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Miqueas, el profeta de Dios

Miqueas, el profeta de Dios

Llegó de las aldeas, de la campiña de Moréset-gat en la llanura de Sefelá, un poco menos de ocho siglos antes de Cristo, aunque su mensaje parece dirigidos a los habitantes, con cierto énfasis en los gobernantes, de cualquier gran ciudad de nuestro mundo actual.

Llegó de Jerusalén, la ciudad del Templo, en tiempos cuando los asirios asolaban la tierra del pueblo de Dios. Su mensaje, expresado en una hermosa poesía, revela su anhelo de justicia y expone su valiente voz.MIQUEAS Narrativa 1

Jerusalén lo indigna, lo angustia, lo inflama de celo santo. La ciudad no era otra cosa que una cueva dominada por la corrupción y la maldad. Era una urbe de crímenes y despojos donde los religiosos fingían obediencia, los profetas mentían con sus discursos de paz, y los jueces y poderosos explotaban a los más pobres. En vez de un lugar de fe y solidaridad, Jerusalén era un territorio de hipocresía e injusticia.

Miqueas advierte con decisión y valentía que Dios ama la justicia y el amor, y que no pasará por alto los crímenes de los poderosos y malvados que mienten en su nombre.

Escuchemos la voz de Dios a través de Miqueas

¡Escúchenme bien,
pueblos todos de la tierra!
¡Préstenme atención,
habitantes de este país!
Yo soy el Dios de Israel
y desde mi santo templo
voy a denunciar sus maldades.
Dice Jehová, el Dios de Israel:
«Ya estoy por salir
y destruiré los pequeños templos
que han construido.
»Todo esto sucederá…
porque ya son muchos sus pecados.»
«Por eso lloro –dice Miqueas– y estoy triste;
por eso ando desnudo y descalzo;
Por eso chillo como avestruz,
por eso lanzo aullidos como chacal
».

Todo esto fue motivado porque el pueblo de Dios se había alejado de él y había ido en busca de dioses paganos. Pero también había motivos sociales que motivaron las palabras de Miqueas.

«¡Gente malvada,
Qué mal les va a ir a ustedes
Al acostarse hacen planes malvados;
al levantarse los llevan a cabo,
porque tienen el poder de hacerlo.
Si quieren terrenos, los invaden;
si quieren casas, se adueñan de ellas».
«¡Escúchenme ustedes,
jefes y gobernantes de Israel!
¡Ustedes debieran hacer justicia,
pero hacen todo lo contrario!
Prefieren hacer lo malo,
en lugar de hacer lo bueno

Cuando debieran hacer justicia, hacen injusticia, y prefieren lo malo en lugar de lo bueno. Maltratan al pueblo, se lo comen. Rechazan la justicia y no respetan ninguna ley. Son criminales y violentos, dictan sentencia a cambio de dinero. Y cuando hablan dicen: «No tenemos nada que temer. ¡Dios está con nosotros

Más adelante dice MiquMiqueaseas:

«Ya Dios les había dicho qué es lo mejor
que pueden hacer y lo que espera de
ustedes. Es muy sencillo: Dios quiere que
ustedes sean justos los unos con los otros,
que sean bondadosos con los más débiles, y
que lo adoren como su único Dios.

Se hacen ricos mediante el engaño;
Usan pesas y medidas falsas,
y luego amontonan en sus casas
todo lo que han robado.
Dice Dios: ya no voy a soportar
que sigan siendo tan malvados

A pesar del juicio de Dios, que se cumplirá irremisiblemente, termina su profecía con dos elementos de esperanza. Uno personal: «Yo, por mi parte, pondré mi confianza en Dios. Él es mi salvador, y sé que habrá de escucharme

El otro elemento tiene que ver con el pueblo. Si se vuelven de sus malos caminos Dios los liberará y los ayudará a ponerse en pie nuevamente. Al final de Miqueas vemos a un pueblo arrepentido y dispuesto a seguir a Jehová con todo el corazón. Asimismo, en Miqueas Dios anuncia que el Mesías nacerá en la ciudad de Belén.

Siempre hay esperanza cuando el pecador está dispuesto a cambiar sus malos caminos. En Dios todo es posible pues su misericordia está permanentemente al alcance de nuestras manos.

