Reina-Valera 1995
| La Biblia y la Biblia del Oso |
La Biblia ha sido el libro de la Iglesia prácticamente desde que esta nació. Al principio, por supuesto, ese libro lo constituían solo las Escrituras hebreas que usaban los cristianos antes que fueran escribiéndose y añadiéndose al canon los textos del Nuevo Testamento. Este último hecho fue un proceso que duró cierto tiempo. Cuando la iglesia cristiana, en el ejercicio de la vocación misionera que había recibido del Señor resucitado, se extendió por el mundo, muy pronto se hizo sentir la necesidad de traducir el sagrado libro a las nuevas lenguas en las que se anunciaba el evangelio. Las Escrituras hebreas ya habían sido traducidas al griego, idioma en que se escribió la totalidad de los libros del Nuevo Testamento. Luego aparecieron diversas traducciones al latín, al copto, al siríaco, etcétera. El castellano no podía ser una excepción. Así, tan pronto como se forma la lengua, aparecieron diversas traducciones, hechas por judíos, de los textos de la Biblia hebrea. También los cristianos tradujeron toda la Biblia, pero fueron traducciones del latín y no de los idiomas originales. Sí hubo traducciones del Nuevo Testamento hechas del griego (como las de Enzinas [1543] y Juan Pérez de Pineda [1556], aunque algunos consideran que esta no fue una traducción propiamente dicha sino una revisión de la de Enzinas). En 1569 vio la luz, por primera vez, la Biblia del Oso. Fue obra de don Casiodoro de Reina, aunque hubiese contado con ayuda de colaboradores. Acerca de esta edición de la primera traducción castellana de la Biblia hecha cotejando los idiomas originales, mucho se ha escrito. Al final del presente trabajo incluimos una pequeña bibliografía dirigida a aquellos lectores que tuvieran interés en continuar el estudio de ese tema. Las revisiones El castellano de la Biblia del Oso corresponde, como es natural, a la manera como se escribía nuestro idioma en la segunda mitad del siglo 16. Para comenzar, nótese que el apellido de Reina se escribía indistintamente con «i» y con «y»: Reina y Reyna. Este simple ejemplo no es más que una muestra de que, desde esa época a la actual han cambiado muchas cosas; entre ellas: el vocabulario, la formación de los verbos, la sintaxis u organización de las palabras en la frase. También han cambiado tanto el conjunto de libros que se incluyen en la Biblia como la base textual, especialmente del Nuevo Testamento, que usó Reina. En la segunda mitad del siglo 16, la ortografía castellana no se había fijado, por lo que encontramos que una misma palabra los escritores la escribían de diferentes maneras. (Esto no debe extrañar, pues todavía hoy hay palabras que pueden escribirse «con dos ortografías», al menos según consta en los diccionarios: armonía y harmonía [y sus derivados]; pentagrama y pentágrama; zábila, zabila y sábila; icaco e hicaco; ibero e íbero; pelícano y pelicano; conciencia y consciencia; arveja y alverja... y muchas otras.) Por las razones dichas -que ilustraremos con abundantes ejemplos en las páginas siguientes-, ha sido necesario, con el pasar del tiempo, someter la Biblia del Oso a repetidas revisiones, para ponerla a tono con los cambios en el uso de la lengua y, hasta donde haya sido posible, con los avances en la investigación bíblica.
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