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5 millones de evangélicos brasileños “Marchan para Jesús”

5 millones de evangélicos brasileños “Marchan para Jesús”

24 de junio de 2011, BRASIL (SAO PAULO)

Es el mayor número de personas en un solo evento en toda la historia de Brasil.

En Sao Paulo, Brasil, la “gran marcha evangélica para Jesús” abarrotó la avenida principal del centro de la ciudad con 5 millones de fieles procedentes de todo el territorio brasileño.

La marcha tuvo este año como lema “La marcha de la fe”. En la cita participaron 38 caravanas que llegaron de diferentes puntos de la geografía brasileña.

CINCO MILLONES DE PERSONAS
La marcha, celebrada el 23 de junio (el mismo día del Corpus Christi Católico) reunió una nueva cifra récord de personas en un evento brasileño en comparación con otras marchas de todo tipo y enfoque, incluyendo la “Marcha para Jesús” del año pasado, que reunió 3 millones de fieles.
La marcha evangélica de hace unos días las superó por un amplio número de manifestantes.

PREDICACIONES Y GOSPEL
En el evento, que fue acompañado de mensajes pastorales, ocuparon el centro de atención diez carros alegóricos que montaron músicos del género Gospel. “Trío eléctricos” es como llaman a estos gigantescos carros de sonido animados por artistas.

En total fueron 38 espectáculos musicales los que se realizaron en la plaza Héroes de la Fuerza Expedicionaria Brasileña (FEB), lugar en el que terminó la marcha. Se remató así la participación musical y el cierre de la Marcha.

Fuentes: , , Efe, , , The Christian Post
© Protestante Digital 2011

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Carrera de Velocidad o de Resistencia

Carrera de Velocidad o de Resistencia

En la Palabra de Dios se emplea la imagen de un corredor para dar a entender que el creyente tiene ante sí una meta.

«Fijemos la mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo que le esperaba sufrió la cruz y menospreció el oprobio, y se sentó a la derecha del trono de Dios.»
Hebreos 12.2 RVC

Así como el atleta que hace el mayor esfuerzo para alcanzar la línea de llegada lo más pronto posible, el apóstol Pablo proseguía “a la meta”. Él había sido “asido por Cristo”; su vida había sido radicalmente transformada. Al dejar a un lado todo lo que podía distraerle, con todo su ser tendía hacia Cristo.

La carrera de la fe tiene una meta: estar con Cristo en la gloria.

No nos dejemos detener o retrasar por nada de lo que podría estorbar esta carrera: las dificultades, las preocupaciones, pero también el pecado.

El creyente puede contar con Dios para acabar su carrera y obtener el premio del vencedor. El alimento y la fuerza hallados en la lectura de la Palabra de Dios y en la oración lo estimulan para correr con perseverancia, “puestos los ojos en Jesús”.

Fuente: www.Amen-Amen.net

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Jesús venció al pecado

Jesús venció al pecado

César Aníbal Villamil

Eduardo Jordá, periodista del diario Sevilla, dice: «NO me extraña que cada vez se consuman más psicofármacos. Nos resulta difícil aceptar las cosas tal y como vienen, y por eso dormimos mal o sufrimos frecuentes crisis de ansiedad o episodios recurrentes de angustia. Aun en tiempos de vacaciones. Y es fácil adivinar por qué. Nuestros abuelos sabían que la vida era difícil y que en cualquier momento se podían torcer las cosas. Su vida no era muy diferente de la vida que se describía en la Biblia. Estaban acostumbrados a los reveses de la fortuna, las desgracias familiares, los cataclismos, las epidemias o incluso las guerras. Sabían que todo eso formaba parte de la vida, y que las personas afortunadas eran aquellas que vivían sólo una pequeña porción de la aflicción general que le estaba reservada al ser humano. Las demás tenían que conformarse con la carga habitual de infortunios y desdichas.

Pero nosotros estamos acostumbrados a vivir en un estado permanente de seguridad. Y si algo altera esa sensación de que todo está en orden, o si de pronto nos asalta la sospecha de que nuestra vida no discurre como nos gustaría que discurriera (o mejor dicho, como nosotros creemos que debería discurrir), en seguida nos venimos abajo y empezamos a sentir un insoportable desasosiego que se apodera de nosotros y que no nos deja en paz en ningún momento. Y entonces no nos queda más remedio que recurrir a la medicación, a esos psicofármacos que nos ayudan a dormir o a reconciliarnos con todos los aspectos de nuestra vida que no conseguimos aceptar o explicarnos.

