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Estudios bíblicos

¿Quién dijo que todo está perdido?

Por: Esteban Voth

Meditaciones sobre Isaías 50.4-9.


Cantos del siervo del Señor
Parte III

4 El Señor Omnipotente me ha dado
una lengua de discípulo,
para que yo sepa reconfortar al fatigado
con una palabra de aliento.
Cada mañana, él despierta mi oído
para que yo escuche como un discípulo.
5 El Señor Omnipotente abrió mi oído
y yo no me resistí ni me volví atrás.
6 Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban
y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba;
no retiré mi rostro
cuando me ultrajaban y escupían.
7 Pero el Señor Omnipotente me ayuda:
por eso, no quedé confundido;
por eso, endurecí mi rostro como el pedernal,
y sé muy bien que no seré defraudado.
8 Está cerca el que me hace justicia:
¿quién me va a procesar?
¡Comparezcamos todos juntos!
¿Quién será mi adversario en el juicio?
¡Que se me enfrente!
9 Sí, el Señor Omnipotente me ayuda:
¿quién me va a condenar?
Todos ellos se gastarán como un vestido,
se los comerá la polilla.

Introducción

Trasfondo histórico
¿Quién dijo que todo está perdido? ¿Acaso no escucharon la voz y la poesía del profeta del exilio?
La poesía del deutero-Isaías está llena de esperanza. A su vez, nos ofrece una serie de promesas hechas sin tapujos, sin timidez, sin ambivalencias. Es en verdad una literatura de esperanza expresada con una exquisitez incomparable.
Pero, estas promesas van dirigidas solamente a un pueblo que está en el exilio, que ha visto a su ciudad amada caer derrotada, y ha experimentado la pérdida de su mundo de fe.
Pasó lo que tenía que pasar. Pasó lo que el profeta del siglo VIII había anunciado. Los hechos se sucedieron de manera inexorable. Los enemigos derrotaron a Israel, y el pueblo de Dios, la novia de Dios, la esposa de Dios, según el poeta, fue llevada esclava, maltratada, hambrienta, a una tierra lejana, hostil, denigrante. En esta segunda parte de Isaías, o en este segundo Isaías, nos encontramos con la voz del poeta pastoral, que de manera profunda da cuenta del dolor y de la tristeza que vive la comunidad en el exilio.
El grito desgarrador de Isaías 40.1 nos recuerda el libro de Lamentaciones que es el resultado de este evento histórico. Allí en el primer capítulo se nos dice que «No hay nadie que consuele». La poesía del «consuelo» surge precisamente del grito angustioso «No hay nadie que consuele».
Otro ejemplo de lamento, dolor y sufrimiento está expresado en Isaías 49.14, donde se expresa el sentimiento de abandono. El pueblo de Dios, exiliado y esclavizado, públicamente expresa el dolor por el abandono. Se siente absolutamente abandonado por Dios: El pueblo de Jerusalén decía:

Dios me abandonó,
mi Dios se olvidó de mí.

Pero, al igual que el apóstol Pablo, el Isaías de esta sección comprende bien que de alguna manera, quizá difícil de entender y de aceptar, el sufrimiento finalmente produce esperanza (Ro 5.3). Dicho de otra manera: el sufrimiento de los exiliados, y el abrazar el dolor permitirá el anuncio de la esperanza. El poeta de los capítulos 40—55 no es alguien que mira el dolor de costado o desde afuera, como quizá el primer Isaías. Éste lo vive desde adentro, experimenta el abandono, la opresión, la desorientación y la tristeza profunda que cala hasta los huesos. Sin duda, la poesía del segundo Isaías lleva las cicatrices de alguien que sabe muy bien lo que es pasar por una situación de profundo dolor.
Y es por esto que al grito de abandono le sigue la respuesta más apropiada y conmovedora: Isaías 49.15-16

Pero Dios respondió:
  Jerusalén,
  ¿acaso puede una madre olvidar
  o dejar de amar a su hijo?
  Y aunque ella lo olvidara,
  yo no me olvidaré de ti.
  Yo te llevo grabada
  como un tatuaje en mis manos,
  siempre tengo presentes tus murallas.
  
