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Apoyo en Costa Rica

Apoyo en Costa Rica

Por: Francisco Barboza, de la SB de Costa Rica

COSTA RICA – Con motivo de la emergencia que se presentó en setiembre en la zona norte del país a raíz de las fuertes lluvias provocadas por el huracán Hanna, la Sociedad Bíblica de Costa Rica, en alianza con Visión Mundial, estuvo presente para apoyar en la emergencia.

Se entregaron 200 cobijas, aportadas por la Sociedad Bíblica Internacional, para los niños de Guanacaste, los cuales perdieron sus pertenencias en las inundaciones.

El planteamiento del proyecto está encaminado a unir esfuerzos de ambas instituciones, involucrando a las iglesias de las zonas afectadas a participar en la prevención mediante una porción bíblica, la cual es a su vez un pequeño instructivo de cómo actuar en caso de emergencia.

Otra de las áreas que el proyecto contempla es la activación de la iglesia en medio de la emergencia y después de ella, esto mediante el apoyo espiritual en esos momentos de necesidad. Al motivar a la iglesia a involucrarse se espera que sea un participante más y no un observador.

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Enseñan valores cristianos a estudiantes de Costa Rica

Por Karla Zeledón, de la Sociedad Bíblica de Costa Rica.

COSTA RICA (LaBibliaWeb.com /SBU) – El proyecto “El cole en nuestras manos” (El colegio en nuestras manos), mediante el cual el ministerio de educación del gobierno de Costa Rica desea ensenar valores en las aulas, comenzó este año con 50 colegios, que fueron

escogidos como plan piloto y ha unido a directores, docentes y estudiantes en un solo equipo, estudiando temas actuales para la juventud, a partir del Evangelio de Lucas.

La Sociedad Bíblica de Costa Rica y el Ministerio de Educación Pública se unieron con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los estudiantes de Secundaria, estudiando el evangelio llamado E-Lucas.

El colegio Teodoro Picado, de Alajuelita, y su director David Jonson, fueron uno de los primeros en aplicar el material a los estudiantes. Las clases fueron suspendidas durante toda una mañana y el material fue trabajado en todo el colegio para iniciar el proyecto.

Docentes, estudiantes y directores trabajaron juntos por medio de dinámicas, foros de discusión, dramas y juegos. Los estudiantes mostraron un gran interés en el material, pues reafirman las situaciones que viven cotidianamente, además de ayudar a encontrar las soluciones para un mejor estilo de vida, una mejor  comunidad y una mejor educación.

Un joven exclamó: “¡Qué interesante este material, me encanta!”.

Otro de los jovencitos dijo: “Es ideal; justo lo que todos nosotros estamos viviendo en el colegio y afuera”.

El Colegio de Santa Ana ha trabajado en el proyecto día a día, y como resultado de esto aproximadamente 500 jóvenes de esta institución han decidido hacerse discípulos de Jesús.

Como parte de la sociedad costarricense, nos encontramos frente a un gran desafío: cambiar la agresión por otras alternativas que sean benéficas para la institución y para el país. Los futuros gobernantes de Costa Rica están en estas instituciones educativas; con este proyecto se pretende hacer del colegio un espacio más educativo y a la vez agradable para la formación de valores.

Hay cincuenta colegios de secundaria en el país que ya implementaron este programa como parte de sus lecciones. Han sido inundados de las enseñanzas de Jesús como un estilo de vida, donde los muchachos aprenden a vivir una vida llena de integridad física, moral y espiritual. En uno de los colegios se hizo una dinámica después de estudiar un capitulo del libro de Lucas, y al final los muchachos dijeron: “No queremos ser más fariseos, queremos ser discípulos de Jesús”.

El material E-Lucas fue hecho por las Sociedades Bíblicas Unidas con el fin de dar a conocer la vida de Jesús como un ejemplo para la vida actual. Esta institución ha invertido buscando dar una respuesta y una mejor alternativa de vida a los jóvenes estudiantes de nuestro país.

