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La historia de un muchacho de la calle

Cuando la mejor casa es la caja de un refrigerador.

COSTA RICA (LaBibliaWeb.com /SBU) — Cálculos recientes hablan de ocho mil niños de la calle en San José. Michael fue uno de ellos.

A los siete años Michael se fue de la casa para vivir con su tío. Sin embargo, el nuevo arreglo hogareño no fue la situación ideal para ninguno de los dos. El tío era un traficante de drogas, y mientras estaba afuera haciendo sus tratos, mandaba a Michael a mendigar en la atestada Avenida Central de San José, y le exigía que consiguiera por lo menos cinco mil colones costarricenses (unos diez dólares) al día.

Cuando Michael cumplió los ocho años ya el tío estaba cansado de él, y lo tiró a la calle. Todavía recuerda la primera noche que pasó, sin hogar, en la calle.

«Hacía frío y comenzó a llover», dice. Se sentó en un callejón arropándose con plásticos y cartones. Lloró toda la noche «Uno siempre tiene que estar en guardia, con un ojo abierto para sobrevivir». Esa noche la pasó llorando.

Pronto comenzó a vivir con un grupo de otros quince jovencitos. Él y un amigo en particular dormían juntos en el callejón.

«La mejor casa es la caja de un refrigerador», opina Michael. Se movía por toda la ciudad con el resto del grupo, primero durmiendo cerca del McDonald’s y luego en un callejón cerca de una floristería o de una tienda de abarrotes. Junto con los otros compañeros, solía aspirar pegamento.

«Me sentía como un superhéroe», dice, «como un adulto». Posteriormente pasó a la cocaína en piedra.

Recuerda que vivía al filo de la zona de prostitución. «En la época de Navidad, hay un hotel adonde llegan «viejos verdes» estadounidenses. Están dispuestos a pagar US$ 50 por un muchacho, y ese dinero era suficiente para comprar piedra para la noche».

Después de cierto tiempo Michael comenzó a darse cuenta de que su poder adquisitivo estaba disminuyendo.

Objeto de compasión
«La gente se compadece de los niños de la calle, pero no de los adolescentes», dice. «Es fácil pedir limosna siendo niño, pero a medida que uno crece, ya no vale nada».

La Sociedad Bíblica de Costa Rica ha podido ayudar a un ministerio que alcanza a chicos de la calle, como Michael. Renacer es parte de la agencia cristiana “Cristo para la Ciudad” y abre de cinco de la mañana a cinco de la tarde; ofrece desayuno, ropa, ducha y un programa diario de enseñanza para niños de la calle. La Sociedad Bíblica le suministra Biblias y otros recursos para el proyecto.

Michael viene al centro desde hace tres años, pero fue un día particular, en 2006, cuando su vida cambió.

«Ese día tenía cuatrocientos colones y necesitaba otros veinte para comprar piedra», recuerda. No había dormido en toda la semana. Estaba sucio, hecho una miseria. Y tenía los pies hechos llagas. Estaba cansado y buscaba un escape. Para ese entonces ya llevaba siete años viviendo en la calle, y de este día dice: «Dios me decía que era tiempo. Me bañé. Me dieron ropa. Alguien llegó y me empolvó los pies. De verdad esa gente es muy especial para mí».

Ministerio de amor
A Michael lo llevaron al «Ministerio Amor en la Calle», y recuerda vívidamente el momento cuando Dios lo acercó a él. «Sentí su presencia», dice. «¡Fue como estar renovado… como lluvia… como tener ropas nuevas!» Ahora quiere tener el don de lenguas y quiere ser bautizado.

«El bautismo significa dejar a un lado al hombre viejo, y todos los pecados de uno se van al fondo del océano».

De la Biblia dice: «Es realmente un libro bueno». Y agrega: «Gedeón fue un cobarde, pero Dios lo hizo valiente; David fue un pastor, y Dios lo hizo rey; Débora fue una profetisa y liberó a Israel; Rut fue una mujer valiente, fiel a Dios y está en el linaje de Jesús. Las mujeres son especiales y Dios las usa también».

Mientras estaba rehabilitándose, Michael estudió mecánica; con tres años más de estudio en una escuela nocturna, Michael espera ansioso el futuro de una manera muy positiva, cuando comience a trabajar como mecánico.

El trabajo de la Sociedad Bíblica de Costa Rica es amplio y variado, llega a los más pobres de la sociedad con el apoyo de iglesias y ministerios que impactan a muchos. Y para Michael, por lo menos, el dolor de sus años tempranos se ha convertido en alegría.


FOTO [SBU/Jim Loring]:
Michael Núñez solía vivir en las calles.












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