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Nicaragua

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Español

Datos de la Sociedad Bíblica
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1974
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Publicado el 13 de noviembre del 2007

Un viaje con ayuda para Bilwi

Por Freddy R. Fonseca Pérez, Secretario General de la Sociedad Bíblica de Nicaragua

MANAGUA – Hemos finalizado la entrega de toda la ayuda mediante tres visitas que efectuamos a la zona desvastada por el paso del huracán Félix.

En el período comprendido del 22 al 28 de octubre de 2007, viajé con un equipo de la Sociedad Bíblica para hacer la última entrega de las Escrituras que faltaban y de la ayuda humanitaria que nosotros habíamos conseguido.

El propósito de este viaje, era llevar la ayuda que teníamos para los damnificados del huracán en la costa atlántica nicaragüense y prepararnos para la presentación de la película Jesús en Miskitu, acompañada de la entrega de la porción Lucas así como la entrega de ayuda humanitaria en las comunidades.

Grandiosa salida a Bilwi
Después de tres intentos fallidos de viajar a Bilwi con la ayuda que habíamos prometido a los damnificados, por fin se vuelve una realidad, pues habíamos retrasado nuestro viaje por el mal estado de los caminos y por el mal estado del tiempo, pero finalmente llega el día deseado; todo está listo para que el camión de la Sociedad Bíblica de Nicaragua comience a recorrer los caminos pedregosos y fangosos rumbo a Bilwi.

Eran las 4:35 de la mañana cuando llega a la oficina de Sociedad Bíblica Dionisio Castro –Dioni, como le decimos cariñosamente a nuestro Promotor– en su camioneta Hyundai, pues su maleta era bien grande y no la podía cargar en su motocicleta; comienza a calentar el camión que tiene toda la ayuda que llevamos: centenares de Biblia y miles de Porciones que días antes habíamos cargado.

A las 5:00 de la mañana llega Martín Somarriba, nuestro comunicador; el clima está frío, aún está oscuro. Llega en su motocicleta bien cargada con su bolso, que por cierto es bastante grande y abultado, pero gracias a Dios el equipo está completo para la travesía. Para Martín es su primera experiencia con nosotros en una gira de este tipo.

Todos contentos, nos subimos al camión, y precisamente cuando el camión atravesaba el portón de salida, nos detuvimos y oramos por el viaje; a las 5:16 Martín eleva una corta plegaria que incluyó todos los pernos del camión. Pero en mis adentros decía: a este hermano se le olvidó decir que si nos sucedía algo que el Señor perdonara nuestros pecados y tuviera misericordia de nosotros. Hasta el momento, todo marchaba bien.

En el camino de Managua a Boaco, todos vamos contentos, conversando y tratando de recordar dónde podemos comer un buen desayuno campechano; llegamos a la gasolinera que está en la entrada de Boaco, ahí compramos gaseosas y jugos para el camino, por si el camino se volvía nuestro enemigo.

De Boaco a Río Blanco
Llegamos al parque central de Boaco, donde hay una Glorieta que estaba vendiendo una joven de aparentes 23 años de edad, baja, muy gentil, que afanosamente preparaba alimentos para los conductores que pasan por el lugar.

Esta muchacha lo primero que hace al vernos es preguntarnos por nuestro Promotor de la zona norte –Freddy Escobar–, y le dijimos que en esta ocasión no iba con nosotros; preguntamos que tenía de desayuno y nos ofreció gallo pinto, huevo, queso, crema, aguacate y café negro.

Con el hambre que llevábamos, comíamos apresuradamente todo lo que la gentil muchacha nos puso en la mesa; el gallo pinto (que tenía unos cuantos granos de frijoles, es decir era un arroz manchado con sopa de frijoles), la crema, el queso, el aguacate, que estaba muy verde y parecía piedra entonces preferimos dejarlo. Al final nos cobró bien y pagamos C$ 80.00 ($4.26).

Una vez que llenamos el estomago, salimos rumbo a Río Blanco, que es la frontera de las carreteras pavimentadas, para luego pasar al camino de tierra. Ya de camino a Río Blanco todas las radioemisoras cristianas que están en Managua pierden su señal, de tal manera que pusimos en la casetera el único casete de música cristiana que por casualidad Dionisio andaba.

En el preciso momento que pasábamos por Muy Muy vimos estacionada en un comedor una camioneta llena de tanto lodo que no lográbamos reconocer su color; al acercarnos vimos que era la camioneta Land Cruiser blanca de la Sociedad Bíblica. Al detenernos y entrar al comedor sorprendimos a nuestros compañeros promotores Martha Ruiz, Francisco Amador y Giovanni Pérez Peinado, que venían de visitar la zona norte supervisando y distribuyendo materiales de nuestro proyecto Childrens Beggar.