La Sociedad Bíblica de Costa Rica ha estado trabajando fuertemente junto al Ministerio de Educación Pública, porque si invertimos en nuestros jóvenes estamos impactando el futuro de nuestro país.

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Bella Flor en peligrosa zona marginal de Costa Rica

COSTA RICA (LaBibliaWeb.com /SBU) — La Tabla es una comunidad de quince mil habitantesen las afueras de Costa Rica, San José.  Está controlada por dos pandillas rivales de drogas, una de Colombia y la otra de Nicaragua. En La Tabla incluso los niños portan revólveres.

Para la policía es una zona «de no ir», e incluso las agencias humanitarias la consideran fuera de límites, porque es demasiado peligrosa. Cuando el río que atraviesa La Tabla se desbordó, las autoridades tuvieron temor de ir para prestarle asistencia a la gente que vive allí.

Aunque para Bella Flor Solís el llamado de Dios para su vida tiene que vencer los temores.

Mientras ella y yo hablábamos, las balas surcaban el aire afuera en la calle, pero para Bella estos peligros están a la orden del día: ella y su esposo, Gerardo, son parte de un ministerio establecido para alcanzar a esta comunidad extremadamente peligrosa.

Comenzó con una campaña evangelística dirigida por la iglesia a la que asisten. La iglesia había comprado una propiedad en La Tabla y, desde allí como base, le llevaron alimentos a la comunidad que luchaba con la violencia doméstica o atrapada en el abuso de drogas. Para comenzar, la visitaban una vez a la semana, pero debido al nivel de necesidad que descubrían, decidieron hacer visitas dos veces a la semana. Desde el comienzo hubo muchas amenazas de parte de las pandillas que controlaban el distrito, y la participación en el ministerio de alcance puso a Bella en gran peligro.

«La Mafia no nos quería», dice tranquilamente. Las pandillas destruyeron nueve iglesias en total. Su llamado a trabajar a tiempo completo en La Tabla —y no solo como voluntaria de la iglesia— le llegó por medio de un sueño hace doce años.

«En el sueño Dios envió a alguien para que me dijera que sería una líder allí», recuerda.

El mensaje era claro: «Debes reunir la cosecha».

Cuando comenzó a trabajar a tiempo completo allí en 1995, lo hizo con la esperanza de que su iglesia lo viera como parte de su ministerio, pero no fue así. Por el contrario, la iglesia vendió la propiedad, así que Bella la estableció y oficialmente la inscribió como La Iglesia Jehová Shama. El nombre significa «Dios está aquí».

No hay duda de que el trabajo en la comunidad la desgasta, y a ella no le importa trabajar en La Tabla por su cuenta. De aquí que sus vínculos con la Sociedad Bíblica son cada vez más importantes para ella. Con el apoyo de la Sociedad puede vincularse con iglesias y otras organizaciones cristianas que la ayudan a llevarle esperanza a la comunidad.

Totalmente inmerso
Irónicamente, necesitó tiempo para persuadir a Gerardo a que se uniera a su trabajo, pero ahora él está totalmente inmerso en el ministerio y maneja una panadería en La Tabla.

Hay un plan modesto para enseñar panadería, y Bella sueña con un proyecto mucho más grande que incluya unas instalaciones para enseñar una variedad de destrezas que produzcan artículos vendibles como zapatería y costura, un laboratorio de computación y un lugar seguro para que los niños jueguen, para que la próxima generación pueda solventar sus propias necesidades y encuentre alternativas en medio de una vida fundamentada alrededor de las drogas.

Bella también sueña con tener vínculos más estrechos con la Sociedad Bíblica para organizar campamentos para voluntarios, llevar grupos de ayudantes que tienen la misma visión de llevar esperanzar a La Tabla.

¿Por qué Dios llama a una mujer a emprender una misión tan peligrosa? Bella dice: «En realidad sería más difícil si fuera hombre. Así como está, soy como una madre, y puedo ir a cualquier lugar, a cualquier hora».