Existen los problemas laborales, las crisis sentimentales, las molestias de la vida en común. Existen las decepciones. Existen las enfermedades. Existe la soledad. Y como no nos vemos capaces de enfrentarnos a todas esas amenazas, acabamos consumiendo más y más cantidades de psicofármacos».

El autor de la nota citada tiene razón. No queremos pasar por situaciones dificultosas. Quizás, como dice la nota, estamos acostumbrados a una vida sin mayores inconvenientes. Es verdad.

Pero es solo parte de la verdad. La otra verdad, por llamarlo de alguna manera, es que el autor escribe desde su oficina del Primer Mundo, donde la realidad es bien diferente a la que estamos acostumbrados en América Latina, o en el resto del llamado Mundo en desarrollo. La otra verdad, como decíamos más arriba, es que las dos terceras partes de las personas del mundo tienen las necesidades básicas insatisfechas. Mil millones de personas se van a la cama cada día con hambre. Mil millones de personas. Niños, jóvenes, adultos y ancianos. Mil millones de ellos. Cada día. Con hambre.

Sin embargo, según las Naciones Unidas, el mundo produce alimento para dar de comer a 7.800 millones de personas. Es decir, 20 % más de lo necesario para alimentar a toda la población mundial. ¿Qué pasa con la comida que sobra? Se tira. ¿Cuánta comida se tira cada día? El cálculo es sencillo: 20 % de la comida producida más lo correspondiente a los mil millones de personas que van a la cama con hambre cada día. ¡Dios nos perdone! ¿Cómo puede ser?

En círculos cristianos, siempre escuchamos hablar de las consecuencias del pecado. La mayoría de las veces, el término se refiere a las consecuencias personales y de las personas que nos rodean cuando pecamos. Es así. El pecado tiene consecuencias directas para el que lo comete y para aquellos que rodean al pecador. Si, por ejemplo, una persona se emborracha, sus hijos pagan las consecuencias de su pecado sin tener nada que ver. ¡Es injusto!, podríamos decir. Es verdad, pero así es el pecado; trae consecuencias para el pecador y su entorno.

Pero el pecado también tiene consecuencias globales. ¿Por qué hay tantas personas que se van a la cama sin comer cada día? A causa del pecado. ¿Por qué hay países, regiones y aún continentes con enfermedades que ya son pandemias, aunque pueden ser controlables con medicaciones que ya existen? ¿Por qué no se utilizan esas medicinas para paliar esas situaciones? A causa del pecado. Se prioriza el dinero a la salud de la gente.

Jesús, la noche de la crucifixión, dijo: «Estas cosas les he hablado para que en mí tengan paz. El en mundo tendrán aflicción; pero confíen, yo he vencido al mundo» (Juan 16.33, RVC). Jesús sabía de las consecuencias del pecado y hacia a dónde nos estaba llevando. Pero depositar nuestra confianza plena en él nos brinda su paz. Aquella misma noche, Jesús les había dicho: «La paz les dejo, mi paz les doy; yo no la doy como el mundo la da. No dejen que su corazón se turbe y tenga miedo.» (Juan 14.27, RVC).

El apóstol Pedro comprendió la enseñanza. Años después, en su primera carta escribió: «Amados hermanos, no se sorprendan de la prueba de fuego a que se ven sometidos, como si les estuviera sucediendo algo extraño.» (1 Pedro 4.12, RVC). Lo sorprendente sería no experimentar pruebas.

Santiago va aún más allá, cuando dice: «Hermanos míos, considérense dichosos cuando estén pasando por diversas pruebas. Bien saben que, cuando su fe es puesta a prueba, produce paciencia. Pero procuren que la paciencia complete su obra, para que sean perfectos y cabales, sin que les falte nada.» (Santiago 1.2-4, RVC).

La propuesta de Jesús continúa. No teman, yo he vencido a este sistema perverso y pecaminoso. Confíen y descansen en mí. El apóstol Juan dice: «El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto se ha manifestado el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo.» (1 Juan 3.8, RVC). Jesús vino, según sus propias palabras: «Para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia». (Juan 10.10, RVC).

