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Doxología de la Palabra de Dios

(Salmo 119)

(coro)

Tu Palabra me da vida,

confío en ti, Señor.

Tu palabra es eterna,

en ella esperaré.

(1)

Dichoso el que, con vida intachable,

camina en la ley del Señor

Dichoso el que, guardando sus preceptos,

lo busca de todo corazón.

(2)

Postrada en el polvo está mi alma,

devuélvame la vida tu palabra.

Mi alma está llena de tristeza,

consuélame, Señor, con tus promesas.

(3)

Escogí el camino verdadero,

y he tenido presente tus decretos.

Correré por el camino del Señor,

cuando me hayas ensanchado el corazón.

(4)

Este es mi consuelo en la tristeza,

sentir que tu palabra me da vida.

Por las noches me acuerdo de tu nombre,

al recorrer tu camino dame vida.

(5)

Repleta está la tierra de tu gracia,

enséñame, Señor, tus decretos.

Mi herencia son tus mandatos,

alegría de nuestro corazón.1

Este salmo, como pieza literaria, es único en su género dentro de los cantos de la Biblia.

Es por cierto la poesía más extensa de la Biblia y la más comprehensiva. Es el producto magistral de un corazón muy creativo. Tiene 22 estrofas (como letras tiene el alfabeto hebreo) y cada una de ellas con ocho juegos de líneas paralelas; empiezan todos con la respectiva letra del alfabeto. Se lo coloca entre los salmos sapienciales (de sabiduría) y su tema es la vida.

En este salmo, que abarca toda la riqueza de los restantes 149 salmos, se encuentran expresiones de bendición y de alabanza; hay palabras duras contra los malvados y dichos de aliento para el justo; hay acción de gracias, confesiones y lamentos; hay afirmaciones de confianza y consejos para la vida. Es decir, el Salmo 119 es un complejo enjambre de ideas y sentimientos porque habla de la vida humana en su expresión cotidiana.

El hecho de que el salmista haya estructurado el salmo y cubierto todo el alfabeto hebreo (algo así como de la “a” a la “z”) indica que su intención era abarcar todo lo que es el espacio y el tiempo de la vida humana. El Salmo 119 no se compuso para los momentos épicos o especiales de la vida, sino para el 90% o más del tiempo, cuando parece no pasar nada.

Pero en medio de toda esa maraña de la vida se levanta un canto a la palabra de Dios, que es en realidad un canto a Dios. Y en esta ocasión, en el contexto actual de nuestro mundo, quiero que meditemos en la enseñanza de este canto.

Obviamente, no me detendré a meditar en cada una de las 22 estrofas. Mucho menos trataré de explicar los 176 versículos que componen el salmo, ¡no nos alcanzarían varias revistas! Lo que quiero es resaltar los diferentes temas que sobresalen en la poesía.

Lo que sí debemos considerar es que hasta en su extensión y su carácter repetitivo, este salmo nos ofrece su mensaje. El propósito del Señor y del autor no es cansar o aburrir al lector. ¡Para nada! Tanto la extensión como la constante repetición del concepto de palabra de Dios en el salmo, acentúan el mensaje que la Biblia ha afirmado una y otra vez: La presencia constante y sobreabundante de la palabra de Dios en la vida de cada uno de sus hijos (véase Deuteronomio 6.6-9).

Al respecto, llama la atención lo que varios biblistas ya han señalado en la investigación de este escrito: El salmo es un ramillete de frases recogidas de los otros libros del canon hebreo, incluyendo los salmos.2 Una lectura reposada del salmo nos permite recoger en él, el espíritu de Deuteronomio y la literatura deuteronómica,3 las enseñanzas de Proverbios,4 y los discursos de Jeremías,5 sobre todo.

También pueden encontrarse en el salmo 119 rastros de Isaías y Job. En efecto, si consideramos la fecha de composición de este salmo –la mayoría lo coloca en el período posexílico–, podremos decir que el Salmo 119 es un extenso texto de promoción de la puesta en escrito de las Sagradas Escrituras que hoy componen casi todo el Antiguo Testamento. El Salmo 119, como lo parecen ser los Salmos 1 y 19, se produce en medio del calor y entusiasmo de la etapa final de la formación del canon hebreo.