Y eso es precisamente lo que hace.

Es un ministerio de fe en el sentido real de la palabra. Bella ha logrado un «Acuerdo de libre comercio» informal con las pandillas que ahora la dejan trabajar sin ningún problema.

«Dios lo hizo», dice. Y ahora la iglesia les proporciona comidas cinco veces a la semana.

En Costa Rica el compromiso de la Sociedad Bíblica para coordinar la distribución de las Escrituras es inspiración para muchos: una «estrella del norte» que ofrece dirección y claridad.

Pan verdadero
«Eso es lo que la gente dice», afirma Bella. «¡El Evangelio! Primero suplimos las necesidades que tienen, y cuando se sienten mejor podemos contarles acerca del que suple sus necesidades. La Palabra de Dios es el pan verdadero, pero primero la sopa y luego la Palabra de Dios. Jesús fue en primer lugar amigo: realizó una misión integral. Yo trato de imitar al Maestro».

Para la gente que vive en un país rico, Bella representa un recuerdo retador de que Dios se preocupa de los que viven marginados. Para ella, el Reino de Dios es un llamado a sanar al enfermo y dar de comer al pobre.

«Detesto el “Evangelio de la prosperidad”», dice. «Es pura avaricia. ¿Para qué necesito dos casas? ¿Para qué necesito plata? ¡Necesito materiales para construir! ¡Necesito comida para alimentar a los niños! ¡Necesito repisas para libros para que la gente aprenda. Necesito herramientas para capacitarla, cosas prácticas. ¡La plata corrompe el corazón de la gente!»

El «amor en acción» que Bella demuestra, cautiva, y su compromiso temerario con el reino de Dios recuerda la frase, donde los ángeles no se aventuran. Se habla fácilmente de tener un compromiso con Cristo, pero Bella ha ido más allá con él, de maneras que muchos no se atreverían a ir.

FOTOS (SBU/Jim Loring):
1 – Bella Flor Solís al frente de la iglesia que fundó en La Tabla, San José. Su ministerio en la comunidad violenta abrumada por el crimen, recibe apoyo de la SB de Costa Rica.
2 – La comunidad de viviendas de latón, abrumada por el crimen. Aunque es una zona «de no ir» para la policía y agencias de socorro, Bella Flor Solís estableció una iglesia allí y logró un acuerdo de trabajo con las pandillas que controlan el lugar.

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De drogadicta a colportora bíblica

Por Mayra Ugalde, Secretaria general adjunta de la Sociedad Bíblica de Costa Rica.

Vilma llegó a la Sociedad Bíblica de Costa Rica una vez más para obtener las Biblias que vende casa por casa en una de las zonas marginales de San José, Costa Rica.  Ella dice que es feliz cuando logra vender una Biblia porque piensa que así, al menos, ya ha llegado la palabra de Dios a esa casa.

Vilma es una mujer de aproximadamente cuarenta años. Nació en Tirrases, una localidad al este de San José, un poblado con alto riesgo social. Proviene de una familia con seis hijas y un hijo, con un padre alcohólico y una madre que trabajaba continuamente para llevar algo de comer a sus hijos que, en muchas ocasiones, sólo se alimentaban de lo que podía conseguirse en los cafetales.

Desde los nueve años, cuando regresaba de la escuela se dedicaba a hacer algún trabajo, como limpiar casas o lavar platos, para ganar algo de dinero con el cual contribuir en su hogar. Cuando veía que otras familias vivían mejor que ella y que los hijos de esas familias tenían su cama propia, ella empezó a sentirse mal, no podía entender por qué ella tenía que dormir con sus seis hermanos en una cama de madera y los otros niños tenían su propia  cama. No podía entender por qué no tenía juguetes y los otros niños tenían muchos, así que empezó a tomar algo para ella. Nadie le había enseñado que robar era malo, en su casa no existía ese tipo de valores.