Este sistema pecaminoso, al que llamamos mundo, está regido por el diablo pues, como dice la Biblia, «el diablo es el príncipe de este mundo», pero Jesús vino a deshacer las obras del diablo; y lo venció en la cruz y la resurrección. En el mundo tendremos aflicción, eso es seguro. Pero también es seguro que si depositamos nuestra vida en las manos de Jesús, confiamos en él y obedecemos sus mandamientos, él nos ayudará a pasar por los dolores y sufrimientos, tomados de su amorosa mano. Jesús comprende nuestro sufrimiento, descansemos en él.

Recordemos, para finalizar, el Salmo 23:

«El Señor es mi pastor, nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu callado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebozando. Ciertamente, el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días.» (RVR60).

Cita: Eduardo Jordá, www.diariodesevilla.es

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A un año del terremoto Haití no pierde la fe

A un año del terremoto Haití no pierde la fe

Se cumple un año desde que la tierra se abriera bajo los pies de los haitianos y engullera 222.000 vidas y todos los bienes materiales que las grietas encontraron a su paso. A lo largo de estos meses, muchos opinan que el balance del terremoto no puede ser más descorazonador.

Una epidemia de cólera se ensañó con los maltrechos supervivientes y causó más de 2.000 nuevos fallecimientos, el dinero no se canaliza bien, las instituciones no se ponen de acuerdo y el gobierno no ha respondido a las expectativas de los ciudadanos que no terminan de ver el principio del fin de sus sufrimientos.

Sin embargo, entre todo este caos «institucional», existe una gran esperanza. Las ONG que llevan actuando sobre el terreno haitiano desde mucho antes del devastador terremoto han logrado organizarse de manera eficaz para atender a heridos y enfermos en las situaciones más críticas y, a posteriori, reconstruir escuelas y poder reanudar las clases con más o menos normalidad, canalizar el agua potable, distribuir alimentos, instalar letrinas e, incluso, contratar a ciudadanos para que hicieran trabajos remunerados.

Padres e hijos caminan de la mano. Visten sus mejores galas. Y aunque muchos no tienen un techo seguro ni se alimentan saludablemente, se dirigen a la Casa de Dios para dar gracias por un día más de vida.

Eso es lo que se observa un domingo cualquiera en esta capital, devastada hace casi un año por un terremoto que mató a más de 222 mil personas, hirió a otras 300 mil, y desplazó a más de un millón. Todo ese dolor, al que se une un brote de cólera, el paso de un huracán y unas elecciones supuestamente fraudulentas, parece olvidarse el primer día de la semana.

Ya sea en un templo metodista o pentecostal, la mañana del domingo en Puerto Príncipe, se inunda de alabanza. Un mar de manos elevadas al cielo parecen pedirle al Todopoderoso piedad para la nación más pobre del continente americano.
Conforme pasan las horas el panorama va cambiando. Las calles se llenan de transeúntes.

Al mismo tiempo y frente a los escombros que aún quedan desde el pasado 12 de enero, centenares de haitianos buscan su sustento vendiendo desde agua y alimentos hasta ropa y enseres eléctricos. A tono con la recuperación del país (lenta, sin duda alguna) también abundan las estibas de bloques, arena y varillas.

Y así el sol se va ocultando, entre carros y motocicletas que pasaban tocando bocina y levantando una nube de polvo que dificultaba la visibilidad. Como testigo de la jornada queda la basura que arde en fuego para dar espacio a lo que vendrá hoy.

Fuente: Amén-amén

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Agradecer, aun cuando no sintamos hacerlo

Agradecer, aun cuando no sintamos hacerlo

César Aníbal Villamil

La Biblia nos insta a «Dar gracias a Dios en cualquier circunstancia» 1 Tesalonicenses 5.18, TLA).

Muchas veces, cuando el fin de un año se aproxima, evaluamos el año que está por terminar, y consideramos las cosas buenas y no tan buenas que nos ha sucedido. A veces los años no son buenos, en términos generales. ¿Debemos aún agradecer?

Una cosa es agradecer cuando tenemos un buen trabajo, nuestro matrimonio es sólido, a nuestros hijos les está yendo bien, nuestra carrera sigue adelante, y tenemos una buena salud. Pero una cosa completamente distinta es dar gracias en circunstancias adversas. Cuando perdemos nuestro trabajo y sabemos que la situación laboral del país no es fácil. Cuando nuestra salud comienza a mostrar sus lados más débiles, o cuando nuestros hijos tienen problemas en los que no les podemos ayudar.