Por ello la insistencia en depender 100% de la palabra de Dios; por ello es que se recogen textos y pensamientos de aquí y de allá, dentro del texto canónico.6

I – La palabra de Dios fundamento y contenido de la vida

Una lectura ininterrumpida del salmo, además de dejarnos casi exhaustos, nos deja impregnada en la memoria una sola idea: La palabra de Dios es factor decisivo y esencial para cada rincón de la vida.

1.- El énfasis en el tema de la Palabra es notorio. Además de los ocho sinónimos para referirse a ella, “ley”, “testimonios”, “mandamientos”, “estatutos”, “dichos”, “juicios”, “palabras”, “ordenanzas”, tenemos las palabras “camino” y “sendas”. A estos se le agregan todos los adjetivos que hablan de su eficacia en las diferentes áreas de la vida.

De acuerdo a Mays, este conglomerado de palabras no es tanto una lista de sinónimos para referirse a una sola entidad, sino más bien el vocabulario que se refiere a una variedad de escritos que cumplen una misma función. Esta lista tiene como propósito incluir todo aquello que sirva para instruir al hijo de Dios en los caminos del Señor y de sus siervos.7

2.- La palabra de Dios es “guía y consejero, luz y verdad, rectitud y lealtad; enseña, ilumina y hace sabio, da juicio y discreción, discrimina el bien del mal, retiene y libra de pecado, ensancha el corazón, consuela y da la vida, defiende y da la paz; es preciosa y amable, buena y dulce, durable, acrisolada, justa, vasta, maravillosa y temible”.8

3.- Por ser tan esencial para la vida, el creyente no puede hacer otra cosa que estudiarla, meditarla, recordarla y no olvidarla, buscarla, obedecerla y cumplirla; el cristiano la elige, la ansía, es el objeto de su amor, afección, celo y placer. En ella está su seguridad, confianza y esperanza. Ella es la fuente de su dicha total.

Los tres puntos anteriores no nos dejan otra opción que la de recalcar la importancia y necesidad impostergable de aprender de memoria la palabra de Dios y de interiorizarla:

v.16: No me olvidaré de tus palabras

v.93: Nunca me olvidaré de tus mandamientos

v.97: ¡Oh, cuánto amo yo tu ley!

Todo el día es ella mi meditación

v.98: Tus mandamientos siempre están conmigo

v.105: Lámpara es a mis pies tu palabra,

Y lumbrera a mi camino

v.110: Yo no me desvío de tus mandamientos

v.111: Por heredad he tomado tus testimonios

para siempre

v.112: Mi corazón incliné a cumplir tus estatutos

De continuo, hasta el fin

v.129: Tus testimonios (…) he guardado en mi alma

v.141: No me he olvidado de tus mandamientos

v.153: De tu ley no me he olvidado

v.176: No me he olvidado de tus mandamientos.

El Salmo 1.2 dice: En la ley de Jehová está su delicia y en ella medita de día y de noche. En el espíritu de todos estos versículos, Deuteronomio 6.6-9 (véase también Deuteronomio 31.9-13) nos enseña: «Grábate en la mente todas las cosas que hoy te he dicho, y enséñalas continuamente a tus hijos; háblales de ellas, tanto en tu casa como en el camino, y cuando te acuestes y cuando te levantes.

Lleva estos mandamientos atados en tu mano y en tu frente como señales, y escríbelos en el marco de la puerta de tu casa y en las puertas de tus ciudades». Al nuevo líder de los peregrinos hebreos hacia la tierra prometida, Josué, Dios le insistió más de una vez (Josué 1.7-8): «Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien». Esdras 7.10 es un excelente resumen de lo anterior y una caracterización del maestro, líder y padre de acuerdo a la Biblia.

