Honra y gloria al Señor por dos siglos de historia y un nuevo siglo por delante. Como Presidente de SBU, es un gran privilegio poder dirigir la palabra en este tiempo de celebración. Es tiempo de hacer un balance y tiempo para prever nuevas vías de servicio a Dios.
En los últimos dos siglos desde la fundación de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera la geografía y la historia del cristianismo en el mundo ha cambiado radicalmente. La iglesia cristiana ha llegado a ser una iglesia verdaderamente global, y SBU juega un papel importante en el proceso histórico.
Significativos estudios acerca de la expansión del cristianismo y los cambios geográficos e históricos hacen referencia a lo que ha sido una contribución específica de las Sociedades Bíblicas durante ese proceso. Es un campo de estudio excepcional y fructífero para un misionólogo, un estudio que ve estos dos últimos siglos desde la perspectiva de la misión de la iglesia cristiana.
Las Sociedades Bíblicas han tenido una presencia muy marcada en la práctica de misiones, han sido una expresión de la obra misionera de la Iglesia. Además, las Sociedades Bíblicas, especialmente a través del reflejo de sus profesionales facilitados por las SBU, han aportado grandemente a la teoría de la misión cristiana.
Contribución de las Sociedades Bíblicas a la obra misionera cristiana
El inicio del movimiento de las Sociedades Bíblicas tuvo una marca británica muy definitiva pero también una vocación global. Fue una visión formada por el mismo enfoque global que hallamos en la orden del Señor de llevar el mensaje “hasta lo último de la tierra” (Hechos 1.8), y la visión apostólica de Pablo de “que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros” (2 Tesalonicenses 3.1).
Los tiempos han cambiado pero la visión sigue en pie, y en esta Asamblea recordamos la senda recorrida hasta ahora pero también queremos percibir nuestra vocación para el siglo XXI. Como declara nuestro lema, el mundo a nuestro alrededor está cambiando pero la Palabra que nos ha unido y que ha formado nuestro movimiento no ha cambiado.
Quiero repasar brevemente cuatro marcas distintivas de nuestra identidad que están enraizadas en nuestra historia como movimiento y que deben seguir caracterizándonos. La participación de voluntarios movilizados para cumplir una misión, la fe en la “traducibilidad” de la Biblia, la práctica de un verdadero ecumenismo más allá de las barreras denominacionales, y la búsqueda de excelencia en el servicio. En cada uno de estos aspectos las Sociedades Bíblicas han contribuido significativamente.
Un movimiento popular
Estoy convencido de que la clave para comprender el perdurable impacto del movimiento de las Sociedades Bíblicas en las misiones cristianas, durante los dos últimos siglos, radica en que ha sido un movimiento popular.
Se puede decir que los pioneros de las Sociedades Bíblicas fueron miembros de la élite evangélica con un profundo sentido de misión. No obstante, el otro lado de la moneda es que llegó a ser un movimiento que movilizó a una tropa de iglesias en la obra misionera.
Los historiadores han señalado el papel clave que ha desempeñado el desarrollo de “auxiliares locales” que la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera creó para apoyar su trabajo y que luego fue imitada por casi todas las organizaciones misioneras.1 Estos “auxiliares locales” llegaron a ser la espina dorsal de un movimiento movilizador dentro y fuera del país.
El movimiento fue inspirado por dos convicciones. Primero, que la Palabra de Dios debía llegar a cada persona del mundo. Segundo, que cada miembro de la comunidad cristiana podía participar en la obra de llevar la Palabra al mundo. Lo que vemos aquí es un proceso creativo mediante el cual la verdad teológica del sacerdocio de todos los creyentes llega a ser efectivo.
También hay componentes educacionales en el proceso, porque los voluntarios auxiliares de las Sociedades Bíblicas llegaron a ser personas con una muy bien informada conciencia global. “Las suscripciones fueron animadas y sustentadas por un flujo de información de países que el suscriptor hasta el momento no conocía, e información acerca de estos países, y que debido a las suscripciones, el suscriptor ya participaba personalmente.”2 Si me permite relatar mi propia experiencia, recuerdo que como adolescente descubrí la revista La Biblia en América Latina en el escritorio de mi padre, que era un fiel y entusiasta contribuidor de la Sociedad Bíblica Peruana.
La publicación en español de SBU fue para mí una de las primeras fuentes informativas acerca de la presencia cristiana en otros países y continentes, ¡y lo que me llevó a tener conciencia global!
Un movimiento traductor
Una firme fe en la “traducibilidad” del Evangelio ha crecido en amplitud y profundidad durante la historia de las Sociedades Bíblicas. Con esto se desarrolló la dedicación a asumir todas las tareas necesarias para la traducción de las Escrituras. La convicción de la iglesia en los primeros siglos acerca de la importancia de lo vernacular para la comunicación del Evangelio de Jesucristo se perdió durante un tiempo.
Fue descubierto de nuevo en la época de Tyndale y Lutero, y floreció durante la nueva era misionera protestante iniciada por los pietistas de Europa central y Guillermo Carey. Con el nacimiento de las Sociedades Bíblicas aumentó el ritmo de la traducción de la Biblia y explotó en lo que es hoy. Debo enfatizar aquí la contribución de SBU sin olvidar lo que otros movimientos misioneros han hecho.
Primero tenemos la contribución del movimiento de SBU a una cantidad de traducciones de toda la Biblia o parte de ella, que para 2003 había llegado a 2.355. Segundo, sobre la base de esta vasta experiencia, los traductores de SBU han aportado conceptual y técnicamente a la iglesia como un todo y al mundo. No es una exageración decir que el arte de la traducción como se conoce hoy le debe mucho al Dr. Eugene Nida, cuya carrera está íntimamente vinculada con el movimiento de las Sociedades Bíblicas de años recientes.
En el último número de nuestro UBS Bulletin [Informativo de SBU], dedicado a “Tendencias actuales en la traducción de las Escrituras”, hay una elocuente muestra de este desarrollo. El contenido es prueba del trabajo de los consultores de traducción de las SBU de todas las regiones del mundo.
