Una invitación al diálogo y la acción
Carta Pastoral
Foro de Unidad, América Latina
Durante los días 3 y 4 de abril del presente año, un grupo de pastores y líderes de diversas organizaciones cristianas de alcance regional, nos reunimos en la ciudad de Quito, Ecuador, con el propósito de orar, conocernos mejor y de pensar en los nuevos desafíos de la unidad de las iglesias en América Latina y el Caribe.
Los allí presentes procedíamos de diferentes organismos: Foro Iberoamericano de Diálogo Evangélico (FIDE), Sociedades Bíblicas Unidas (SBU), Visión Mundial Internacional, Comité Lausana, Confraternidad Evangélica Latinoamericana (CONELA) y la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL).
La convocatoria nació de manera espontánea, sin vínculos de formalidad institucional y con el exclusivo deseo de conocernos mejor, apreciar nuestros mutuos esfuerzos a favor de la unidad del Pueblo de Dios e iniciar un peregrinaje de discernimiento espiritual acerca de las nuevas señales de los tiempos y sus implicaciones para la vida y misión de las iglesias latinoamericanas. Nos reunimos con espíritu de servicio y de humildad, dispuestos a discernir la voz del Señor, soñar y a asumir los nuevos desafíos del momento.
Los tiempos que vivimos entrañan cambios radicales para nuestras iglesias, instituciones y organizaciones de servicio. Somos llamados a ser testimonio de nuestra fe en un contexto global, regional y local que desafía nuestra imaginación. La realidad cambiante nos pide mucho más que la rutina del carisma; nos pide capacidad para el cambio y disposición para ser transformados y transformadas. Las iglesias evangélicas viven un momento decisivo y en él somos invitados e invitadas a reflexionar y actuar. Un tiempo nuevo demanda iglesias renovadas que estén a la altura de las nuevas exigencias de su misión.
Es hora de avanzar con madurez y con responsabilidad en la promoción y anuncio del reino de Dios. De no hacerlo, corremos el riesgo de perder nuestra pertinencia como «sal de la tierra y luz del mundo» (Mt 5:133-14). Pero las tantas fragmentaciones y los muchos intereses particulares atentan en contra del mayor impacto y alcance de nuestra misión. Es el momento de actuar unidos y de actuar con sentido de urgencia. Ante estos retos afirmamos la exhortación de la Palabra a ser: « …un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación» (Ef. 4: 4 RV)
La diversidad es parte de la identidad de las iglesias evangélicas, así como la unidad es parte de su vocación. Los tiempos actuales demandan un nítido y decidido testimonio de unidad. Una unidad que vaya más allá de las distancias institucionales y aún más lejos de las fronteras doctrinales, teológicas, confesionales e ideológicas que nos han alejado los unos de los otros. El llamado del Señor resuena intacto: «Que todos sean uno para que el mundo crea» (Jn 17:21).
En nuestro encuentro celebramos nuestras realizaciones personales e institucionales. Por ellas damos gracias al Señor. Pero también reconocimos que lo que estamos haciendo es insuficiente ante los enormes desafíos del presente. Este nuevo momento nos exige mucho más y nos invita a soñar y a imaginar nuevos compromisos para la unidad y la misión.
En nuestro encuentro nos dimos tiempo para intentar una primera aproximación a la lectura de los nuevos tiempos, en cuanto a los esfuerzos realizados y también los obstáculos que se presentan en el trabajo por la unidad. Captamos que hoy:
• La misión y la unidad son inseparables y tienen más que nunca un definido rostro eclesial.
• Vivimos una tensión entre nuevas formas de fragmentación eclesial, al mismo tiempo que nuevos y sorprendentes acercamientos de unidad, los que atribuimos a la acción del Espíritu.
• Existe una crisis en la institucionalidad ecuménica, más no crisis en la vocación por la unidad entre las iglesias.
• Existen también elocuentes señales de agotamiento u obsolescencia de los modelos históricos de organización denominacional. Este reconocimiento no implica la negación de las identidades, pero sí de la necesidad de transiciones en búsqueda de nuevas formas de trabajo cooperativo con objetivos específicos de misión.
• Las iglesias buscan reunirse y servir alrededor de diferentes foros o redes de significado. Las estructuras ecuménicas formales e institucionalizadas no responden siempre a esas nuevas demandas. Urge, por ende, facilitar el acompañamiento a las iglesias sin necesariamente institucionalizar nuevas formas de organización.
• Las dinámicas de las relaciones eclesiales ocurren principalmente a nivel local, en marcos informales y alrededor de temas de común interés y no de adhesiones o lealtades institucionales.
• Los nuevos esfuerzos por la unidad deberían dar prioridad a lo local y construirse de manera comunitaria y flexible «de abajo hacia arriba». Lo regional e institucional tiene aún su lugar, pero deberían conformarse con más flexibilidad, como instancia facilitadora de encuentros, de coordinación de esfuerzos y de mutuo acompañamiento.
• Observamos que la palabra ecumenismo, aparte de su rico y profundo significado bíblico, es malinterpretada en muchos lugares y momentos. Muchas iglesias desconocen la trayectoria histórica del ecumenismo y sus innegables aportes a las iglesias y a la sociedad en general. Necesitamos, por lo tanto, renovar el significado de ese término, al mismo tiempo que buscar nuevas palabras que apunten hacia la misma vocación de unidad cristiana. Esa vocación no se reduce exclusivamente a una sola expresión verbal, y menos a un solo movimiento o institución histórica identificada con ella.
Nuestra invitación a las iglesias, a los organismos eclesiales, a las instituciones teológicas, a las organizaciones de servicio y a cada cristiano evangélico de América Latina y el Caribe es:
• A Orar por las iglesias evangélicas latinoamericanas y caribeñas y por los esfuerzos de unidad «para que el mundo crea».
• A disponernos con sencillez y humildad para ir al encuentro de las demás iglesias en el peregrinaje por la unidad.
• A orar, reflexionar y actuar juntos en la búsqueda de renovados caminos de unidad y misión.
• A entrar en contacto con el Foro de Unidad y generar una amplia Red de comunicación e información de anhelos y experiencias: www.forodeunidad.com
Nos anima la pasión por la unidad, la fidelidad a Dios, el compromiso con las iglesias evangélicas y el sentido de servicio a nuestros pueblos. Les exhortamos a iniciar o fortalecer procesos de unidad locales.
Fraternalmente en Cristo:
Rev. Israel Batista (Pastor metodista)
Rev. Juan Pablo Bongarrá (Comité Lausana)
Dr. H. Fernando Bullón (FTL)
Rev. Jesiel Carvajal (VM)
Rev. Ricardo Luna (CONELA)
Lic. Alfredo Mora (FIDE)
Rev. Julio Rosas (CONELA)
Rev. Samuel Olson (FIDE)
Rev. Víctor Rey (FTL)
Dr. Melvin Rivera (SBU)
Rev. Norberto Saracco (Comité Lausana)
Rev. Harold Segura (VM)