Este material fue extractado de la Porción «Miqueas», publicada por las Sociedades Bíblicas Unidas. El texto bíblico utilizado es la Traducción en lenguaje actual (TLA), que es una traducción con una llegada especial para los jóvenes.

Miqueas es una herramienta muy útil para la iglesia. En primera instancia porque el profeta habla sobre temas que hoy en día son de increíble actualidad, y segundo porque su formato es ideal para estudios bíblicos caseros y para jóvenes pues permite interpolar el mensaje del profeta y aplicarlo directamente al mundo que nos ha tocado vivir.

El texto de la Traducción en lenguaje actual, el mensaje profético, su actualidad de temas, el diseño y la calidad de Miqueas la hacen una herramienta ideal para alcanzar a jóvenes con la Palabra de Dios.

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Shavuot, la fiesta de los Diez Mandamientos

Shavuot, la fiesta de los Diez Mandamientos

Por Elías L. Benarroch, (EFE).- Dos días atrás, los judíos celebraron la fiesta de «Shavuot» (Pentecostés), en la que conmemoran la entrega de los Diez Mandamientos a Moisés en el Monte Sinaí.

Literalmente traducible como «Semanas», por las siete que deben transcurrir desde la Pascua, «Shavuot» es la segunda de las tres fiestas de peregrinaje a Jerusalén que la Biblia prescribía a los israelitas para hacer sus ofrendas en el Templo.ROLLOS

«Junto con Pesah (Pascua) y Sucot (Tabernáculos), Shavuot completa el triplete de las fiestas que conmemoran el Éxodo, la salida de los israelitas de Egipto», explica a EFE el rabino Meir Shalom sobre un episodio que ocurrió hace 3.400 años.

Pruebas científicas del Éxodo no existen. Algunos historiadores sugieren, no obstante, que se debe a un error de base en la cronología regional –determinada por la historia del antiguo Egipto– y que si se corrigiera, algunos restos u objetos encontrados en el desierto del Negev, puerta de entrada a Israel desde el Sinaí, podrían estar relacionados con el Éxodo.

La fiesta, conocida en el cristianismo como «Pentecostés» (del griego «quincuagésimo»), se conmemora durante un sólo día en Israel y dos en el resto del mundo.

Los 49 días que han de transcurrir desde la Pascua –que conmemora el Éxodo en sí–, constituyó para los bíblicos israelitas un período de purificación espiritual hasta recibir la Torá, los fundamentos de la ley religiosa judía.

«La imagen de Moisés recibiendo los Diez Mandamientos en dos tablas es producto de la iconografía judeo-cristiana; en realidad los judíos creemos que Dios transmitió allí a Moisés toda la Torá, y no sólo la escrita sino también la oral», explica el religioso.

A través de la tradición judeo-cristiana muchas de las leyes que según la Biblia Moisés recibió en el Sinaí han pasado a formar parte de los códigos civiles y religiosos de las sociedades occidentales, como la prohibición de matar, robar o la instauración del monoteísmo.

Rabino Torah«Hoy muchas de las leyes y principios sociales que aparecen en la Torá forman parte de cualquier código de leyes, pero entonces eran una auténtica revolución social y religiosa», destaca Meir Shalom al recordar, por ejemplo, el día de descanso semanal o el dar de comer a los esclavos y animales antes de comer el amo.

Los judíos consideran el «Shavuot» como el punto culminante de su consolidación como pueblo, el momento final de un proceso de «iluminación», y la expresión de un compromiso inalienable con Dios tras aceptar sus leyes.

En la práctica, y a diferencia de otras fiestas religiosas judías, esta fiesta no requiere el cumplimiento de preceptos excepcionales, más allá de las habituales para cualquier jornada de descanso.

Sólo tradiciones acumuladas por todo el mundo desde la destrucción del Templo de Jerusalén en el 70 d.C. y el comienzo de la diáspora, tiñen ligeramente de color una fiesta en la que suele consumirse productos lácteos y de la tierra para apelar a la cosecha del trigo y otros tipos de grano que se realizaba a mitad de primavera.

