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Palabras de esperanza y ayuda en medio de desastres naturales en Guatemala

Palabras de esperanza y ayuda en medio de desastres naturales en Guatemala

Andrea Rhodes

En 2010, la Sociedad Bíblica de Guatemala (SBG) desarrolló una campaña en respuesta a los desastres naturales que devastaron partes del país, a fin de llevar ayuda y esperanza a decenas de miles de personas y motive a los cristianos a alcanzar y ayudar a los que están atravesando profundas necesidades.

Foto: Una anciana sostiene, alegre, un paquete de ayuda humanitaria y Escrituras que acaba de recibir a través de la campaña de la SBG: «No temas, Guatemala».

«No temas, Guatemala» es una campaña que se lanzó en junio de 2010 después de la erupción volcanic, cercana a la capital del pequeño país, que obligó a miles a abandonar sus hogares, a lo que se sumó el ciclón Ágata, que llevó muerte y destrucción a la ya vapuleada ciudad.

«Fue un tiempo excepcionalmente difícil para Guatemala, con cientos de miles de personas afectadas y con profundo temor y desaliento», comentó el director de programas de la SBG, Marco Martínez. «Lo que buscábamos era recordar a la gente las promesas de Dios, y llevarles ayuda práctica, asociándonos con las Iglesias. Para tal fin, lanzamos “No temas, Guatemala”, basada en Isaías 41.13. Aunque también enfatizamos otros versículos como parte de la campaña, como Mateo 5.7: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos serán tratados con misericordia” (Reina Valera Contemporánea).»

500.000 personas

A través de los distintos medios de publicidad, se llegó con el mensaje de misericordia a más de 500.000 personas, en la ciudad capital.

A fin de llevar la ayuda y las palabras de esperanza, personal de la SBG y miembros de las Iglesias recorrieron las 14 áreas más afectadas por los desastres naturales. Fue en esos lugares donde, especialmente, se distribuyeron los paquetes de ayuda y las Escrituras. Comida, medicinas, ropa, juguetes y Escrituras fueron distribuidos entre casi 40.000 personas.

Uno de las voluntarias comentó: «La comida trajo alivio a muchos, pero su necesidad más grande era que alguien los escuchara y les diera una palabra de esperanza y aliento. Las Escrituras provistas por la SBG fueron recibidas con ansias y en búsqueda de esperanza

Consolación

Una mujer, Margarita, cuyo hogar fue destruido por ríos de lodo, lloraba en los hombros de las voluntarias, y decía: «¡Estoy tan enojada!, siento como si tuviera piedras en mi estómago». Margarita era una de las personas que necesitaron cobijarse en tiendas de emergencia. Ella recibió comida y ropa, y también Escrituras en audio. Mientras comía, escuchaba la Biblia y se consolaba con las palabras de Evangelio.

Invasión de mosquitos

La gente de Santa Ana Mixatán, fueron de los más afectados. Al desastre natural, rápidamente se le sumaron millones de mosquitos que hicieron su vida aún más difícil. Con los campos destruidos, la población no contaba con suficiente comida y el agua estaba contaminada y repleta de larvas de mosquitos. Esta situación, rápidamente enfermó a los más débiles, niños y ancianos.
«No tenemos esperanza pues la tormenta es solo el comienzo de un invierno que traerá necesidades imposibles de cubrir», decía un anciano a un grupo de voluntarios de la SBG.

Pero el espíritu de la gente fue rápidamente levantado por la comida y las Escrituras llevadas por la gente de la SBG y las iglesias.
Como los caminos también habían sido destruidos en muchas partes, los voluntarios de la SBG y las iglesias muchas veces tenían que pedir la ayuda de vehículos especializados para recorrer las zonas más afectadas.

