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Revista E LUCAS

Me parece que es una buena herramienta de trabajo, con textos retadores tanto para los adolescentes como para los más grandes. Habla sobre realidades que se viven a diario y que muchas veces ocultamos, convirtiéndose en temas tabú, o lo que es peor, en temas prohibidos. Me parece que hablar de estas cosas es bueno. Las historias allí redactadas nos llevan a pensar en otro nivel, y nos ayudan a no cerrarnos siempre en nuestro “manual” sino a estar ABIERTOS a las cosas que pasan a nuestro alrededor.
Luciano, 25 años, líder de jóvenes.

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Es muy distinta a otras revistas o libros para adolescentes. La gráfica es muy llamativa, original y actual. Contrasta el evangelio de Lucas con la realidad, y la versión utilizada de la Biblia es simple y muy comprensible. Además de fácil de transportar para poder leer en cualquier lugar.
Virginia, 25 años, líder de jóvenes.

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Me parece que ayuda a traer el texto bíblico a nuestra realidad latinoamericana. Crea caminos nuevos para hablar sobre Jesús y pensar en su voluntad para nuestras vidas. Los textos desafían a los jóvenes a pensar en realidades concretas y, al tener el evangelio de Lucas ahí, uno no puede menos que contrastar los valores de nuestra sociedad con los del evangelio. Por otro lado, creo que su formato es muy especial y original, algo que escasea tanto en nuestros tiempos.
Pablo, 35 años, líder de jóvenes.

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“Leer a E Lucas es un riesgo”. También leer la prosa y la poesía que allí aparecen. En ellas encontramos a los personajes de nuestra cotidianeidad: niños, adolescentes, hombres y mujeres golpeados por nuestras sociedades. Buscando la esperanza y la libertad, el autor nos ofrece su mano y su propia historia, nos invita, nos compromete con su trabajo diario; su fe lo acompaña. ¿Podremos, los lectores de este Evangelio de Lucas, agruparnos y recorrer este camino?

El autor nos silba desde la esquina: “Por aquí hay un niño sin juguetes, un adolescente perdido, una madre sola…” El autor no economiza comunicarnos el dolor que siente ante el espanto que hemos causado en la ciudad, en el bosque, en el desierto… con su arte casi nos exige luchar contra nuestras propias debilidades, todo el tiempo. Dios, los profetas, la historia misma nos observan.

En síntesis, excelente literatura para acercarse a los textos sagrados, en una hermosa edición para todos: cristianos, judíos, budistas, mahometanos, animistas, ateos, dispuestos al riesgo de comprender.
Mario Copquín Cohen, 63 años.

Hijo de gauchos judíos. Profesor en Ciencias de la Educación en la Universidad de Buenos Aires. Jefe de Trabajos prácticos de Psicología social y Psicología de la niñez, Facultad de Psicología. Coordinador de campo del Programa de Extensión Universitaria: Prevención de la Salud Comunitaria en Villa Lugano y Mataderos, Buenos Aires. Instructor de micro emprendimientos de la Dirección de Educación no formal de la Secretaría de Educación de la Ciudad de Buenos Aires.

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Me gustó mucho el libro, las historias, su contenido, su manera sencilla de explicar todo. Las historias hacen que uno piense algunas cosas dos veces, que nos demos cuenta de cómo están los valores hoy en día. Muchas gracias por un libro así.
Cristian Daniel Yrala, 12 años.

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Es un excelente material, con un lenguaje comprensible, el cual lo utilizamos como devocional. Las historias relatadas en forma paralela son conmovedoras, son historias con las cuales convivimos diariamente y esto nos hace reflexionar sobre los problemas de nuestra sociedad y de cómo podemos cambiarla. Es un material que debería promocionarse más. Felicitaciones por este material.
Oscar Yrala, 38 años, padre de familia.