De estas cosechas los israelitas hacían sus ofrendas a Dios, hecho del que la fiesta recibe otro de sus nombres: de las Primicias.
En Israel, el «Shavuot» arrastra una masiva huida de gente secular a los lugares para acampar y los hoteles, mientras los ultra-ortodoxos y practicantes frecuentan las sinagogas para las oraciones.

Se trata de una fiesta que paradójicamente ha apartado de su memoria el lugar donde ocurrieron los hechos, el Monte Sinaí, situado en el sur de la península egipcia del mismo nombre.

Pruebas que demuestren su lugar exacto no hay, pero desde el siglo IV, por designio de Santa Helena, la tradición cristiana ve el llamado «Yabel Musa» (Monte de Moisés en árabe) como el lugar de la revelación de los Diez Mandamientos.

Para el judaísmo, el lugar en sí mismo es irrelevante desde hace milenios y sus pensadores creen que, como en el caso de la tumba de Moisés en el Monte Nebo (Jordania), la Biblia no ofrece detalles sobre el lugar para evitar que se convirtiera en foco de peregrinaje y culto fuera del Templo de Jerusalén.

Fuente:EFE

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¿Quién es Dios?

Antiguo Testamento

(Génesis 6.3,7-8) A través del relato de Noé vemos la justicia y la misericordia de Dios y la forma en que coexisten. En su justicia, Dios sencillamente no puede pasar por alto el caos en que se ha convertido la tierra. En su misericordia, él proporciona una manera de escapar para aquellos que deciden escuchar la voz de Dios (en este caso, Noé y su familia).

(Éxodo 16.11-20) Dios tiene muy presente en su corazón la necesidad humana, y en este pasaje vemos cómo Dios se preocupa por su pueblo durante el viaje que ellos hacen por el desierto. Pero aun con tal demostración gráfica del amor y el cuidado de Dios, hay ansiedad, avidez y desobediencia en la gente.

(Josué 24.14-15) Dios llevó a su pueblo Israel a la tierra que les había prometido, y los acompañó en una campaña militar muy arriesgada. Ahora el pueblo tiene que tomar una decisión: a quién habrían de servir en la vida. Ellos eligieron servir al Dios poderoso, que hizo grandes señales y los protegió de manera maravillosa. «A Jehová, nuestro Dios, serviremos y su voz obedeceremos», dijeron ellos (versículo 24). ¿Es esa también su decisión, lector?
(1 Reyes 18.16-39) Dios es el único que merece honra y adoración. El pueblo está ante una confrontación dramática: adorar al Dios viviente que los había liberado de la esclavitud, o a los ídolos, a quienes llamaban «baales». Tienen que tomar una decisión. Desde el cielo, Dios respondió al clamor del profeta Elías; el pueblo, viendo lo sucedido, se postró y dijo: «¡Jehová es el Dios!» ¿Lo es también para usted? Si es así, arrodíllese ante él y adórelo como él se merece.
(Job 40.1-42.6) ¿Qué hace Dios ante el sufrimiento humano? En medio de la tragedia y su gran aflicción, Job tiene un encuentro con Dios. Pero notemos que en la respuesta de Dios a Job, no hay una contestación directa a las preguntas de este hombre sobre por qué sufría tanto. Sin embargo, en 42.1-6 vemos que Job queda satisfecho. ¿Habrá sido que el encuentro con Dios fue, en sí mismo, la respuesta a las necesidades más profundas de Job? ¿Qué sucede en nuestro caso?

(Salmo 23) Este es probablemente el Salmo más conocido de los 150 que hay en este libro. Su autor lleva a alturas inspiradoras la metáfora de Dios como un buen pastor. En vista del cuidado divino, David (el autor del salmo) vive con gran seguridad en su vida, aunque los caminos de la vida lo lleven por lugares oscuros (por ejemplo el «valle de sombra de muerte»). Los que siguen al gran Pastor, saben con certeza que el Pastor los cuida y los protege aun en medio de un mundo incierto y hostil.

(Salmo 139) Este salmo es una hermosa declaración del amor eterno, íntimo y siempre presente de Dios hacia nosotros. ¿Quién nos conoce profundamente tal como somos? Dios, quien nos creó, nos conoce, nos ama, nos abriga en su corazón y se preocupa por nosotros (versículos 15-16).

