Hay dos formas en las que podríamos abordar el tema de la mujer en la Biblia. Primero, desde una perspectiva cultural. La Biblia fue inspirada por Dios, pero escrita por seres humanos; eso implica que tiene el toque divino en medio de todo lo humano que pueda registrar; la Biblia expone las vivencias del pueblo hebreo, y claramente podríamos descifrar cuál es la posición o la situación de la mujer en esa cultura a través de las diferentes épocas.
La otra manera en la que podríamos acercarnos a este tema es analizando la forma en la que Dios mira a la mujer, cómo la trata, cómo la valora. Por ser la Biblia un libro que expone los hechos de Dios a través de la historia, nos dice cómo crea, mira y trata a la mujer en los diferentes eventos de la historia misma.
Me estoy dando la libertad de escoger la segunda alternativa para hacer este análisis. Lo hago así porque creo que es el más práctico, y considero que contribuye más al desarrollo personal. Por lo tanto, me concentraré en analizar en qué forma nos ve Dios como mujeres, según registra la Biblia.
Desde que Dios llegó a mi vida y la transformó a través de Jesús, una de las cosas que más me ha impresionado es el comprender cómo me ve Dios. Esto me ha hecho acudir a él en completa dependencia, aun en los detalles y decisiones más simples de mi vida, dejando de lado mis propias fuerzas y cualidades.
Una y otra vez he podido encontrar cosas nuevas en la Biblia que me permiten conocer a Dios y entender que en esta vida lo más importante es él y cómo me ve él. He llegado a comprender que la mayor lucha que sostiene una mujer no es contra el sexo opuesto, sino consigo misma y su concepto personal.
Leamos en la Biblia, en Génesis 1.27: “Cuando Dios creo al hombre, lo creó a su imagen; varón y mujer los creó.”
Encontramos que cuando Dios creó al ser humano fue una decisión divina que fuera un ser sexuado, es decir hombre y mujer. Los creó en una posición de igualdad, aun si analizamos el capitulo 2 de Génesis, vemos que desde su creación fueron hechos para vivir en equipo, para trabajar en equipo, y con igualdad de responsabilidades, con un solo objetivo, vivir en íntima relación con su creador y el uno con el otro. Quiero remarcar lo de “igualdad de responsabilidades”, porque eso significó que ambos tuvieron el derecho a elegir y decidir. Eso significa que se me asigna una responsabilidad de la cual tengo que dar cuentas. Eva hace uso de sus derechos cuando decide desobedecer a Dios y hacer caso de las palabras engañosas de la serpiente, poniendo en duda las palabras de Dios.
Adán también tuvo la oportunidad de elección que tenemos todos para no acceder a la propuesta de su esposa, pero al igual que ella elige creer más a las palabras de la serpiente que a las de su creador, dañando a la creación completa.
Cuando Cristo vino y murió, en su redención restituyó tanto al hombre como a la mujer; por eso en Cristo no hay diferencia entre ambos, tanto hombre como mujer tienen los mismos derechos de acercarse a Dios, de adorarlo, de servirlo y de amarlo, adquiriendo con ello las responsabilidades que eso implica.
En el libro de Hechos se encuentra otra situación muy parecida a la del Edén. Una pareja elige mentir a Dios; con la diferencia que esta vez su decisión les afectaba sólo a ellos. Me refiero a Ananías y Safira. En Hechos 5, acuerdan vender un terreno, quedarse con una parte del dinero y mentir a los apóstoles y, por consiguiente, a Dios. El castigo que vino de Dios fue la muerte física.
Safira pudo haber elegido no estar de acuerdo con su esposo en la decisión que estaban tomando, sin embargo actuó de común acuerdo, hizo ejercicio de su derecho, asumió sus responsabilidades, y la consecuencia fue la muerte.
Al igual que Adán en el Edén, Safira escogió seguir lo que su esposo proponía y la consecuencia fue la muerte espiritual y física.
Lo que quiero enfocar con esto es que en la Biblia Dios nos ha dado derechos y deberes, y que el ejercicio de estos deberes y derechos va más allá del género; no vale más si somos hombres o mujeres. Dios no toma partido en beneficio de un género específico, él recompensa a cada uno de acuerdo a sus hechos; ama a ambos por igual y les da a ambos oportunidades.
