Publicado el 19 de noviembre del 2007
Un viaje con ayuda para Bilwi III
Por Freddy R. Fonseca Pérez, Secretario General de la Sociedad Bíblica de Nicaragua
Visita a la comunidad de Tuapi
Al día siguiente teníamos planificado salir a las 2:00 de la tarde rumbo a Tuapi, comunidad ubicada a 60 kilómetros de Bilwi y donde residen aproximadamente 100 familias que agrupan unas 3,346 personas, según el anciano de la comunidad de nombre Facundo.
En esta ocasión acompañaría al equipo de Sociedad Bíblica el reverendo Dionisio Balladares, presidente del Comité de Pastores de Bilwi.
En esta ocasión la caravana vehicular la compone un camión del Gobierno, el camión de la Sociedad Bíblica y la moto del Promotor de Sociedad Bíblica. Se da la hora de partida estando en la Iglesia Getzemaní de las Asambleas de Dios, donde llegamos a traer al Reverendo Balladares, él pide al Señor que nos proteja y que todo salga como lo planeado y seamos de bendición para todo el pueblo Miskitu.
Cuando salimos de la iglesia eran las 3:00 de la tarde, nos montamos en los vehículos, el camión iba adelante y la moto iría detrás, no habíamos recorrido 300 metros cuando comienza a caer una lluvia que parecía que el diluvio se estaba repitiendo, las gotas eran de litro que golpeaban los vidrios del camión, después de transcurrido un tiempo, nos detenemos para valorar si continuábamos o no, pues Martín y Edmundo venían conduciendo la moto.
Ese aguacero era inclemente, el agua no dejaba ni ver, hacemos señal de que nos vamos a detener, nos bajamos del camión y paramos a los compañeros Edmundo y Martín que venían detrás de nosotros conduciendo la moto. Los muchachos estaban irreconocibles, no había lugar donde no tuvieran lodo, mientras hablaban, salía lodo, realmente que aquello era un diluvio.
Decidimos continuar a Tuapi donde la comunidad nos esperaba, montamos la moto en la parte de atrás de camión, luego ellos se montan y estiramos un mecate para que ellos se aseguraran, el aguacero continuaba, pero gracias a Dios a eso de las 4:35 dejó de llover como por arte de magia. A eso de las 5:15 de la tarde llegamos a Tuapi mojados, mientras que en Tuapi estaba todo seco, pues no había llovido.
La gente de la comunidad al ver el camión salió al encuentro de nosotros, que nos estacionamos a la par de la Iglesia Morava, nos ayudaron a bajar los equipos, las Escrituras, y toda la ayuda que les íbamos a repartir.
El Pastor Balladares nos dice que el lugar más adecuado para presentar la película era al aire libre, es decir, en campo abierto, con el propósito de que más gente viera la película pues no había casas que pudieran albergar a toda la comunidad.
Luego, el Pastor se dirigió a toda la comunidad, nos presentó a los asistentes, mientras una parte del equipo entregaba las Escrituras que llevábamos, otra parte puso la sábana que servía de pantalla donde proyectaríamos la película en la parte trasera de una cocina.
Resulta que mientras instalábamos la sábana, vimos que el cielo se estaba tornando negro, le preguntamos al Pastor que si era amenaza de lluvia y el nos dijo que no llovería. No había pasado media hora de haber iniciado la película cuando comenzó a caer un torrencial aguacero.
Lo primero que hicimos fue proteger los equipos, de inmediato hicieron una pequeña champa para proteger el proyector, la gente no se movía, se mantenían sentados en unas piedras bajo ese inclemente aguacero viendo la película y nosotros preocupados por semejante aguacero.
Nosotros al ver que la gente no se movía continuamos con la proyección de la película aún debajo de aquel torrencial aguacero, pero, después de unos treinta minutos, decidimos trasladar los equipos a la iglesia Morava aunque los hermanos estuvieran un poco apretados.
Como a las 8:10 de la noche, finalizó la película Jesús y conversamos con algunos de los miembros de las comunidades para conocer las experiencias que ellos vivieron.
Uno de los entrevistados fue Facundo Jonson dice tener 54 años de edad, se dedica al trabajo de carpintería, agricultura y pesca artesanal. Sobre su experiencia con el Huracán Félix nos dijo: “Primeramente miré que el cielo se había oscurecido totalmente. Después comenzó el viento con borrasca, luego el aguacero hasta que bujaba.
Continúa diciendo: Yo creía que las cosas no iban a pasar como nos habían alertado, pero cuando miré que los árboles de mango se mecían hasta quebrarse pensé en mi mente, no voy a vivir más. Luego de una pequeña pausa agrega: Mire amigo, me entró un gran miedo y comencé a recordar las cosas de Dios pero no tenía nada donde leer ni para oír, entonces lo que hice fue rezar.
En seguida dice: Cuando todo pasó, salí de donde estaba muerto de miedo y le di gracias a Dios. Ahora digo que la gente no quiere escuchar ni saber nada de Dios. Mire, los días domingos a la gente no le gusta ir a los cultos y muchos se quedan en sus casas. Ojala que con esta película toda esta gente pueda cambiar. Yo se que va a haber un cambio. Ahora puedo ver a muchos de ellos muy animados y no se han salido, mas bien quieren entrar y vienen mas.”
Caminando por donde estábamos proyectando la película, encontramos con su camiseta color rojo a Melchor Pinuk de 10 años de edad leyendo el librito AB Animales de la Biblia que acaba de recibir, nos llama la atención y conversamos con él y dice que estudia 3er. Grado de primaria. Después que sale de clases se dedica a ayudar a su mamá halando agua o cortando leña.
También dice que perdió con el Huracán, a su padre que era un pescador en los Cayos Miskitu, pero que Dios salvó a su mamá.
Con la mirada perdida continúa diciendo Melchor: “Ya no tengo papá, mi padre se murió por el huracán. El estaba con mi mamá en los cayos pescando, pero Dios salvó solo a mi mamá (Virginia Pinuk Jansin) para que nos críe a nosotros.
Agrega: Me gusta la película porque le entiendo. La parte que más me gustó es donde Jesús muere, muere por mí y yo quiero hacer la voluntad de Dios. Cuando yo sea grande quiero ser doctor para servir a todos los Miskitu porque aquí hay muchas enfermedades. También me gusta el librito AB porque aparecen muchos nombres de animales de la Biblia que no conocía.
Concluidas las entrevistas que queríamos salimos rumbo a Bilwi, llegando a eso de las 10:25 de la noche a Bilwi sin ánimos de comer. Al llegar al hotel cada uno de nosotros nos ponemos a conversar sobre todo lo sucedido, Martín bien preocupado por sus zapatos, tiene miedo de enfermarse, pues eran los únicos que andaba.
Para ayudar a Martín, buscamos entre los zapatos nuevos que llevamos de ayuda y los únicos que le quedaron bien fueron unos zapatos de color rosado que se resistía aceptarlos, pues él, siendo un Pastor reconocido, no podía andar con ese tipo de zapato; para calmarlo le decimos que lo resolveríamos al día siguiente.