En la presentación editorial, el Dr. Phil Noss recuerda el hecho de que en la década de 1960 había muy pocos expertos que podían reunirse en la casa del Dr. Nida, pero que en el año 2000 el Taller Trienal de Traducción reunió a casi doscientas personas en Málaga, España. Hubo traductores de SBU como también eruditos en el campo de la teología, lingüística, antropología, literatura oral, comunicación, y tecnología computarizada para traductores.3 Es evidente que el movimiento bíblico ha llegado a ser una empresa global.
Las SBU han contratado y adiestrado a un gran número de expertos que componen un foro permanente que usan no sólo reuniones trienales globales sino todos los medios modernos de comunicación para hacer su trabajo diario.
Un movimiento ecuménico
Es imposible negar el enfoque evangélico de los fundadores de las Sociedades Bíblicas y la convicción que explica la influencia y los valores del movimiento. Puesto que algunos de estos principios han sido y siguen siendo la fuerza motriz de las SBU debemos prestar atención a estos como parte de lo que podemos llamar la dimensión inalterable de nuestro excepcional llamado, el carisma, por así decirlo, de nuestras SBU dentro de la cristiandad.
Una postura evangélica presupone que la predicación del evangelio apostólico, como se halla en las Escrituras, es lo que el Espíritu de Dios usa como la fuente de vida y verdad para la salvación del hombre: el nacimiento y crecimiento de la Iglesia. Por consiguiente, la Biblia debe estar disponible a cada persona, y cada creyente cristiano tiene el llamado de participar en el esfuerzo de alcanzar a todos. Parte de la influencia del evangelismo es expresar estas convicciones de manera práctica al crear estructuras misioneras en que el empuje misionero puede ser canalizado en actos de obediencia.
Poco después de la fundación de la primera Sociedad Bíblica sus agentes llegaron a ser la clase de misioneros evangélicos que se dedicaron a la distribución de Escrituras y a la siembra de la Palabra que más adelante llevaría fruto en la fundación de nuevas iglesias. Fue una evangelización fundamentada en lo básico, en lo bíblico, y no en los principios de cierta denominación.
Hoy día nuestro movimiento es una de las expresiones más ecuménicas del cristianismo, uno de los movimientos más inclusivos dentro de la Iglesia. Es cierto que al comienzo de este siglo veintiuno el ecumenismo ha experimentado muchos contratiempos y que ya no se ve el entusiasmo característico de mediados del siglo veinte.
A pesar de esto, las sociedades miembros de SBU siguen desempeñando un papel clave como la plataforma común de servicio y diálogo alrededor de la Palabra de Dios, aunque no tan cónclave de los teólogos que debaten el ecumenismo a niveles teológicos y filosóficos. Me refiero a un ecumenismo práctico.
Puedo testificar de la realidad de esto en vista de mis contactos diarios con Sociedades Bíblicas. Mi interacción con ellos en algunas partes del mundo mediante sesiones de directivas y otras reuniones coincide con lo que he captado en otros lugares mediante observación y experiencia. Siempre que visito las oficinas locales o las librerías de miembros de las SBU, veo lo mismo, que estos son lugares de reunión para cristianos de todas las denominaciones.
Las sociedades prestan servicio a todas las iglesias y en su servicio tratan de conseguir la cooperación de todas las iglesias.
Tal postura evangélica con una visión ecuménica es parte del paquete de valores del movimiento de las Sociedades Bíblicas. Ha sido la clave para una apertura hacia el futuro y la flexibilidad de usar nuevas tecnologías y respuestas al desafío de crecimiento numérico y el alcance geográfico en el movimiento.
Un movimiento eficiente
Un movimiento puede perdurar doscientos años y más no sólo por su sentido de misión inmutable y su habilidad de atraer a la gente y proveer un producto. Un ingrediente igualmente importante para la persistencia y duración es el desarrollo de estructuras mediante las que la vocación humana halla expresión de manera eficiente.
Las SBU son el resultado de un largo y exitoso desarrollo hecho posible por la habilidad organizacional de seguir adelante y crecer de una entidad nacional, nacida en el tiempo del imperio británico, reproduciéndose en algunas regiones y entrando en alianza cooperativa con otras, para llegar a ser con el tiempo una confraternidad mundial. Este proceso formativo de SBU ha seguido el proceso en que la iglesia cristiana ha llegado a ser verdaderamente una iglesia global.
Al leer la historia de SBU, un aspecto que me llamó la atención es que la devoción y el sentido de dedicación del liderazgo va acompañado de una concienzuda búsqueda de la excelencia, como un santo descontento que permite la crítica personal. Esa era la marca distintiva de la primera generación y ha sido la característica que ha mantenido vivo al movimiento.
La visión, la creatividad, y el arduo trabajo son componentes necesarios para fijar normas, estructuras, y procedimientos que puedan transformar un sueño en realidad. En cada momento de esta larga historia Dios ha provisto personajes clave cuya vida y ministerio fueron marcados por una combinación de piedad, dedicación, y eficacia. Al pensar en la relativamente corta historia de SBU, vienen a mi mente hombres de Dios como Olivier Beguin, Ulrico Fick, Eric North, Lord Goggan, entre otros.
El enfoque empresarial para el cumplimiento de una visión misionera ha sido necesaria dada la exclusiva naturaleza de las Sociedades Bíblicas con sus aspectos misioneros y empresariales. Hubo que hacer preguntas clave y se desarrolló un nuevo énfasis como resultado de una cuidadosa y a veces dolorosa evolución.
En resumen, SBU ha sido un movimiento popular, un movimiento de traducción, un movimiento ecuménico, y un movimiento eficiente. Ahora es una poderosa familia global en que los miembros fundadores siguen siendo fuertes, en parte, porque gracias a su visión y buena voluntad de compartir han contribuido a levantar nuevos miembros alrededor del mundo.
Han demostrado la habilidad única de modernizar su agenda, según las nuevas exigencias de un mundo cambiante, sin abandonar los principios básicos fundamentados en la inmutable Palabra de Dios. Al contemplar el futuro quiero referir algunos de los presentes desafíos en el escenario global.
El contexto contemporáneo global
Anteriormente, al visitar las islas Canarias, recibí un libro publicado por la municipalidad de Orotava como parte de una serie histórica. Es la traducción de un libro publicado por Charles F. Barrer, un agente de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera que dirigió la obra bíblica en Gran Canaria, Tenerife, y La Palma entre 1885 y 1887.4 ¿Por qué traducirían y publicarían un libro de 1917 en el año 2000? Por su valor como fuente informativa de antropología e historia.