A veces perdemos de vista nuestros deberes por reclamar sólo los derechos, olvidando que Dios nos demandará cuentas. A pesar de que Dios respeta la cultura humana, lo que encuentro en la Biblia es que cada vez que Dios buscó a una persona para que realizara una tarea específica, la seleccionó independientemente de si era mujer u hombre, y quiero mencionar algunos casos:
Débora. Fue jueza; esto no significaba que administraba la justicia en todo su pueblo, mas bien ocupó una posición de liderazgo, enseñando lo que Dios decía para que el pueblo entendiera y obedeciera (Jueces 4).
Jael. Esposa de Heber, quien no dudó en actuar en beneficio de la liberación de su pueblo, aunque esto significó matar a Sísara, capitán del ejército cananeo que tenía oprimido al pueblo de Israel.
En el caso de estas dos mujeres que cumplieron funciones de liderazgo, ninguna de las dos dudó en cumplir con la tarea encomendada por el hecho de ser mujer. Más bien, a pesar de la cultura reinante, ellas actuaron asumiendo su responsabilidad con Dios y con su pueblo.
Pero hay otros casos de mujeres que no tuvieron temor de mirarse con valor para hacer algo que tal vez a nuestros ojos es cotidiano, porque estamos acostumbrados a leer estas historias. Sin embargo, sus hechos fueron grandes y se registraron en la Biblia porque ellas no miraron su condición de mujer como un obstáculo para obedecer a Dios, y Dios no las menospreció solo por ser mujeres, sino que registró sus hechos. Veamos otros ejemplos:
Jocabed. Madre de Moisés. Conociendo las amenazas de muerte por parte de los egipcios, consideró que, en este caso, la desobediencia a las autoridades era lo correcto; por tanto, no temió a la muerte y guardó a su niño por tres meses. Hizo un plan para esconderlo y luego cuando tuvo la oportunidad de amamantarlo y cuidarlo, lo hizo sembrando en el niño el amor a un solo Dios, en medio de una poderosa cultura, llena de abundancia material y adoradora de muchos dioses. De entre todas las mujeres israelitas de aquella época, se menciona ésta y se menciona por su nombre. No se dice «una mujer de la tribu de Leví», la llama Jocabed.
Ana. La madre de Samuel fue una mujer de fe, cuyo fervor en la oración ha sido inspiración para las generaciones que han leído la Biblia. Ana no dudó en cumplir su promesa a Dios y entregar al Señor a su tan esperado hijo, para que le sirviera. Su sacrificio fue similar al de Abraham; ella lo entregaba como una ofrenda a Dios, devolviéndole al Señor lo que él le había concedido.
Mahlá, Noá, Hoglá, Milcá y Tirsá. Las hijas de Selofhad, de la tribu de Manasés, rompieron con los esquemas culturales y no se detuvieron en pedir a Josué su parte sólo porque eran mujeres. Según la cultura imperante, una mujer no podía heredar tierras, por lo tanto la familia de su padre quedaría sin espacio en la tierra prometida.
Se lee en Josué 17.4: «Estas fueron a ver al sacerdote Eleazar y a Josué y a los jefes del pueblo, y les dijeron: “El Señor le mandó a Moisés que nos diera tierras, lo mismo que a nuestros parientes”. Entonces Josué les dio tierras como a los parientes de su padre, tal como el Señor lo había ordenado».
No puedo omitir a las mujeres que se mencionan en la genealogía de Jesús, contrario a lo que la cultura judía acostumbraba. Mujeres cuyas características hubiera ameritado que no se mencionaran; pero Dios no se avergüenza de incluirlas en la genealogía de Jesús. Ellas son:
Rahab. Habitante de Jericó, quien además de ser mujer era prostituta, tres razones muy grandes para que la cultura de aquella época la desechara, e incluso de acuerdo a nuestra teología actual. Razón muy fuerte para que Dios no la hubiera tomado en cuenta. Sin embargo, realizó una hazaña que nadie se atrevió a hacer, tuvo temor de Dios en medio de una cultura de muchos dioses: su mayor hazaña fue creerle a Dios (Josúe 2.9). Por eso ella y su familia fueron los únicos que se salvaron de toda una ciudad.
Rut. Una moabita que, por esa condición, no podía llegar a ser del pueblo prometido; mujer y viuda, ella tenía tres factores negativos en su contra; sin embargo, no temió dejar su tierra, su familia (su protección) y su gente para ir a cuidar a otra mujer que no le iba a dar nada a cambio, sino que era una “carga adicional”. Pero su mayor proeza fue amar al Dios de su suegra, por eso le dice con firmeza: “Tu Dios será mi Dios”. Su nombre se registra en la genealogía de nuestro Salvador, y fue la bisabuela del rey más importante del pueblo de Israel, David.