Últimamente, he estado meditando en este versículo dado que las circunstancias que rodean mi vida se han tornado, digamos, difíciles.

¿Cómo dar gracias cuando el barco parece hundirse? El buscar una respuesta a esta pregunta me llevó a pensar en la fe, más precisamente en mi fe. ¡Qué fácil es dar gracias a Dios cuando las cosas nos están yendo de maravillas! ¡Dios es bueno! Repetimos vez tras vez. Pero, ¿será que Dios es bueno únicamente cuando las cosas nos van bien? ¡Por supuesto que no! Dios es siempre bueno. David decía, «aunque ande en valles de sombra de muerte, no temeré mal alguno». ¿Por qué es que David no temerá mal alguno? ¿Porque el valle seguramente terminará en algún momento? ¿Porque confiamos en nuestras fortalezas? ¿Porque antes salimos airosos en situaciones similares? No, no y no. David nos responde cuando continúa: «Porque tú estarás conmigo». El fundamento de la fe de David era la compañía de Dios en toda circunstancia. David sabía que debería pasar por momentos muy difíciles, pero confiaba en Dios y descansaba en su amor y misericordia. Es en este espíritu que debemos agradecer en toda circunstancia. Sabemos que Dios está con nosotros y que con su mano nos sostiene, aun cuando parezca que batallamos solos contra las tormentas.

Sabemos que el amor de Dios no ha cambiado y que nos ama más allá de toda comprensión. Es en esa seguridad en la que podemos descansar seguros; y es en esa relación que siempre tendremos cosas por las cuales agradecer, a pesar de circunstancias adversas que buscan hundir nuestro barco.

Estamos llegando a fin de año nuevamente. El 2010 ya es casi historia. En pocos días más, comenzaremos un nuevo año con nuevos desafíos. Pero «hasta aquí nos ha ayudado el Señor». ¿Por qué cosas podemos agradecer al Señor? Comparto aquí algunas razones por la cuales podemos agradecer.

1. Dios está en su trono y reina. No importan las circunstancias, él tiene el dominio sobre todo.
2. Jesús ha triunfado sobre la muerte y venció al pecado en la cruz.
3. El cielo es real y espera a todos los que han descansado en Dios.
4. Cuando somos débiles, él es fuerte.
5. Nada puede separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús
6. Dios usa nuestro sufrimiento para hacernos más como Cristo
7. Nuestra salvación descansa eternamente en Dios
8. La gracia de Dios es suficiente en cada circunstancia
9. Dios nos dio el Espíritu, que vive en nosotros
10. Nada hay imposible para Dios
11. Dios nos dejó su Palabra
12. Jesús intercede por nosotros ante el Padre
13. En nuestros momentos más difíciles podemos estar seguros de que nuestras oraciones llegan al trono de la gracia
14. Dios completará la obra que ha comenzado en nosotros.
15. Jesús nunca nos abandona
16. El Cuerpo de Cristo es una realidad palpable en nuestra vida
17. Tenemos una salvación eterna
18. El ángel del Señor acampa en derredor de los que le temen y los defiende
19. El Señor es mi pastor
20. El Señor es mi perpetuo refugio

Hay muchas otras razones por las que podemos dar gracias a Dios.

Busquemos nuestras propias razones y agrandemos la lista, para nuestro beneficio y para su gloria y honra.

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Las experiencias dolorosas son parte del plan de Dios

Las experiencias dolorosas son parte del plan de Dios

Kenny Luck

Yo pienso que la mayor debilidad que un hombre de Dios puede tener es no conocer esa debilidad. Déjeme que le pregunte: «¿Cuál fue el más costoso error que haya cometido en su vida?»

No me refiero a perder un negocio, comprar un automóvil y darse cuenta de que lo estafaron, o comprar una casa que por alguna razón comienza a desvalorizarse el día después de haberla comprado. Estoy hablando de esos errores que tienen en un costo en sus relaciones, influyen negativamente en su vida física o espiritual, o haberse excedido en su libertinaje de modo que años después sigue pagando el costo de ello. ¿Algo viene a su mente?

La siguiente pregunta es: «¿Qué papel jugaron las consecuencias de ese error en su vida espiritual y en el servicio al Señor?»