Los agentes de las Sociedades Bíblicas durante mucho tiempo han sido famosos por ser atentos, entregados a la disciplina de documentar sus experiencias, y muy concientes de las circunstancias culturales y sociales dentro de las que distribuyen las Escrituras y estimulan a la gente a leerlas. Hoy, con todas las herramientas y recursos de información disponibles, no podemos ser menos atentos e informar de la manera que llevaremos la obra bíblica en años venideros.
Algunas notas del panorama que consideramos en Midrand hace cuatro años han tenido un cambio radical en estos últimos años. Los resultados de la tragedia del 11 de septiembre de 2001, y también la presente guerra en Irak están afectando la movilidad y seguridad tan necesarias para las personas cuya descripción de trabajo requiere de viajes constantes y de intercambios internacionales.
Además, la falta de claridad en que las naciones occidentales has justificado la guerra, y los distintos escándalos que han tenido que ver con su desarrollo, nos muestran un profundo males-tar que contradice el discurso moral con que se explica la guerra. Las medidas de seguridad necesarias por causa del terrorismo están desarrollando un modo de pensar en que hay riesgo de perder los principios de libertad tan importante en la vida de las naciones desarrolladas.
El fundamentalismo religioso y el uso de textos de libros sagrados han llegado a ser la fuerza móvil detrás de las formas más atrevidas de terrorismo, amenazando con convertir a la confrontación de intereses económicos en una guerra religiosa de crueldad sin precedentes. Mediante poderosa comunicación, el efecto corrosivo del culto al placer y la violencia contra los valores básicos y el estilo de vida de la gente en las naciones occidentales han acelerado el declive moral y han envenenado su influencia global.
Como movimiento global, en SBU seguimos disfrutando de las ventajas de la globalización, que ha permitido a las Sociedades Bíblicas alcanzar un alto nivel de eficacia en la comunicación y administración, para entrar por nuevas puertas y traspasar viejas barreras, para coordinar un impresionante programa de traducción. Desde Midrand hemos probado nuevos usos de la tecnología, los que han sido compartidos alrededor del mundo. La traducción, publicación, y distribución se han beneficiado de estos, por lo cual estamos agradecidos.
Por otro lado, debido a la naturaleza de la tarea de entregar las Escrituras al pueblo, los miembros de las SBU están en contacto con la sociedad en general, a través de los voluntarios y de los lectores de los materiales que publican. Eso los pone en contacto muy de cerca con el sufrimiento y la frustración de un gran número de personas que no son los beneficiarios de la globalización sino las víctimas.
Todavía recuerdo las lágrimas en los ojos de un obispo que era miembro de la junta directiva de una Sociedad Bíblica de América Latina. Me habló de los dilemas que enfrentaban, porque los efectos de la traducción de la Biblia está creando un renovado sentido de identidad, y consecuentemente una actitud rebelde, entre los indígenas a quienes se les obligaba a dejar sus tierras debido a la construcción de edificios y empresas de agricultura.
Al leer el Noticiero Mundial de las SBU cada dos meses veo que los miembros de nuestra familia de SBU parecen siempre estar en situaciones de suspenso o límite, por decirlo así, límite entre la vida de los beneficiarios y de las víctimas del proceso de globalización. Una conciencia clara de esto es indispensable para comprender el papel de las Sociedades Bíblicas entre los pueblos y las naciones a quienes servimos.
Permítanme explicar algunos de los desafíos que se nos presentan dentro del paradigma de la globalización.
La globalización
A veces se ha descrito la globalización como un movimiento centrado en Occidente que avanza hacia las periferias del mundo. En esta percepción se enfatizan los aspectos económicos y políticos del proceso, pero tenemos que considerar la importancia del aspecto cultural en la nueva situación.
Esto lo ha señalado claramente Sam George, misionólogo de la India, que nos recuerda que “la globalización es céntrica en la cultura contemporánea, y los elementos culturales se hallan en el centro de la globalización”.5 La globalización no es algo que se dirige sólo en una dirección, sino es más bien multidireccional en que las culturas interactúan en todas las direcciones.
Lo que la posibilidad de viajes rápidos, facilidades financieras, teléfonos celulares, y la Internet han hecho posible es una interacción global en que el modo de vestir, las costumbres alimenticias, las percepciones religiosas, o los personajes ficticios circulan alrededor del globo en todas las direcciones. Esto lo experimenté recientemente al participar con la Sociedad Bíblica Española en el Parlamento de Religiones, como parte del Foro de Barcelona 2004, una celebración multicultural en búsqueda de paz y comprensión.
Por supuesto, siempre ha sido así que las culturas son dinámicas y cambian mediante la interacción. Seguimos con la percepción de que el té es un invento inglés y que los ravioles son oriundos de Italia, olvidando que en ambos casos fueron traídos a Europa desde Asia y que luego fueron adaptados y reexportados al resto del mundo.
En la globalización de hoy la inventiva de la tecnología se aplica a una increíble cantidad de productos, y nos permite ver y experimentar este proceso intercultural acelerado, este movimiento de todas las direcciones en todas las direcciones. Nos movemos con éste y debido a éste, y llega a ser parte de la cultura.
En general, los empleados de Sociedades Bíblicas de hoy, especialmente los más jóvenes, acostumbrados a la comunicación instantánea para consultas y toma de decisiones entre Singapur y Reading, o Sao Paulo y Seúl, o Beirut y Nueva York, llegan a personificar este proceso de globalización.
No podemos darnos el lujo de ignorar el significado de este hecho al pensar en la misión cristiana. Como Paul Freston nos recuerda: “La diáspora británica y la misión anglosajona responsables de la expansión mundial del protestantismo han sido superados por otras diásporas (África, el Caribe, América Latina, China, y Corea).”6 Freston también dice que el mundo académico ha tenido la tendencia a ignorar este hecho porque fue algo independiente de las iniciativas religiosas del desarrollado mundo occidental.
