Según el informe de Read, Johnson y Monterroso, en su libro Crecimiento de la Iglesia en América Latina, en 1900 el número total de evangélicos en América del Sur era 30.998, 50% de los cuales se hallaban en las Guineas Holandesa e Inglesa.
En todo el mundo iberoamericano, posiblemente, se contaba con 50.000 creyentes. Para 1916, cuando se celebró el Primer Congreso Evangélico en Panamá, el número de latinoamericanos evangélicos, bautizados en las aguas, según el Dr. Pablo A. Deiros en su obra Historia del cristianismo en América Latina, era de 95.000 creyentes. En 26 años la iglesia creció en 45.000 miembros. Para 1969, según Read, Johnson y Monterroso, se reportó el crecimiento a 4.915.400, o sea 3% de la población latinoamericana para ese entonces.
En las últimas tres décadas el Espíritu de Dios ha visitado la América morena y el dunamis divino ha movido a la iglesia hasta alcanzar un total de más de 50 millones de latinoamericanos, miembros bautizados para fines de 1999.
En algunos de nuestros países más del 25% de la población declara la fe evangélica. En sólo tres décadas, de 1969 al 1999, el Señor ha añadido a su iglesia más de 45 millones de creyentes. Según algunos expertos afirman, en la última década han venido más latinos a Cristo que en los pasados 19 siglos juntos. Vivimos en el tiempo de la gran cosecha final.
Los instrumentos de las comunicaciones masivas como: radio, televisión y la página impresa, han sido herramientas usadas por Dios para ayudar a la iglesia en su tarea de cumplir la Gran Comisión. Hoy la iglesia está cosechando con júbilo, pero nunca olvidemos los que fueron andando y llorando regando la semilla (Salmo 126.6).
A principios del siglo XX, el 2 de noviembre de 1920, la primera emisora de radio comenzó a operar. Esta fue KDKA en Pittsburg, Pennsylvania, en los Estados Unidos. Dos meses después de haber salido al aire transmitieron el primer servicio cristiano. Desde entonces, la Palabra de Dios ha sido proclamada por este poderoso medio de comunicación a todas las naciones.
La radio cristiana en América Latina comenzó como un regalo de Dios para nuestros pueblos cuando el día de Navidad de 1931, desde Quito, Ecuador, la emisora HCJB hizo su primera transmisión en el idioma de Cervantes. Ciertamente, como dijo uno de sus fundadores, Clarence Jones: “Ellos construyeron avenidas en los cielos para la llegada del Rey de reyes y Señor de señores”.
América Latina cuenta hoy con más de 300 emisoras de radio y cientos de canales de televisión que usan los satélites e Internet y están cubriendo la Tierra con la gloria de Dios, como las aguas cubren la mar.
Luego de ver el pasado, honrando a los pioneros que abrieron surco a principios del siglo y de haber celebrado el presente, al ver las grandes cosas que Dios ha hecho con nuestra generación, debemos dar una mirada al futuro anticipando el mover de Dios como nunca antes en el nuevo milenio.
En Proverbios 29.18, el sabio nos dice: “Donde no hay visión, el pueblo se extravía…” No hay duda de que una de las principales características de los tiempos en que vivimos la constituyen los muchos cambios y la multiplicación del conocimiento. Daniel vio esta situación a través de los ojos de Dios en las palabras proféticas que pronunció: “…muchos correrán de aquí para allá y la ciencia se aumentará” (Daniel 12.4).
Según los expertos, en la actualidad el conocimiento se está duplicando cada cuatro a cinco años. Por otra parte, el famoso muro de Berlín -al derrumbarse en 1989- trajo un cambio en todo el mundo. Los mapas geográficos se tornaron obsoletos en pocos días, al caer el gran imperio comunista. Dios está estremeciendo las naciones. Sí, la iglesia tiene que mirar con ojos proféticos y entender los tiempos para ser efectiva en la proclamación del Reino de Dios. Sin duda que serán cambios fundamentales que demandan sabio discernimiento.
John Naisbit, en su libro Megatrends [Megatendencias], señala diez de los cambios que están afectando a la sociedad y a la iglesia hoy, y que lo harán en el futuro. Son los siguientes:
De sociedad industrial a sociedad de información.
De tecnología forzada a alta tecnología.
De economía nacional a economía global.
De corto plazo a largo plazo.
De centralización a descentralización.
De ayuda institucional a ayuda personal.
De democracia representativa a democracia participativa.
De jerarquías a redes de trabajo.
De norte a sur.
De una o dos opciones a opción múltiple.