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El evangelio de Lucas: ¡impresionante!, ¡genial!, ¡increíble!, ¡espectacular!, ¡nunca visto!, ¡sorprendente!, ¡inigualable! ¡Y mil adjetivos más! Necesito el don de lenguas porque en español no encuentro palabras para expresar mi reacción frente a semejante trabajo, diseño e idea. De verdad, reciban mi felicitación cada uno de los que han sido parte de este proyecto. Estoy muy contento por lo que lograron, estoy orgulloso de ustedes. ¡Gracias! (Perdonen el lapsus emocional.)
Eduardo Campodónico, Argentina.

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Mi nombre es Giselle, tengo 12 años y voy al colegio secundario. Quiero contarles mi experiencia al leer esta revista de Lucas. Mi opinión es que tienen que conocerla todos porque es hermosa para jóvenes, adolescentes y gente de todas las edades. Contiene fotografías lindas, entendibles y, en algunas páginas, historias preciosas.

Esta Biblia está impactando a mis compañeros del colegio (tengo 2 revistas). Desde que me las regalaron no paro de prestarlas. En el colegio las estamos trabajando en un proyecto junto con mi hermana y otros chicos. Esta Biblia es llamativa, linda, clara. Es distinta, no es igual a las demás. En estos 12 años que llevo al lado de Jesús nunca me interesó tanto leer la Biblia. Es un gusto haber escrito lo que pienso. Espero que esta Biblia (Evangelio) llegue a todos.
Giselle, 12 años.

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Quiero comentarles que me encantó tener la experiencia de haber leído el Evangelio de Lucas. Primero, porque fue claro. Tiene unas historias preciosas que realmente te hacen reflexionar mucho sobre la posición que adoptamos a veces, o de las cosas que hacemos sin pensar demasiado. Además, porque mis amigos me lo pidieron prestado porque les llamó mucho la atención, y me dijeron que les gustaba más de esa forma que todo con números y con esas palabras tan difíciles que, a veces, ni un mayor puede pronunciar.

Realmente creo que la idea está muy buena porque llama la atención de jóvenes y adolescentes (que es la etapa en donde uno comienza a conocer bien el mundo y sus cosas). Me parece que es una forma muy fácil de predicar el evangelio y dar a conocer al mundo las cosas que dijo e hizo Jesús por nosotros.
Noelia, 13 años.

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E LUCAS
La revista es atractiva desde su presentación. El conjunto de imágenes y la organización de los textos bíblicos y narrativos llaman la atención del lector, despertando el interés de investigar el contenido. El lugar no común, asimétrico, que tienen los textos dentro de E LUCAS, al romper con los esquemas convencionales, es importante para captar la atención de los adolescentes sabiendo la atracción de ellos hacia la innovación y el cambio. Al desarrollar la lectura se pueden ver concordancias fuertes y creativas entre las fotos e ilustraciones y el texto bíblico.

Las narraciones breves que acompañan el texto central se desarrollan en un entorno actual. El autor muestra, en pocas líneas, hechos crudos de la realidad contemporánea, de los que todos estamos, en mayor o en menor medida, informados pero la falta de contacto con estos vuelve más terrible la naturaleza de la que provienen.

El autor ha logrado hacernos sentir vivamente lo descarnado de estas situaciones, la miseria en la que se vive, el sufrimiento de muchos seres humanos sin culpa ni pecado más que su triste condición social. Este contacto, aun así muy distante de la realidad por ser sólo un fragmento de la sociedad, emociona al lector. Al llevarnos a esa impotencia, a esa desgracia y desesperanza nos encontramos con el texto bíblico que nos conduce a la fe, a la ayuda al prójimo, a consultar la palabra del Señor.