Tamar. Mujer y viuda dos veces. Su hazaña fue correr el riesgo de morir por ser fiel al deber de conservar el nombre de la familia, en contraposición a su suegro, quien no cumple su palabra. Dios honra al que es fiel, al que cumple una promesa aun cuando esto le puede costar la vida, sin importar si es hombre o mujer.
Betsabé. Aquella mujer que David, en un arrebato de pasión y abuso de autoridad, manda traer y la hace su mujer, aun sabiendo que era casada con un fiel servidor suyo. Dos razones por las que la habríamos rechazado. La verdad es que he escuchado a muchos predicadores descartarla y acusarla de adúltera, porque la primera reacción nuestra es culparla a ella de la decisión que tomó el rey.
Esta mujer estaba cumpliendo con el rito de la purificación mandado por la ley; cuando David la vio, le gustó y no pensó en ella ni en el esposo de ella. Por eso, en la historia que relata Natán sobre el hombre que sólo tenía una ovejita, éste sufre porque el que tenía muchas le quita la única que tenía. ¿Quién fue el culpable? Le invitó a sacar su propia conclusión. Lo que sí está claro es que Dios dicta una sentencia, hace que el niño que nace producto de esa relación, muera. Castiga la familia de David con una maldición de violencia por todas las generaciones que se pueden ver hasta ahora, y a Betsabé le da la oportunidad de concebir otro niño que luego sería el rey. Dios elige al hijo de Betsabé, Salomón, para que herede el trono de Israel, y lo hace el hombre más sabio de la historia.
Aunque se le califica como adúltera, Dios no la desechó. Mencionando a estas mujeres no quiero asumir aquella posición de que “Dios levanta mujeres cuando no hay un hombre que haga las cosas”; no creo eso. Dios no es un Dios circunstancial, él tiene sus planes hechos y tiene escogidas a las personas sin importar si es hombre o mujer; él las tiene elegidas para una tarea, y esa tarea se ejecuta.
Quiero resaltar el hecho de que Dios es un Dios que premia a aquel que cree en él, independientemente de si es hombre o mujer. Que bendice a aquel que decide amar (por su gracia), sea hombre o mujer. Que levanta al oprimido, nuevamente, indistintamente si el oprimido es hombre o mujer. Que es justo, y su santidad se muestra en la ejecución de la justicia. Jesús personificó ese amor de Dios hacia el ser humano sin importar su sexo.
Su amor fue tal que se detuvo en la casa de Pedro para sanar a su suegra; se detuvo en el pozo para hablar con la mujer samaritana. ¿Cuantos se habrían detenido para hablar con una mujer?, sobre todo tomando en cuenta que había tenido ya cinco maridos. Se detuvo para recibir la ofrenda de olor fragante que le presentó María, la que lloró a sus pies y enjugó sus lágrimas con su propio cabello.
En medio de sus ocupaciones, el Salvador se detuvo para acompañar a su madre a una boda; no desvalorizó lo que era importante para ella. No consideró menos importante detenerse cuando iba a sanar a la hija de Jairo; y preguntar quién lo había tocado cuando salió poder de él, una mujer que religiosamente era descartada por su enfermedad y no podía tocar a un hombre. El amor de Dios se mostró en una forma tan intensa en ese momento porque Jesús conocía la gran necesidad de aquella mujer, pero se detuvo porque la valoraba, quería identificarla y decirle “hija, tu fe te ha sanado”. Quería mirarla a los ojos y liberarla de su propia condición.
Analizar a la mujer en la Biblia lanza un reto hoy para ser como esas mujeres que se atrevieron a creer a Dios, a amarlo, a obedecerlo, aun a pesar de las costumbres.
También lanza un reto a los hombres, a los líderes, a los pastores, para mirar con los ojos de Dios a las mujeres que están ahí en la iglesia, porque ellas siguen buscando a Dios con el mismo anhelo con que lo buscó Rahab, Betsabé, la mujer con el flujo de sangre o la samaritana.
Tal vez despreciables a los ojos de la sociedad pero importantes y dignas a los ojos de Dios. O tal vez como Débora, dispuestas a ser líderes. Eso no quiere decir que todas las mujeres deben buscar puestos de liderazgo; lo importante es que estén dispuestas a conocer a Dios, amarlo y obedecerlo.