(Proverbios 21.2) No podemos engañar a Dios. La tendencia natural del ser humano es justificar sus actos, optar por el camino más fácil, y hacer juicios y llegar a conclusiones basadas en el comportamiento exterior de una persona. Dios centra su atención en los motivos del corazón. Él conoce nuestros pensamientos antes que las palabras salgan de nuestra boca (Salmo 139.4, pág. 000). Dios siempre ve la diferencia entre nuestra «máscara» y nuestro verdadero pensamiento (Jeremías 17.10, pág. 000).

(Eclesiastés 12.1,6,13) Dios es la respuesta. Las respuestas a las preguntas que más perplejos nos dejan, no se encuentran en una filosofía sino en una relación personal con Dios y en la obediencia a su voluntad. Esta es la conclusión a que llega Salomón después de 12 capítulos en que busca el significado de la vida. El autor comenzó el libro con las palabras «vanidad de vanidades, todo es vanidad». Pero llega la conclusión de que, después de todo, la vida tiene un propósito, y el propósito está delineado en estos versículos. Note la importancia de entrar en esta relación tan pronto como le sea posible. Hubo un hombre, Abraham, cuya relación con Dios fue tan profunda, que Dios lo consideró su amigo (Isaías 41.8, pág. 000).

(Isaías 9.6-7) Aquí vemos una de las muchas declaraciones proféticas del Antiguo Testamento que se refiere a Jesucristo. Lo vemos revelado como un Dios eterno, fuerte y admirable. Depositar la confianza en él brinda seguridad absoluta.

(Isaías 52.13-53.12) Cuando Israel esperaba un Mesías, esperaba a un rey que los libertara de la tiranía política. En cambio, el plan de Dios siempre fue librar al ser humano de una tiranía mucho más grande: el pecado que los esclavizaba y que finalmente los llevaría a la muerte. Muchos no reconocieron a este Mesías cuando llegó, y tampoco reconocieron el gran plan de Dios: que su siervo sufriente cargaría con el pecado de muchos (53.12) y que por sus heridas nosotros seríamos sanados.

(Jeremías 29.10-14) Lejos de abandonar a su pueblo, el corazón amoroso de Dios siempre ha querido el bienestar de los suyos. Parecería que la agonía del exilio resultó necesaria para que el pueblo se diera cuenta de sus profundas necesidades (versículos 12-13). Y al buscar a Dios no sólo lo encontraron a él sino que hallaron su propia restauración. ¿Cuáles son los motivos de dolor en su propia vida, lector, que tal vez proporcionen una oportunidad para que usted busque a Dios con todo su corazón?

(Jonás 4.11) Dios es compasivo y paciente, y es reacio a condenar a la gente; es lento para enojarse. Jonás descubre esta verdad, y tristemente se siente desacreditado como profeta porque el pueblo de Nínive respondió con arrepentimiento a las advertencias, evitando así el castigo de Dios. De manera similar en el Nuevo Testamento (2 Pedro 3.9) leemos: «El Señor… es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento».

(Miqueas 6.6-8) ¿Cuáles son las actitudes y las acciones que le agradan a Dios? Estos versículos presentan las cosas de manera muy directa: los signos externos de pureza religiosa no significan nada para Dios si no van acompañados de un cambio interno en el corazón. Este cambio interno también deberá estar acompañado por un cambio de conducta hacia los demás. Ese es el deseo de Dios. Como Dios «grande en misericordia» (Salmo 103.8, pág. 000), él nos pide que amemos la misericordia. Como Dios «justo y salvador» (Isaías 45.21, pág. 000), nos pide que hagamos justicia. ¡Qué distinto sería el mundo si obedeciéramos su palabra!

Nuevo Testamento
(Mateo 7.7-12)
En un mundo que sufre, la bondad de Dios a menudo se cuestiona. En el relato de los evangelios vemos a un Dios que se hizo carne y sufrió en manos de su pueblo. Además, en este pasaje también vemos a Dios como nuestro Padre amoroso, un Padre que quiere darnos cosas buenas cuando vamos a él en oración. Una palabra de advertencia: lo que pedimos no siempre es lo mejor para nosotros, y como un Padre que ama a sus hijos, Dios no siempre nos da todo lo que le pedimos.