En medio de un ambiente de abusos sexuales y morales llegó a sus 14 años y consiguió trabajo en una fábrica. Estaba muy contenta porque ya no tenía que estar en su casa todo el día. A esa edad conoció por primera vez un cepillo de dientes y aprendió la importancia de asearse. En la fábrica también aprendió sobre drogas, las compañeras le enseñaron a fumar marihuana, a tomar cerveza cruda y luego a ir a una discoteca donde pasaban horas disfrutando del efecto de la mezcla. «Era muy rico», dice Vilma, pues con eso se olvidaba de todo lo que pasaba en su casa.

En los buses, intentaba llamar la atención diciendo palabras soeces y tratando mal a los demás; en el fondo, lo que quería era que alguien la ayudara, pero nadie la entendió. Luego también probó el «cemento» y le gustó mucho, se aislaba en un rincón de la casa a disfrutar de su efecto, hasta que un día la mama la echó de su casa, entonces Vilma se fue a vivir a la calle y a dormir entre cartones.

A la familia parece que no le importó. Ya viviendo entre basura en los lotes baldíos, conoció a otros muchachos y muchachas de su misma edad, quienes vivían robando cosas pequeñas para sostener su ansia de drogas. Con el tiempo conoció a mujeres mayores que la llevaron a hombres, que la «cuidaban» y le daban de comer, pero que también le enseñaron a realizar robos mayores; estando en esas condiciones, ella quedó embarazada de su primera hija, a quien regaló; en uno de esos robos fue atrapada por la policía y condenada a 3 años de prisión. La cárcel fue su universidad, aprendió a dominar a otras y llegó a ser una líder, además aprendió más sobre el robo.

Cuando salió de la cárcel continuó en el mismo medio delictivo, salía a robar todos los días, aprendió a usar heroína. Conoció a un hombre del que se enamoró y quedó embarazada de su segundo hijo. El hombre era traficante de drogas, las que almacenaba en sacos para luego distribuirlas, y ella colaboraba en su  distribución hasta que se enfermó de tuberculosis y fue internada en un hospital.

Después de salir del hospital, a sus 30 años, fue a la casa de su madre, quien la aceptó de nuevo bajo su promesa de esforzarse por dejar la droga. Un día salió a hacer un mandado y en el camino un hombre le ofreció cocaína… y Vilma volvió a caer. Luego  probó otra droga conocida como «piedra».

Una mujer, «Bella Flor», que pastoreaba a un grupo de niños en la zona de Las Tablas, un barrio marginado de San José, le habló muchas veces de Dios, pero Vilma la amenazaba con matarla. Otro pastor, Carlos Córdoba, había establecido en la iglesia un centro para rehabilitar drogadictos en la zona de Alajuelita, un área muy marginada de la ciudad. Él había buscado a Vilma y la había invitado a internarse en el centro, pero ella nunca quiso, al contrario, lo amenazaba, también, con matarlo.

Durmiendo bajo los puentes, entre cartones, sin poder conciliar el sueño, llegó muchas veces a la desesperación. Un día lloró amargamente y, en su angustia, le rogó a Dios: «si realmente existes, ayúdame a salir de esto». Al día siguiente fue a buscar al pastor Carlos Córdoba, quien le dijo que si quería ingresar al centro de rehabilitación tenía que esperar una hora.

Mientras esperaba entró en la iglesia y lloró durante un largo rato. Le suplicaba a Dios que la sacara de esa condición de vida, que ésta era su única oportunidad y que se arrepentía de todo lo que había hecho. Recordó cuántas veces, estando en los lotes baldíos, había escuchado una voz que le decía «te voy a matar» y le suplicó a Dios que eso no sucediera.

Cuando el pastor la ingresó en el Centro Zoe, Vilma durmió durante tres días. Cuando despertó la invitaron a entregar su vida al Señor Jesús, Vilma lo hizo inmediatamente y a partir de ahí su meta fue llegar a ser una persona normal. Ella pensaba: «cuando reciba mi diploma del Centro Zoe, podré volver a la normalidad».