Los hermanos, al vernos, se alegran, y conversamos un tiempo; luego la promotora Martha Ruiz ofrece a Dionisio su teléfono celular para que pueda comunicarse con Managua en caso de una eventualidad, pues los teléfonos que portábamos no tenían señal desde que llegamos a Boaco; agradecimos el gesto de los hermanos y decidimos continuar con nuestro camino, deseándoles buen viaje a los hermanos que venían para Managua luego de visitar una iglesia en Muy Muy.

Como a las 10:00 de la mañana llegamos a Río Blanco; decidimos llenar de combustible y la gasolinera estaba llena de camiones que trataban de comprar diesel, pero gentilmente uno de los que estaba haciendo fila nos cede su espacio, de tal manera que llenamos rápido el tanque y salimos rumbo a Bilwi.

De Río Blanco a Siuna
El camino de Río Blanco a Siuna es toda una travesía; todo el camino está tapizado con piedras, mejor dicho, peñas, rocas inmensas, baches y pozos profundos de lodo; pero no desmayábamos, la máxima velocidad que podíamos alcanzar en esos caminos era de 40 Km/h (24.85 M/h), lo cual hacía sentir el camino más largo.

En este trecho de camino, el camión saltaba de un lado al otro, Martín bailaba de un lado al otro, su cabeza pegaba contra el vidrio de la puerta, pues el bamboleo, corcoveo y brincadora del camión era tremenda, parecía que estábamos participando en un rodeo montando toros, Martín, no se cansaba de preguntar ¿ya vamos a llegar?, ¿ya hace falta poco? Y Dionisio para no exasperarlo decía “falta poco, no te preocupes” pero que va, no habíamos recorrido ni la tercera parte del camino.

Estábamos por llegar a la comunidad de El Guineo, y en la lejanía vemos un camión estacionado en el centro del camino, en principio pensamos que se trataba de bandas delincuenciales, pero a medida que nos acercábamos veíamos al chofer y los ayudantes del chofer acostados en unas hamacas debajo del camión que estaba descompuesto.

Nos bajamos para analizar como pasar este obstáculo, el camino, era una pendiente pronunciada, el camión estaba estacionado en el centro del camino, el gran camastro de este camión se recostaba hacia el lado derecho por todo el peso que tenía encima. A ese lado había un gran abismo de unos 150 metros (492 pies) de profundidad y al lado izquierdo otro gran abismo de unos 85 metros (278 pies) de profundidad.

Esta situación nos crispaba los nervios, pues a ambos lados había abismos y el camión ocupando prácticamente todo el camino transitable, nos montamos a nuestro camión aún si tener seguridad por donde pasar, luego de unos minutos, decidimos pasar por el lado izquierdo, pues a nuestro parecer el abismo tenía menos profundidad de ese lado.

Cuando estábamos pasando, nuestro camión se hacía del lado del abismo y Martín en todo momento repetía “sangre de Cristo”, “sangre de Cristo” y nosotros más nerviosos e imaginándonos cualquiera que lo oyera diría que buen católico mi hermano Pastor Bautista, porque si mencionó veinte veces la “sangre de Cristo” es poco.

Todo el equipo dimos gracias a Dios porque habíamos pasado ese obstáculo y le pedimos a Dios que no permitiera mayores contratiempos.

No habíamos terminado de reírnos del primer incidente y hacer los comentarios, cuando vemos un autobús grande que por lo malo del camino había dejado todo su diferencial con las llantas a unos quince metros atrás, de tal manera que veíamos el autobús estacionado como si estuviera sentado.

Decidimos pasar por el lado izquierdo, pero en esta ocasión si llamamos a todos los santos del cielo, porque por el lado por donde pasamos era un abismo de unos 265 metros (869 pies) de profundidad, pues al fondo se miraban los pinares como hormigas que se mecían al ritmo del viento, cuando vamos pasando sentíamos como el camión se hundía en el lodo del lado del abismo – pues la tierra estaba suelta de ese lado por la cantidad de vehículos que habían pasado – nosotros por nuestra parte nos hacíamos hacia el lado contrario para que el camión no se fuera al abismo, al final, logramos pasar y dimos infinitas gracias a Dios.

De Siuna a Rosita
Eran las dos de la tarde cuando llegamos a Siuna, para este tiempo, todos estábamos cansados y con hambre, pero decidimos no comer, pues si nos deteníamos un momento no podíamos lograr tomar el lanchón que nos permitiría pasar el río Wawa boom.

De camino a Rosita, todos íbamos callados, el cansancio se había apropiado del cuerpo que se encontraba magullado por todos los brincos y corcoveos.

Después de haber pasado Siuna, Martín muy sofocado dice “brother ya me tenés aburrido con ese casete, ya me lo se de memoria, si lo hemos escuchado cien veces en poco, poné otra cosa” entonces, riéndome decido poner la radio.

