Hace un año, se publicó en las noticias que miles de turistas se habían quedado varados en Machu Pichu a causa de las torrenciales lluvias en Cusco. Ese mismo día, Fredi Quintanilla, Director de la Asociación Quechua ATEK, se comunicó con la Sociedad Bíblica Peruana (SBP), informando con voz angustiada, cómo los ríos se habían desbordado en las comunidades rurales destruyendo miles de casas, y que los campesinos habían perdido sus cosechas, su sustento para vivir.
Como un hecho providencial, el mismo día la Sociedad Bíblica de Escocia (SBE) comunicó a la SBP que había financiado uno de sus proyectos principales: «El pan de Vida». Dicho proyecto consiste en brindar desayunos y clases bíblicas a niños pobres de zonas marginales. Inmediatamente se realizaron las consultas para que el destino de los fondos fuera para las zonas de emergencia de Cusco. Por esos días se había iniciado una campaña de ayuda local para Haití, sin embargo se iniciaba una emergencia local de grandes proporciones.
«Viajé a la zona del desastre y comencé a tomar fotos, recoger testimonios, grabar videos y enviar correos electrónicos para compartir lo que estaba sucediendo. Como anécdota, recuerdo haber recibido un correo del extranjero, en el cual me decían que no sabía que me había ido a Haití, pues las viviendas lucían igual que el gran terremoto que devastó semanas antes ese país». Manifestó Pablo Gutiérrez, Director de programas.
Como resultado de este informe, se unieron para apoyar este proyecto además de la SBE, American Bible Society (ABS), la SB de Holanda, la SB de Alemania y la SB de Irlanda, asimismo, los hermanos de las iglesias de Perú comenzaron a contribuir con donaciones locales.
En sus inicios, fue difícil establecer los convenios con las iglesias en donde iba a funcionar el programa, pues muchas personas estaba paralizadas por el impacto que les causó la catástrofe. De todas maneras, el proyecto se inició en cinco comunidades: Pichingoto, Raqchi, Lucre, Huacarpay y Rumichaca. Se compraron cocinas industriales y los utensilios para los refrigerios. La primera acción fue enviar Biblias y porciones de consolación «Dios es nuestro refugio y fortaleza». Luego se programó una capacitación del uso del material de «Crece y aprende», para los maestros de niños de las iglesias donde se iba a desarrollar el proyecto.
Las iglesias se comprometieron no sólo con su infraestructura sino también con personal voluntario para la preparación diaria de los desayunos y la enseñanza bíblica semanal.
A un año del desastre se ha podido visitar las mismas comunidades, algunas casas continúan destruidas, hay aún familias viviendo en carpas, otros han migrado a otras ciudades, pero la gran mayoría está trabajando en la reconstrucción de sus propiedades. Los caminos han sido reparados y los cultivos se volvieron a sembrar.
Gracias a «El Pan de vida», 400 niños y adolescentes están fortaleciendo su nivel nutricional, han incrementado sus pesos y estaturas y mejorado su desarrollo físico e intelectual. A través de clases bíblicas están siendo formados en valores cristianos y buenos hábitos de vida. Los niños reciben con mucha alegría las clases pues, debido a su condición geográfica y precariedad económica, adolecen de lugares de distracción y entretenimiento, siendo su participación en «El Pan de vida» como una fiesta para ellos.
Las iglesias donde se desarrolla el proyecto están dando testimonio del amor de Dios a la comunidad, convirtiéndose el programa en un medio de evangelización tanto para los niños como para sus padres. Las autoridades locales y miembros de la comunidad están cambiando su percepción hacia la iglesia, considerando positiva la labor social que están desarrollando. Damos gracias a Dios por «El Pan de Vida» y todas aquellas personas que están haciendo posible ayudar hacer sonreír a un niño.






DAMOS GRACIAS A DIOS POR LO QUE LAS SOCIEDADES BÍBLICAS DEL MUNDO ESTAN HACIENDO POR LA GENTE SIN ESPERANZA