Tres años después recibió su diploma, pero siguió viviendo en el Centro porque no tenia a dónde ir. Había hecho el intento de volver a la casa de su mamá, pero no fue bien recibida; fue entonces cuando escuchó una voz que le dijo: «Yo soy tu familia».

Decidió regresar al Centro, pues ahí había aprendido a usar la computadora y a cortar el pelo, y ahora tenía herramientas para defenderse. Además, decidió vender Biblias casa por casa en los barrios marginados donde la habían conocido antes como drogadicta. Ahora vive de forma independiente y trabaja fuertemente vendiendo Biblias entre los que sufren.

«Cuando vendo una Biblia me pongo feliz porque la palabra de Dios entró a ese hogar.»

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La historia de un muchacho de la calle

Cuando la mejor casa es la caja de un refrigerador.

COSTA RICA (LaBibliaWeb.com /SBU) — Cálculos recientes hablan de ocho mil niños de la calle en San José. Michael fue uno de ellos.

A los siete años Michael se fue de la casa para vivir con su tío. Sin embargo, el nuevo arreglo hogareño no fue la situación ideal para ninguno de los dos. El tío era un traficante de drogas, y mientras estaba afuera haciendo sus tratos, mandaba a Michael a mendigar en la atestada Avenida Central de San José, y le exigía que consiguiera por lo menos cinco mil colones costarricenses (unos diez dólares) al día.

Cuando Michael cumplió los ocho años ya el tío estaba cansado de él, y lo tiró a la calle. Todavía recuerda la primera noche que pasó, sin hogar, en la calle.

«Hacía frío y comenzó a llover», dice. Se sentó en un callejón arropándose con plásticos y cartones. Lloró toda la noche «Uno siempre tiene que estar en guardia, con un ojo abierto para sobrevivir». Esa noche la pasó llorando.

Pronto comenzó a vivir con un grupo de otros quince jovencitos. Él y un amigo en particular dormían juntos en el callejón.

«La mejor casa es la caja de un refrigerador», opina Michael. Se movía por toda la ciudad con el resto del grupo, primero durmiendo cerca del McDonald’s y luego en un callejón cerca de una floristería o de una tienda de abarrotes. Junto con los otros compañeros, solía aspirar pegamento.

«Me sentía como un superhéroe», dice, «como un adulto». Posteriormente pasó a la cocaína en piedra.

Recuerda que vivía al filo de la zona de prostitución. «En la época de Navidad, hay un hotel adonde llegan «viejos verdes» estadounidenses. Están dispuestos a pagar US$ 50 por un muchacho, y ese dinero era suficiente para comprar piedra para la noche».

Después de cierto tiempo Michael comenzó a darse cuenta de que su poder adquisitivo estaba disminuyendo.

Objeto de compasión
«La gente se compadece de los niños de la calle, pero no de los adolescentes», dice. «Es fácil pedir limosna siendo niño, pero a medida que uno crece, ya no vale nada».

La Sociedad Bíblica de Costa Rica ha podido ayudar a un ministerio que alcanza a chicos de la calle, como Michael. Renacer es parte de la agencia cristiana “Cristo para la Ciudad” y abre de cinco de la mañana a cinco de la tarde; ofrece desayuno, ropa, ducha y un programa diario de enseñanza para niños de la calle. La Sociedad Bíblica le suministra Biblias y otros recursos para el proyecto.

Michael viene al centro desde hace tres años, pero fue un día particular, en 2006, cuando su vida cambió.

«Ese día tenía cuatrocientos colones y necesitaba otros veinte para comprar piedra», recuerda. No había dormido en toda la semana. Estaba sucio, hecho una miseria. Y tenía los pies hechos llagas. Estaba cansado y buscaba un escape. Para ese entonces ya llevaba siete años viviendo en la calle, y de este día dice: «Dios me decía que era tiempo. Me bañé. Me dieron ropa. Alguien llegó y me empolvó los pies. De verdad esa gente es muy especial para mí».