Las caras cambiaban dramáticamente

«Cuando las personas veían lo que traíamos para ellos, sus rostros cambiaban dramáticamente», dijo Juan Mejía, un empleado de la SBG. «Estaban muy felices con la comida, la ropa y las medicinas y, especialmente, con las Escrituras»
«Una anciana que no sabía leer, me pidió un Nuevo Testamento pues quería que su nieto se lo leyera. Otro anciano, que no podía caminar, no quiso perderse nuestra visita por lo que sus vecinos lo trajeron hasta nosotros. ¡Su rostro irradiaba felicidad!

»Ver los hogares de tantas personas totalmente destruidos fue una experiencia terrible, pero una Escritura vino a mi mente. Josué 1.9 dice: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo dondequiera que vayas”.

»Estábamos exhaustos por nuestra visita, pero nuestro corazón fue realmente tocado al ayudar a esta gente que había perdido todo. Fue la primera vez que muchos voluntarios se han involucrado en una tarea como esta. La recompensa fue doble: primero para las personas a quienes les llevamos ayuda y esperanza, pero sin dudas aquellos que tuvimos el privilegio de ir y brindar una mano a los más desamparados, salimos con el corazón lleno de gozo y agradecido a Dios por esta oportunidad

http://www.notemasguatemala.org

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Esperanza restaurada en el camino

Esperanza restaurada en el camino

Max Lucado

¿Qué se necesita para restaurar tu esperanza?

¿Qué necesitarías para brindar nuevas energías a tu jornada?

Aunque las respuestas son abundantes, tres vienen rápidamente a la mente. La primera sería una persona. Pero no cualquier persona. No necesitas de alguien que esté tan confundido como tú. Necesitas de alguien que conozca el camino.

Toma confiadamente su mano

Y a partir de él, necesitarás una visión. Necesitas que alguien levante tu espíritu. Necesitas de alguien que mire tu rostro y diga: «Este no es el final. No dejes de luchar. Hay un lugar mejor. Y yo te guiaré a ese lugar».

Y, quizás, lo más importante, necesitas una dirección. Si tienes únicamente una persona pero no una visión renovada, solamente obtendrás una compañía. Pero si tienes una persona con una dirección –que pueda llevarte desde donde estás al lugar correcto–, tendrás, entonces, a alguien que puede restaurar tu esperanza. O, para usar las palabras de David, «Él restaura mi alma». Nuestro pastor se especializa en la esperanza que restaura el alma. Ya sea que fueras una oveja perdida a pasos de un precipicio, o una que va en camino de perder toda esperanza, todo cambia cuando el rescatador aparece.

Tu soledad disminuye, pues tendrás comunión.

Tu desaliento decrece, pues tendrás una visión.

Tu confusión empieza a disminuir, pues tendrás una dirección.

Por favor, ten en cuenta que no habrás dejado la jungla. Los árboles todavía eclipsan el cielo, y las espinas aún lastiman tu piel. Los peligros todavía acechan. La jungla es aún una jungla; no ha cambiado, pero tú sí habrás cambiado. Habrás cambiado porque ahora tienes esperanza. Y tienes esperanza porque te has encontrado con alguien que puede guiarte por el buen camino. Tómate de su mano y camina confiado.

Tu pastor sabe que no has sido concebido para estar en ese lugar. Él sabe que no estás equipado para estar en ese lugar. Por lo tanto, él ha venido para guiarte hacia donde él está.

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Esperanza eterna

Esperanza eterna

Como teóloga, Deanna Thompson comprende la reticencia colectiva de hablar sobre la vida después de la muerte. Pero como enferma de cáncer, quiere profundiza cada día más.

Deanna Thompson

Mi historia de vida con cáncer empezó con mi espalda fracturada y un diagnóstico desolador: Cáncer de mama, etapa IV, que se había diseminado por más de una docena de lugares en mis huesos. Tenía cáncer y estaba mal. En cuanto al progreso del cáncer el mío había llegado a la etapa más avanzada.

Pero mi historia de vida golpeada por cáncer continúa basada en la esperanza. El camino desde la fractura a la esperanza ciertamente no ha sido lineal. Que mi vida continúe basada en la esperanza no significa que el miedo haya desaparecido o que no desearía ser una persona sana.

