Por una migaja

Christopher Shaw

¿Hasta dónde llega nuestra desesperación por echar mano de la bendición reservada para nosotros?

Mateo y Marcos relatan la historia de una mujer sirofenicia que siguió a Cristo, a los gritos. Deseaba que interviniera en la enfermedad de su hija. La respuesta de Jesús a su petición nos sorprende. Primero la ignoró. Después le respondió con lo que, suponemos, era un dicho popular de la época: «Deja que primero los hijos se sacien, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos» (Marcos 7.29).

No poseemos datos acerca del tono de voz, ni la forma en que Jesús la miró cuando pronunció estas extrañas palabras. Lo que está claro es que Dios frecuentemente prueba la fe de los que se acercan a él. El Hijo del hombre, a diferencia de otras circunstancias en los evangelios, no accedió inmediatamente al pedido de ella. Es más, sus palabras podrían haber sido tomadas como un insulto, aunque el estilo no es coherente con el corazón revelado del Mesías.

Ante la negativa inicial de Jesús, la mujer podría haber regresado a su hogar, desilusionada. Había hecho lo que podía, pero no obtuvo respuesta. La tenacidad de una madre, sin embargo, no acepta fácilmente la derrota. Lo que resulta más llamativo, sin embargo, es que ella no se ofendió frente a las palabras de Jesús. Podría haber respondido con indignación: «¿Y tu quien te crees que eres, que me llamas una perra?» Podría haber optado por salir a defender su honor, esa prenda que con tanto denuedo buscamos proteger.

La respuesta de la mujer es sorprendente. Estaba dispuesta a soportar la humillación con tal de recibir lo que vino a buscar. Y cuánta claridad posee acerca de lo que está pidiendo. No necesita que el Señor venga a su casa, ni que le dé participación del banquete que tiene reservado para los suyos. Con apenas una miga de la mesa de abundancia, estará satisfecha.

¿Hasta dónde está dispuesto a ir para echar mano de la bendición de Dios? ¿Está dispuesto a soportar la humillación, la vergüenza, el ridículo o la negación? La característica que distingue a los que disfrutan de la plenitud de vida pareciera ser que no están dispuestos a medir consecuencias a la hora de salir en pos del Señor. Cuando otros retroceden, abandonan o vacilan, ellos avanzan audaces.

One Response to “Por una migaja”

  1. Jonas dice:

    Solamente para aclarar, lo que dijo Jesús y porque lo dijo.
    Las bendiciones y el mensaje, hasta ese momento sólo era para los hijos de Israel, el Pueblo de Dios; nosotros estábamos ajenos.
    Posteriormente cuando el Pueblo de Israel no lo aceptó como su salvador El abre la posibilidad (la parábola de la boda) para que todo aquel que en El crea y acepte su sacrificio, sea Salvado y beneficiario de las bendiciones.

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Que el Señor encamine el corazón de ustedes al amor de Dios y a la paciencia de Cristo.
2 Tesalonicenses 3:5 Reina Valera Contemporánea

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