. Al final, es Dios mismo quien se acercará a nosotros cuando nosotros nos acercamos a su Palabra y la buscamos obedecerla. Es ahí donde el rol de la oración cobra un valor esencial.
A medida que pensamos en Dios, su voluntad y sus caminos, a medida que aprendemos más y más sobre todo lo que él dice sobre el mundo y sobre todas las cosas, a medida que comenzamos a ver las cosas que debemos cambiar en nuestra vida la oración comienza a jugar un rol preponderante a lo largo de nuestros días. Dios nos ha dado la oración para asegurar que nuestra dependencia sea en él y no sobre algún método en particular, ¡ni siquiera un método de estudio bíblico! Nuestra dependencia debe ser en él, pues únicamente él es quien puede cambiarnos. Por algo Jesús enseñó a sus discípulos a orar, no solo en palabra, a través del Padre Nuestro, sino a través del ejemplo de su vida. Jesús fue un ejemplo viviente de cómo debe ser una vida de oración y dependencia en Dios.
5. Ahora, tome lo que ha aprendido y compártalo con otros. A medida que medita en la Palabra de Dios, él pondrá gente en su camino a quienes usted podrá ayudar. ¡Hace unas semanas, alguien me hizo una pregunta sobre algo sobre lo que yo había estado meditando por más de dos meses! Usted podrá ayudar a alguien a comprender un poco más a Dios y sus caminos. También podrá compartir su experiencia en acercarse más a Dios y ser, de esa manera, el medio a través del cual Dios actúa en una o varias personas. Dios es el que determinará esos eventos. Sea sensible a su guía.
Profundizar su relación con Dios le permitirá impactar con las verdades aprendidas a muchos. Mucho más de lo que ha soñado. Compartir lo que el Señor le ha mostrado puede convertirse en un elemento que permita a otros vivir vidas que reflejen una vida cristocéntrica. Esto, entonces, se convertirá en un círculo virtuoso pues al ver la mano de Dios bendiciendo a otros a través de su vida lo acercará aún más a Dios y usted mismo será bendecido y seguirá bendiciendo a otros.
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