Cierro este breve análisis con el pasaje de Hechos 17.24 al 27:
«El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que hay en él, es Señor del cielo y de la tierra. No vive en templos hechos por lo hombres, ni necesita que nadie haga nada por él, pues él es quien nos da la vida, el aire y las demás cosas. De un solo hombre hizo él todas las naciones, para que vivan en toda la tierra; y les ha señalado el tiempo y lugar en que deben vivir para que busquen a Dios, y quizás, como a tientas puedan encontrarlo, aunque en verdad Dios no está lejos de cada uno de nosotros.»
Por lo tanto, si hemos sido partícipes de la redención que Cristo nos dio, no debe haber diferencia entre hombre y mujer. Tal como lo dijo Pablo: «En Cristo no hay ni hombre ni mujer». Después de la redención, hay un espacio para la mujer.
Es muy corriente hoy escuchar hasta en la política que se define el porcentaje de mujeres a participar, y lo hemos visto hasta en eventos cristianos, donde se establece un porcentaje de mujeres que deben participar.
Creo que si una mujer es capaz debe tener un espacio para servir, pero poner a una mujer en cierta posición sólo porque es mujer, lo considero un insulto. Las mujeres son capaces y siempre hay una perspectiva femenina que al hombre se le escapa; por eso Dios creó al hombre y a la mujer, para vivir y actuar como un equipo y no en competencia.
Lo más importante es agradar a Dios. Criar a un hijo es una misión tan sublime como predicar desde un púlpito o tener una cruzada evangelística.
En el día de hoy los valores se pierden porque ya no hay una madre en el hogar que enseñe a sus hijos. Y ya no hay muchas madres porque la misma mujer desvaloriza esta misión. Ser madre o ser padre es una opción preferente; es un papel fundamental sobre las muchas opciones que el mundo y la religión nos ofrecen.
Según la Biblia, éste es un tema muy amplio y que requiere de mucha explicación, pero lo que quiero enfatizar es que abandonar la misión de ser madre o padre es abandonar una misión sagrada delegada por Dios.
No puede desvalorizarse a una persona por su condición actual; Dios es un Dios creador y él puede cambiar la condición de una persona cualquiera que esta sea.
Dios es un Dios de amor y que no hace diferencia entre hombre y mujer; él sólo busca a quien esté dispuesto a amarlo y a obedecerlo.
Yo diría que, a pesar de que la Biblia ha ingresado en diferentes culturas, trata el tema de la mujer y del hombre de una manera muy imparcial.
Tenemos que leer los textos de la Biblia que presentan enfoques culturales con inteligencia y situaciones en el tiempo presente. Jesús no desestimó su cultura, sino que la enriqueció enseñando con su ejemplo cómo vivir. Muchas mujeres, después de leer la Biblia, se han atrevido a vivir su vida de una forma diferente.
Preguntas para reflexionar:
¿Debe dársele a la mujer el espacio que bíblicamente le corresponde?
¿Debe dársele a la mujer posiciones de liderazgo sólo por el hecho de ser mujer, como una cuota o porcentaje?
¿Una mujer que ha elegido permanecer en su hogar para educar a sus hijos debe considerársela inferior a las que trabajan fuera de la casa?
¿No es la primera una opción válida para la mujer?
¿Podemos desvalorizar o juzgar a una persona por su condición actual?
¿No puede Dios cambiar la situación actual de alguien?
¿Podemos juzgar a una persona tomando en cuenta su género, raza u otras diferencias?
¿Qué hacemos con los textos bíblicos que hablan de la mujer en términos de costumbres culturales?
¿Ha cambiado la Biblia nuestra comprensión de la mujer y del ser humano en general?
Mayra Ugalde es ingeniera industrial. Tiene estudios superiores en Misionología con énfasis en Biblia, es una reconocida líder cristiana y ha trabajado con la Sociedad Bíblica de Costa Rica, su país natal, por más de 23 años.






Creo en DIOS Padre Hijo Espiritu Santo, pero nosotras las mujeres somos importantes para nuestro redentor.. ayudando a otras mujeres , que se encuentran perdidas con respecto ala biblia a los ninos , empezando en nuestra familia .. ese es el ministerio que DIOS nos dio.. pero no estar en liderazgo ni en la iglecia ni por encima de la autoridad del hombre…… mujeres sujetas a sus maridos y maridos amad a sus mujeres asi como CRISTO AMA A LA IGLECIA ,, NO SON LOS ESTUDIOS QUE TE HACEN CONOCER A CRISTO,, SI NO EL CONOCERLO A EL POR MEDIO DE LA PALABRA , Z PIDIENDO EL ESPIRITU SANTO, PARA QUE CADA DIA NOS TRAMSFORME A SU VOLUNTAD.. VOLUNTAD DE DIOS NO LA NUESTRA , EN CRISTO JESUS AMEN ,
tome la firme desicion de ser cristiana , pero al buscarme como mujer no puedo evitar sentirme menospreciada y esto me impide de gran manera seguir adelante en una fe productiva, creo que la mujer como mujer si es muy menospreciada desde su creacion y no digamos en las cartas de san pablo,
Muy oportuno este artículo en un momento en el que el feminismo señala a la teología -y a Dios mismo- como parte de una estructura religiosa creada para oprimir y explotar a la mujer. Lástima que muchas mujeres comen cuento y se apuntan a la guerra antimasculina en todos los ámbitos, incluso desde los púlpitos.
