Reina-Valera 1995
| Particularidades ortográficas 4 |
| Mayúsculas para especificar
«Dios» Es práctica extendida en nuestro idioma que los nombres propios -y también los títulos cuando ejercen función de nombre propio- se escriban con mayúscula inicial. El uso -o no uso- de esta puede representar una peculiaridad del autor. Escribir «antonio» en vez de «Antonio» es, cuando más, una falta de ortografía y no una falta al respeto de la persona que lleve ese nombre. Al usar minúscula inicial en un nombre propio, se puede estar manifestando una particular perspectiva (o el hecho de que el autor le esté dando a esa palabra específica un significado distinto del que tiene cuando se escribe de la forma usual). Si escribimos «Dios», será obvio para quien conozca nuestra fe cristiana que nos estamos refiriendo al Dios que se nos reveló en nuestro Señor Jesucristo. Si, por el contrario, escribimos «dios», nuestros lectores sabrán que hablamos de algunos de los dioses del paganismo o de alguno de los ídolos que nos hemos fabricado (como en la expresión «el dios [del] dinero»). «Ley» En varios otros casos, la presencia o ausencia de la inicial mayúscula puede marcar este mismo tipo de distinciones, más o menos sutiles. La mayúscula, en tales palabras, puede usarse para referirse a una realidad concreta, específica, por oposición a otras o para distinguirla de estas, cuando la palabra es la misma. Tal es lo que sucede con la palabra «Ley». Por eso se siguió la práctica de escribirla con mayúscula inicial cuando se refiera al Decálogo o a la ley de Moisés como un todo. Cuando la referencia sea de carácter general, se escribirá con minúscula. Además, si la palabra «ley» va acompañada de un término especificativo (como, verbigracia, «ley de Moisés»), no será necesario escribirla con inicial mayúscula. «Profeta», «mesías», «casa», «templo» Algo similar sucede con las palabras «profeta», «mesías», «casa» y «templo». Solamente cuando la palabra «profeta» sea uno de los títulos del Mesías y se use sola o con el artículo definido, o cuando se refiera a los libros proféticos como un todo, se escribe con mayúscula inicial. En este último caso siempre va en plural: «la Ley y los Profetas» (Mateo 7.12). En cuanto a «templo», como se trata de un término genérico aplicable a multitud de edificios que cumplen con ciertos requisitos, se escribe con mayúscula solo cuando tenga el carácter de nombre propio, no referido a cualquier templo sino específicamente al de Jerusalén («el Templo»). En los demás casos, se escribe con minúscula. (Aquí también rige la misma norma de la presencia de un término especificativo que se señaló para el caso de la palabra «ley».) «Mar», «golfo», «lago» Algo similar ha de decirse de lo que concierne a la escritura de palabras como «mar», «golfo» o «lago». A este efecto se siguió la siguiente práctica: Estas voces se escriben con mayúscula inicial cuando hayan llegado a formar una unidad, como parte del nombre, con el especificativo correspondiente. Por ejemplo: «Mar Rojo». Como ayuda práctica puede seguirse este principio: Si el nombre propio que acompaña a estos sustantivos (lago, mar, golfo) puede usarse solo, sin crear ambigüedad, el término en cuestión debe escribirse con inicial minúscula cuando se use la expresión completa: «el Mediterráneo»; «el mar Mediterráneo». Pero debe escribirse «Lago de Galilea», porque Galilea es también el nombre de una región. (O, en el ejemplo antes puesto, «Mar Rojo», porque la palabra «Rojo» [incluso escrita con mayúscula] es muy general y no indica de qué se trata.) «Oriente» Otro tanto, aunque en otro orden, sucede con el vocablo «oriente». Se escribe generalmente con minúscula para señalar la zona que esté al este del punto de referencia. Cuando se trate de una región específica de la tierra, se escribirá con mayúscula. Por ejemplo, cuando se refiera a un conjunto de países asiáticos o a la zona geográfica general que estos ocupan. También se escribirán así estas expresiones: «Medio [Cercano o Lejano] Oriente»; «Oriente próximo». El mismo principio rige para la palabra «occidente». Los nombres de los planetas La Comisión había acordado, en principio, seguir una práctica similar con la palabra «tierra». Es más, varios lectores de los borradores de la RVR-95 sugirieron que siguiéramos la norma establecida por la Real Academia de la Lengua respecto a escribir con mayúscula los nombres propios de los planetas y de nuestra estrella central. De hecho, siempre escribimos «Marte», y no «marte», cuando nos referimos al cuarto planeta desde el Sol. Deberíamos escribir, por tanto, «Tierra» en caso de que nos refiramos al planeta que lleva ese nombre. Se hizo necesario, pues, establecer aquí alguna convención, como en los otros casos, y luego aplicarla lo más rigurosamente posible. Sin embargo, al intentar aplicar ese principio teórico al texto bíblico, no resultó tan fácil como parecía, y tropezamos con una seria dificultad. En efecto, nos encontramos textos, especialmente en algunos de los profetas, en los que se usa con muchísima frecuencia el término «tierra», pero de tal manera que en muchos casos resulta muy difícil -si no imposible- dilucidar si se refiere (a) a todo el planeta que habitamos; (b) a la tierra, en general, pero no al planeta; (c) a la tierra de Israel; (d) a una zona amplia, mayor que Israel (determinada o no); (e) al territorio de alguno de los imperios circunvecinos. Por todo lo anterior, se tomó la decisión que se consideró más conveniente: escribirla siempre con inicial minúscula, excepto cuando otras normas exijan la mayúscula. (En el caso más concreto de la expresión «Tierra prometida», se consideró que debía escribirse así, con mayúscula inicial, solo cuando sea el nombre propio del país [es decir, equivalente a Canaán o Palestina].) «Evangelio», «epístola» La palabra «evangelio» va con mayúscula inicial si es parte del título de un libro (por ejemplo, «Evangelio según San Marcos»). Pero cuando se refiera al género literario conocido con ese nombre, al evangelio como «buena noticia», o a los evangelios en general (o incluso a uno en particular, pero sin dar el nombre), se escribe con minúscula. Los nombres de las epístolas (o cartas) del Nuevo Testamento presentan una situación particular: Cuando haya dos o más epístolas que lleven el mismo nombre, este se escribirá siguiendo el siguiente modelo: «Primera epístola [carta] a los Corintios». Títulos divinos En cuanto a los títulos compuestos referidos a Dios o a su Hijo, se estableció que deben escribirse así: «Rey de reyes», «Señor de señores», «Hijo del hombre», «Señor de los ejércitos». Pero: «Alfa y Omega». Nos parece que es evidente que, en la primera serie, el segundo elemento no es de la misma categoría del primero. En el último caso mencionado, al contrario, los dos elementos («Alfa» y «Omega») sí son de la misma categoría. |