Esta catarsis que provoca E LUCAS es, creo, un punto muy importante en lo que se pretende enseñar a los adolescentes porque, como sabemos, esa es una edad en la que las personas suelen ser más individualistas en sus intereses, en donde se vive dentro de un entorno bastante definido por las amistades, los lugares como el colegio y otros, y no hay interés por una participación más amplia, por visualizar otras realidades con menor fortuna que la propia. Por estas razones es necesario enseñar la preocupación y solidaridad por un contexto más amplio y desafortunado, por ayudar y combatir la necesidad de otros, tanto espiritual como económica, factor de mucho peso en nuestra sociedad.
En conclusión, mi opinión como adolescente es que E LUCAS es un material muy útil para la enseñanza y la inmersión en los textos bíblicos.
Ezequiel M. Acuña
Estudiante de 4to. año de escuela secundaria

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Acerca de E Lucas
Mis primeros recuerdos como lector bíblico datan de 1967: contaba yo con 6 años cuando una dedicada maestra de escuela bíblica me enseñó apasionantes historias y me regaló hermosos cartoncitos con versículos (como la mayoría de los creyentes de mi generación, nuestra Biblia era la versión Reina Valera 1960). Confieso que durante mi niñez y parte de la adolescencia le atribuí a ese libro algo de mágico, en especial me llamaba la atención su cuidada encuadernación (caí en el habitual error de priorizar la forma antes que el contenido). Recuerdo que en el afán de poder alardear con haber leído toda la Biblia (como solía escuchar decir a otros) posaba mi fatigada vista sobre densas estructuras gramaticales que frecuentemente no comprendía desde mi incipiente educación.

Fueron necesarios casi cinco años de estudios serios en un instituto bíblico y otros tantos de Universidad para comenzar a cambiar rigurosas y alienantes estructuras de pensamiento, que no hacían más que alejarme de un natural y sencillo acercamiento al texto bíblico.

Recuerdo que cuando comencé a comparar pasajes en distintas versiones como la Dios habla hoy o la querida Biblia de Jerusalén, sentía la admonitoria presencia de un ojo acusador (que ciertamente no era el de Dios) “tal vez algún versículo corrupto me acarree la ira”, pensaba (en especial si se enteraban los “hermanos”).
Me pregunto si tiene algún sentido la idea de forzar a miles y miles de sencillos cristianos a leer un texto en el español que se hablaba en España… ¡hacia el año 1960! Resultaría difícil creer que lo líderes de las diferentes congregaciones desconozcan que los textos originales eran muy comprensibles para el campesino analfabeto que escuchaba la lectura del que ahora llamamos Antiguo Testamento en el templo o en las sinagogas; o que el Griego Koinée del Nuevo Testamento era el idioma común de los comerciantes que gritaban el precio de sus verduras en los mercados.

Sintéticamente, intentaré dar cuenta desde la teología y las ciencias sociales acerca de la intención arriba mencionada.

Nuestras actitudes, pensamientos y forma de expresar las emociones se moldean en un núcleo social; este contexto da dirección a los impulsos que heredamos genéticamente. Por ejemplo, la agresividad no es sólo un programa o casete genético, como puede ocurrir con los animales, la agresividad puede ser tolerada sólo en deportes violentos, en las guerras, o no manifestarse entre humanos, como en el caso de los esquimales.

Nuestra postura o actitud ante lo que nos rodea, desde comer dulces hasta la pena de muerte, es fruto de un complejo proceso de interacción con las personas significativas que nos rodean durante los primeros años de vida (familia), a lo que sumamos: grupos de amigos, medios de comunicación, escuela, compañeros de trabajo, etc.

Nuestras actitudes o posturas son, entonces, la contrapartida individual de un valor social, de tal forma que construimos lentamente un universo de sentidos y símbolos que nos resultan familiares y queridos, estabilizan nuestro mundo, dan orientación a nuestra conducta y, en especial, nos llevan a valorar positivamente a aquellos que comparten dicho mundo de significados, y a rechazar a quienes no lo comparten (sobran ejemplos de racismo, prejuicios, etc.). En definitiva, nuestros “universos simbólicos” ponen un límite al caos.