Este ofrecimiento de esperanza a través de una metáfora tan radical sólo puede ofrecerse desde adentro, desde el dolor. Y por eso puede hablar con conocimiento de una marca sobre la mano que muestra en última instancia a quién le pertenece Israel, aun cuando todo parece estar perdido.
En el momento de vivir bajo la ideología dominante, Israel había creído historias falsas, mentirosas. Se había creído el engaño del positivismo, del facilismo, del «ventajismo». Y ahora esas historias carecen de poder para cambiar la situación. Es por esto que ha llegado el momento de encarnar la verdadera historia de amor y de poder. Esa historia de antaño que tiene el poder para cambiar y transformar situaciones de muerte en alternativas de vida.
Por lo tanto, el contexto histórico y social de este canto, conocido como el tercer canto del siervo, es el exilio. Las promesas del profeta no pueden ser nuestras a menos que demos cuenta de esta realidad. Apropiarnos de estas promesas, sin identificarnos con esta realidad, es transitar el camino de la «gracia barata». ¿Esperanza? ¡Sí!, pero en medio de la realidad del exilio. Y el exilio no es solamente una realidad geográfica, es también una opción teológica. Será de suma importancia  que al analizar este cántico, pensemos en qué tipos de exilios vivimos como personas, y como iglesia. A menos que estemos dispuestos a confrontar los diversos exilios que vivimos no podremos apropiarnos de esta poesía y mucho menos enriquecernos con ella.
En el caso de los oyentes del Deutero-Isaías, ellos están subyugados y oprimidos por los babilónicos. Los valores culturales de Babilonia son los que están formando o deformando a los judíos. Lo que buscan es que los judíos, el pueblo de Dios defina la realidad según los valores de Babilonia, según las esperanzas y los temores babilónicos.
¿Cuáles son los valores que definen a la iglesia cristiana y por ende a nosotros? Nosotros y la iglesia a la que representamos, ¿estamos hechos a imagen y semejanza de los valores del profeta o será que estamos moldeados por un capitalismo consumista, un neoliberalismo salvaje, un mercantilismo obsesivo, y una competencia deshumanizante, aun entre nosotros? Veamos lo que trata de decirnos este canto.

¿Quién dijo que todo está perdido?

Análisis del texto entre manos
Hay mucha discusión y debate acerca de la identidad de los que persiguen y maltratan al siervo. Algunos sostienen que son los babilónicos, mientras que otros sugieren que los enemigos son los mismos judíos que están padeciendo el exilio. Dado que consideramos que el siervo, el que habla en este caso es el profeta del exilio, sugerimos que los que se oponen al profeta son los miembros de su mismo pueblo que históricamente han rechazado la palabra de Dios proclamada y ofrecida a través del profeta llamado por Dios.
El primer recurso retórico que salta a la vista es la repetición del título «Señor Dios» o «Señor Omni¬po¬tente»–Adonai Yavé. En cada caso el «Señor Dios» es el sujeto de un verbo clave y el siervo-profeta es el receptor de la acción divina:

v. 4 Adonai Yavé.....................me ha dado
v. 5 Adonai Yavé.....................abrió mi oído
v. 7 Adonai Yavé.....................me ayuda
v. 9 Adonai Yavé.....................me ayuda

Esta cuádruple repetición de este título tan apabullante demuestra que el siervo resalta que la vocación y misión que tiene, es en definitiva la obra de Yavé. No es una vocación personal, no es un proyecto personal, no es una agenda política personal que busca juntar votos, que busca figurar, tener poder, ser popular, y aparecer en la televisión. El profeta actúa a partir de su obediencia, de su respuesta fiel al mandato de Adonai Yavé.