(Mateo 12.1-14) La mera observancia religiosa que se centra en la conducta externa y no en la renovación interna, a menudo termina haciendo más mal que bien. Es lo que explica Jesús en este pasaje sobre el día sábado (día de reposo para los judíos). Y al dar esta explicación también nos muestra quién es él en realidad (versículo 8): el Dios soberano sobre todo, aun soberano sobre leyes y reglamentos humanos. ¡Y cómo no va a ser soberano si él es «el Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay» (Hechos 17.24, pág. 000)!

(Marcos 5.1-43) En este capítulo se describe que en el reino de Dios hay victoria sobre: (1) la maldad, tal como se muestra en la sanidad del hombre endemoniado (5.1-20); (2) la enfermedad, como queda demostrado en la sanidad de la mujer que durante doce años había sufrido hemorragias (5.25-34); (3) la muerte, cuando Jesús vuelve a la vida a una niña de doce años (5.21-24 y 35-43). Dios es vida. El Señor Jesús nos mostró esa verdad sanando enfermos y resucitando muertos. Su triunfo final será victoria sobre la muerte (1 Corintios 15.54). ¿Tiene usted la vida de Dios en su vida?

(Lucas 15.11-32) Aquí Jesús relata la parábola del hijo pródigo (o el hijo perdido). En una serie de parábolas Jesús está enseñando cómo es el reino de Dios, y en este relato vislumbramos cómo es el «Rey». Tal vez a menudo seamos culpables de ver a Dios sólo como la mano dura e implacable de un hermano mayor (versículos 28-30) en vez de verlo como un Padre que no puede contener su emoción y su amor ante el hijo que regresa al hogar (versículo 20). ¡Cómo ignorar a este Dios de amor que nos espera!

(Juan 10.1-8) En el Antiguo Testamento (Salmo 23 y algunos otros pasajes) leemos que Dios es el pastor de su pueblo. Aquí vemos que Jesús toma esta misma metáfora y la aplica a sí mismo, diciendo «Yo soy la puerta de las ovejas». Él nos está invitando constantemente, y es la única puerta que nos lleva a Dios Padre.

(Gálatas 6.7-8) Dios es justo. Si usted planta un manzano, no va a recoger de él uvas. Lo mismo sucede con las cosas espirituales: no podemos burlar a Dios, ya que habremos de recoger lo que sembramos. Tenemos la oportunidad de sembrar buenas semillas espirituales con respecto a nuestro futuro eterno, o sembrar las semillas de daño y perjuicio espiritual. Todo depende de lo que tenga el primer lugar en nuestra vida. Recuerde: Dios «juzgará al mundo con justicia» (Salmo 98.9, pág. 000). Será verdadera justicia pues «Dios no puede ser burlado».

(Filipenses 2.5-11) Estas palabras de incomparable belleza y profundidad nos hablan de la grandeza de un Dios maravilloso que en Jesucristo nos mostró humildad, mansedumbre y entrega; también vemos aquí su exaltación y gloria venidera. Un himno cristiano dice: «¡Cuán grande es él! ¡Cuán grande es él!» ¿Lo cree usted?

(Hebreos 12.5-11) Quienes son padres podrán identificarse de manera sentida con estas palabras, que arrojan luz y nos hacen pensar seriamente sobre el dilema de la disciplina de los hijos. ¿Cuándo se ha llegado demasiado lejos? ¿Cuándo no se ha hecho suficiente? En este pasaje vemos que todos somos hijos de Dios, quien nos disciplina. Él es un Padre en quien podemos confiar para el equilibrio justo.

(1 Pedro 2.24,25) A lo largo de su carta Pedro insta a sus lectores a vivir una vida que resulte agradable a Dios, y adelanta que a menudo esto implicará sufrimiento. Dios mismo dio su ejemplo a través de Jesucristo, quien a través de su propio sufrimiento nos ha restaurado a la sanidad espiritual y a una vida plena. Estas palabras hacen eco a las palabras de Isaías 53.

