Nota: El siguiente artículo es el cuarto de la serie de cinco que presentará los descubrimientos bíblico-arqueológicos más importantes, de acuerdo a la revista Biblical Archaelogical Review (BAR – http://www.bib-arch.org/). Estos artículos fueron traducidos por la Unidad de Publicaciones de las Sociedades Bíblicas Unidas y publicados con el permiso escrito de BAR.
La casa de Pedro
Capernaúm
Durante gran parte de su vida adulta, Jesús vivió en una pequeña villa de Capernaúm sobre el Mar de Galilea. Allí fue que empezó su ministerio en la sinagoga de la ciudad (Marcos 1.21), reclutó a sus primeros discípulos (Marcos 1.16-20) y se hizo conocido por su poder para sanar enfermos (Marcos 3.1-5).
Los primeros en visitar el sitio han reconocido lo hermosamente conservados que están los restos de la antigua sinagoga que muchos piensan que establece el sitio, aunque no el edificio exacto, de las primeras enseñanzas de Jesús. Pero hay una pregunta que todavía persiste: ¿En qué parte de la ciudad Jesús vivió exactamente? ¿Dónde estaba la casa de Pedro, donde la Biblia sugiere que Jesús se quedaba cuando estaba en Capernaúm (Mateo 8.14-16)?
Como fue informado por BAR más de 25 años atrás, excavadores italianos que trabajaban en Capernaúm pudieron haber descubierto los restos de una humilde vivienda a la que Jesús llamaba «casa» cuando estaba en Capernaúm.
Enterradas debajo de los restos de una iglesia bizantina, los excavadores hallaron las ruinas de una casa común y corriente que databa del primer siglo de nuestra era. Aunque era un poco más grande que la mayoría, la casa consistía en una estructura simple sostenida por paredes edificadas en piedras rústicas de basalto, con un techo de características similares, sin ninguna otra cosa que paja y barro; es decir, una simple construcción de adobe. Como la mayoría de las casas de ese temprano período romano, la casa descubierta contaba con unos pocos cuartos de medidas austeras rodeados por dos pequeños patios abiertos. En una palabra, la casa era común y corriente. De acuerdo a los excavadores, sin embargo, lo que le pasó a la casa alrededor de la mitad del siglo primero fue lo que la marcó como algo excepcional y, lo más probable, como la casa de Pedro.
En los años que siguieron a la muerte de Jesús, la función de la casa cambió radicalmente. El cuarto principal de la casa fue completamente recubierto con yeso, tanto paredes como techo –algo muy raro para las casas de aquellos días. Aproximadamente al mismo tiempo, la alfarería de la casa, que previamente había sido igual a la encontrada en cualquier casa de la época, había sido cambiada por elementos de gran porte, como grandes recipientes y lámparas de aceite. Tales cambios indican que la casa ya no funcionaba como una residencia familiar sino como un lugar de reuniones, posiblemente reuniones cristianas.
Lo que es más importante es que los excavadores hallaron que durante los siglos siguientes, el cuarto que había sido recubierto por yeso fue renovado y convertido en el vestíbulo de una iglesia rudimentaria. Las viejas paredes de piedra del cuarto habían sino fortificadas para sostener un gran arco de dos pisos que sostenía un nuevo techo de piedras. El cuarto fue recubierto nuevamente con yeso y pintado con diseños florales y geométricos de varios colores.
Las características cristianas del edificio fueron confirmadas por más de cien grafitis recuperados de las paredes de la iglesia. La mayoría de las inscripciones, de acuerdo a los excavadores, decían: «El Señor Jesucristo ayuda a sus siervos» o «Cristo ten misericordia.» Las inscripciones estaban escritas en griego, siríaco o hebreo, y algunas veces acompañadas por aguafuertes de pequeñas cruces y, en un caso, un bote. Los excavadores dicen que el nombre de Pedro es mencionado en varios de esos grafitis, aunque ahora algunos eruditos discuten esas lecturas.