Quisiera agregar que muchos líderes eclesiásticos de las más tradicionales y bien conocidas confesiones cristianas también han tenido la tendencia a ignorarlo. Conozco a personas de estas nuevas diásporas dedicadas a la obra misionera que están trabajando activamente en Norteamérica, Europa, Japón, y muchos países musulmanes. Las Sociedades Bíblicas en todas partes tienen que estar alertas y perceptivas de cómo estos aspectos de la globalización podrían afectar sus futuras agendas.
Tomemos como ejemplo uno de los grandes desafíos de años recientes en nuestra confraternidad, la necesidad de nuevas estructuras a fin de mantener la eficacia y seguir adelante según las normas aceptables en este nuevo siglo.
Lo que he observado de organizaciones misioneras y el desarrollo global me lleva a concluir que hay relevancia para las SBU en un párrafo que el misionólogo luterano Paul Varo Martinson contribuyó en un simposio acerca del futuro de las misiones: “En lugar de centralizar las burocracias, necesitamos redes de trabajo dispersas que se ajusten a la realidad comunicativa de hoy.
Y en lugar de funcionar como centros de control de arriba hacia abajo, las agencias misioneras deben servir para consultar, informar, inspirar, y conectar, operando de manera distinta a distintos niveles, permitiendo que la energía de las comunidades de fe locales tomen forma de diversas maneras, de muchas configuraciones… La iniciativa para la acción puede y debe venir de cualquier fuente –sea local, regional, o internacional– que tenga la visión y que pueda justificar la visión.”7
La migración
La palabra diáspora nos lleva a considerar un componente clave del paradigma de la globalización, que es la migración, el variado y masivo movimiento de pueblos a través de océanos y fronteras internacionales. Este es un hecho muy familiar para muchas Sociedades Bíblicas.
El movimiento de emigrantes y refugiados, especialmente hacia Europa y Norteamérica, pero también a países como Chile, Australia, o Japón, se ha intensificado y está muy conectado con las realidades económicas de las ten¬dencias de globalización. Las Sociedades Bíblicas en muchos lugares han respondido a este creciente desafío. Pienso en el caso de España, donde radico parte del año.
En menos de veinte años España se ha transformado en un país desde el que la gente emigraba a las Américas o al norte de Europa a ser un país que recibe a cientos y miles de emigrantes de África, las Américas, y Europa oriental. En España el problema de la migración se hace más serio porque este país es un portal a Europa.
La Sociedad Bíblica ha respondido en parte a esto mediante su programa “Operación tránsito”, que ha creado conciencia en los participantes hacia la condición de los emigrantes y también a los que están muy abiertos a recibir el mensaje de las Escrituras.
No olvidemos que la Biblia es un libro acerca de la migración. La migración es el entorno de muchas de las historias bíblicas. De hecho, Dios llamó a Abraham a emigrar y dejar su tierra para ir a otra (Gn 12). Era parte de la confesión o el credo de una persona judía, según la ley deuteronómica, recordar y confesar: “Un peregrino arameo fue mi antecesor” (Dt 26.5).
Y la Biblia ofrece la primera ley de migración (Ex 22.21; 23.9), que coloca como fundamento para un trato compasivo y justo de los extranjeros la experiencia de los israelitas como emigrantes. En el libro de Hechos en el Nuevo Testamento podemos ver que la migración fue el medio en que la gente escuchó el evangelio o tuvo que “emigrar” para anunciarlo.
Hay factores económicos que motivan la migración. “Cuando los ríos de las riquezas fluyen en una dirección, es natural que la población siga el mismo curso”, ha escrito el historiador Justo González en su comentario acerca del libro de Apocalipsis. Nos recuerda que la combinación de pueblos y culturas como resultado de la migración era un factor importante en la Roma del primer siglo, lo cual es el contexto de ese libro.
Sólo podemos comprender la fuerza de alguno de los pasajes del Apocalipsis si recordamos, lo que sabía el autor, que la migración “no ocurre en lugar de la abstracción del sistema económico y político. No son solamente los viajes de un país a otro que ahora se hacen con más facilidad… Es también que el orden mundial –o más bien el desorden mundial– es tal que las personas se ven obligadas a dejar su hogar y mudarse a otro país en busca de seguridad, libertad, y trabajo”.8
Las Sociedades Bíblicas en países hacia donde se dirigen los emigrantes tendrán que cumplir una función importante en ayudar a las iglesias a educar a sus comunidades y a desempeñar un papel profético llamando la atención a la situación de los emigrantes y los refugiados, haciendo una convocatoria a desplegar un espíritu de solidaridad y compasión.
También proveerán los medios para llevar el evangelio a los emigrantes en su propio idioma o en el idioma que están aprendiendo en el nuevo lugar. Por otra parte, el buen éxito de los emigrantes en establecerse en el nuevo entorno les ayuda en el desafío de la mayordomía cristiana.
Este ha sido el caso en los Estados Unidos donde tantos emigrantes se han abierto camino a una mejor vida, y vemos que “la Sociedad Bíblica Americana también está apoyando otro gran desafío: la participación de las comunidades inmigrantes en países como los Estados Unidos en la obra bíblica dirigida a su país de origen”.9 ¿Pudiera lo mismo ocurrir en Japón, Alemania, Francia, o el Reino Unido?
Entre 2000 y 2002, el dinero que emigrantes latinoamericanos en Europa enviaron a su patria llegó al doble, con más de dos mil millones al año. Los emigrantes que trabajan en los países industrializados envían a sus familiares alrededor de ochenta mil millones de dólares al año.10
La exclusión
No todos los emigrantes alcanzan buen éxito, ni todos los pobres pueden emigrar. Aparentemente es imposible dentro del presente patrón de intercambio evitar la exclusión de grandes sectores sociales, que no pueden beneficiarse del sistema.
Parece haber una directa relación entre el aumento de la pobreza y la injusticia en algunas regiones del mundo, y la manera en que las multitudes se sienten impelidas a escapar en busca de supervivencia o por lo menos disfrutar un poco de los beneficios de tener un trabajo con sueldo, atención médica, educación, y la posibilidad de ahorrar un poco de dinero.
Los emigrantes se desplazan desesperados en busca de un lugar donde puedan sentirse incluidos entre los beneficiarios del proceso de globalización. Lo que tienen que enfrentar en algunos lugares es el deliberado y a veces violento esfuerzo de excluirlos, por parte de aquellos que se sienten amenazados por su presencia.