Sintonizamos una radio, luego otro y otra y otra, pero todas eran solo hablar y hablar y no entendíamos nada, porque toda la programación era en Miskitu, así que mejor decidimos apagar la radio y empezamos a compartir experiencias unos con otros, hablamos de las iglesias, creencias, doctrinas, etc.

Por fin llegamos a las 5:35 de la tarde a Rosita, Dionisio había estado conduciendo el camión por más de doce horas consecutivas y apenas habíamos recorrido unos 420 kilómetros.

Después de tan larga travesía, decidimos dirigirnos a la estación de combustible para comprar el diesel y estirar las piernas, al muchacho que atendía la venta le preguntamos con mucha preocupación a que hora cerraba el paso del río Wawa boom y nos respondió que cerraban entre 8:30 y 9:00 de la noche.

Nos dan las 6:10 de la noche en Rosita, eso nos preocupó porque si no llegamos a tiempo al río Wawa boom, tendríamos que dormir en el camino, donde no hay lugar para descansar, sino que dormiríamos en el camión en selva virgen que fue arrasada por el paso del huracán Félix.

De Rosita a Bilwi
Era bien oscuro cuando salimos de Rosita, pues en el camino al río Wawa boom, no veíamos camiones que nos acompañaran en el camino, solamente veíamos las maquinarias que utilizan para reparar camino, eso nos ayudó a avanzar mucho porque este tramo de camino está bastante bien.

Íbamos corriendo lo más que podíamos, pero cuando llegamos a la comunidad de Sahsa vemos a la distancia el camino cortado, hacía falta un puente que permitía cruzar un río que corría en un cauce bien pronunciado. El puente, se lo había llevado el huracán.

Nos detuvimos y gracias a Dios un señor que iba transitando al lado del camino nos indicó el camino por donde debíamos cruzar el río para continuar nuestra marcha y alcanzar nuestra meta.

Con mucho temor, conducimos el camión para que bajara la pendiente y cruzara el río que había perdido su puente. Para nuestra sorpresa, a medida que el camión iba entrándose en aquellas oscuras aguas del río, este se hundía lentamente más y más, llegó a tal punto nuestra desesperación, que veíamos como las aguas lodosas de aquel río cubrieron las luces delanteras del camión, quedando en tinieblas, luego, las llantas delanteras estaban sumergidas totalmente en aquel lecho fangoso, mientras que las llantas traseras patinaban en el fondo del río y a medida que acelerábamos la máquina para tratar de salir de aquella trampa, el camión se hundía más y más con la pesada carga que llevábamos.

Nos calmamos, oramos por un momento y con más temor que otra cosa, aceleramos el camión –pidiendo a Dios que nos permitiera salir de aquel río– y con mucha alegría sentíamos como aquel pesado vehículo comenzaba a avanzar tratando de salir de su prisión.

El camión comenzaba a avanzar en el lodo, poco a poco van saliendo las luces delanteras, luego las llantas delanteras y por último las llantas traseras salen del río; cuando llegamos de nuevo a la carretera dábamos infinitas gracias a Dios porque habíamos superado ese obstáculo.

Continuábamos nuestra travesía misionera, todos estábamos con las expectativas de ver los destrozos que había hecho el huracán Félix, sin embargo, nuestra curiosidad no estaba siendo satisfecha, pues todo lo que nos rodeaba era una oscuridad impresionante, solamente las estrellas se podían ver tiritar en la inmensidad del firmamento, pues no había luna, de tal manera que solamente con la luz del vehículo se podían contemplar los árboles caídos a la orilla del camino.

Después de cruzar el río, pasó como una hora de camino cuando vimos una fila de luces a lo lejos, a medida que nos acercábamos vimos que era una fila de seis camiones cargados de ayuda humanitaria que iban a Bilwi, nos hicieron el cambio de luces indicándonos que nos cedían el paso para que nosotros avanzáramos.

Continuamos nuestro camino, luego como veinte minutos después nos aventaja un vehículo liviano que no respetaba los huecos de la carretera, luego encontramos otra fila de camiones, tal vez unos tres más que también pasamos, toda nuestra preocupación era abordar el lanchón que cruza el gran río el Wawa boom.

Que alegría para nosotros eran las 8:30 de la noche cuando llegamos ahí estaba el automóvil que nos había aventajado, nos bajamos y era un Miskitu que había llegado hace media hora para tratar de pasar en el lanchón el río Wawa boom, pero todo parecía indicar que tendríamos que dormir a la orilla del río el equipo de Sociedad Bíblica y el conductor del vehículo

Resignados a dormir a la orilla del río, conversábamos animados con el Miskitu tratando de conocer la realidad en que estaban viviendo, el nos contaba sus experiencias, pero lo que más nos preocupaba eran los mosquitos que trataban de sacarnos la sangre, pues Martín al ver que se le paró uno en su mano se asustó, porque parecía un helicóptero, era tan grande que fácilmente le sacaba un litro de sangre de una sola succión.

