Hicieron falta setenta y cinco animales para el pergamino en el que se copiaron las Sagradas Escrituras con mucho color y hermosos motivos.
La Biblia Danila, hecha en Oviedo en el siglo IX y una de las cinco Biblias españolas conocidas, oculta años de trabajo de al menos dos escritores y un ilustrador.
Desde que Gutemberg inventó la imprenta, se han impreso más de cuatro mil millones de Biblias. Aquello ocurrió en 1445 y hoy, con la tecnología digital como aliada, hasta las Sociedades Bíblicas cuentan sus saberes en Internet.
Cada año se distribuyen muchos miles de Biblias en todo el mundo. Pero antes de que llegara la imprenta, había que copiar a mano las Sagradas Escrituras, había que traducir del hebreo, el griego y el arameo al latín, los textos que alguien copió antes, de originales hoy inexistentes. Hubo un trabajo que hoy es arte y en el que también en Asturias se laboró con esmero. En estos días, se presentó en Oviedo la edición facsímil (no artesanal, sino en fotografía de alta calidad) de la denominada «Biblia Danila», un manuscrito en pergamino hecho en Oviedo a principios del siglo IX y que se conserva desde siglos atrás en la abadía italiana de «Cava dei Tirreni». A su biblioteca, de acceso restringido, penetró un fotógrafo napolitano contratado por el Principado de Asturias para mostrar al mundo todo lo que esa Biblia supone en la Historia. Que es mucho.
En aquellos tiempos, la producción de códices de estas características era limitadísima. Años de trabajo le costó a Danila, uno de los dos escritores que se cree participaron en esta copia que, según Paolo Cherubini, uno de los tres estudiosos que han participado en los trabajos que acompañan a la reproducción facsímil, es una de las primeras traducciones latinas del texto de San Jerónimo que hubo en España. Fue un empeño de Alfonso II, el Casto, que quiso abrir el Conciliio de Oviedo del 811, presumiendo de Sagradas Escrituras. «Hacer un códice era carísimo, era algo que solo podía asumir alguien con mucho poder, un rey o alguien de la familia real», detalla Alfonso García Leal, que ha analizado al detalle la hermosa ornamentación del manuscrito.
Años de trabajo hay detrás de ese códice que, a principios del siglo XII, apareció en el Sur de Italia y que fue llevado, con toda probabilidad, por Mauricio Burdino a la abadía cisterciense que, desde entonces, lo custodia.
En Oviedo hubo que preparar el pergamino antes de empezar a copiarlo. Se calcula que hicieron falta 75 animales para poder hacer realidad el proyecto del rey. Y dos copistas: Danila, que dejó su firma escrita en letras de oro antes del libro de Ezequiel, y otro que ha quedado en el anonimato pero a quien los trazos de la minúscula visigótica (es el texto más antiguo de este tipo de letra conservado) lo delatan. Hubo también un ilustrador que se encargó de dar luz y color al ejemplar. «En cuanto a la ornamentación, tiene partes muy importantes, es un trabajo muy bien hecho, no hay figuras humanas, pero sí elementos básicos que podemos encontrar en este tipo de Biblias, grandes letras con muchos colores y muchas formas, cruces muy bonitas y los típicos elementos cristianos, como peces, aves», explica Alfonso García Leal. Con pigmentos vegetales y minerales se logró esa policromía que, en algunas páginas, es especialmente llamativa: «Hay dos páginas azul turquesa que son espectaculares, se cubrió todo el pergamino de ese color y eso es poco común», añade el especialista.
Saber quién era Danila, quién el otro escriba y quién el ilustrador es misión casi imposible. Se cree, eso sí, que podrían ser monjes y se sabe que el suyo era un trabajo importante en aquella época. También es público y notorio que montar un libro de esas características no resultaba fácil, era mucho más que copiar: «Es un trabajo muy largo, hay que calcular cómo se distribuye el texto, el equivalente a lo que hoy sería maquetar».
Unos diez centímetros de lomo tiene el códice asturiano conservado en Italia, que está recortado por encuadernaciones posteriores. En el siglo XVII se hizo una que cambió su portada y supuso recortes en las ornamentaciones, pero en ningún caso en el texto, que permanece tal cual se copió allá por el siglo IX. Y así está en una edición facsímil de la que se han realizado 900 copias (700 para instituciones culturales y 200 que se pondrán a la venta) y que tiene tras de sí tres años de trabajo. César García de Castro, de la Consejería de Cultura, se hizo cargo del proyecto. «Lo primero fue encargar los estudios necesarios para el libro», explica. Paolo Cherubini, catedrático de Paleografía Latina de la Escuela Vaticana de Paleografía Diplomática; Alfonso García Leal, catedrático de Filología Clásica y Románica de la Universidad de Oviedo y José Antonio Valdés, catedrático y doctor en Filología Latina por la Universidad de Oviedo, fueron los elegidos. «Luego hubo que obtener los permisos necesarios, a través del Ministerio de Bienes Culturales de Italia».
Autorizada la copia, faltaba que los monjes de la abadía concedieran un permiso especial para que el fotógrafo Luciano Pedicini pudiera pasar jornadas completas en la biblioteca retratando cada una de las páginas de la Biblia. En poco menos de un mes, el trabajo estaba hecho. Solo faltaba la edición y hoy ya es una realidad tan contundente que su peso supera los siete kilos. El original, mucho más.
Claro que en realidad más que el físico importa su tremendo peso histórico. Ese que han desvelado los tres expertos y que está al alcance de otros muchos dispuestos ahora a continuar la investigación.
©elcomerciodigital.com






One Response to “La Biblia de Danila y Alfonso II”
Trackbacks/Pingbacks
[...] This post was mentioned on Twitter by Panorama . Panorama said: La Biblia Web: La Biblia de Danila y Alfonso II: Biblia del siglo IX http://bit.ly/fdsTEF [...]