Las reacciones nacionalistas y tribales hacia la globalización y la migración es uno de los mayores problemas que tienen que enfrentar las iglesias cristianas y la misión cristiana en el mundo de hoy.
El teólogo croacio Moroslav Volf ha expresado en términos teológicos el dilema de los hombres y las mujeres de nuestras sociedades contemporáneas, como la elección entre “exclusión o aceptación”.
A principios de la década de 1990, cuando estalló la violencia en la península del Báltico, Volf descubrió que no podía hablar abiertamente de Jesucristo, ni escribir o enseñar acerca de él, sin prestar atención a las radicales preguntas que surgieron en ese tiempo de la caída de los viejos estados, busca de identidad, afirmación cultural, y purga étnica.
Las formas extremas de exclusión de los que eran diferentes se desarrollaron en un “sistema de exclusión” que explica las increíbles crueldades infligidas en gentes de otras etnias.
Para Volf, las preguntas clave para las que el evangelio tiene pertinencia exclusiva se relacionan más con “exclusión y aceptación” que con liberación o espiritualidad. El significado de seguir a Cristo en esa situación tiene radicales exageraciones, como él dice: “Para los seguidores del Mesías crucificado, el principal mensajes es: el odio es aceptable ante Dios…
Escondido en lo más recóndito de nuestro corazón y nutrido por el sistema de las tinieblas, el odio crece y busca infectar todo con su infernal exclusión. No obstante, a la luz y la justicia de Dios, el odio se desvanece y se siembra una semilla para el milagro del perdón.”11 El perdón significa que la exclusión es sustituida por la aceptación. Predicar a Cristo en estas circunstancias requiere una clara referencia al cambio de actitud que la Palabra de Dios trae a la vida de aquellos que quieren oír esa palabra y aceptan a Cristo.
El perdón y la reconciliación son vitales para nuestra fe en la obra de Jesucristo en la cruz, cuya muerte vicaria por nosotros nos reconcilia con el Padre y con los demás. Como dice Pablo en Efesios al referirse a la hostilidad entre judíos y gentiles: “Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.
Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Ef 2.13-14). Esta realidad pudo ser experimentada y vista el año pasado en Lancaster, Pensilvana, cuando Labia Madanat de la Sociedad Bíblica de Palestina, Jamal Hashweh de la Sociedad Bíblica de Jordania, y Doron Even-Ari de la Sociedad Bíblica de Israel informaron juntos acerca de los desafíos y las oportunidades de la obra bíblica en el Medio Oriente. El Dr. Eugene Habecker comentó: “Ellos sirven como vecinos y hermanos en Cristo, dirigiendo las Sociedades Bíblicas de sus respectivos países, proclamando y ejemplificando un mensaje común de esperanza donde abunda la desesperanza: un mensaje del reino de paz y reconciliación.”12
Los agentes de las Sociedades Bíblicas en el pasado abrieron camino a través de las barreras geográficas llevando la Palabra a nuevos territorios donde era desconocida y necesitada. Hoy hay barreras sociológicas y culturales que hay que cruzar, tanto en los países desarrollados como en los subdesarrollados, para poder alcanzar a los excluidos, en su propio idioma o en el idioma que están aprendiendo. “Biblias para los excluidos” sería un buen lema para la agenda de las Sociedades Bíblicas en la siguiente década.
Cultura de tecnología y cultura de terror
Quisiera volver al análisis cul¬tural de nuestro tiempo hecho por el misionólogo Sam George, que me parece muy valioso en vista del futuro, porque se especializa en los efectos de la globalización en la juventud y el surgimiento de todo tipo de culturas juveniles de alcance global.
Nos recuerda que vivimos en un mundo que es asombrosamente joven y que la mitad de la población mundial es menor de 25 años. Los que vivimos o hemos vivido en el mundo mayoritario, y me refiero al mundo desarrollado y a Europa Oriental, conocemos que en esa zona vive el 85% de la población joven del mundo.
La juventud, más que cualquier otro sector de la población, ha sido afectada por las tendencias globales de nuestros tiempos. De hecho, usando la dual realidad de “Mc Mundo versus Jihad” como manera de describir las dialécticas socioculturales de nuestra época, George propone que las dos culturas que han surgido como resultado del impacto de la globalización en la juventud, son: cultura de tecnología y cultura de terror. Al estudiar estas culturas, ve a la primera como globalización desde arriba y a la segunda como globalización desde abajo. No obstante, en ambas es evidente la inclinación de la juventud de todo el mundo hacia la tecnología y la capacidad de adquirir conocimientos técnicos.
La cultura de la tecnología es más predominante en los países ricos e industrializados, mientras que la cultura del terror parece florecer en los lugares más pobres y menos desarrollados del mundo, pero “se pueden ver pruebas de ambas culturas alrededor del globo”.
“Tanto la cultura de la tecnología como la cultura del terror están haciendo reclamos radicales y están presentando desafíos a las generaciones emergentes –dice George—, y ambas están ganando más adeptos a su ideología. Usan exclusivamente un lenguaje de campo de batalla para conquistar, dominar, destruir, rechazar, matar, agobiar, etc.
La cultura del terror ve la conquista como territorial, mientras que la cultura de la tecnología la ve como económica. La primera está motivada por creencias religiosas, y la ultima por ganancias económicas.”13 George considera que las iglesias cristianas no han podido discernir las nuevas tendencias culturales ni comprender las profundas necesidades espirituales que empujan a la juventud de algunos países en una desesperada búsqueda de respuestas espirituales en la Internet, y en otros a inmolarse como mártires por la causa de Alá. Dice él: “El cristianismo se está volviendo más tecnofóbico y podría describirse como ‘fuera de onda’ (¡en algunos casos, hasta raro!). No está al día (no sólo mañana sino aun hoy) con la cultura cambiante a su alrededor.”14
Tal es la situación. Hoy, la mayoría de las personas que nunca han oído el evangelio ni leído la Biblia son jóvenes. Atra¬pados en las olas de la cultura de la tecnología y la cultura del terror, son las personas menos alcanzadas a quienes Jesús vería con gran compasión al mirar las multitudes de nuestro día: “desamparadas y dispersas, como ovejas que no tienen pastor” (Mt 9.36).