Ministerio de amor
A Michael lo llevaron al «Ministerio Amor en la Calle», y recuerda vívidamente el momento cuando Dios lo acercó a él. «Sentí su presencia», dice. «¡Fue como estar renovado… como lluvia… como tener ropas nuevas!» Ahora quiere tener el don de lenguas y quiere ser bautizado.

«El bautismo significa dejar a un lado al hombre viejo, y todos los pecados de uno se van al fondo del océano».

De la Biblia dice: «Es realmente un libro bueno». Y agrega: «Gedeón fue un cobarde, pero Dios lo hizo valiente; David fue un pastor, y Dios lo hizo rey; Débora fue una profetisa y liberó a Israel; Rut fue una mujer valiente, fiel a Dios y está en el linaje de Jesús. Las mujeres son especiales y Dios las usa también».

Mientras estaba rehabilitándose, Michael estudió mecánica; con tres años más de estudio en una escuela nocturna, Michael espera ansioso el futuro de una manera muy positiva, cuando comience a trabajar como mecánico.

El trabajo de la Sociedad Bíblica de Costa Rica es amplio y variado, llega a los más pobres de la sociedad con el apoyo de iglesias y ministerios que impactan a muchos. Y para Michael, por lo menos, el dolor de sus años tempranos se ha convertido en alegría.

FOTO [SBU/Jim Loring]:
Michael Núñez solía vivir en las calles.

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La Sociedad Bíblica de Costa Rica trabaja y sueña con el futuro

Por Jim Loring

“En sus cuarenta años de existencia, la Sociedad Bíblica de Costa Rica ha cambiado de una agencia con base en voluntarios, a una que emprende un trabajo pionero con grupos marginados”, contó el presidente de la Sociedad, el doctor Carlos Abarca.

COSTA RICA (LaBibliaWeb.com /SBU) — La obra bíblica en Costa Rica le ha ganado a la Sociedad Bíblica un profundo respeto entre muchas de las iglesias protestantes del país, y entre muchos católicos. Pero llegar hasta aquí ha sido cuestión de tiempo.

El país es predominantemente católico romano, y por largos años los católicos no se animaban a leer la Biblia por sí mismos. Tenían que dejárselo al sacerdote, quienes les advertían, «para que no se vuel

van locos».

La Sociedad Bíblica se convirtió en una entidad jurídica en 1967 y, al principio, todos sus trabajadores eran voluntarios que se ganaban la vida con otros trabajos. El primer éxito resultó de la venta de Biblias de puerta en puerta, un ministerio que en algunos casos evidentemente se desarrolló en exponer la Biblia en las casas de los clientes.

En esos tempranos días, algunos «vendedores» sufrieron persecución, y hay registros de algunos que fueron físicamente atacados; y los evangelistas estadounidenses Billy Graham y T.L. Osborn fueron expulsados del país. A pesar de todo, algunas familias tenías habitaciones separadas para los «vendedores» y sostenían cultos privados en sus casas. Los sacerdotes le prohibían a la gente ir a las reuniones, y la policía llegaba para acabarlas; siempre han existido vínculos cercanos entre la Iglesia Católica y las autoridades políticas.

Pero de esos días hasta ahora las cosas han recorrido un largo camino, si bien es cierto que algunos asuntos todavía quedan. En 2000 la Sociedad Bíblica celebró una lectura bíblica pública al frente de la Catedral Católica de San José, que no fue bien vista por las autoridades, y al año siguiente no se le dio permiso para repetirla en el mismo lugar; la lectura tuvo que hacerse en otros sitios —menos prominentes— de la capital.

A pesar de ello, sin embargo, la Sociedad Bíblica puede desempeñar una función significativa en la sociedad costarricense. Las autoridades invitaron a la Sociedad a distribuir materiales que promueven los valores bíblicos en colegios de todo el país.