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Celo de los masoretas

Doctor Gonzalo Báez-Camargo

Ya vimos que no obstante los 1,000 años o más, transcurridos entre los rollos de Qumrán y los grandes manuscritos medievales del texto masorético, y el hecho de que dichos rollos representan todavía el estado de fluidez del texto, sustancialmente se trata de la misma tradición textual. Tal hecho es un tributo implícito a la escrupulosa vigilancia de los masoretas en la conservación de ese texto.

Con el tiempo inventaron un sistema de vocalización y de notas al lector para asegurar la pronunciación cuando ya el hebreo no era lengua común hablada. Llegaron al punto de contar las palabras y hasta las letras de todo el Antiguo Testamento, para precaverse de alguna omisión accidental, amén de otras precisiones que nos parecen ahora meras curiosidades, pero que indican su celo por la fidelidad de la transmisión.

Fijaron al respecto reglas muy estrictas que debían llenar las copias destinadas a la lectura pública. Las que conforme a ellas resultaban defectuosas podían utilizarse solamente para lectura privada o para ejercicios escolares, pero no para lectura litúrgica.
Con mucha razón, el doctor Gordis rinde a los masoretas este sentido homenaje: «Aquellos humildes pero indomables trabajadores… realizaron en la oscuridad su tarea hercúlea de guardar el texto bíblico en contra de toda merma o variación. Sus nombres, el periodo de su actividad, y la índole precisa de su trabajo, se halla bajo un velo de oscuridad, rasgado apenas por leves destellos de luz».

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Los idiomas de la Biblia

Robert Bascom

Hebreo
El idioma original del pueblo de Israel era el hebreo. La mayoría del Antiguo Testamento está escrito en hebreo.

Arameo
El nombre hebreo de Siria es Aram. El idioma de Siria se conocía como el arameo. Es un idioma muy parecido al hebreo, pero diferente.

El arameo llegó a ser el idioma internacional del Oriente Medio durante los años que precedieron a la caída de Jerusalén. En Isaías 36 (especialmente los versículos 11-13), vemos un ejemplo interesante de la relación entre el hebreo y el arameo en los días del rey Ezequías. El arameo era el idioma para discutir con los extranjeros, pero el hebreo era el idioma que empleaba la gente común.

Parece que cuando los babilonios conquistaron Jerusalén y se llevaron a muchas personas de Judea a Babilonia, dio inicio el fin de la lengua hebrea. Después de esto, la lengua aramea llegó a ser más importante no solo en la tierra de Israel sino también en otras regiones. Esto duró años, y para la época de Jesús, el hebreo probablemente ya no se utilizaba, excepto para fines religiosos. Ya desde Nehemías 8.8 se pueden hallar pruebas de este cambio en el idioma, pues el libro de la Ley (el Pentateuco) se leyó en hebreo y se tradujo allí mismo en forma oral al arameo para que las personas lo comprendieran.

Algunas partes del Antiguo Testamento están escritas en arameo -Esdras 4.7-6.18 y Daniel 2.4-7.28- como también lo están algunos versículos aislados en otras partes. Las versiones no oficiales de los materiales del Antiguo Testamento también se tradujeron al arameo para ayudar a los que predicaban en las sinagogas. Estas traducciones se conocen como “los targum”.

Griego
Alejandro Magno fue un poderoso conquistador que sometió a todos los países desde Grecia hasta Egipto e India, entre ellos Siria, Israel y Persia. Tras su muerte, sus generales se dividieron el territorio. Uno de ellos fue el primero de la familia de los Ptolomeos y gobernó sobre Egipto. El otro fue el primero de la familia seléucida y gobernó sobre Siria. Desde ese tiempo al menos, el griego pasó a ser una lengua muy importante de esa parte del mundo.

Estas dos familias de reyes -los ptolomeos en Egipto y los seléucidas en Siria- llegaron a ser muy importantes en la historia del pueblo judío en el periodo comprendido entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Siempre estos reyes estaban en guerra por el control de la tierra que mediaba entre ellos, así que hubo muchas batallas en la tierra de Israel. A veces Israel era gobernada por Egipto y a veces por Siria.