Algunos navegan furiosamente por cientos de sitios en la web en busca de respuestas al hambre espiritual. Otros se entrenan en campamentos guerrilleros, listos para matar y ser matados, en busca de una actuación para la audiencia televisiva del mundo.
Y no olvidemos las miles de víctimas de los traficantes de prostitución de toda clase y la migración de mafias. La cosecha que espera a los obreros de hoy es abundante pero los obreros son pocos.
¿Cómo se ha de presentar a Jesús, el Jesús de los Evangelios, a la juventud de estas culturas emergentes? En un último análisis, diría que para las Sociedades Bíblicas este es un desafío que tiene que ver con la pericia en la traducción, y con la convicción acerca de la traducibilidad de la Palabra de Dios y el uso de nuevos medios tecnológicos. Se está enfrentando el desafío, como dice el Dr. Noss: “En el siglo veinte las invenciones tecnológicas rápidamente abrieron puertas a la comunicación masiva mediante nuevos medios de comunicación.
Esta es una puerta por la que han entrado muy lentamente las Sociedades Bíblicas.”15 Se necesita cautela al entrar por esa puerta. Julián Sundersingh, consultor de las SBU en la India, nos recuerda que en Missisauga, en 1996, acordamos: “Juntamente con la entusiasta aceptación de la nueva tecnología ha ocurrido en casi todas las sociedades un cambio en las costumbres de leer y escuchar.
Este cambio exige que las Sociedades Bíblicas busquen nuevas maneras de presentar la Palabra de Dios a los pueblos cuyo estilo de vida ha pasado de material impreso a no impreso, y también a los que no tienen interés en la Biblia o en la iglesia.” Anhelo la oportunidad de escuchar el disco compacto Elements of Life [Elementos de la vida], auspiciado por la Sociedad Bíblica Americana.
Es algo modernísimo, “un proyecto con que se espera llegar a los jóvenes que viven expuestos a considerable maldad, en que se ha traducido el mensaje bíblico en el lenguaje y estilo de vida de su cultura popular”.16
Al observar las culturas que están surgiendo y que atacan a la juventud, considero que nos enfrentamos cara a cara con otro desafío. Dijimos que la naturaleza del movimiento de las Sociedades Bíblicas en el pasado era movilizar las tropas de la Iglesia a fin de distribuir las Escrituras en el propio país pero también financiar la obra de difusión en otros países.
Los voluntarios siguen siendo la espina dorsal de las Sociedades Bíblicas. El peligro que corren los movimientos misioneros siempre ha sido la tendencia a confiar en los profesionales y los empleados asalariados para hacer el trabajo que en el pasado se hacía por medio de voluntarios.
En mis viajes alrededor del mundo me preocupa notar que en casi todas partes no se ve mucha juventud que participe como voluntarios en la obra de las Sociedades Bíblicas. De ningún modo quiero subestimar o desacreditar la valiosa contribución de muchos ancianos o personas de mediana edad en la causa bíblica, pero temo que si no podemos atraer a la juventud en esta causa, no hay un futuro brillante.
De modo que el desarrollo de medios adecuados para alcanzar a la niñez y a la juventud con la Palabra de Dios será también útil al pasar a la fase de reclutarlos para la causa bíblica.
Dije anteriormente que desde el comienzo de nuestra historia los voluntarios recibieron de las Sociedades Bíblicas material informativo educacional que les dio conciencia global. Hoy, la juventud –y en realidad, todos– tenemos una avalancha de información acerca de temas globales con sólo apretar un botón (Internet).
No obstante, la conciencia global que tienen que tener los voluntarios de las Sociedades Bíblicas es más que simple información. Tenemos que ser creativos y sofisticados en la forma en que usamos la Internet, los materiales impresos, y los medios audiovisuales para comunicar historias de la obra bíblica de manera significativa para atraer a las personas como voluntarios y donantes.
Se puede fomentar el involucramiento mediante viajes, costosa participación, y conocimiento de primera mano de las necesidades radicales y el gozo del servicio. Se trata de algo más que dar información para entretener; es la manera formativa de percibir las realidades globales como una oportunidad de participar en lo que Dios quiere hacer en el mundo.
Post cristianismo
Al comprender parte del presente desarrollo relacionado con la globalización estamos enfocando un contexto mayor dentro del que las Sociedades Bíblicas llevan a cabo su ministerio. Dentro de éste tenemos el contexto más cercano que es la vida de las iglesias, que son el cimiento de nuestro movimiento.
En Midrand me referí al hecho de que el cristianismo estaba llegando a su fin, y en cierto sentido ese proceso ha seguido de forma continua hasta nuestro tiempo. El hecho de que las personas que prepararon la constitución para la nueva Europa excluyeron toda mención del papel del cristianismo en la composición de Europa, en contra de la opinión expresa de los líderes eclesiales y políticos, es para mí una señal muy significativa de los tiempos en que vivimos.
Durante la feria de libros en Lisboa, tuve el privilegio de dar una conferencia a nombre de la Sociedad Bíblica Portuguesa acerca de la influencia de la Biblia en el desarrollo de la cultura europea. Aun un examen superficial del arte, la literatura, los valores, y las instituciones de lo que consideramos la cultura occidental muestra evidencias de una rica herencia.
Pero el hecho de que padres y madres de la nueva constitución se niegan a nombrarla es prueba de que vivimos en la era post cristianismo. El cristianismo está perdiendo su estatus privilegiado debido al secularismo, el declive numérico de las principales iglesias, la pérdida de vigor espiritual, la privatización de compromisos religiosos, y la creciente presencia de otras tradiciones religiosas.
Philip Jenkins, un erudito que ha resumido para el mundo académico de los Estados Unidos lo que los misionólogos han conocido por décadas, describe la situación de esta manera: “En 1950, una lista de los principales países cristianos hubiera incluido Gran Bretaña, Francia, España, e Italia, pero ninguno de estos países se incluiría en una lista similar en 2050.”17 Lo que en realidad está sucediendo no es solamente una retirada del cristianismo sino un hecho que Jenkins describe como “el día del cris¬tianismo sureño está amaneciendo.