Características del siervo-profeta

50.4
Adonai Yavé le da al Siervo una «lengua» de discípulo. A partir de esta primera línea les invitamos a los lectores a que presten atención a las diferentes partes del cuerpo que se mencionan en esta poesía. Es casi como que todos los sentidos están presentes y todo el cuerpo participa del mensaje de Yavé.
El siervo, ante todo, es un discípulo. Sin esta actitud de aprender, de someterse a la autoridad de Adonai Yavé, el siervo no puede cumplir su misión. La misión de la lengua de discípulo no es de demostrar lo que sabe, no es tratar de impresionar con su elocuencia sino que es dada para consolar, reconfortar, animar al fatigado, desconsolado y abrumado. Es por demás interesante notar que ésta es la única vez en todo el Antiguo Testamento que se usa este verbo. Este verbo que nos habla de consolar y animar se reserva exclusivamente para el ministerio del Siervo. Él es un consejero sabio porque ha sido enseñado, ha sido instruido por el Adonai Yavé.
Otra de las características del Siervo-profeta es que está siempre atento a la palabra que Adonai Yavé le envía. Todas las mañanas, cada mañana, (hebreo: baboker-  baboker), Dios lo instruye, y cada mañana el Siervo escucha, aprende, conoce cada día más a su Dios. Este precisamente había sido el problema de Israel. No escuchaba, no aprendía, no conocía a su Dios. Según los profetas la razón principal por la cual la nación de Israel había sido llevada al exilio, había sido su falta de conocimiento de Yavé (ver Isaías 1.3).

50.5
Notemos que el Siervo ha permitido que Adonai Yavé le abra los oídos. Es decir, en todo esto vemos que el Siervo aprendió a ser instruido, aprendió a escuchar el mensaje de Yavé. En medio de una realidad muy difícil, donde todo está comprometido, el Siervo entiende que tiene una vocación y ésta aparece a partir de un obedecer atento. El Siervo puede hablar como un discípulo porque ha escuchado con oídos de discípulo.
No he sido rebelde y «no me achiqué»: esto es clave. A diferencia de los israelitas rebeldes en el exilio que no quieren tener que definirse, no quieren jugarse por Yavé, que a su vez no tienen una identidad definida, el Siervo corre el riesgo de ser obediente, y de no transar con una fe acomodaticia.

50.6
Así como Adonai Yavé le «da» una lengua de discípulo, el Siervo «da», «ofrece», «entrega» su espalda. Su sumisión al sufrimiento causado por los hombres es el resultado directo de su sumisión al plan de Yavé. En otras palabras está dispuesto a sufrir. Dijimos al principio que las promesas de este poema no se pueden asimilar a menos que las entendamos en el contexto del sufrimiento del exilio. Hoy en día con tanto evangelio positivista, con tanto evangelio de prosperidad, con tanto profeta falso que declara que el sufrimiento es pecado, este Siervo de Adonai Yavé proclama que abrazar el evangelio es, entre otras cosas, estar dispuesto al sufrimiento. A diferencia de los profetas profesionales-institucionales que están siempre en el centro del poder social, el verdadero profeta siempre ha estado parado en la periferia, porque está dispuesto a sufrir por la causa verdadera de Dios.
La mención de las partes del cuerpo, nos invita a visualizar las escenas de tortura. Si se hace una lectura precipitada del v. 6 se pierden matices de sentido que no se deben perder. Hay que tener en cuenta la expresión de sufrimiento de todo el cuerpo: espalda, mejillas, barba, rostro, oídos, lengua. Arrancar la barba o depilar a la fuerza es particularmente doloroso. Y a este dolor se le agrega la terrible vergüenza de tener que soportar los escupitajos sobre el rostro.