Si hay otras lecturas válidas de la realidad, ¿que ocurrirá conmigo? No es de extrañar, entonces, que todo recurso, por más irracional que parezca, resulte válido si nuestra construcción de la realidad corre el riesgo de desmoronarse. Vivir con la incertidumbre de no saber es un signo de madurez, abre las puertas al conocimiento, a encontrar en la guía del Espíritu Santo la Palabra que sirva a cada generación.

En el texto bíblico encontramos una guía de valores y principios que dan cauce a nuestra conducta y, a partir de la obra del Espíritu Santo, permiten generar un sentido de hermandad, de común unión. Sin embargo la multiforme gracia de Dios se manifiesta de manera disímil a partir de las inevitables diferencias socio culturales de los seres humanos. El pueblo de Israel acostumbraba a danzar para expresar su alabanza (Salmo 150.4; 2 Samuel 6.14 15. Dicho sea de paso, en este incidente, Mical también tuvo dificultades en ponerse en el lugar del otro); los creyentes africanos entregan su ofrendas en medio de gritos y jubilosas contorsiones; para algunos cristianos es un pecado capital el probar alcohol; para otros mover el cuerpo durante el culto; etc. Convivir con diferencias es un desafío de madurez cristiana difícil de alcanzar; la historia de la iglesia habla por sí sola.

Los dogmatismos doctrinales han existido y seguirán existiendo. La presunción de poseer la verdad absoluta impide el crecimiento, empobrece las relaciones interpersonales, rotula al prójimo según dudosas doctrinas de frases hechas, nos hace caer en el mundo del inquisidor. Jesús condenó este tipo de fariseísmos con temibles juicios (Lucas11.42 46; Mateo 15.9).

No hay otra Palabra que la Palabra encarnada en Jesús (Juan1.1). Él no sólo le habla al leproso, lo toca. Aquellos que han abrazado a un joven drogadicto, delincuente, portador del HIV, marginal, etc. saben que con cuatro versículos aprendidos de memoria no basta, aunque esto acalle la conciencia de algunos. Ponerse en su lugar, hablar su idioma, compartir sus miserias es parte del desafío.

La edición de E Lucas se dirige a una población (en su mayoría jóvenes) que puede resultar incomprensible para vastos sectores de la iglesia tradicional (entre ellos, el que suscribe: creo que difícilmente soportaría vivir un día de la vida de muchos de esos jóvenes). Si no los comprendemos, al menos, no seamos estorbo para aquellos que pueden hacerlo.

El texto presentado me resulta claro y humano, rompe con esquemas muy arraigados como los que comentamos anteriormente, busca un punto de contacto, un encuentro desde el evangelio en un lenguaje accesible.

Las diferentes vivencias resultan motivadoras, permiten la identificación al reflejar crudas realidades de un amplio sector de la población. Tal vez lo más chocante puedan ser las fotos, muy cotidianas, ordinarias algunas, y confusas. Particularmente no me habría atrevido a incluirlas, pero claro, aunque me avergüence decirlo, aún no he abrazado a esos marginales.

Prof. H. Agustín Sosa. Licenciado en Psicología, especializado en Terapia Familiar. Cursó Estudios Teológicos en el Instituto Bíblico Buenos Aires. Actualmente, además de su actividad como terapeuta, ejerce la docencia en la Cátedra de Psicología Social (Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires), y en colegios secundarios.

2 Responses to “Revista E LUCAS”

  1. jose ramon ramirez says:

    bendiciones de lo alto,soy pastor en rep dom,es leido un poco sobre ustedes,yestoy maraviyado de su publicaciones y de la bendicion que a sido para mi entral en su pajina me justaria tener algun tipo de comunicacion con ustede.bendiciones

  2. JOVENES EN HACORE says:

    hola, el ministerio de jovenes en hacore de asambleas de Dios de sogamoso quiere contar con este recurso y recursos adicionales para evangelizar adolescentes y jovenes en nuestra ciudad por lo cual solicitamos su colaboracion con estos recursos, contamos con la cobertura del pastor ANATOLIO BARRETO.

    nuestro cel es 3133127090
    gracias bendiciones bye

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