Dios ha colocado en la vida de cada padre, la gran responsabilidad de ser el maestro de sus hijos.
Efesios 6.4 dice: «Ustedes, los padres, no exasperen a sus hijos, sino edúquenlos en la disciplina y la instrucción del Señor.»
El padre como maestro de sus hijos les enseña:
A través del ejemplo personal
El Apóstol Pablo, hablando acerca de cómo debe ser nuestra manera de vivir, nos dice: «Imítenme a mí, así como yo imito a Cristo». (1 Corintios 11.1)
¿Puede usted, como padre, decir lo mismo, sigan mi ejemplo, lo que los ayudará a ser padres ejemplares?
¿Está usted dando ejemplo a sus hijos en la forma en que trata a su esposa; en cómo la honra y le da el lugar que ella se merece?
¿Es usted un hombre honesto en sus negocios?
¿Tiene una vida espiritual de intimidad con Dios?
A través de la disciplina
Hebreos 12: 5-11 dice: «Y ya han olvidado la exhortación que como a hijos se les dirige: “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni te desanimes cuando te reprenda; porque el Señor disciplina al que ama, y azota a todo el que recibe como hijo.”
Si ustedes soportan la disciplina, Dios los trata como a hijos. ¿Acaso hay algún hijo a quien su padre no discipline? Pero si a ustedes se les deja sin la disciplina que todo el mundo recibe, entonces ya no son hijos legítimos, sino ilegítimos.
Por otra parte, tuvimos padres terrenales, los cuales nos disciplinaban y los respetábamos. ¿Por qué no mejor obedecer al Padre de los espíritus, y así vivir? La verdad es que nuestros padres terrenales nos disciplinaban por poco tiempo, y como mejor les parecía, pero Dios lo hace para nuestro beneficio y para que participemos de su santidad.
Claro que ninguna disciplina nos pone alegres al momento de recibirla, sino más bien tristes; pero después de ser ejercitados en ella, nos produce un fruto apacible de justicia.»
El amor debe ser la motivación más importante en toda disciplina. El propósito central en la disciplina es para el verdadero provecho de los hijos y que lleguen a ser personas que honren a Dios con sus pensamientos, palabras y acciones.
Finalmente, la paz será el fruto que producirá la verdadera disciplina.
Principios de disciplina
1. Amor
«No menosprecies, hijo mío, el castigo de Dios, ni te fatigues de su corrección; porque Dios al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere.» Proverbios 3.11-12
2. Falta de disciplina
«Él morirá por falta de corrección, y errará por lo inmenso de su locura.» Proverbios 5.23
3. Temprano corrige
«El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige.» Proverbios 13.2
4. Disciplina a tiempo: Corrección, no destrucción.
«Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; mas no se apresure tu alma para destruirlo.» Proverbios 19.18
5. Castigo corporal
«No rehúses corregir al muchacho; porque si lo castigas con vara, no morirá. Lo castigarás con vara, y librarás su alma del Seol». Proverbios 23.13-14
6. Falta de corrección
«Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.» Proverbios 25.28
7. Descanso
«Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará alegría a tu alma.» Proverbios 29.17
La disciplina no es primordialmente castigo, pero es una forma importante de enseñanza. Pues la palabra disciplina significa «hacer un discípulo». Dios quiere usar a los padres como sus agentes para ejercitar su autoridad y amoroso poder para que los hijos puedan tener una vida feliz y fructífera.
A través de preceptos
Dice Deuteronomio 6.4-9: «Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.»
Para seguir estos preceptos, puede hacer lo siguiente:
• Establezca una noche familiar (propósitos personales y espirituales).
• Ore cada día por y con sus hijos.
• Haga el libro de Proverbios parte de su vida y meditación diaria, un capítulo al día.
• Use un proverbio diariamente para estudiarlo en la mesa.
A través del sacerdocio como padre
Presente a Dios, a sus hijos con el ejemplo, la enseñanza, y la adoración en familia y presente sus hijos a Dios para que sean usados como Dios quiera.
Dios te bendiga querido padre y te enseñe el camino por donde debes andar en este rol de padre, guiando a tus hijos por el camino que los llevará a Dios.
Alva de Contreras