50.7-9
Tomaremos estos versículos como dos estrofas. Las actitudes en el v. 6 parecen de sometimiento pasivo. Pero no es así, a la luz de estas dos estrofas. Las dos comienzan con:

Adonai Yavé me ayuda

Por lo tanto no hay nada de pasivo en la actitud y conducta del Siervo. En última instancia, el Siervo sabe que no será humillado ni avergonzado. Confía y actúa a partir de la certeza absoluta de que Adonai Yavé lo ayuda.
Y notemos otra imagen del cuerpo: «endurecí mi rostro como un pedernal». En medio de tanta oposición, de tanto rechazo, de tanta tortura, el Siervo afirma, declara con los dientes bien apretados: «estoy firme como una roca».
El versículo 8 nos pinta un cuadro o nos presenta un contexto judicial. Miremos el vocabulario: jus¬¬tifica, procesar, comparecer, adver¬¬sario, juicio. Lo interesante es que el Siervo está confiado en que Yavé ha de presidir sobre la corte, y será precisamente Yavé quien lo declarará inocente. Los acusadores no tendrán poder para condenar ni castigar. Por eso con toda entereza el siervo desafía:

¡Que se me enfrente!
¿Quién dijo que todo está perdido?

En el versículo 9, el Siervo vuelve a declarar que Yavé lo ayuda, lo sostiene, lo acompaña, no lo deja solo. Y luego con total firmeza habla acerca de la futilidad de la acusación y el ataque. El Siervo les va a ganar por cansancio. Los enemigos, los que se oponen a su ministerio, simplemente no durarán. Durarán lo que puede durar una tela llena de polillas. Nos conmueve la imagen que usa el Siervo. Su certeza es tal, que considera que los que cuestionan su vocación, su mensaje, son tan efímeros como esa tela llena de agujeros, frágil, inservible, llena de polillas. Y todo esto lo declara a partir de su confianza absoluta en Adonai Yavé.
El Siervo no se rendirá de cara a la adversidad. Su misión no fallará. El poder de Yavé había sido establecido en los primeros tres versículos del capítulo 50. Aquí el poder de Yavé, manifestado a través de su Siervo, está para hacer lo bueno para Israel, a pesar de que Israel se resiste. Debemos darnos cuenta que finalmente Israel volverá a casa. Y es por eso que el Siervo hoy, en medio de crisis financieras, de crisis de liderazgo, de crisis de todo tipo, nos dice, nos interpela, nos pregunta:
¿Quién dijo que todo está perdido?

Reflexiones finales
Cuando los actores deben encarnar un personaje o una historia, o cuando tienen que leer un libreto para actuarlo, muchas veces utilizan una estrategia que quisiera que sigamos en relación a este canto del Siervo. Ellos al prepararse piensan en:

Descubrimiento — Peligro — Deleite — Deseo

Descubrimiento
¿Qué descubrimos en este canto para nosotros hoy? Sugiero que en principio descubrimos que en medio de exilios diversos que atravesamos hoy en día, la esperanza es posible. En medio de exilios financieros, teológicos, relacionales, geográficos, laborales, existenciales, descubrimos a través del Siervo que una esperanza genuina, real, es posible. Descubrimos que el Siervo nos invita a proclamar: «No todo está perdido». Cada uno de nosotros deberá discernir el exilio en cual está inmerso en esta vida tan compleja, y aceptar la invitación del Siervo.

Peligro
¿Qué peligro encierra el seguir al Siervo? El mismo que experimentó el Siervo. El peligro de ser rechazado, avergonzado. El peligro de proclamar una palabra «contra la corriente», contra-cultural que cuestiona las estructuras de poder. El peligro de tener que ofrecer el cuerpo, de «ponerle el cuerpo» a la situación. El peligro de ser oidores verdaderos de la Palabra. El peligro de no querer sufrir y, de esa manera, vivir una vida superficial, un cristianismo light, un compromiso diluido para no tener que pasar por la experiencia de sufrimiento del Siervo. Éste es el peligro grande que enfrenta la iglesia cristiana latinoamericana de hoy.

