La criatura perdida

TBILISI (LaBibliaWeb.com /SBU) — A los ochenta y nueve años, Angelina Tsiskadze es una mujer llena de alegría y enamorada de la vida. Una de los veinte residentes del Hogar Geriátrico San Nino del Centro Beteli, justo a las afueras de Tbilisi, escribe poesías, organiza noches de lectura poética y participa activamente en las reuniones diarias de oración y compañerismo del Hogar.
Sin embargo, cuando comienza a hablar de su pasado, lágrimas se asoman a sus ojos porque ha padecido mucha tristeza. Una investigadora médica altamente calificada, Angelina se casó cuando cumplió veintidós años, quedando embarazada poco después. Ella y su esposo rebosaban de alegría. Pero los azotó la tragedia.
Una profunda tristeza
«A los siete meses de embarazo se me presentó el parto y perdí al bebé. Sabía que había dado a luz, aunque nunca vi a mi criatura. Estaba convencida de que alguien me la había arrebatado. Estaba devastada. Traté de reorganizar mi vida y seguir adelante, pero siempre mantuve un profundo sentido de tristeza.
«Doce años más tarde mi vida dio un vuelco total, cuando una mujer vino a verme para decirme que ella se había robado a mi bebé. La mujer estaba muy enferma, próxima a morir. Por eso me llevó adonde estaba mi criatura, una niña a la que llamaron Nana. Era igual a mi esposo. No puedo describir lo que sentí. Era como un sueño hecho realidad, aunque tenía una profunda tristeza por todos los años que había perdido sin ella.
«Durante los dos primeros meses de nuestra vida juntas, Nana estuvo en el hospital porque tenía problemas cardiacos. Estos problemas siguieron en la edad adulta y nunca pudo casarse ni vivir una vida normal. Murió a los treinta y seis años. Fue muy doloroso para mí verla sufrir y luego perderla otra vez.
Muerte clínica
«Pero ella llenó de gozo mi vida y fue por ella que me hice cristiana. Yo era una miembro ferviente del partido comunista, y un día algo le sucedió a Nana mientras se encontraba en el hospital gravemente enferma. Su corazón se detuvo y estuvo clínicamente muerta por breves minutos. Tuvo la visión de un hombre con una barba negra que le decía que ella no iba a morir ahora.
«Lo primero que vio cuando volvió de su inconsciencia, fue a un hombre que sostenía un libro. Era un visitante de la Iglesia Bautista, y el libro que sostenía era un ejemplar manuscrito del Evangelio. Se lo regaló y le dijo que tanto ella como su mamá debían leerlo e ir a la iglesia. Leímos el libro y acordamos ir a la iglesia.
Identidad comunista
«Así que cuando mi hija salió del hospital, el hombre nos llevó a la Iglesia Bautista. Asistimos a un culto y fue nuestra primera experiencia en una iglesia. No era ciertamente seguro asistir a una iglesia, así que la gente trataba de hacerlo discretamente. Pronto se corrió la voz y el partido comunista local me interrogó acerca de mi participación en la iglesia. Les entregué mi tarjeta de identificación comunista, y les dije que prefería ser miembro de una iglesia que del partido comunista.
«El director del laboratorio donde trabajaba me presionó para que dejara de ir a la iglesia, pero no claudiqué. Finalmente me dijo que debido a que era una empleada valiosa no me despediría, siempre y cuando no hablara de la iglesia a mis colegas. Seguí asistiendo a la iglesia y fortaleciendo mi fe, que ciertamente me ayudó mucho cuando la muerte de Nana.
«Pude comprar mi propia Biblia hace pocos años por solo cinco laris (US$ 3,00). Al principio no entendía mucho, pero a través de conversaciones con otros miembros de la iglesia comencé a entender mucho más. Sigo haciéndolo y también sostenemos conversaciones durante nuestras reuniones aquí en el comedor todos los días.
«Escribir poesía siempre me ha ayudado a expresar mis emociones y a lidiar con ellas. Incluso aquí en mi hogar en el Centro Beteli, donde soy tan feliz, sigo escribiendo poesías. A menudo escribo poesías sobre historias del Evangelio, y se las leo a mis amigos aquí.
«Uno de estos amigos —un hombre que no quería leer la Biblia ni tenía interés en el cristianismo— escuchó mis poemas y quedó intrigado. Empezó a preguntarme acerca de ellas, y esto me permitió animarlo para que leyera la Biblia. ¡Ya es un cristiano bautizado!»
El poder de la oración
«Creemos firmemente en el poder de la oración», dice Mary Kadagishvili, una de las residentes del Hogar Geriátrico San Nino del Centro Beteli Bautista, justo a las afueras Tbilisi. Es gran amiga de Angelina Tsiskadze, de ochenta y nueve años, y con frecuencia oran junto con los otros residentes por cosas que les conciernen.
El hijo de María, de cuarenta y ocho años, Vajha, fue por muchos años objeto de muchas oraciones en el Hogar, de acuerdo con Mary.
«Era un adicto empedernido al alcohol y casi se muere», recuerda. «Su vida estaba arruinada y a todos nos preocupaba. Orábamos por él todas las noches, y hemos visto la respuesta a esas oraciones.
Dejó de abusar del alcohol, y ahora tiene un trabajo estable arreglando vehículos.
«Recientemente asistió a una de nuestras noches de poesías aquí en Beteli, y se levantó y les contó a todos cómo Dios le había salvado la vida. También dijo que cuando comenzó a leer la Biblia, se dio cuenta por primera vez de que estaba viviendo una vida pecaminosa. En estos momentos piensa seriamente en bautizarse. ¡Todos estamos muy felices por él!»
FOTO:
Angelina Tsiskadze, de ochenta y nueve años [foto: SBU/Dag Smemo]