En nuestra tarea de cumplir el anhelo de Dios y establecer aquí su reino debemos aplicar los principios que usó la iglesia del primer siglo, a la nueva condición del siglo XXI. Nunca en su historia la iglesia ha sido más efectiva en cumplir la Gran Comisión, haciendo discípulos, que en los treinta años de historia que comprende el libro de los Hechos. La iglesia del siglo XXI debe ser una que ora. Recordemos que toda la historia del libro de los Hechos comenzó con un gran servicio de oración (Hechos 1.12?14). En la actualidad hay más de 150 millones de cristianos alrededor del mundo que están involucrados en la oración intercesora.
Enfrentemos el siglo XXI en oración. En la oración modelo, Cristo nos indicó que oráramos para que su reino venga. La iglesia debe ser una iglesia que adora y alaba a Dios en espíritu y en verdad, pues así era la del primer siglo (Lucas 24.53).
Hay que decir, por otro lado, que la iglesia en América Latina y alrededor del mundo ha redescubierto el poder maravilloso de la adoración y la alabanza.
La iglesia del siglo XXI debe ser fiel a la Palabra. De la iglesia del primer siglo se dice que “perseveraban en la doctrina de los apóstoles…” (Hechos 2.42).
La iglesia del siglo XXI debe ser un ente evangelístico. De la primera iglesia se dice que “No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos” (Hechos 2.46, 47).
Como cuerpo de Cristo, la iglesia tiene que mantenerse saludable tanto en su relación vertical (divina) como en su relación horizontal (humana), para que tenga un equilibrio.
Se dice que el que no aprende de los errores de la historia está condenado a repetirlos. La iglesia evangélica de América Latina, no hay duda, ha hecho bien su labor evangelística entre el pueblo hispanoparlante. Por eso hemos visto multitudes llegar a los pies de Cristo.
También, ha crecido en nuestro conocimiento y adiestramiento bíblico. La adoración se comprende y se practica mejor. El movimiento de oración y ayuno es grande dentro de la iglesia latinoamericana.
Los medios de comunicación masiva, la página impresa, la radio y la televisión han crecido en todo el continente. Hay áreas en las que no se ha hecho un trabajo tan bien como en otras y a las que hay que dar más atención. Entre ellas están:
Los prejuicios denominacionales. En muchos lugares se ha afectado el amor fraternal entre los hijos de Dios, lo cual sin duda ha traído dolor al corazón del Padre celestial.
El cuidado bíblico de los pobres, las viudas, los presos y los necesitados en general no han tenido la prioridad debida en nuestra teología evangélica.
La calidad de nuestros programas de radio y televisión por lo general es pobre y hay que mejorarla.
A la labor en las misiones mundiales se le debe dar más énfasis. La iglesia latinoamericana, en especial, puede ser usada grandemente en la evangelización del mundo árabe, y de hecho en todo el Medio Oriente. El discipulado de los nuevos convertidos ha sido muy pobre.
Las posibilidades, sin embargo, son infinitas:
Hay más de cincuenta millones de creyentes con un potencial de alcanzar el mundo.
El castellano es el segundo idioma en el campo de la página impresa y en programación de radio y televisión.
La iglesia latinoamericana es prácticamente joven, y tiene un gran potencial para influir a la iglesia evangélica a nivel mundial en el próximo siglo.
Hay en el ambiente hispano magníficos seminarios e institutos bíblicos, así como programas de enseñanza. El latino es por naturaleza buen evangelista y adorador.
El liderato del nuevo siglo, según lo indica Naisbitt en su libro Megatendencias, cambiará de forma. Veamos lo que plantea:
De una persona a un equipo.
De una función a una influencia.
De una actividad a un proceso.
De un programa a una comunidad.
De una iglesia regional a una iglesia global.
De un crecimiento a un avivamiento.
De una religión institucional a una teología del reino.
De una división entre ministros y laicos a una comunidad de ministros.
La iglesia del siglo XXI debe considerar cinco metas importantes:
1. Crecer en su ministerio de oración.
2. Ser efectiva en su ministerio de adoración y alabanza.
3. Continuar en su empeño por la evangelización local, nacional y mundial.
4. Ser una comunidad de confraternidad y amor.
5. Practicar una buena mayordomía del tiempo, talentos y tesoros; haciendo de ello un estilo de vida, tanto institucional como individual.
No hay duda de que somos una generación muy especial, nos ha tocado ser testigos de la conclusión del siglo XX y del segundo milenio de la era cristiana. Muy pocas generaciones han visto el cambio de un milenio y un siglo al mismo tiempo. Por primera vez en la historia de la iglesia podemos ser la generación que vea cumplida la Gran Comisión dada por Cristo a su iglesia en Mateo 28.20.
La venida del Rey de reyes y Señor de señores se acerca. En Revelación 22.12, reafirma su última promesa dada a la iglesia: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”.
Oremos y trabajemos arduamente para que en el nuevo siglo veamos a una América Latina rendida a los pies de Jesucristo, que viva bajo los principios del Reino y sirva como lo hizo nuestro Señor y Rey.