Todo padre y madre cristianos, si de verdad están comprometidos con la enseñanza de vida cristiana integral de cada miembro de su familia, no pueden menos que esforzarse que la palabra de Dios se anide profundamente en la mente y corazón de sus hijos (véase 2 Timoteo 3.14-17).

Vivimos en una época en la que la propaganda y el estilo de vida penetran en la mente de nuestros hijos hasta el subconsciente, porque ellos sí han aprendido el método pedagógico de Deuteronomio 6.6-9. Pero los hogares cristianos y las iglesias todavía no despiertan a esa realidad.

II – La palabra de Dios en el contexto de la vida

1- Pero regresemos al Salmo 119 para ver qué nos dice al respecto: mezclados entre las declaraciones de la excelencia de la Palabra, van, mano a mano, súplicas, lamentos y quejas de la situación presente del justo.

2- El justo vive en una sociedad adversa y hostil a la palabra de Dios (vv. 139, 150). El salmista vive en medio de gente que se burla de su fidelidad a la Palabra (vv. 42, 51), de gente mentirosa (vv. 69, 118), calumniadora (v.78); hipócrita (v.113).

Gente que no sólo hiere con la boca y las palabras, sino que atenta contra la vida del justo. Leer el salmo en este contexto es serio y radical. En realidad sólo cuando se toma en serio el contexto de peligro y zozobra en que vive el justo, es que puede comprenderse qué tan hondo y firme está la fortaleza que mana de la palabra de Dios.

La vida y compromiso de muchos que se consideran cristianos me obliga a pensar que una gran cantidad de jefes de familias no se han dado cuenta del peligro en el que viven inmersos ellos y sus hijos. Toda la familia, y con ella la sociedad en su totalidad, vive gobernada por los dictámenes de nuestra sociedad actual, denominada posmoderna. Esta sociedad ha sido construida sobre, por lo menos, cuatro pilares:

1. Materialismo: Es tan poderoso que se ha convertido en la fuente de nuestra identidad. Si nuestros muchachos en la escuela o el colegio no usan Reeboks o Nike Air, y no llevan pantalones de tal o cual marca, son despreciados y ridiculizados. Las noticias nos informan que varios muchachos han sido asesinados para robarles sus zapatos o ropas de moda. El materialismo es el símbolo del éxito. Si no lo tenemos ¿para qué vivir?

2. Consumismo: La televisión y los anuncios en las calles, carreteras, transporte público, y demás, hacen que los jóvenes vean unos cien anuncios comerciales cada día, es decir, unos 30.000 a 40.000 al año. La exagerada cantidad se explica cuando consideramos que los anuncios no sólo se dan en los cortes comerciales de la televisión, sino también en los mismos programas y películas.

Es ilustrativo considerar que Walt Disney Studios, por 20.000 dólares hace aparecer un producto comercial en la película; por $ 40.000, hace que la etiqueta del producto aparezca visiblemente a los ojos del espectador; por $ 60.000, el héroe o heroína de la película usa el producto.

“… nadie puede escapar a los efectos avasalladores de los anuncios. Se van filtrando sin cesar en nuestro subconsciente, influyen sobre la forma en que gastamos nuestro dinero, y nos van formando una imagen de nosotros mismos, de nuestros amigos y del mundo en general. De este modo, contribuyen a crear los móviles de nuestras acciones, las ambiciones que nos hacen avanzar y los valores que determinan nuestras relaciones humanas”.9

3. Individualismo: Se manifiesta en una sociedad permisiva y relativista: “No me importan los demás; yo hago lo que se me antoje y me haga feliz; cambio cónyuge e hijos, de igual modo que lo hago con trabajos y amistades. Todos ellos son temporales; después de todo, yo soy lo que importa. El mundo gira a mi alrededor. Soy el centro”.

4. Hedonismo: Se podría definir “el placer como el fin de la vida”. El hedonismo invita a pasarla bien, sin el compromiso de respetar los valores de la generación pasada. Es un rechazo a la razón y un sí a los sentidos. Con él se apunta a la muerte de los ideales, al vacío de sentido, y a la búsqueda de sensaciones cada vez más nuevas y excitantes.