Por último, uno de los reyes de Siria llamado Antíoco IV Epífanes intentó destruir la religión judía. Sus soldados entraron en el templo, donde les estaba prohibida la entrada, y llegaron incluso a sacrificar un cerdo en el altar. Trataron de forzar a los judíos a comer carne de cerdo y a hacer otras cosas que estaban en contra de sus creencias. Esta situación llegó a ser tan grave que finalmente estalló una rebelión encabezada por la familia de los Macabeos. La rebelión tuvo éxito. Sacaron al ejército extranjero y se independizaron.

Durante este tiempo, el líder de los judíos fue el sumo sacerdote. No solo era líder religioso sino también líder político. Los judíos fueron independientes por casi cien años, hasta que finalmente fueron anexados al Imperio Romano, aproximadamente 60 años antes del nacimiento de Jesús.

Mucho tiempo antes, en la época de la caída de Jerusalén, muchos judíos se habían ido a Egipto, y al cabo del tiempo, esa comunidad se había vuelto muy importante. Al igual que los judíos que emigraron a otras regiones, dejaron de hablar el hebreo. Para ellos, el nuevo idioma era el griego. Estos judíos ansiaban leer las Escrituras en un idioma que pudieran entender, y tomaron las medidas necesarias para que los libros del Antiguo Testamento se tradujeran al griego. Esta es la famosa traducción que hoy se conoce como la Septuaginta.

La comunidad judía que utilizó la Septuaginta no solo usó los libros que habían sido traducidos del hebreo. Había también otros libros religiosos que se habían escrito en griego (o en hebreo, aunque solo nos han llegado en griego), de los cuales algunos también se añadieron a la Septuaginta. Por tanto, desde el principio, la Septuaginta fue bastante diferente de las Escrituras hebreas.

El idioma de Jesús

Para la época de Jesús, el idioma de Palestina (Galilea, Samaria y Judea) era el arameo. Jesús probablemente les habló a sus discípulos y a las multitudes en arameo. Sin embargo, es muy probable que Jesús también usara el griego, por ejemplo, cuando le habló a Pilato. Aunque el latín era el verdadero idioma de los romanos, el griego era el idioma principal del Imperio Romano.

Muchos eruditos creen que el Evangelio según San Marcos se escribió en arameo y se tradujo después al griego, mientras que otros creen que también originalmente se escribieron otros pasajes del Nuevo Testamento en arameo o hebreo. Esto quizá sea así, pero lo que sí es cierto es que los únicos materiales del Nuevo Testamento que tenemos hoy día están todos en griego. Para el tiempo en que se estaba escribiendo el Nuevo Testamento, la iglesia cristiana se había extendido hacia muchas regiones y países diferentes, y el griego era la lengua que se necesitaba.

Esto es sumamente interesante porque significa que en su mayor parte no tenemos registro alguno de las palabras exactas de Jesús. Tenemos sus palabras solo en la traducción griega que usaron los escritores del Evangelio. (Hay unos cuantos casos en que el Nuevo Testamento usa palabras arameas, como por ejemplo, abba, “padre”). Desde sus mismos inicios, el cristianismo ha sido una religión que ha echado mano de la traducción para darles sus Escrituras a los creyentes. Los que participamos en la traducción hoy día simplemente estamos siguiendo los pasos de los primeros escritores del Evangelio.

Esto también es cierto en otra forma. Cuando los escritores del Nuevo Testamento deseaban citar el Antiguo Testamento, debían hacerlo en griego. Básicamente, lo hacían en alguna de tres formas: (1) traducían por sí mismos del hebreo (o de traducciones del hebreo al arameo); (2) citaban de memoria (de fuentes hebreas, arameas o griegas); o (3) utilizaban la antigua traducción griega, la Septuaginta. Por la forma de las citas pareciera que en un 60 por ciento o más de las veces, se utilizó la Septuaginta para citar el Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento.

Cuando la iglesia cristiana quiso ponerse de acuerdo sobre cuáles libros debían integrar su propia Biblia completa, surgieron varios desacuerdos, especialmente en relación con el Antiguo Testamento. Algunos creían que únicamente los libros hebreos debían ser incluidos, pues eran los únicos libros que aceptaban los judíos. Otros consideraban que no debían perderse los libros y las partes adicionales que habían sido incluidos en la Septuaginta. Este desacuerdo nunca se resolvió entre los diferentes grupos de cristianos, y sigue vigente entre nosotros hasta el día de hoy.