Que mi vida continúe basada en la esperanza significa que estoy aprendiendo a confiar que la gracia es suficiente para hoy, para mañana y aún más allá. Que sin importar lo que me suceda, yo sé que la gracia continuará acompañándome por el resto de mi viaje por esta vida y aún de la próxima.

Cuando pienso cómo el hecho de tener cáncer ha cambiado mi manera de pensar y hablar acerca de la esperanza, me he dado cuenta que cuántos teólogos como yo tienen tanto para decir acerca del presente pero aparentemente poco sobre el futuro, es decir, acerca de la vida después de la muerte.

Sin dudas comprendo la reticencia colectiva sobre el tema. La historia cristiana está repleta de teologías que no consideran la vida presente para elaborar visiones de la vida futura. En nuestra generación nos hemos abocado más a estudiar y analizar un cristianismo enfocado en el hoy, especialmente en las injusticias que impactan nuestra existencia terrenal. Cuando hablar del cielo resulta en devaluar la vida sobre la tierra, hay un problema. La fe cristiana es una fe enfocada en lo porvenir y no debe ser condicionada por la vida en la tierra.

Como una enferma de cáncer que también es una teóloga, veo la necesidad de más estudio teológico sobre cómo hablar del cáncer mientras hablamos de la fe. A decir verdad, Jesús empleó mucho de su tiempo no hablando acerca del futuro, sino acercándose a los desposeídos y sanando a los enfermos, sin embargo, todo en él miraba hacia el futuro, junto a Dios. Su meta era cumplir obedientemente la voluntad del Padre y regresar a su lado. Necesitamos hablar más sobre cómo las encarnaciones contemporáneas del cuerpo de Cristo están al lado de aquellos con cáncer y participan en las posibilidades de una sanidad.

Muchas veces olvidamos que la vida que Dios ofrece no tiene límites de tiempo. La Biblia está llena de promesas de una vida con Dios no solamente aquí y ahora, sino también más allá de la tumba.

Para aquellos que batallamos para confiar en esas promesas –aún en medio de condiciones mortales– oír que hay más que un diagnóstico terminal, y que la vida de Dios, aún en medio de terremotos emocionales, ofrece una esperanza eterna, es esencial para seguir adelante. El sufrimiento en este mundo no tiene la palabra final, y esto es una parte esencial de las buenas noticias.

La esperanza de la que estoy hablando, es una esperanza que comienza con lamento, en el «¿Por qué, Dios?», proclamado en medio de la tristeza y la desazón que llenan nuestras vidas. Clamar a Dios reconoce la tristeza y demuestra que esperamos por más.

Pero la esperanza que se levanta desde el lamento es, a menudo, dolorosamente ambigua. Esperamos el gozo de un futuro con Dios mientras consideramos nuestros sufrimientos, temores, y aún el doloroso reconocimiento de nuestra mortalidad.

Muchas veces, obsesionados en el aquí y en el ahora, nos olvidamos de que la vida cristiana, aún en medio de la niebla y del dolor, sigue siendo una vida que marcha de acuerdo a la voluntad de Dios y que nuestros ojos siempre deben estar puestos en el verdadero propósito para cada uno de nosotros, estar con Dios eternamente y para siempre.

El apóstol Pablo afirma que en esperanza hemos sido salvados; también escribió que no hay nada que pueda separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús. En el corazón de esta visión de vida descansa la afirmación de que nuestra vida continuará por siempre junto a Dios. Ya sin dolor, ni enfermedad.

Mi vida, alterada poderosamente en el pasado año, fue sostenida por mi esposo, mis hijas y la profunda convicción de una esperanza eterna, y todo esto me ha convencido que la buena mano de Dios me acompañará cuando tenga que transitar por el valle de la muerte y me llevará a sus moradas eternas sin que su amor por mí resulte disminuido en lo más mínimo. Mi enfermedad está siendo tratada de la mejor manera posible y sigo teniendo esperanzas de una recuperación –parcial o total. Mientras Dios me dé vida, espero confiadamente en él, y cuando llegue el momento de pasar de esta vida a la otra, lo haré descansando plenamente en él.

