Mark Driscoll
Porque el amor de los padres por sus hijos es el más profundo, los conocen como nadie, y están con ellos más tiempo que otras personas, son los más apropiados para evangelizar a sus antes que nadie, enseñarles, amarlos, orar por y con ellos, y leerles las Escrituras.
Deuteronomio 4.9 dice: «Tengan mucho cuidado de no olvidar las cosas que han visto, ni de apartarlas jamás de su pensamiento; por el contrario, explíquenlas a sus hijos y a sus nietos.» (DHH). De la misma manera, Proverbios 1.8 dice: «Hijo mío, atiende la instrucción de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre.» También es útil recordar Efesios 6.1-4: «Hijos, obedezcan a sus padres como agrada al Señor, porque esto es justo. El primer mandamiento que contiene una promesa es este: “Honra a tu padre y a tu madre, para que seas feliz y vivas una larga vida en la tierra.” Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino más bien edúquenlos con la disciplina y la instrucción que quiere el Señor.»
Tanto las madres como los padres son exhortados a tomar la responsabilidad de pastorear a sus hijos. Esto no significa que las actividades de la iglesia o la escuela bíblica están prohibidas, sino que los mismos son elementos adicionales a la amorosa instrucción bíblica de los padres.
Debido a que los padres están con sus hijos la mayor parte del tiempo, serán sabios al integrar la instrucción bíblica a los diferentes momentos de su relación diaria. Es sabio que las familias tengan tiempos regulares y planeados de lectura bíblica, oración y adoración. Sin embargo, hay momentos a lo largo de la vida de los niños cuando sus corazones están especialmente abiertos a la instrucción estratégica. Un padre, guiado por el Espíritu y en oración, capturará esos momentos sagrados para instruir o corregir a sus hijos cuando así lo necesiten.
Quizás el mandamiento más claro en cuanto a ser padre de manera integral es Deuteronomio 6.4-9: «“Oye, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. “Grábate en la mente todas las cosas que hoy te he dicho, y enséñaselas continuamente a tus hijos; háblales de ellas, tanto en tu casa como en el camino, y cuando te acuestes y cuando te levantes. Lleva estos mandamientos atados en tu mano y en tu frente como señales, y escríbelos también en los postes y en las puertas de tu casa.»
Mientras que probablemente todo padre cristiano estará de acuerdo con estos principios de cuidados pastoral por parte de los padres, la mayoría también admitiría lo dificultoso de llevarlo a la práctica. Por lo tanto, como pastor y papá, recabé algunas experiencias con mi esposa Grace y nuestros cinco hijos –entre 3 y 11 años–, y comencé a compartirlas con nuestra congregación.
Hace algunos meses, comenzamos una nueva tradición a la hora de la cena, y se ha convertido en una bendición.
A medida que vamos comiendo, conversamos sobre cómo ha sido nuestro día, cómo nos está yendo en nuestras responsabilidades personales, compartimos motivos específicos de oración, y conversamos sobre algún pasaje de las Escrituras. Desde que tuvimos nuestro primer hijo, siempre les hemos leído la Biblia, especialmente al momento de ir a la cama, y les ayudamos a desarrollar sus propios momentos de lectura devocional diaria. Sin embargo, siempre nos resultó difícil encontrar un momento apropiado para desarrollar devocionales familiares con nuestros cinco hijos, y mantener la atención de todos, en sus diferentes edades.
De todas formas, las charlas a la hora de la cena, levada adelante tanto por Grace como por mí, han resultado ser un enorme éxito. Cada vez que nos sentamos a la mesa, la «Biblia de la mesa», como la han llamado los niños, está en su lugar y abierta –por alguno de los niños– en la sección sobre la que conversaremos esa noche. El Señor siempre nos sorprende con conversaciones inteligentes dirigidas por el poder de Dios a través de su Palabra. A medida que cenamos, todos tiene la oportunidad de compartir algo aprendido y bendecirnos a todos.
11 consejos
Los siguientes pasos buscan ayudar a los padres a guiar a sus hijos en el estudio de la Biblia. Si bien son consejos simples, a nosotros, como familia, nos han ayudados.
1. Traten de cenar juntos en forma regular.
2. Puede resultar bueno que los padres se sienten juntos para guiar las conversaciones bíblicas con sus hijos.
3. Abran el tiempo de cenar preguntando si alguno de ellos tiene algún motivo especial para orar.
4. Un miembro diferente de la familia abrirá el tiempo de cena, cada noche, en forma alternada, siguiendo cada pedido de oración. De esta manera, todos los miembros de la familia aprenden a orar en voz alta.
5. Mientras cenan, pregunten cómo ha sido el día para cada uno de ellos y comenten cómo ha sido el de ustedes, padres, de acuerdo a lo que los niños pueden y deben saber.
6. Que la Biblia esté cerca de los padres y que sea en una versión de fácil comprensión para todos los niños. Que alguno de los presentes –padres o hijos– lean el pasaje correspondiente mientras los otros siguen comiendo y escuchan con atención.
7. Luego, uno de los padres explica el pasaje en términos sencillos, quizás el significado de alguna palabra, y muestra alguna aplicación de los leído.
8. Haga preguntas que motiven a la discusión y guíe la conversación a fin de que sea provechosa para todos.
9. Permita que la conversación fluya naturalmente. Escuche con atención a sus hijos y deje que ellos respondan las preguntas que sepan. Añada lo que a ellos se les escapa y responsa las preguntas más complicadas. De manera amorosa, corrija cuando haga falta y asegúrese de que las respuestas sean las correctas.
10. No dude en reconocer sus propios errores si de alguna manera surge en la conversación demostrándoles que usted tiene un corazón dispuesto a reconocer sus propios errores. Esto demostrará la humildad que se aprende en las Escrituras.
11. Al terminar la cena, pregunte si ha quedado alguna pregunta o duda de lo conversado, y respóndalas.