Ha podido distribuir la Biblia en Braille, y fue acogida por la asociación que revisa y aprueba publicaciones en LESCO, el lenguaje gestual de Costa Rica.

En marzo de 1998 se promulgó una ley para integrar a grupos marginados como ciegos y sordos, y ayudarlos a hacerse visibles en la sociedad en general. Y las producciones de lecturas bíblicas en vídeo de la Sociedad Bíblica se han convertido, dice el doctor Abarca, «en un trabajo puramente misionero para alcanzar a estas personas. Es el lenguaje que hablan».

En el fondo, la misión de la Sociedad Bíblica —como también de todas las Sociedades Bíblicas— es poner a disposición las Escrituras que la gente puede entender fácilmente, al precio que puedan pagar y en un formato que sea apropiado.

Un ejemplo reciente de una traducción que la Sociedad respaldó, fue la traducción del Nuevo Testamento a la lengua indígena bri bri. El trabajo comenzó originalmente en 1905 cuando la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera publicó el Evangelio de Juan. Luego, en la década de los años sesenta, los misioneros Raymond y Susan Schlabach continuaron, y el resultado fue la publicación de Porciones bíblicas ilustradas y el Evangelio de Marcos. En 1981 los traductores de Wycliffe, Paul y Linda Williams, comenzaron a poner sus esfuerzos y el 27 de septiembre de 2007, con gran regocijo para los indios bri bri y con el reconocimiento oficial del parlamento costarricense, el Nuevo Testamento fue dedicado.

Se benefician las iglesias
Y mientras misiones e iglesias se benefician de la palabra impresa, otros ven sus ministerios bendecidos con las reuniones mensuales de líderes y eventos de capacitación que conduce la Sociedad Bíblica.

También dirige el proyecto Esposas de pastores. Como la mayoría de muchas congregaciones eclesiásticas son mujeres, además de proporcionar apoyo a sus esposos, las esposas de pastores tienen su propia función de liderato en la iglesia. El proyecto Esposas de pastores está encaminado a capacitarlas y animarlas para que realicen su función más eficazmente.

El doctor Abarca dice que a veces piensa en esperanzas y sueños para el ministerio de la Sociedad Bíblica, solo para «despertar y darme cuenta de que los recursos son limitados». Habla de tener exhibiciones bíblicas interactivas en el museo para niños. También habla de los valores cambiantes en la sociedad costarricense: el aumento de la promiscuidad significa que los niños necesitan aprender lo que deben esperar de los adultos, y «saber la diferencia entre necesitar un abrazo y necesitar relaciones sexuales».

En lo que todavía sigue siendo una sociedad machista, es necesario que las mujeres se levanten contra el abuso doméstico. «La Palabra les da coraje», dice el doctor Abarca. «La Palabra las hace creer: “¡Sí puedo!”» Sueña también de la iglesia de puertas hacia fuera.

Edificar respeto
«La gente no irá a la iglesia, pero asistirá a eventos», indica. «Es allí donde podemos hacernos amigos con la gente y edificar respeto mutuo. Es allí donde la gente puede tener un encuentro con Dios».

En una comunidad le han pedido a la Sociedad que les hable de los valores bíblicos y de las drogas. Él piensa que hay necesidad de tratar el tema –cada vez en aumento– de incidentes de abandono del lugar del accidente en las carreteras de Costa Rica. Tal vez esto sea algo muy diferente del trabajo «tradicional» de la Sociedad Bíblica, pero representa de todas maneras una oportunidad para poner la Palabra en acción.

Y «La Palabra en acción» es el mensaje central de todo el trabajo de la Sociedad Bíblica de Costa Rica. «Pienso que la Palabra es algo que me llena de esperanza», dice. «¡Me hace pensar en que puedo producir un milagro y ser agente de transformación!»

FOTO:
El doctor Carlos Abarca, presidente de la Junta de la Sociedad Bíblica de Costa Rica [foto: SBU/Jim Loring]

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