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La preservación del texto bíblico

Todo lo que hay en los documentos originales de la Biblia, los llamados autógrafos, son copias antiguas. Sin embargo, en comparación con otros textos del mundo antiguo, la Biblia es un libro muy bien preservado, del cual existen gran número de copias antiguas. Esto es percibido más fuertemente en el Nuevo Testamento, pero vale también para el Antiguo Testamento, especialmente a partir del descubrimiento de los rollos del mar Muerto.

Como en el caso del texto del Antiguo Testamento no se dispone de un número significativo de manuscritos más antiguos en hebreo, los eruditos y traductores consideran el testimonio de las “versiones antiguas”, principalmente el Targum arameo, la traducción griega de la Septuaginta y la Vulgata latina. Estas traducciones fueron realizadas a partir de un original hebreo que es mucho más antiguo que el Códice de Leningrado (1008 d.C.), reproducido en la Biblia Hebraica Stuttgartensia.

En muchas ediciones de la Biblia (principalmente Biblias de Estudio), se afirma que la traducción del texto del Nuevo Testamento sigue los “mejores y más antiguos manuscritos”. Esta expresión solo se hizo posible a partir del descubrimiento de muchos manuscritos antiguos, en los últimos 200 años. Entre estos manuscritos están el Códice Sinaítico, el Códice Vaticano, el Códice Alejandrino, el Codex Ephraemi Rescriptus, como también varios papiros. Un manuscrito más antiguo no es necesariamente mejor que un manuscristo copiado en tiempos más recientes, pero hasta demostrar lo contrario, un manuscrito más antiguo, que no es resultado de un largo proceso de copias sucesivas, tiene más chances de contener menos errores de copia.

Por eso, las ediciones del Nuevo Testamento Griego llamadas “críticas” tienen la preferencia de las Sociedades Bíblicas, a expensas del así llamado “texto recibido”, porque reflejan el texto tal cual se encuentra en los “mejores y más antiguos manuscritos”. El “texto recibido” fue elaborado por Erasmo de Rotterdam, en el siglo XVI, a partir de un puñado de manuscritos, copiados en el final de la Edad Media. Sin embargo, en términos de contenido, no hay diferencia substancial entre el “texto crítico” y el “texto recibido”, pues, en general, aquello que el “texto recibido” tiene de más, refleja o hace eco de lo que se encuentra en otro lugar en la Biblia.