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La Palabra de Dios

La Palabra de Dios

biblia1Euclides Ardila Rueda

Ni el más acérrimo ateo desconoce las enseñanzas que nos dejan las Sagradas Escrituras. La Biblia esté redactada en arameo, inglés, español o en cualquier otra lengua, es sin duda el libro más importante que se haya escrito en la historia de la humanidad. Es el texto de la esperanza, de la sabiduría, de la historia y, por supuesto, de la buena lectura.

Es cierto que este documento ha ejercido una gran influencia durante siglos y que, incluso, algunos se han vuelto fanáticos. Sin embargo, recorrer las páginas de esta monumental obra nos permite hacer un desfile por las vidas de grandes personas: gobernantes, héroes, artistas, obreros y soñadores, etc. y aprender de todos ellos.

Todos aquellos que desde temprano han aprendido a estudiar La Biblia, saben extractar las riquezas espirituales que hay allí, entre otras cosas, porque cada línea tiene la versión exacta de las cosas; así como la misma bendición de Dios.

Hace poco menos de cinco años, los editores de un viejo periódico se atrevieron a decir que independientemente de las figuras metafóricas que se puedan leer en muchos de los capítulos de La Biblia, no ha existido ningún «informativo», por decirlo así, que haya revelado mejor los hechos que el citado Libro Sagrado.

Los comunicadores aseguraron que en estos textos se muestra la verdad, que es tan básica como la vida misma o como las noticias que diariamente se deben registrar en cualquier publicación o medio informativo.

La Biblia, por ejemplo, nos invita a ser honestos. Recordará que en algunos de sus pasajes se lee cómo le agradó a Dios que David confesara su adulterio; porque sólo cuando escribimos y actuamos con la verdad podemos recuperar nuestro honor.

¿Por qué escogimos este tema para hoy?

Porque hablar de la Biblia es analizar la palabra inspirada de Dios. Leer al menos un pasaje al día puede llegar a ser bálsamo para cualquier persona, esté o no atribulada por los problemas.

Da tristeza que muchos hayan alejado este documento de sus vidas. De hecho, para algunos el tema de Dios no ocupa un lugar en sus corazones.
Claro está que resulta preciso hacer una aclaración en torno al tema de la lectura de los mensajes bíblicos. Y es que en la vida se necesita algo más que repasar sus capítulos; es preciso poner en práctica sus inspiradas enseñanzas. De lo contrario, no tendría sentido hablar de esto. ¿Le ha impactado alguna noticia? ¿Está deprimido? ¿A pesar de que lo tiene todo, sufre de ansiedad?

Le caería bien leer La Biblia e intentar poner en práctica algunos de sus mensajes. Con ella podría desterrar el virus de esas preocupaciones que lo asaltan, se alejaría de la desesperación. En medio de tantas vicisitudes, entendería que todo es posible, si tiene la fe suficiente para sobreponerse a la adversidad.

Estas líneas sólo quieren acercarlo un poco más a las páginas de este libro, el cual le puede ayudar a vivir mejor, a encontrarle mayor sentido a su mundo e incluso le enseñará toda la magia que se encierra en el arte de servir.

124765131795045256-quepintaDios¿Para qué leer La Biblia?

• Para aprender a conocerse mejor.
• Para entender el mensaje de Dios.
• Para aumentar su fe y creer más en que todo es posible.
• Para encontrar una voz de aliento.
• Para honrar su propia palabra y escudriñar su consciencia.
• Para no alejarse de sus sueños.
• Para que sea más fuerte espiritualmente.
• Para que su oración tenga más fuerza.
• Para encontrar paz.
• Para que pueda asumir las decisiones de su vida.
• Para crecer como persona.
• Para aprender a pedirle a Dios.