Comenzamos a gritar a los del otro lado que nos dejaran pasar. Para atemorizar más el momento, el Miskitu comienza a decir que él en ningún momento se queda durmiendo ahí, porque aquí te comen. Mientras eso sucedía, se escuchaba un silencio impresionante y aterrador en esa selva.
 
Transcurrida media hora de estar nosotros conversando con el Miskitu, llegan tres de las rastras que habíamos dejado en el camino, luego llega una camioneta doble cabina y entre todos los Miskitos gritaban eufóricos “winanba” y nosotros sin saber el significado de la palabra, entendimos que era una buena palabra, entonces, nos unimos al grupo y todos le gritábamos “winanba”.

Al paso de unos veinte minutos de estar gritando escuchamos a lo lejos una voz que provenía del otro lado del río que nos decían que apagáramos las luces de los vehículos, obedecimos apagando las luces, y en ese instante oímos un precioso ruido, el ruido del motor del lanchón que servía para trasladarlo al otro lado del río.

Nosotros muy inquietos y alegres, sentíamos que el tiempo era una eternidad y después de un tiempo vemos aparecer lentamente en la oscuridad de la noche el lanchón que se mecía sobre el río Wawa boom, que alegría, pues íbamos a pasar.

Estando el lanchón de nuestro lado, se monta el carro en primer lugar, luego el camión de nosotros, posteriormente, la camioneta y luego las rastras.

Mientas el lanchón cruzaba el río, se nos acercó un Policía que custodiaba a los que pasaban en el lanchón y nos pidió que le regaláramos una Biblia, pero no se la pudimos dar porque ya todas las Biblias estaban comprometidas, no teníamos ninguna disponible, para nosotros fue de mucha tristeza.

Llegamos al otro lado del río y antes de bajarnos nos cobran C$ 100.00 por el derecho de paso en el lanchón, cuando nos reconocen que somos de la Sociedad Bíblica nos dicen que nos cobrarían solamente C$ 50.00 y nos dan el recibo correspondiente.

Bajamos del lanchón y salimos apresuradamente hacia Bilwi, necesitábamos correr los 30 kilómetros restantes, pero debido al deteriorado estado del camino lo hicimos en una hora y media, son la hora y media más larga de camino que hemos tenido.

Para finalizar la travesía, entramos a Bilwi a las 11:00 de la noche, buscamos que comer y todos los lugares estaban cerrados, nos vamos al hotel y estaba el guarda que nos abre el portón, le preguntamos donde podíamos encontrar comida y nos dice que el único lugar donde podemos comer es en la fritanga de la calle donde venden enchiladas, insistimos en preguntarle sobre otro lugar y nos dicen que podíamos comer en una venta de pollo.

Con el hambre que llevábamos, fuimos a buscar afanosamente la venta de pollo y para alegría nuestra la encontramos, pero al ver aquel pollo, nos desilusionamos, pues daba la impresión que tenían más de una semana de estar ahí exhibiéndose tratando de venderlo sin resultado alguno, de tal manera que no compramos.

Preguntando entre la gente encontramos otra venta de pollo frito, al verlo dijimos ni modo, acá no podemos pedir gustos, así que compramos aquel pollo empanizado que tenía una cubierta de cinco centímetros de grosor.

Con mucha resignación y con un hambre que nos torturaba, comenzamos a tragar con mucha dificultad aquel pollo pues el estómago justamente estaba reclamando su parte, así que nos arriesgamos con esa comida, para luego ir a dormir.

Entramos al hotel, nos entregan a cada uno el cuarto y decidimos dormir, queríamos bañarnos, pero cuando abrimos la llave del agua, no hay agua, que desilusión y para rematar el asunto, de un cajón que había en la esquina del baño va saliendo una impresionante rata color gris que tenía aspecto de perro gran danés, que del susto Martín comienza a gritar y a dar brincos teniendo como testigo de eso la rata que sin pudor solamente observaba la escena.

Después de un rato, la rata decidió irse a su guarida en la esquina del baño donde al día siguiente tendríamos que vernos las caras y nosotros decidimos buscar como dormir con todo el polvo que traíamos encima.

Tomó 17 horas y media recorrer 560 kilómetros (347.96 millas) de carreteras, camino, ríos, abismos; en fin, una cantidad impresionante de obstáculos que hay desde Managua a Bilwi. El equipo de Sociedad Bíblica por fin habíamos llegado a Bilwi, siendo así que concluye nuestro viaje de ida a entregar la ayuda que llevábamos a las comunidades damnificadas por el paso del huracán Félix en la costa del Caribe nicaragüense.


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