La realidad del cambio en sí es indiscutible: ha sucedido y seguirá su curso. Tan poco notamos este gran cambio que apenas fue mencionado entre todos los bombos y platillos de los medios de comunicación al final del segundo milenio.”18 Por supuesto, este hecho no pasó desapercibido por las Sociedades Bíblicas porque fueron actores en el drama.
No obstante, quisiera considerar uno o dos aspectos que ilustran lo que significaría esto para las Sociedades Bíblicas en las siguientes décadas. Como dije en la primera parte de este discurso, las Sociedades Bíblicas llegaron a ser verdaderamente ecuménicas al satisfacer las necesidades de una gran variedad de iglesias y denominaciones.
Recientemente el Dr. David Burke nos ha informado que en los doscientos años de historia de SBU estuvo presente una amplia gama ecuménica en que las Sociedades Bíblicas comprendieron y aplicaron los principios “sin notas ni comentarios” en sus empresas de publicación.
Tenemos en esto un fascinante ejemplo de la habilidad de mantener un principio de manera creativa y progresiva, descubriendo nuevas posibilidades sin abandonar la validez del principio mismo. Permítanme citar in extenso al Dr Burke: “Este es un principio sumamente importante y el modelo dominante del buen éxito que han tenido a través de los años las Sociedades Bíblicas en poder satisfacer las necesidades de Escrituras en casi cualquier denominación y tradición cristiana dentro del amplio espectro del cristianismo.
Es precisamente su modelo de dejar de lado sus particulares posturas doctrinales a modo de avanzar la causa con y en todas las esferas del cristianismo que fue la clave del funcionamiento del movimiento.”19
Lo que las Sociedades Bíblicas pueden hacer dentro del marco del paradigma del “cristianismo” será la norma que seguiremos al movernos hacia la era del post cristianismo y el marco que hoy constituye el entorno de la causa bíblica, el cristianismo global, o lo que Jenkins llama “el próximo cristianismo”.
Es el mundo complejo de las grandes familias denominacionales protestantes que han alcanzado una dimensión global. Es el mundo de un post catolicismo Vaticano II que ha demostrado una renovada entrega a la promoción y distribución de las Escrituras. Es el mundo de las iglesias orientales que ahora viven en un nuevo ambiente de libertad para el cumplimiento de su misión.
Es también el mundo de las nuevas formas que ha tomado la iglesia en expresiones contextuales tales como las iglesias africanas iniciadas, o el movimiento de casas iglesias en la China. Es el mundo de las así llamadas iglesias post denominacionales en América del Norte, en que está tomando lugar una redefinición del cristianismo.
El principio de “sin notas ni comentarios” tendrá que cumplirse dentro de un nuevo ambiente teológico, en que han cambiado los acostumbrados temas de debate. Jenkins nos recuerda, por ejemplo, que “las iglesias pentecostales y proféticas en auge de África, Asia, y América Latina están sumamente entregadas a cierta clase de restauración del cristianismo primitivo que hubiera tenido sentido para Lutero, pero que está muy distante del mundo de los liberales del norte”.20 La manera en que el cristianismo del sur se relaciona con la vida diaria y el punto de vista mundial de las Escrituras es distinta en mensaje y en medios.
Las Sociedades Bíblicas han estado explorando con nuevos medios para las comunidades en que la comunicación es más oral que escrita, y sigue un estilo narrativo más bien que filosófico. Me parece muy a tiempo la observación que hace el Dr. Sundersingh en el artículo que ya he citado: “Hay que ver la propiedad al medio tanto en la preparación como en la presentación de un texto auditivo en un nuevo medio.
No obstante, este aspecto de lo propio al medio no debe tomarse como licencia para permitirse deliberados esfuerzos de tergiversar el mensaje de las Escrituras bíblicas.”21 La preocupación por la integridad del texto bíblico y el mensaje de las Escrituras gana más importancia y significado ahora que estamos entrando en una era de relaciones y debates interreligiosos.
En muchos lugares las Sociedades Bíblicas ofrecen hoy Escrituras a personas que tienen otros libros sagrados y que son celosos de la validez e interpretación de estos. Humildemente tenemos que admitir que aceptamos que nuestra Escritura es el resultado de un proceso que es, como la persona de nuestro Señor Jesucristo, humana y divina.
Porque hay una historia humana del texto podemos darnos a la tarea de comparar manuscritos, buscar mejores versiones, aceptar correcciones y mejoras sobre la base de una sincera evaluación de la evidencia a la que tenemos acceso. No afirmamos la singularidad de la Biblia y de Jesucristo de manera sarcástica. Pero la afirmamos. Un teólogo de Sri Lanka lo explica de esta manera: “La afirmación histórica cristiana respecto a Jesús de Nazaret es que ninguna categoría humana, sea de un ‘profeta carismático’, un ‘genio religioso’, un ‘modelo moral’, o un ‘visionario apocalíptico’ puede adecuadamente expresar la evidencia de sus palabras y acciones.
Ninguna categoría excepto la deidad misma es suficiente. Es esta afirmación tradicional –que en la persona humana de Jesús, Dios mismo ha venido a nuestro medio de una manera decisiva e irrepetible–, que constituye una ofensa a la sociedad pluralista. Esto es lo que inspira el escarnio de los humanistas seculares, la perplejidad de los hindúes, y la indignante hostilidad de los musulmanes. Hubo la misma variedad de respuestas en el mundo greco-romano que habitaron los primeros seguidores de Cristo.”22
La corrupción
Una de las mejores fuentes de información acerca de la vida y el crecimiento de las iglesias y el movimiento misionero alrededor del mundo es la “Annual Statistical Table on Global Mission” [Tabla estadística anual sobre misión global] publicada cada mes de enero por David Barret en el International Bulletin of Missionary Research.
En esa tabla se halla información acerca de factores que afectan la obra misionera, como aumento de la población, grados de analfabetismo, y expansión de ciudades, además del crecimiento y declive de la actividad misionera y la membresía en las iglesias. Aunque parezca raro, la sección acerca de “finanzas cristianas” tiene una entrada sobre “crimen eclesiástico”. La tabla de 2004 muestra que la suma afectada por el crimen eclesiástico ha subido de 5 millones de dólares en 1970 a 20 mil millones en 2004.