La Iglesia Católica Romana acepta los libros hebreos como la primera parte del Antiguo Testamento, pero considera que el material del griego es también parte plena del Antiguo Testamento (la segunda parte, o lo que llaman el Deuterocanon). Los anglicanos y otras iglesias protestantes también utilizan todos o algunos de estos libros del griego, los cuales fueron incluidos en la mayoría de las versiones protestantes cuando se tradujeron por primera vez a una lengua vernácula.

Sin embargo, otras iglesias protestantes consideraron como parte de la Biblia a los libros hebreos; de manera que ahora casi todas las versiones protestantes excluyen los libros del griego. Por otra parte, las iglesias ortodoxas tienen más libros que consideran autoritarios, aunque esto también varía de grupo en grupo.

Debido a esto ahora tenemos dos (y quizá pronto tres) ediciones de muchas traducciones de la Biblia. La edición más breve contiene únicamente los libros del hebreo, y es la preferida por la mayoría de las iglesias protestantes. La edición más larga es principalmente la de los católicos, aunque también la utilizan algunos luteranos y anglicanos. Las iglesias ortodoxas, que solo hasta hace poco han empezado a pensar en hacer traducciones modernas, quizá requieran otra versión.

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Cuestiones léxicas 3

Cuestiones léxicas 3
Cuestiones léxicas -Palabras y expresiones que han caído en desuso
Plutarco Bonilla

«He aquí», «heme aquí», «helo aquí» son expresiones que prácticamente han desaparecido de nuestro idioma, salvo en situaciones especiales. Resultan hoy extrañas y, en muchos casos, artificiales. Por eso, han sido substituidas por otras expresiones equivalentes o, cuando no añaden nada al sentido, eliminadas. Además, a veces se han mantenido, porque resultan apropiadas en el contexto al que pertenecen.

«He aquí» algunos ejemplos:

Substitución

Gn 22.1

1960 Y él respondió: Heme aquí
1995 Este respondió: –
Aquí estoy
Dn 3.25

1960 Y el dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos,
1995 Y él dijo: –Sin embargo, yo veo cuatro hombres sueltos,
Ap 2.22
1960 He aquí, yo la arrojo en cama,
1995 Por tanto, yo la arrojo en cama,
Ap 3.8
1960 Yo conozco tus obras; He aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta,
1995 ‘Yo conozco tus obras. Por eso, he puesto delante de ti una puerta abierta,

Eliminación

Ap 3.9
1960 He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan
1995 De la sinagoga de Satanás, de los que dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten, te daré algunos. Yo haré que vengan

Ap 3.20
1960 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo;
1995 Yo estoy a la puerta y llamo;

Permanencia

Is 6.8
1960 Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.
1995 Entonces respondí yo: – Heme aquí, envíame a mí.


Hay también algunas palabras que han desaparecido del vocabulario de la mayor parte de las personas hispanohablantes. Entre ellas: muladar (Dn 3.29); adarga (Sal 91.4); báculo (Ex 21.19; 2 S 3.29; Jer 48.17); holgar (Sal 41.11); logrero (Ex 22.25); ósculo (Ro 16.16; 1 Co 16.20; 1 Ts 5.26; 1 P 5.14); raer (Gn 6.7; Ex 17.14; Ez 27.31).

En la Reina-Valera 1995 se presentan algunos casos de palabras que no son de uso generalizado en el mundo de habla castellana. Se trata de un léxico especializado (o técnico) relativo a una actividad particular. Uno de tales términos es «desjarretar» y se encuentra en el Antiguo Testamento (Gn 49.6; Jos 11.6,9; 1 Cr 18.4). El diccionario lo define así: «Cortar las patas de un animal por el jarrete». Y jarrete es «Corva de la rodilla._ Corvejón de los cuadrúpedos._ Parte alta y carnuda de la pantorrilla hacia la corva.» El comité revisor decidió dejar esta palabra en la traducción por dos motivos principales: Porque no hay otra palabra conocida que exprese exactamente ese significado (o al menos no se la encontró); y porque quienes viven en zonas rurales y cuidan reses sí la conocen (aunque no suceda lo mismo con la mayoría de las gentes de las ciudades, por razones comprensibles)

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