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Vivir y morir sin Dios

Vivir y morir sin Dios

El periodista Franz-Olivier Giesbert utilizó un buen número de horas con el ex-presidente de Francia, ya fallecido, Francois Mitterand, y muchas de esas horas fueron dedicadas a discusiones sobre la muerte.

Aunque nació en un hogar Católico Romano, Mitterand se convirtió en un ardiente gnóstico. En su libro «Dying without God: Francis Mitterand´s Meditations on Living and Dying» (Morir sin Dios: Meditaciones de Francis Mitterand sobre vivir y morir), Giesbert arrojó considerable luz sobre la comprensión de Mitterand sobre morir sin creer en Dios.

CRUZGiesbert describe a Mitterand como un «Nietzscheniano hasta el día de su muerte». Mitterand se describía a sí mismo como un místico con una mente racionalista. Él no negaba que pueda existir alguna forma de trascendencia, pero describía la idea de que su espíritu pueda sobrevivir a su muerte como algo «embarazoso».

Al final, Mitterand murió de la manera en que vivió, sin Dios.

La visión secular sobre la vida y la muerte representa a una entera generación europea de intelectuales y figuras políticas. Profundamente comprometidos al ateísmo, agnosticismo, existencialismo o marxismo; estos intelectuales dejaron afuera a Dios. Muchos de ellos murieron sin temor de Dios y sin fe en Dios.

Pocos días atrás, murió otro intelectual europeo muy conocido: José Saramago, escritor portugués, ganador del premio Nobel en 1998 y un activo ateo. Pública y permanentemente, Saramago dejó bien en claro que no solo no creía en Dios sino que se burlaba de la idea de Dios en general y del cristianismo en particular. Sus novelas no dejaban de ofender al cristianismo y a Dios.

Desde nuestra perspectiva cristiana, morir sin creer en Dios es morir sin temor al juicio y sin esperanza de resurrección. Morir sin Dios es morir completamente solo.

Mucho podríamos decir acerca de Mitterand y Saramago en cuanto al ateísmo y a la muerte. Lamentablemente para ellos y para tantos otros que mueren sin Dios cuando se den cuenta de su gran equivocación será demasiado tarde. Pero para nosotros, los que quedamos y sí tenemos fe en Dios, es un llamado de atención. Los casos como los de Mitterand y Saramago no son la excepción, hay otros, quizás menos conocidos, que también eligieron vivir y morir sin Dios. Esto debe ser una llamada de alerta para que prediquemos a tiempo y a fuera de tiempo la verdad de Dios. Nuestra predicación así como nuestras vidas deben convertirse en poderosos faros de la verdad de Dios. Debemos vivir vidas que merezcan ser imitadas y que impulsen a los que nos rodean a acercarse a Dios por nuestro ejemplo y predicación.

Amado Dios, que nuestras vidas sean ejemplo y nuestras bocas se abran permanentemente para comunicar las buenas nuevas que pueden cambiar las vidas de los hombres, así como modificar su destino eterno.

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Confían más en Dios que en los médicos

Confían más en Dios que en los médicos

CHICAGO – Una encuesta reveló que la mayoría de estadounidenses considera que Dios es más efectivo que los mejores médicos cuando se trata de salvar vidas en serio peligro y por eso no pierden con facilidad la esperanza ante situaciones límite.

La revista especializada Monday Archives of Surgery encargó la encuesta. El 57 por ciento de los entrevistados consideró que la intervención divina puede salvar a un miembro de su familia aún cuando los médicos crean que el tratamiento es inútil. Y casi el 75 por ciento apoya que los pacientes desahuciados exijan estos tratamientos.

El sondeo entrevistó por teléfono a unos mil adultos estadounidenses elegidos al azar, también se entrevistaron a 774 médicos, enfermeras y otros trabajadores de la salud, que respondieron a preguntas hechas por correo. [Tomado de ACIPrensa, Perú]

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