Esta simple iglesia sobrevivió por más de 300 años antes de ser finalmente reemplazada en el siglo quinto por una iglesia octogonal bien construida. Este tipo de iglesias octogonales eran construidas para conmemorar un sitio importante; tal vez para recordar la casa que allí había estado. El santuario interno de la iglesia octagonal fue construido directamente sobre los restos del mismo cuarto que había formado el vestíbulo central de la primera iglesia.
Por consiguiente, aunque no hay una prueba definitiva de que la casa original descubierta por los excavadores perteneció realmente a Pedro, cada estrato descubierto evidencia un aporte circunstancial de que estamos ante una casa evidentemente importante a principios del cristianismo y que, de alguna manera, estaba asociada a Jesús y a su más importante discípulo. De no ser así, ¿por qué una simple casa de Capernaúm se convirtió en el punto focal de la adoración del cristianismo temprano y así quedó identificada por los siguientes siglos?
El estanque de Siloé en los tiempos de Jesús
Jerusalén
El estanque de Siloé ha sido desde siempre un lugar de significancia sagrada para muchos cristianos, aunque la correcta identificación del sitio exacto no era segura. De acuerdo con el Evangelio de Juan fue en el estanque de Siloé donde Jesús realizó el milagro de restaurar la vista a un hombre ciego (Juan 9.1-11). Tradicionalmente, el sitio fue identificado como el estanque y la iglesia que fue construida por la emperatriz bizantina Eudocia (c. 400-460 dC) para conmemorar el milagro relatado en el Nuevo Testamento. Sin embargo, el lugar exacto del estanque tal y como existió en los tiempos de Jesús siguió siendo un misterio hasta junio de 2004.
Durante un trabajo de construcción para reparar una importante tubería de agua al sur del Templo del Monte, en Jerusalén, en el borde conocido como la Ciudad de David, los arqueólogos Ronny Reich y Eli Shukron identificaron dos antiguos escalones de piedra. Cuando las excavaciones se profundizaron, revelaron que formaban parte de un estanque monumental que provenía del período del Segundo Templo; el período en el cual Jesús vivió. La estructura descubierta por Reich y Shukron tenía 75 metros (225 pies) de largo, con esquinas que tenían un poco más de 90 grados, indicando una forma trapezoidal, con un final ensanchado y orientado hacia el valle de Tiropeón. El estanque es adyacente al área en la Ciudad de David conocida como el Jardín del Rey, ubicada justo al sudeste de los restos de la iglesia y el estanque del siglo quinto, originalmente reconocido como el sagrado sitio.
El estanque es alimentado por las aguas de la Fuente de Gihón, ubicada en el Valle del Cedrón.
Como muchos sitios de la Tierra Santa, los orígenes del Estanque de Siloé se remontan bien lejos en la historia –por lo menos siete siglos antes de la época de Jesús.
El rey de Judá Ezequías (a finales del siglo 8 aC) correctamente anticipó un sitio contra Jerusalén a manos del monarca asirio Senaquerib.
Para asegurarse de contar siempre con agua en la ciudad, Ezequías llevó a cabo un proyecto estratégico de ingeniería que sería considerado como una impresionante proeza, aún en tiempos modernos: Ordenó la excavación de una túnel de más de 500 metros (1.750 pies) por debajo de la Ciudad de David para llevar agua desde la Fuente de Gihón, que estaba afuera de los límites de la ciudad, hasta el Estanque de Siloé. En los años siguientes, el Túnel de Ezequías siguió llevando agua fresca a esa sección de Jerusalén y a otros estanques que fueron construidos en los siglos siguientes, incluyendo, por supuesto, el Estanque de Siloé en tiempos de Jesús.
¿Cuál era la función del Estanque en los tiempos de Jesús? El agua natural que fluía desde la Fuente de Gihón y hasta el Estanque de Siloé era utilizada para el ritual del lavamiento. Sin embargo, también era una importante fuente de agua fresca para los habitantes de ese lado de la ciudad. Aún sin saber exactamente cómo era utilizada en los tiempos de Jesús, el Estanque de Siloé sigue siendo un lugar de singular importancia para muchos cristianos, y su descubrimiento representa un momento significativo en el campo de la arqueología bíblica.