Cada martes a la mañana, mi hermano Chris desarrolla un estudio bíblico para hombres que fueron enviados allí, judicialmente, en un proceso de rehabilitación. Los otros días lo llamé para ver cómo le estaba yendo y me contó de un adicto que estaba a punto de ser liberado y que le mencionó (en otras palabras) qué podía hacer con su mensaje acerca de Dios. «Grave error», pensé, y no solo porque mi hermano es grande como un roble y puede levantar enormes pesos.

Mi hermano hizo una pequeña pausa y sus lágrimas, mezcladas con amor e ira santa, comenzaron a correr por su mejilla hasta su boca, al tiempo que respondía al que le había dicho aquello, delante de todos en la clase.

«¿Tú piensas que soy un tipo santo que está aquí para decirte cómo debes vivir?» Dime algo, ¿de qué manera tu estilo de vida te ha ayudado hasta ahora? ¿Dónde has estado? ¿Cómo ha sido tu vida? Veinte años atrás yo era como tú, sentado en esa misma silla, pensando y diciendo exactamente lo mismo. He visto esa película y el final no es tan bueno como piensas. Si no necesitaras estar aquí, no hubieras estado aquí. Por lo tanto, siéntate, cierra tu boca, y presta atención, o serás echado de este programa tan rápido que ni siquiera sabrás qué ha pasado. No me digas que no te conozco. “¡Yo soy tú!”»

Cuando me lo contó, sonreí, recordando cuando hice la llamada telefónica para hacer que Chris entrara a ese mismo programa veinte años atrás. Hoy Chris es socio de una compañía de servicios financieros, que usó algunas de las grandes habilidades que Dios le dio para aprender desde cero negocios y finanzas y ayudar a un sinfín de personas a invertir sabiamente sus activos.

Chris ha avanzado mucho desde que estuvo sentado en aquella silla a la que un juez lo había enviado para evita la cárcel, a causa de sus adicciones. Pero Jesús los necesitaba justo en aquella silla para que algún día pudiera tener una colorida conversación con un nuevo miembro del programa.

Usted no verá a Chris en la TV. No es una celebridad. Pero en un héroe. Mi clase de héroe. Él comparte su testimonio con aquellos hombres tan libremente como comparte la Biblia y una taza de café con alguien que se sienta como Chris alguna vez se sintió: «Sin esperanza y avergonzado al ver en lo que se había convertido».

Él sería el primero en admitir que no es un pulido predicador, pero yo nunca he visto a nadie tan efectivo con esos hombres como mi hermano. Se necesita a un hombre especial con una historia especial para quebrar la armadura de esos corazones endurecidos.

La mayoría de ellos escuchan atentamente cada una de sus palabras. ¿Por qué? Porque él ha estado allí. Chris toma un riesgo al permitir que Dios use sus dolores, errores, fracasos y pérdidas de su pasado para servir a otras personas. A decir verdad, cuando uno lo ve a él en acción no puede evitar pensar en cómo esas dolorosas experiencias que tuvo en el pasado fueron siempre parte del plan de Dios para su vida.

Temas espinosos

Dios tiene muchos planes para nuestros errores y debilidades. Para la mayoría es extraño pensar de esa manera pues nuestra tendencia es ocultarlos. Es un gran paso de fe considerar nuestros fracasos, pérdidas y batallas como parte de lo que somos y exponerlos en lugar de ocultarlos. Es aún más riesgoso permitir que Dios los use para servir a otros. Eso es exactamente lo que hizo mi hermano.
El plan de Dios es utilizar las mismas cosas que nosotros queremos ocultar. Una de las grandes cosas que él quiere hacer es exponernos a la luz de la realidad para que podamos ayudar y consolar a otros que están pasando por situaciones similares. «Él nos consuela en todos nuestros sufrimientos, para que nosotros podamos consolar también a los que sufren, dándoles el mismo consuelo que él nos ha dado a nosotros.» (2 Corintios 1.4).

Quizás estés minimizando o tratando de olvidar tus luchas, fracasos, pérdidas, tentaciones u errores; no lo hagas. ¡Permite que Dios las use! En lugar de orar y pedir a Dios que te libre de esos problemas, pídele que haga algo con ellos.

Tu dolor tiene un propósito: Ayudar a otro que esté pasando por una situación similar. «No desaproveches tus dolores».

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