Con todo lo dicho anteriormente ya no nos es difícil interpretar y darle nuevo sentido a las siguientes expresiones del salmista: “Príncipes se sentaron y hablan contra mí.” (v. 23). “. . .me persiguen” (v. 85). “Ayúdame contra los que han cavado hoyos (…) y me persiguen sin razón” (vv. 85-87). Vive su vida en constante peligro de muerte (v. 109). El salmista canta la palabra de Dios en medio de la opresión (vv. 121-122, 134). Él sabe que ese es el único medio para contrarrestar y anular el poder de la voz de la Serpiente.

III – El salmo encarnado en Jesús

Cuando leemos sobre la vida de Jesús, nos damos cuenta lo poderosa que es la palabra de Dios. Es importante considerar que sólo después de haber demostrado al mismo diablo el poder de vida de la palabra de Dios, Jesús inicia su ministerio de poder (Mateo 4.1-11; cf. Salmo 119.41-43). Es en Jesús que la Palabra se actualiza y recobra nueva vida (Mateo 5.17). Es en Jesús que la Palabra es vida (Juan 1.14). Por ello, los discípulos sólo pueden predicar una palabra de eficacia y de vida cuando van acompañados de la palabra autoritativa de Jesús, su Señor (Mateo 28.18-20) y cuando esa palabra lleva el poder del Espíritu de verdad.

IV – El salmo en nuestras vidas

¿Cuál es nuestra actitud hacia la palabra de Dios? ¿Qué lugar y efecto tiene en nuestras vidas? Pablo y Silas, al igual que Jesús, aprendieron e interiorizaron la Palabra divina, y la usaron en cada momento de sus vidas, especialmente en momentos de emergencia, peligro y tentación. Pablo y Silas cantaron himnos y salmos al Señor en medio del sufrimiento y la prisión.

Hagámonos estas preguntas en el contexto de nuestra América Latina que nos toca vivir. Pensemos en el mundo de hoy, en los gobernantes, en las escuelas, en las empresas, en las familias. Pensemos en nosotros. Pensemos en las generaciones que nos siguen: ¿qué herencia les dejamos?

Tu Palabra me da vida…

1 (1) Juan Antonio Espinosa, El Señor es mi fuerza, Editorial Apostolado de la Prensa, S. A., Madrid, 1970, pp. 44-47.

2 (2) James L. Mays, “The Place of the Torah-Psalms in the Psalter”, Journal of Biblical Literature 106 (1987): 7. Véase también A. Deissler, Psalm 119(118) un seine Theologie, Münchener Theologische Studien 1/2, Munich: Zink, 1955, pp. 270-280; Jon D. Levenson, “The Sources of Torah: Psalm 119 and the Modes of Revelation in Second Temple Judaism”, Ancient Israelite Religion, ed. por P. D. Miller, P. D. Hanson y D. McBride, Fortress Press, Philadelphia, 1987, pp. 563-567.

3 (3) Esto puede decirse de la presencia de la palabra “observar” y la expresión “con todo el corazón” en el salmo 119 y la literatura deuteronómica. Llama también la atención la presencia de los varios sinónimos de “palabra”, tanto en este salmo como en Deuteronomio (cf. Dt 4.1-6).

4 (4) Véanse como ejemplos, Prov 13.13-15; 28.4-5.

5 (5) Véase, por ejemplo, Salmo 119.23 en relación con Jeremías 36.1-26; 119.84 con Jeremías 15.15; 119.85 con Jeremías 18.20, 22; 119.115 con Jeremías 50.34. Datos tomados de Levenson, p.563.

6 (6) Sobre estas ideas, véase Mays, p. 4.

7 (7) Mays, p. 7

8 (8) Angel González, El libro de los Salmos (Barcelona: editorial Herder, 1966), p. 544.

9 (9)Guía del Tercer Mundo 91/92: Países y temas del mundo vistos desde el Sur, Instituto del Tercer Mundo, Montevideo, 1990, p. 136.

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