Es un triste comentario sobre la situación mundial y, a la vez, una advertencia. El alcance de la prensa en nuestro planeta globalizado no permite que el crimen eclesiástico pase desapercibido, y en muchos países las iglesias y las agencias protestantes han acordado crear un medio de responsabilidad mutua y maneras de fomentar la transparencia.
Este es un aspecto de la vida cooperativa de las instituciones que las Sociedades Bíblicas tienen que tener siempre en mente. Podemos estar familiarizados con la corrupción de mezquinos tiranos en países pobres que desvían el dinero de organizaciones extranjeras a cuentas bancarias en Suiza o Bahamas. La rampante corrupción se extiende en el mundo empresarial y político en el occidente, y en todas las regiones del mundo.
Las normas éticas que se han establecido para los negocios de las Sociedades Bíblicas corresponden a buenas prácticas comerciales y también a principios cristianos. Un movimiento que promueve el uso y la lectura de la Biblia tiene que estar cimentado en normas éticas que sigan los principios bíblicos. No se pueden admitir contradicciones en este punto.
Mantener y aplicar estas normas ha significado en ciertas circunstancias que se ha tenido que tomar decisiones penosas. Como nos recuerda uno de los historiadores de SBU: “La prueba de la seriedad de cualquier organización con normas fue lo que se hizo cuando un miembro, una vez aceptado, infringió las reglas por las que fue admitido.”23 Las Sociedades Bíblicas deben ser modelo de honradez y responsabilidad corporativa, “una luz en el mundo”.
Historia y esperanza
Una marca de la cultura post moderna de nuestros tiempos es la falta de sentido de la historia, la pérdida del sentido que podemos hallar en la vida humana, de que la colectiva aventura de la humanidad se está moviendo en cierta dirección y hacia cierta meta.
Al contemplar el futuro del mundo y el papel de SBU en años por venir, ¿cómo debemos ver al mundo? Si tomamos en serio lo que conocemos acerca de la historia de la expansión del cristianismo y la parte que ha jugado la confraternidad de SBU, tenemos un fundamento de esperanza. En veinte siglos la iglesia ha llegado a ser una realidad global que incluye casi todo el planeta.
No nos jactamos de esto y necesitamos una buena dosis de sobrio realismo, pero sí tenemos motivo para alabar a Dios, por haber mirado la historia de las misiones con vista doxológica. Estamos más cerca hoy de la visión del vidente del Apocalipsis de una multitud de pueblos de todas las razas, lenguas, nacionalidades, y culturas alabando a Dios a una voz.
De modo que acomodamos nuestras actividades dentro del marco de la visión. No somos meros vendedores tratando de engañar a la gente para que compre un producto occidental. Somos embajadores de Cristo, el Señor de la historia y el Señor del mundo. Y hacemos un llamado a la gente a escuchar su Palabra y a ser parte de su Iglesia.
Propongo que al atender los negocios de cada día de nuestra Asamblea Mundial no perdamos la actitud doxológica de alabanza y gratitud a Dios y que hagamos todo en un espíritu de adoración. Termino con las palabras de Justo González:
“La adoración también es un acto de ensayo. Es una anticipación de cosas por venir. Es el momento en que recordamos que nuestra vida y nuestro mundo tiene una meta, y que esa meta es aquel día en que cada nación y tribu y linaje y lengua alabará a Dios y al Cordero.
Tiene que ser un presagio, dentro de nuestra pequeña comunidad de adoración, de la gran ciudad, la nueva Jerusalén, que Juan vio descender del cielo, de Dios. Es un ensayo para el Reino. Es un anticipo del reinado de Dios.”24
1
Andrew Walls, The Cross Cultural Process in Christian History, Maryknoll Orbis, 2002; p. 233.
2 Ibid.
3
Philip A. Noss, “Current Trends in Scripture Translation” UBS Bulletin 194/195, 2002, p.1.
4
Charles F. Barker, Dos años en las Islas Cana¬rias, Tenerife: Ayuntamiento de la Orotava, 2000.
5 Sam George “Emerging Youth Cultures in the Era of Globalization,” en Richard Tiplady, Ed. One World or Many? Pasadena: William Carey, 2003; p.33.
6
Paul Freston, “The Transnationalization of Brazilian Pentecostalism,” en Andre Corten and Ruth Marshall Fratani, Eds. Between Babel and Pentecost, Bloomington: Indiana University Press, 2001; p.197.
7
Paul Varo Martinson, en “Social Capital and the New Missionary Pragmatics”, Mission at the Dawn of the 21st Century, Minneapolis: Kirk House Publishers, 1999; p. 49.
8 Justo L. González, For Healing of the Nations. The Book of Revelation in an Age of Cultural Conflict, Maryknoll: Orbis, 1999; p. 83.
9
Archivos de la Sociedad Bíblica Americana, Primavera 2004; p.9.
10 Miguel Angel Palomino, “Latino Immigration in Europe: Challenge and Opportunity for Mission,” International Bulletin of Missionary Research, abril 2004; p.56.
11
Miroslav Volf, “Exclusion and Embrace: Theological Reflections in the Wake of ‘Ethic Cleansing’”, in William A. Dyrness, Emerging Voices in Christian Global Theology (Zondervan, 1994); p.38.
12
Citado por David Singer, “Sowing Seeds of Peace Through Scripture,” Archivos de Sociedad Bíblica Americana, invierno 2004; p.5.
13 Sam George, op.cit; p. 66.
14 Ibid.; p.50.
15 Noss, op.cit.; p.4.
16
Archivos de Sociedad Bíblica Americana, invierno 2004; p.24.
17
Philip Jenkins, The Next Christendom. The Coming of Global Christianity, Oxford University Press, 2002; p.2.
18 Ibid.; p.3.
19 Burke, op.cit; p.301.
20 Philip Jenkins, “After The Next Christendom”, International Bulletin of Missionary Research, enero 2004: p.20.
21
Julian Sundersingh “Call for a New Translation: A Media-based Translation for Audio Scriptures”, UBS Bulletin 194/195; pp. 199-213.
22
Vinoth Ramachandra, The Recovery of Mission, Grand Rapids, Eerdmans, 1996; p. 181. 23 Edwin H. Robertson, Taking the Word to the World, Nashville: Thomas Nelson, 1996; p.215. 24 González, op.cit.; p.20.