DIOS NO SE EQUIVOCA….
EL NO SACO A LA MUJER DE UN HUESO DE LA CABEZA PORQUE LA MUJER NO GOBERNARA AL HOMBRE DIOS LO HA PUESTO COMO CABEZA.
DIOS NO SACO A LA MUJER DE UN HUESO DE LA CINTURA PARA ABAJO PORQUE EL HOMBRE NO PISOTEARA NI LA MALTRATARA. NI MORAL NI FÍSICAMENTE NI SICOLOGICAMENTE
DIOS SACO ALA MUJER DE LA COSTILLA DEL HOMBRE, PARA PROTEGERLA GUIARLA CON TODO EL AMOR DE CRISTO JESUS AMARLA RESPETARLA Y VALORARLA EN TODO SENTIDO LA OBLIGACIÓN DEL HOMBRE ES HACERLA FELIZ. LO MISMO PASA CON LA MUJER ES HACER FELIZ A SU HOMBRE
La Biblia es calra en describir el origen del hombre y la mujer…Adam fue creado primero y luego Eva como su perfecta compañia y ayuda idonea..Que gran privilegio para nosotras…Fuimos creadas a imagen y semejanza de Dios con una misión clara …ser el complemento del marido… En las iglesis se ha colado mucho Feminismo como consecuencia de los malos tratos a las mujeres Asi que en Cristo y a través del Amor Agape se reestablece el orden natural dado por Dios para el varón y la mujer primeramente en el hogar y luego en la congregacion ..No hay competencia entre los sexos sino complementariedad
Lamento profundamente , pero… Yo no creo en la divinidad de esto ni algo que se le paresca,,creo en la humanidad como especie abitante de este planeta,asi mismo convencido de su extincion por iniciativa propia o natural,,Amense seria mi mensaje…
Soy Chilena, y agradezco a Dios por este maravilloso mensaje es de mucha bendicion para mi, Dios le bendiga. Gracias
interesante, soy tico y quiero comunicarme con ud..vivo en peru de momento.
Bendiciones!
debo decir que es cierto Dios tiene un pan espescifico aun para nosotras, peo creo que no somos iguales que los hombres para Dios pues nos dice vaso frajil, y que el hombre es la cabeza, suele ser dificil aceptar que aun en su palabra pareciera que tenemos un segundo lugar pues estamos aostumbradas a eci r que somos iguales a ellos y en parte el orrgullo o la nececidad de serlo cuando el hombre no cumple sus funciones o nohay quieb lo haga.. claro Dios nos ayuda ..pero no debemos olvidar que somos ayuda , y no la cabeza sino creo que Dios nos hubiera hecho iguales …y el no se equivoca ..en cuanto a la reponsabiidad d decidir claro teneos libertad para escoger bien conforme a u palabra ahora que lo conocemos y disfruttttar ser sus princsas y vaso fragil.
SOY CRISTIANA PERO SIEMPRE E VISTO MAL EL TRATO QUE LE DAN A LA MUJER EN CASI TODAS LAS IGLESIAS DÁNDOLE MÁS VALOR AL HOMBRE DISCUTIENDO LA FORMA DE VESTIR DE LA MUJER, ME PONE DE EJEMPLO EN ESTE TEMA PERO YO SIENTO QUE LA MUJER QUE NO OBEDECE AL ESPOSO SEGÚN NO ES OBEDIENTE A EL Y MUCHAS VECES SE TIENE QUE OBEDECER AUNQUE LA MUJER NO ESTÉ DE ACUERDO PORQUE EN LA BIBLIA DICE QUE LA MUJER DEBE DE ESTAR SUJETAS A SUS ESPOSOS. E AHI LA CONFUSION CUANDO DEBEMOS OBEDECER Y CUANDO NO?