Deleite
El Siervo se deleita en aprender y en oír como discípulo. No está subido a ningún caballo de popularidad, de poder, de soberbia. La grandeza del Siervo reside en su postura de discípulo, esa postura que fue demostrada por excelencia cuando Jesús se amarró la toalla, se arrodilló y comenzó a lavarles los pies a sus seguidores. El deleite está en el servicio desinteresado y no en el cargo más alto, en la manipulación ni en el control de todo.

Deseo
El deseo del Siervo es ofrecer su corazón, ofrecer su vida para que Israel vuelva a casa. El deseo del Dios de Israel es que haya un verdadero cambio en la actitud de Israel y que como resultado del cambio puedan volver a la tierra prometida. Por eso el Siervo está dispuesto a ofrecer su vida, su corazón. Se presenta de cuerpo entero, deseoso de entregar la vida por el prójimo. ¿Qué es lo que más deseamos? Frente a una multiplicidad de realidades, el Siervo nos invita a preguntar con confianza:

«¿Quién dijo que todo está perdido?»

Leamos la letra de la siguiente canción compuesta por Fito Páez:
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Quién dijo que todo está perdido,
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Tanta sangre que se llevo el río…
Yo vengo a ofrecer mi corazón.

No será tan fácil, ya sé qué pasa,
No será tan útil como pensaba,
Como abrir el pecho, y sacar el alma,
Una cuchillada de amor.

Luna de los pobres siempre abierta,
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Como un documento inalterable,
Yo vengo a ofrecer mi corazón.

Y uniré las puntas de un mismo lazo
Y me iré tranquilo, me iré despacio
Y te daré todo, y me darás algo,
Algo que me alivie un poco más.

Cuando no haya nadie cerca o lejos,
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Cuando los satélites no alcancen,
Yo vengo a ofrecer mi corazón.

Y hablo de países y de esperanzas,
Y hablo por la vida, hablo por la nada,
Y hablo de cambiar esta nuestra casa,
De cambiarla por cambiar nomás.

Quién dijo que todo está perdido,
Yo vengo a ofrecer mi corazón.


Y el Siervo-profeta nos vuelve a decir:

El más bello son de mi lengua
es cuando callo en el servicio,
pero miro el mundo
y hay tanta fatiga,
tanto dolor, tanta muerte.

Por las mañanas me despierta
el rumor de los que sufren,
pues Dios me ha enseñado a oír
el dolor de tanta gente,
y me ha llamado y he respondido.
Y fui. Y no volveré atrás.

Fui en su nombre
y los que dominan todo
me golpearon por la espalda,
me arrancaron la barba,
se burlaron y me escupieron.

Pero yo permanecí firme,
duro como el pedernal
y no pudieron conmigo
porque el Señor me acompaña.

Todos ellos se gastarán,
desaparecerán como ropa
comida por la polilla
y yo permaneceré.

No podrán dañarme,
ni acusarme ni condenarme.

Mientras Dios camine conmigo,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
[Paráfrasis de Isaías 50.4-9 de Jorge Tasín y Esteban Voth.]

Y nosotros...
¿qué venimos a ofrecer?

__________________________________
Las ideas de este estudio han sido enriquecidas por los siguientes autores: Walter Brueggemann, Hopeful Imagination: Prophetic Voices in Exile (Philadelphia: Fortress Press, 1986); Isaiah 40-66, (Louisville: Westminster John Knox Press, 1998); E. Conrad, Reading Isaiah, (Minneapolis: Fortress Press, 1991); J. Severino Croatto, Isaías vol. II: 40-55, (Buenos Aires: Editorial Lumen, 1994); Christopher Seitz, ed., Reading and Preaching the Book of Isaiah (Philadelphia: Fortress Press, 1988).


El Dr. Esteban Voth recibió su doctorado en Biblia hebrea e Historia del cercano Oriente antiguo de Hebrew Union College-Jewish Institute of Religion. Es consultor de traducciones para Sociedades Bíblicas Unidas. Reside con su esposa en Argentina.


© La Biblia en las Américas, Volumen 62 / Número 285 / No. 2 del 2007


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